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Magazine18Septiembre2013Malthus y el futuro.docx

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VIVIR NO ES CONSUMIR Joaquín Córdova RivasSalgamos de los desastres naturales, de las lluvias torrenciales y sus efectoscatastróficos. Si algo hemos aprendido es que las fuerzas de la naturaleza no se pueden dominar, si acaso, si somos inteligentes y previsores, prever y aguantar conlos recursos que tengamos a la mano. El problema es que siendo humanos, eldemonio se nos aparece con la cara de la corrupción y eleva los costos y los daños.Mejor hablemos de otra cosa, también de moda pero que queda en segundo plano por el asombro de lo inmediato. Parece que no hay vuelta atrás, que nuestro modeloeconómico ya no responde eficientemente a nuestras necesidades actuales y, muchomenos, asegura un futuro cierto. No se trata de reciclar el pesimismo de ThomasMalthus en su Ensayo sobre el principio de población, publicado en 1798, dondevaticina que: "Considerando aceptados mis postulados, afirmo que la capacidad decrecimiento de la población es infinitamente mayor que la capacidad de la tierra para producir alimentos para el hombre. La Población, si no encuentra obstáculos,aumenta en progresión geométrica. Los alimentos tan sólo aumentan en progresiónaritmética. Basta con poseer las más elementales nociones de números para poder apreciar la inmensa diferencia a favor de la primera de estas dos fuerzas. No veomanera por la que el hombre pueda eludir el peso de esta ley, que abarca y penetratoda la naturaleza animada. Ninguna pretendida igualdad, ninguna reglamentaciónagraria, por radical que sea, podrá eliminar, durante un siglo siquiera, la presión deesta ley, que aparece, pues, como decididamente opuesta a la posible existencia deuna sociedad cuyos miembros puedan todos tener una vida de reposo, felicidad yrelativa holganza y no sientan ansiedad ante la dificultad de proveerse de los mediosde subsistencia que necesitan ellos y sus familias." Pero sí se trata de saber que un planeta como el que habitamos tiene límites que ni siquiera nuestra ciencia ytecnología pueden perpetuar.Los signos están a la vista, cada día, en nombre del progreso, de la sobrevivencia ydel consumo desmedido, devastamos amplias zonas del planeta; nos acabamos bosques, ríos, áreas cultivables, el agua dulce, los mares, glaciares y hasta acabamoscon otras especies, mientras, nos seguimos reproduciendo ocupando cualquier espacio disponible sin el menor respeto por el entorno.
 
Hay visiones catastróficas en cualquiera de nuestras mitologías, no podemos fingir ignorancia respecto a los límites que tiene la explotación desmedida, pero, adiferencia de los seguidores de Malthus o de otros personajes siniestros que hasta
aparecen en la literatura comercial ─best sellers les dicen─, como el genio loco pero
multimillonario que sirve de pretexto para la novela
 Inferno
de Dan Brown, que pretenden resolver el problema por la vía de permitir o provocar epidemias mortales,o quedarse mirando cuando las hambrunas acaban con millones de seres humanos;existen propuestas que apelan a la razón, a la inteligencia de una especie quereconoce sus errores y es capaz de detener su extinción.Serge Latouche no es ningún improvisado, según el periodista Gabriel Asenjo(Revista Ñ, 11 de febrero del 2011)
su currículo señala que es “e
specialista enrelaciones económicas Norte / Sur, premio europeo Amalfi de sociología y cienciassociales
.” Este francés, que debe ser odiado por las grandes corporaciones, lidera
desde los años setentas del siglo pasado, al movimiento decrecentista, que defiende
algo que parece lógico y hasta deseable: “
la sobriedad en la vida y la preservación
de los recursos naturales antes de su agotamiento.”
Pero, su propuesta va en contrade poderosos intereses políticos y económicos y, además, contra las expectativasindividualistas de un consumo sin freno que lo iguala con la felicidad neoliberal a laque todos aspiramos.En la interpretación
de Gabriel Asenjo: Desde su punto de vista “vivimos
fagotizados (quizás quiso decir fagocitados, absorbidos) por la economía de laacumulación que conlleva a la frustración y a querer lo que no tenemos y ni
necesitamos”, lo cual, afirma, conduce a estados de infelicidad. “Hemos detectado
un aumento de suicidios en Fra
ncia en niños”, agregó, para aludir más adelante a la
concesión por parte de los bancos de créditos al consumo a personas sin sueldo y patrimonio como sucedió en Estados Unidos en el inicio de la crisis económica
mundial. Para el profesor Latouche, “la gente feliz no suele consumir”.
 En un mundo donde las utopías han cedido el paso al más estúpido y ciego pragmatismo, voces como las de Latouche resultan refrescantes y esperanzadoras.Actualmente estamos, bueno, algunos y con los pocos medios a su alcance, peleandocontra las minas a cielo abierto y su venenosa forma de extraer los pocos metales preciosos que quedan; contra el cambio climático que amenaza al ártico, que lodisuelve con todos los problemas que eso nos trae; contra la explotación petrolerairracional e intensiva que envenena la poco agua potable de que disponemos. La

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