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Énrique García: «Argumento Ontológico»

Énrique García: «Argumento Ontológico»

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Published by Enrique García
El argumento ontológico para la existencia de Dios es un razonamiento apriorístico que pretende probar la existencia de Dios empleando únicamente la razón; esto es, que se basa únicamente —siguiendo la terminología kantiana— en premisas analíticas, a priori y necesarias para concluir que Dios existe. Dentro del contexto de las religiones abrahámicas, el argumento ontológico fue propuesto por primera vez por el filósofo medieval Avicena en El libro de la curación, aunque el planteamiento más famoso es el de Anselmo de Canterbury en su Proslogion. Filósofos posteriores como Shahab al-Din Suhrawardi, René Descartes (muy conocido por aparecer en su Discurso del método) o Gottfried Leibniz ofrecieron versiones del argumento, e incluso una versión lógico-modal del mismo fue desarrollada por el lógico y matemático Kurt Gödel[cita requerida].

El argumento ontológico ha sido siempre un muy controvertido tema de la filosofía, no por pretender probar la existencia de Dios, sino por el modo en que lo hace. Muchos filósofos, entre los que se cuentan al-Ghazali, Averroes, David Hume, Immanuel Kant, Bertrand Russell y Gottlob Frege, lo han rechazado frontalmente, sin que necesariamente creyeran que Dios no existe; muchos de sus críticos, de hecho, han sido destacados religiosos (Santo Tomás de Aquino, Guillermo de Occam, fray Roger Bacon...).

En efecto, esta polémica surge del hecho de que el argumento analiza el concepto de Dios y afirma que el propio concepto implica la existencia de Dios. Si podemos concebir un Dios, entonces, razona, este debe existir. Así, la principal crítica al argumento suele ser que no ofrece premisa alguna a la demostración más allá de cualidades inherentes a la proposición no demostrada, conduciendo a un argumento circular en el que las premisas se basan en las conclusiones, las cuales a su vez se basan en las premisas, conformando una falacia por petición de principio.

Las principales diferencias entre las distintas versiones del argumento provienen principalmente de los diferentes conceptos de Dios que se toman como punto de partida. Anselmo, por ejemplo, comienza con la noción de Dios como un ser tal que nada mayor puede ser concebido, mientras que Descartes comienza con la noción de Dios como el ser poseedor de todas las perfecciones.
El argumento ontológico para la existencia de Dios es un razonamiento apriorístico que pretende probar la existencia de Dios empleando únicamente la razón; esto es, que se basa únicamente —siguiendo la terminología kantiana— en premisas analíticas, a priori y necesarias para concluir que Dios existe. Dentro del contexto de las religiones abrahámicas, el argumento ontológico fue propuesto por primera vez por el filósofo medieval Avicena en El libro de la curación, aunque el planteamiento más famoso es el de Anselmo de Canterbury en su Proslogion. Filósofos posteriores como Shahab al-Din Suhrawardi, René Descartes (muy conocido por aparecer en su Discurso del método) o Gottfried Leibniz ofrecieron versiones del argumento, e incluso una versión lógico-modal del mismo fue desarrollada por el lógico y matemático Kurt Gödel[cita requerida].

El argumento ontológico ha sido siempre un muy controvertido tema de la filosofía, no por pretender probar la existencia de Dios, sino por el modo en que lo hace. Muchos filósofos, entre los que se cuentan al-Ghazali, Averroes, David Hume, Immanuel Kant, Bertrand Russell y Gottlob Frege, lo han rechazado frontalmente, sin que necesariamente creyeran que Dios no existe; muchos de sus críticos, de hecho, han sido destacados religiosos (Santo Tomás de Aquino, Guillermo de Occam, fray Roger Bacon...).

En efecto, esta polémica surge del hecho de que el argumento analiza el concepto de Dios y afirma que el propio concepto implica la existencia de Dios. Si podemos concebir un Dios, entonces, razona, este debe existir. Así, la principal crítica al argumento suele ser que no ofrece premisa alguna a la demostración más allá de cualidades inherentes a la proposición no demostrada, conduciendo a un argumento circular en el que las premisas se basan en las conclusiones, las cuales a su vez se basan en las premisas, conformando una falacia por petición de principio.

Las principales diferencias entre las distintas versiones del argumento provienen principalmente de los diferentes conceptos de Dios que se toman como punto de partida. Anselmo, por ejemplo, comienza con la noción de Dios como un ser tal que nada mayor puede ser concebido, mientras que Descartes comienza con la noción de Dios como el ser poseedor de todas las perfecciones.

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 2
§ I - EL ARGUMENTO DE ANSELMO DE AOSTA 
E
n
la
 Suma teológica
de Tomás de Aquino (1225-1274),encontramos parafraseada y consignada como segunda dificultad, la prueba de laexistencia de Dios de Anselmo de Aosta (1033-1109), a la que Tomás, por suformación aristotélica, habría de achacarle un paso indebido desde el orden idealal orden real
[1]:
 
«Se llama evidente lo que se comprende con sólo conocer sustérminos, cualidad que el Filósofo
[entiéndase Aristóteles (384 a.C-322 a.C)]
atribuye a los primeros principios de demostración; y así, sabido lo que es todo ylo que es parte, en el acto se comprende que el todo es mayor que cualquiera desus partes. Pues sabido lo que significa este término, Dios, en el acto secomprende que Dios existe, porque con este nombre expresamos lo que es másgrande que cuanto se puede concebir, y más grande será lo que existe en el entendimiento y en la realidad que lo que sólo existe en el entendimiento. Porconsiguiente, si por el hecho de entender su nombre existe Dios en el entendimiento, síguese que existe también en la realidad. Luego que Dios existees evidente por sí»
[2]
En tiempos de Anselmo tuvo lugar una profunda controversiametódica: la querella (entendida como disputa entre facciones divididas quepolemizan entre sí) suscitada entre teólogos y dialécticos. El
 RenacimientoCarolingio
[3]
registró un impulso inusitado del
arte dialéctica
, ya que, por
[1]
Parece que la idea de Dios que Anselmo pide al principio de su prueba no es la que puede tenercualquiera en su mente, sino que supone compartir varios presupuestos doctrinales o filosóficos,entre los que se han destacado los siguientes: (a) partir de la idea de Dios suministrada por laRevelación; (b) identificar el orden lógico con el realismo formal o de la idea; y (c) concebir laexistencia divina como un simple atributo de su esencia. Por esta razón Tomás rechazará la validezdel argumento, eligiendo un dirección totalmente opuesta a la de San Anselmo en sus cinco pruebasen las que tomará la experiencia, la realidad sensible, como el punto de partida de su argumentación,siguiendo su formación aristotélica, que no acepta otro punto de partida del conocimiento sino laexperiencia
a posteriori 
, no
a simultanea
o
a priori 
.
[2]
 
Tomás de Aquino
,
 Suma teológica
,
 Primera parte, Cuestn II, Tratado de Dios, Si Diosexiste, Artículo I: Si la existencia de Dios es verdad de evidencia inmediata
, p. 145, (I, q.2 a.3)
[3]
El Renacimiento Carolingio es el nombre que recibe el resurgimiento de la cultura clásica latinaen el seno del Imperio Carolingio a fines de los siglos VIII y IX. El Imperio Carolingio marcó el inicio
 
 3entonces, la dialéctica era considerada como una propedéutica hermenéutica, esdecir como una preparación para la interpretación de las Escrituras. Los
dialécticos
reclamaban la libertad de razonar al margen de la ortodoxia. Los
teólogos
se aferraban al
 fideísmo
, según el cual todo habría de creerse por la fe opor testimonio. Anselmo aparecería terciando entre estas dos posicionesantagónicas y en pugna. Con ese propósito escribió el
 Monologion
(S
oliloquio
)(1075-1076) y, posteriormente, el
 Proslogion
(A 
locución
) (1077-1078)En el
 Proslogion
formularía su célebre
«argumento o pruebaontológica»
,
así llamada a partir de Kant, basándose en argumentosexclusivamente extraídos de la autosuficiencia intelectual de la razón misma. El
 Proslogion
es un buen ejemplo de la fe en busca de la intelección, entendida comoaprehensión o captación inmediata y directa, intuición intelectual, o evidenciaclara y distinta de lo que es intuido (
intutius
), es decir de lo que es
«visto»
, de loque constituye una
«visión»
, si es que podemos echar mano de un
«significadometafórico y visual»
del que deriva la intuición que se
«opone a la funcióndiscursiva de la razón»
, y refiere la
«percepción inmediata en el campognoseológico»
, es decir el
«conocimiento en su función de percepción directa del contenido de su objeto»
que aparece y es
«visto»
como
«una esencia»
, como
«unadeterminada relación entre esencias»
, o como una relación
«entre entes particulares»
Intuir (
intueri 
), significa, entonces, conocer o percibir medianteintuición, esto es
«adquirir un conocimiento cierto, directo y
[...]
evidente
[...]
que permite afirmar que ese algo existe o que no existe
»
[4]
 y que, en el caso de Dios,significa que es (
es
)
 
 Anselmo busca un único argumento que juzga imposible de
de una nueva concepción de las relaciones entre Iglesia y Estado. Carlomagno (742-814) se veía a símismo como un defensor del cristianismo en general, y de la Iglesia Católica en particular. En lacapital del Imperio Carolingio, fue creada la
 Escuela Palatina
, cuyas funciones podían asimilarse a loque actualmente es una universidad. También la injerencia de la Iglesia en la labor educativa,promovida y alentada por Carlomagno, produjo como resultado que la principal manifestacióncultural del Renacimiento Carolingio fuera la Teología. Carlomagno tenía sumo interés en definir, decomún acuerdo con la Iglesia, lo que era dogma de fe, a fin de convertir a la religión en uninstrumento político de unidad imperial. El Renacimiento Carolingio no es humanista niantropocéntrico, sino que está centrado en aspectos teológicos y católicos. Sin embargo, constituyeun renacimiento porque por primera vez, desde la caída del Imperio Romano, se difundió en elcontinente europeo, a escala masiva, la fenecida cultura latina.
[4]
 
Magnavacca
, Silvia;
 Léxico cnico de filosofía medieval 
, Miño y Dávila Editores, Universidadde Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Buenos Aires, Argentina, 2005, p. 386

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