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Ya había terminado de escribir las páginas que siguen cuando tuve el gran placer de conocer a un Inspector Mayor ya retirado, que vivió sus años de servicio desde el año 1966 hasta algunos después delos tiempos de la Polibanda. Con más de treinta años en Investigaciones digo yo que …”alguna cosita sabe este cristiano” pero lo que mas me asombró de él fue su trato cordial y humano. Cuando llamé avarios conocidos y amigos y les pregunté sobre este señor, me dijeron para mi asombro que nodisimulaba en nada y que realmente era así. Luego recordé que en varios pasajes fui muy duro con losoficiales y que después de todo…no todos son iguales, pero no voy a retractarme de nada de lo que sigueen las páginas siguientes, solamente que recuerdo con respeto a este señor y tantos otros oficiales comomis últimos jefes en el Cuerpo de Radio Patrulla que dieron ejemplos de disciplina pero a la vez dehumanidad. Aun así, pueden haber personas que se sientan heridas por algunos de mis comentarios…sies así…lo lamento, pero una profesora cuyo nombre no recuerdo me dijo una vez “al que le queda el  saco que se lo ponga” y comprendí inmediatamente que solo nos molesta con lo que nos identificamos. Aquellos defectos que no queremos reconocer pero que se encuentran en lo profundo de nuestro ser. Hechas tales aclaraciones…quod scripsi, scripsi.
 
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“In forma dunque di
 
candida rosa
 
Mi si mostrava
 
la milizia santa
,
Che nel suo sangue Cristo fece sposa”
 Dante Alighieri
EXORDIO
Una tarde de esas, abrí los ojos y me di cuenta que me encontraba uniformado.Zapatos negros bien lustrados, pantalón impecable con su correspondiente vira azul,cinturón negro de no recuerdo que marca, correaje tipo militar, esposas y el 357 Magnum en la cintura, reluciente, orgulloso. La camisa, arrogante se mostraba a lasúltimas lumbres de aquel día, dos líneas paralelas milimétricamente ascendían desde lacadera hasta los bolsillos, allí se tomaban una pausa y continuaban luego hasta lostrapecios. La corbata se ponía difícil allí donde se hacia el nudo, que queda al lado del otro nudo de la otra garganta. La gorra no, la gorra estaba dentro del móvil, porque siempre aseveré que al espejo le gustaba verme mejor bien peinado que con gorra. Abrí los ojos y me di cuenta que estaba en “la Policía”. Por un instante quiserecordar algo de mi infancia tal vez, los primeros pasos, la escuela, el liceo, loscompañeros, las primeras novias, el cigarrillo fumado a escondidas de mi madre, lacara desagradable al sentir los taninos del primer vaso de vino que por curiosidad  probaba a espaldas de mi tío que en un descuido había salido hasta la vereda a ver no se que cosa. Recordé por un instante, y por un instante desperté, en aquel instante en donde se produce el crepúsculo; allí donde el orto lanza su última carcajada y su primer bostezo, y miré mis manos y sentí un dejo de tristeza, mire a mi compañero, con los ojos perdidos en el horizonte, con la mirada aún mas allá de todo lo conocido, creo que conla mirada hacia dentro; y también sentí tristeza, esa tristeza que nadie nota en los ojosde un Policía.
Y como podré hablar de esa tristeza si no hablo de mi mismo. Acaso, hoy en día,quien mas que un policía puede conocer lo que es tomar un mate y fumar un cigarrillo
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