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Charles A. LOHR, “La interpretación medieval de Aristóteles(The medievalinterpretation of Aristotle),
The Cambridge History of Later Medieval Philosophy
,Cambridge U.P., 1982, pp. 80-98.1. Ciencia clerical y ciencia aristotélica.-La cuestión de la interpretación de Aristóteles en la Edad Media debeconsiderarse dentro del contexto medieval del saber. La enseñanza medieval secaracteriza por una actitud que fue predominante, aunque en diferentes grados y circunstancias, desde la época de Alcuino de York (738-804) hasta la de RobertoBellarmino (1542-1621). Para la Edad Media no era el individuo el que enseñabasino la Iglesia a través del clero. La ciencia clerical era, en consecuencia, latransmisión del conjunto de la sabiduría tradicional. El clérigo era un maestroelegido por Dios para educar a su pueblo en el camino de la salvación, como escribeRábano Mauro (784-856) al comienzo de su obra
 Sobre la institucn de losclérigos
1
.Su autoridad como maestro quedaba garantizada por un llamado divinodentro de la jerarqa eclesiástica. La autoridad de su enseñanza estabagarantizada por las Escrituras y los Padres de la Iglesia. Mas esa autoridad seextendía más allá de las ciencias sagradas, manifestando así ciertas relaciones entreesa actitud clerical hacia el conocimiento y la estructura de la sociedad medieval. Larelación entre el clérigo y los seglares está claramente simbolizada en la
 Dialéctica
de Alcuino, en el diálogo en el cual Alcuino como
magister 
instruye a Carlomagnocomo
discipulus
en las ciencias profanas del
Trivium
y del
Quadrivium
.
2
 En la concepción de la transmisión del saber se desarrolló un método deinterpretación basado en una supuesta concordancia de las primeras autoridades y las escuelas más avanzadas, las que tenían por función la preparación de losmaestros que debían transmitir la enseñanza tradicional al pueblo de Dios. En elsiglo XIII, Tomás de Aquino (1225-1274), en su lectura inaugural como maestro deteología de París, pudo aún citar al Salmista: “Desde las altas moradas riegas lasmontañas y la tierra se satisface” e interpretar las altas moradas como la sabiduríadivina que alimenta la mente de los maestros, representadas por las montañas, demodo que, por su ministerio, esa sabiduría podía ser conducida hacia lo secular,representado por la tierra. Al combinar estar metáforas, Tomás nos dice que losmaestros se encuentran, como las montañas, elevados sobre la tierra y son, por lotanto, los primeros iluminados por los rayos del sol.
3
Con la introducción de la enciclopedia aristotélica esta concepción clerical setopó con una noción de ciencia radicalmente diferente, con una noción querequería un nuevo método de interpretación, una nueva forma de escuela y unnuevo tipo de maestro. De hecho, el gradual reemplazo de la actitud clerical delsaber por esta nueva concepción se relaciona con el lento surgimiento de las nuevasestructuras sociales en el incipiente período moderno. Pero aún no se ha prestadosuficiente atención a que el modo en que se verifiese cambio estuvo
1
Rhabanus Maurus
 De institutione clericorum
I, 2 (
 P.L.
107, 297 f): doceant populum dei omnia legitima eiuset praecepta quae mandaverat ad eos (enseñen al pueblo de Dios todas sus leyes y los preceptos que les haenviado).
2
Alcuino
Dialectica
,
 P.L.
101, 946-76.
3
Tomás de Aquino,
 Breve principium de commendatione Sacrae Scripturae
I, 441-3.11
 
decisivamente condicionado por las diversas etapas de la recepción de la cienciaaristotélica.2. La recepción de la ciencia aristotélica.-Las obras de Aristóteles (- 384-322) se encontraron disponibles para elOccidente latino en tres etapas claramente distinguibles. La primera comenzó en elsiglo IV con las traducciones de Boecio (470-524) de los tratados de Aristóteles delógica y sus reelaboraciones de otros varios tratados de lógica y retórica. Lasegunda etapa comenzó en el siglo XII con la traducción gradual del
corpus
completo de las obras de Aristóteles. En esta etapa la recepción de Aristótelesformó parte del enorme esfuerzo para absorver los conocimientos filosóficos,médicos, astronómicos y naturales no sólo de la antigua Grecia sino también delIslam y del judaísmo pasado y contemporáneo. La enciclopedia aristotélica proveyóel esqueleto para todo ese nuevo material. La tercera etapa del estudio premodernode Aristóteles comenzó al final del siglo XV y se concentró más en los textosaristolicos que en la coordinación de las ciencias. Esta etapa produjoespecialmente nuevas ediciones del texto griego, nuevas traducciones comentarios tanto en latín como en lenguas vernáculas, ediciones griegas traducciones latinas de prácticamente todo el
corpus
de los antiguos comentariosgriegos y versiones latinas de los hasta entonces no traducidos comentarios de Averroes (1126-1198).3. Las traducciones de Boecio.-La primera ola de traducciones irrumpió en el mundo romano tardío. Estemundo conoció poco de la filosofía y las ciencias griegas, y, con excepción dealgunas nociones de retórica transmitidas por Cicerón (- 106-43), supo muy pocode Aristóteles. Las traducciones de Boecio fueron, de alguna manera, un accidentehistórico, pero lograron tener una pequeña influencia tanto en el final de lacivilización clásica como en las escuelas monásticas de la temprana Edad Media. Aunque la lógica aristotélica encajaba perfectamente en el esquema de las artesliberales y su introducción en el
Trivium
haya tenido más tarde un profundo efectoen la concepción agustiniana de las artes y la teología unidas en un sistemacomprensivo del conocimiento, sin embargo el maestro monástico, para quien elpapel de
magister 
era sólo una preocupación momentánea, un aspecto fugaz de suexistencia, pudo encontrar poco de que servirse en los predicables y lospredicamentos del
ars vetus
. El rudimentario tratamiento de estos temas en losdistintos trabajos
de institutione clericorum
y el hecho real de que la mitad de lastraducciones de los tratados de Aristóteles hechas por Boecio estuvieran perdidasen ese período, muestra que el trabajo intelectual era sólo una pequeña parte de laocupación de los monjes. La vocación monástica no veía al estudio como un fin ensí mismo. La tarea del maestro monástico estaba dirigida más bien al servicio deDios y centrada en la comprensión de la palabra de Dios grabada en los escritossagrados e interpretada por los Padres.4. Traducciones del siglo XII y la búsqueda de los nuevos maestros.-El interés por Aristóteles que apareció en la segunda ola de traducciones delsiglo XII presuponía otro tipo de maestro, y la ciudad medieval fue el lugar de
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nacimiento de este tipo de maestro. Desde el siglo XII el conocimiento ya no estabaconfinado a los apartados monasterios. Con el surgimiento de las ciudadesaparecieron nuevos intereses, y la especialización del trabajo condujo a algunos adedicarse a la producción de bienes, a otros a su transporte, y aún a otros alfinanciamiento de su adquisición. Dentro de este marco surgió un nuevo tipo demaestro, un nuevo
magister 
. Aunque pertenecía, en concordancia con la divisióntradicional de la sociedad, a la clase clerical, ya no era un maestro como Alcuino, nisiquiera como Notquer Labeo (950-1026) o Escoto Eriúgena (810-870?). Y asícomo los comerciantes se establecían en las ciudades y como los carpinteros y losalbañiles se organizaban en gremios, así el nuevo maestro era consciente de supertenencia a una profesión. Su oficio era enseñar y aprender, la reflexión personal y la discusión en clase. Las artes liberales eran su especialidad.
4
 Fue éste el tipo de maestro que se volvió ávidamente hacia Aristóteles. Desdeaproximadamente los comienzos del siglo XI los maestros de arte reconstruyeronlentamente el edificio original de la lógica aristotélica, con excepción de la teoría dela demostración, tal como ella se encuentra en los
 Analíticos posteriores.
Las vagasreferencias a los diversos tratados aristotélicos que encontramos en la
 Dialéctica
de Alcuino fueron reemplazados gradualmente por un tratamiento de lasproposiciones hipotéticas y categóricas y también por el tratamiento de lossilogismos sacado de los trabajos de Boecio. El método aristotélico de los tópicos y el tratamiento de las falacias fueron reconstruidos a partir de las alusiones en lasobras disponibles de Aristóteles y Cicerón y de los tratados sobre ellas. Hay unainmensa distancia entre la
 Dialéctica
Pedro Abelardo (1079-1142) y la de Alcuino, y ello muestra que la mayor parte de la lógica aristotélica que se difundió en lasegunda mitad del siglo XII no se utilizó porque los tratados hubieran sidotraducidos, sino que estos tratados fueron traducidos porque una nueva generaciónquería utilizarlos
5
. Durante la segunda mitad del siglo XII estos maestros más jóvenes se dieron cuenta de que había áreas enteras del saber de las cuales ellossólo conocían los nombres. Fue muy natural, pues, que trataran de aprender másrespecto de esos temas.Su anhelo ya era una especie de interpretación de los textos. Al buscar loslibros perdidos de la lógica aristotélica ya sabían qué esperaban encontrar y aquelloque estaban esperando encontrar los enfrentó a su propia comprensión de su papelen la sociedad. Es éste el motivo por el cual el estudio de la lógica aristotélica porparte de los maestros no sucedió sin la oposición de los representantes de laconcepción tradicional de la tarea del clérigo. Las polémicas de Pedro Damián(1007-1072) contra los dialécticos, las de Lanfranco de Pavía (1005-1089) contraBerengario de Tours (1010-1088) y las de Bernardo de Claraval (1090-1153) contraPedro Abelardo representan la reacción de la vieja idea monástica contra la nueva:la concepción urbana del papel del maestro. La investigacn de la nuevageneración de los hasta el momento desconocidos trabajos aristotélicos es laexpresión de su propia imagen como nueva. A la par de ese esfuerzo de forjar una nueva herramienta para la ciencia, un
novum organum
, surgió un vivo interés por los viejos temas del
Quadrivium
. Elnuevo interés en el estudio de la naturaleza, que es un rasgo característico del siglo
4
J. Le Goff,
 Los intelectuales en la Edad Media
, Barcelona, Gedisa, 1986, p. 69.
5
L.M. de Rijk, introducción a la
 Dialectica
de Pedro Abelardo, Utrecht-Assen, 1956
 ,
1970,
 
 pp. xvi-xix.33
of 00

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