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Curso XI Lectura 1. Las experiencias agroecológicas

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LECTURA Nº -1 DEL MODULO DE TRABAJO PERSONAL:
 
PROGRAMA IN-TERUNIVERSITARIO OFICIAL DE POSGRADO:
 “AGROECOLOGÍA: UN ENFOQUE SUSTENTABLEDE LA AGRICULTURA ECOLÓGICA
LAS EXPERIENCIAS AGROECOLÓGICAS EN EL DESARROLLORURAL SOSTENIBLE. LA NECESIDAD DE UNAAGROECOLÓGICA POLÍTICA
Manuel González de MolinaUniversidad Pablo de Olavide (Sevilla,España)mgonnav@dhuma.upo.es Resulta ya casi un lugar común afirmar la idoneidad del enfoqueagroecológico para el diseño de sistemas agrícolas sustentables y su perti-nencia para el desarrollo rural. Sin embargo, la mayoría de las experienciasen este campo difícilmente superan el ámbito local y apenas mantienen co-nexión entre sí. La generalización de las experiencias plantea problemas yretos muy difíciles de superar con el actual arsenal teórico-práctico queofrece la Agroecología. Del mismo modo, faltan análisis y reflexiones decarácter general sobra la situación alimentaria del mundo o de ámbitos re-gionales sobre los que fundamentar una estrategia común que dé sentido alas experiencias agroecológicas que de manera descoordinada se realizanen la actualidad. Este texto pretende llamar la atención sobre la necesidadde hacerlo y de hacerlo de manera sistemática, ocupando un lugar destaca-do tanto de la reflexión de los agroecológos como en la agenda de discu-sión de las reuniones nacionales e internacionales.
 
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Comenzaré haciendo referencia al contexto internacional en el que laAgroecología se sitúa y planteando algunos elementos de debate sobre supapel en la solución de la crisis alimentaria mundial, que difiere sustan-cialmente si se trata de países ricos o pobres. La situación de inseguridadalimentaria está creando condiciones cada vez más favorables para una sa-lida agroecológica, tanto en los países pobres como, incluso, en los ricos,tal y como muestra el proyecto de reforma de la Política Agraria ComúnEuropea propuesto recientemente. Lo mismo puede decirse del contextoacadémico, donde la Agroecología tiene cada vez más aceptación. Sin em-bargo, la Agroecología no ha desarrollado aún de manera satisfactoria crite-rios y soluciones prácticas para dar respuesta a esta demanda potencial. Porotro lado, las experiencias agroecológicas están teniendo una repercusiónlimitada. Todo ello abunda en la necesidad de una
 Agroecología Política
,cuyas raíces teóricas intentaré buscar en la segunda parte de este texto yabundaré sobre la urgencia y necesidad de un movimiento social en elcampo de fuerte contenido agroecológico.
Seguridad alimentaria y medio ambiente.
Tras unas décadas de acusado crecimiento en el volumen de produc-ción agraria, en los últimos tiempos venimos asistiendo a una evidente ra-lentización de crecimiento en la producción de alimentos. Entre 1950 y1984, la producción mundial de cereales se multiplicó por 2,6, superando latasa de crecimiento de la población mundial y elevando en un 40% las dis-ponibilidades de cereales
 per capita
(FAO, 1993). El incremento de lascapturas mundiales de pescado fue aún mayor: se multiplicaron por 4,6 en-tre 1950 y 1989, lo que duplicó las disponibilidades de pescado por persona(CMMAD, 1988). Estos dos procesos contribuyeron –aunque parece queno en la medida necesaria—a reducir el hambre y la desnutrición y, sobretodo, a crear la falsa ilusión de que la resolución de los problemas, su des-aparición definitiva dependía del ritmo y de la generalización a todos lospaíses del crecimiento agrario según los patrones occidentales. Son bienconocidos loe efectos de carácter social, económico y ambiental que la lla-mada “Revolución Verde” trajo consigo, especialmente para los países po-bres.El responsable de este crecimiento tan espectacular ha sido el deseode aumentar la cantidad de alimentos cosechados por hectárea o por horade trabajo; es decir, el deseo de aumentar los rendimientos por unidad desuperficie o la productividad del trabajo humano. Las razones podrían bus-carse en las presiones de carácter demográfico y socieconómico que han
 
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recibido los sistemas agrarios para producir más alimentos. Tales presionesse intensificaron como consecuencia de la promoción de la propiedad pri-vada y del mercado como asignador de recursos y como consecuencia delcambio de mentalidad que supuso la búsqueda del beneficio como horizon-te de la actividad agraria y no la búsqueda de la subsistencia, tal y comohabía ocurrido siempre. Este proceso que se concretó en la promoción deun modelo de desarrollo basado en el crecimiento económico y en la confu-sión entre el aumento del consumo exosomático y el bienestar, se tradujoen la aplicación a la agricultura de los mismos métodos productivos de laindustria, favoreciendo su progresiva industrialización. Sin embargo y co-mo es evidente, estas transformaciones no han logrado eliminar ni la po-breza ni el hambre y la desnutrición endémicas, a pesar de constituir el ob- jetivo declarado de las políticas de desarrollo rural desde lo años cuarentaal menos (Guzmán
et al
., 2000). Pese a que los agroecosistemas del planetaproducen la cantidad suficiente de alimentos básicos para alimentar a lapoblación que actualmente habita el planeta, casi 800 millones de personaspasan hambre o están malnutridas (Dixon, Gulliver y Gibbon, 2001, 2).El fracaso relativo de este modelo de agricultura altamente mercanti-lizada no sólo se evidencia en la imposibilidad estructural de alimentar a lahumanidad en su conjunto, sino que comienza a dar evidentes signos deagotamiento. La producción alimentaria y el volumen de las capturas depescado han comenzado ralentizarse en los últimos años. A comienzos delos noventa esta tendencia fue advertida por el Worldwacht Institute(Brown, 1996), basándose en los propios datos de la FAO. En 1993, lascapturas de pescado habían caído alrededor de un 7% con respecto almáximo alcanzado en 1989. Del mismo modo, el crecimiento de la produc-ción de cereales se había ido ralentizando desde 1984, situándose por deba- jo del crecimiento demográfico. Entre 1984 y 1993 se había producido undescenso del 11% en la producción
 per capita
. De ahí colegía LesterBaown que la demanda humana se estaba aproximando a los límites de lacapacidad de carga de las pesquerías oceánicas, de las tierras de pasto ycultivo y, en muchos países, del ciclo hidrogeológico de producción deagua dulce. Este estancamiento relativo de la disponibilidad de alimentospodría solucionarse con un nuevo salto adelante tecnológico que elevara lacapacidad de sustentación de los diferentes agroecosistemas; pero la dispo-nibilidad de nuevas tecnologías agrícolas o pesqueras habían comenzado areducirse tanto en los países ricos como en los pobres, aunque por causasdistintas, ralentizando nuevos incrementos de la productividad.

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