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Resumen - Elías Palti (2007) "La nueva historial intelectual y sus repercusiones en América Latina"

Resumen - Elías Palti (2007) "La nueva historial intelectual y sus repercusiones en América Latina"

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Metodología de la Investigación Histórica - Historia Intelectual - Historia de las Ideas
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1
Elías J. Palti
(2007)LA NUEVA HISTORIA INTELECTUAL Y SUS REPERCUSIONES EN AMÉRICA LATINA
Introducción
En un trabajo reciente,
J. G. A. Pocock 
señala la profunda transformación que experimentó la historia intelectual. La misma la
define como “un movimiento que lleva de enfatizar la historia del pensamiento (o, más crudamente, “de ideas”) a enfatizar alg
o
diferente, para lo cual “historia del habla” o “historia del discurso”, pueden ser los mejores términos hasta ahora hallados”. Sinembargo, el sentido de esta “revolución historiográfica”, no siempre ha sido bien advertido. Así, las nuevas teorías muchas v
ecessólo servirán de abrigo, bajo una nueva terminología, a tipos de aproximación, en verdad, más añejos y propios a la antigua
tradición centrada en torno a las “ideas”.
 
La Escuela de Cambridge y el giro lingüístico
La figura clave que logra instituir a la historia de las ideas como disciplina particular es
Arthur Lovejoy
, quien en los años 1920funda en Estados Unidos la escuela de
 History of Ideas
con sede en la John Hopkins University. En el texto fundacional de dichaescuela, Lovejoy señala aquellas dos características de las ideas frente a
las cuales las antiguas “historias de las civilizaciones”
revelan sus limitaciones, y que requieren y justifican un tipo de enfoque específico. En primer lugar, las ideas tienen la capacidadde migrar, de una época a otra, de una cultura a otra, etc. Esto haría insuficientes aquellos tipos de estudios que analizan sudesenvolvimiento en los marcos limitados de una cultura, una época o una disciplina particulares. En segundo lugar, Lovejoyadmite que las ideas, en última instancia, suelen ser meras realizaciones de impulsos subjetivos o determinaciones objetivas, cuya
racionalidad y sentido se dirime en otros ámbitos de la realidad histórica (típicamente, la “historia social”). Aún así, la n
ecesidadde racionalizaciones comporta un rasgo fundamental para el ser humano en tanto que
animal simbólico
. En definitiva, en ellas sehace manifiesta una determinación antropológica inherente.Impulsada por la obra de Lovejoy y su escuela, la historia de las ideas tendrá un crecimiento decisivo en el ámbito anglosajón en
los años cuarenta y cincuenta. En las décadas siguientes, sin embargo, se verá opacada por el avance de la “nueva historia social”
y los métodos cuantitativos que desarrolló la tercera generación de
 Annales
. El artículo de
Lewis Namier
 
(1955) “Human Nat
ure
in Politics”, es revelador de las aristas problemáticas que el enfoque lovejoyano planteaba. En dicho artículo que luego darí
a lugar 
a toda una corriente historiográfica denominada “namierista”, su autor cuestiona aquel supuesto antropológico que se en
cuentra enla base de la perspectiva de Lovejoy. Según señala, la historia muestra que los hombres no han tenido nunca mayores problemasen contradecir sus ideas siempre que lo consideraron necesario. Tomar las mismas como base para comprender el sentido de susacciones resultaría, por lo tanto, sencillamente ingenuo.
Éste era el contexto de debate en el que aparece “Meaning andUnderstanding in the History of Ideas”, de
Quentin Skinner
(1969). Dicho trabajo puede considerarse como una respuesta a la
crítica de Namier a Lovejoy. Aparece aquí un primer antecedente de lo que se puede llamar el “giro lingüístico” en la
historiografía de ideas. Éste se encuentra asociado a la emergencia de l
a llamada “Escuela de Cambridge”, organizada
en torno ala obra de Skinner y Polock. Esta escuela tomó sus rasgos distintivos de la obra de
Peter Laslett
, quien en su edición de los
 Dostratados sobre el gobierno civil 
de Locke (1960) mostró que el verdadero interlocutor de Locke, no era, como suele afirmarseHobbes, sino un autor hoy casi desconocido, Filmer, y que sólo en relación con éste pueden comprenderse las ideas de aquél. Conello Laslett pretendía demostrar el error de pensar la historia de las ideas políticas como una especie de diálogo entre figurascanónicas que, en realidad, sólo posteriormente fueron consagradas como tales. Skinner intenta proveer un fundamento teórico ala propuesta historiográfica de Laslett. Para ello se basa en la larga tradición anglosajona de filosofía del lenguaje, definiendo a lostextos como
actos de habla
. Retoma así la distinción desarrollada por 
Austin
(1962) entre el nivel
locutivo
de un determinadoenunciado y su fuerza
ilocutiva
, esto es, entre lo que se dice y lo que se hace al decirlo. Skinner busca aquello que particulariza yespecifica el contenido de las diversas doctrinas y que sólo resulta asequible en el marco más amplio del peculiar contexto
histórico en que se inscriben. El “contexto” al que Skinner se r 
efiere es el conjunto de convenciones que delimitan el rango de lasafirmaciones disponibles a un autor determinado (las
condiciones semánticas de producción
de un texto dado). Desde la perspectiva de Skinner, si bien la crítica de Namier a Lovejoy resulta justificada, esto no vuelve el estudio de la historia de ideasmenos relevante. Lo que los namieristas tienden a perder de vista es el hecho de que, más allá de las motivaciones de los autores,los mismos debieron antes dotar de sentido a los acontecimientos, volverlos inteligibles para sí. El presupuesto implícito es que lohombres no tienen una vía de acceso inmediato respecto del sentido de sus acciones y eventos, que éstos deben de hacer uso deherramientas conceptuales, socialmente transmitidas, a fin de comprender su mismo accionar. El objeto último de la historiaintelectual sería entender no qué dijo cada autor, sino cómo fue posible para éste decir lo que dijo en un contexto determinado.Los lenguajes son indeterminadas semánticamente: uno puede afirmar lo mismo desde matrices conceptuales muy diversas e,inversamente, decir cosas muy distintas, y aún opuestas entre sí, desde una misma matriz conceptual. Esto nos permite distinguir un lenguaje políticos de sus contenidos ideológicos. Para el estudio de los lenguajes políticos es necesario traspasar la instanciatextual y acceder al aparato argumentativo que le subyace. Ello conlleva, a su vez, una perspectiva nueva respecto de la
 
2
historicidad de las formaciones discursivas. Las ideas son intemporales, por definición. Lo que las historiza es su eventualaplicación a un contexto particular. La contingencia de los discursos remite aquí a una instancia externa, a las circunstancias o elcontexto de su aplicación. Por el contrario, los lenguajes políticos son formaciones conceptuales plenamente históricas,absolutamente contingentes y singulares. Quien hizo de la temporalidad de los conceptos el centro de su reflexión fue
ReinhartKoselleck 
, el principal promotor de la segunda de las vertientes contemporáneas que han renovado de forma fundamental losenfoques en la disciplina, la escuela alemana de historia de conceptos o
 Begriffsgeschichte
.
La
Begrisffsgeschichte 
, la modernidad y la temporalidad de los conceptos
Para Koselleck, la histori
a de “conceptos” y la historia de “ideas” se fundan, en última instancia, en dos perspectivas
completamente diversas de la temporalidad. Y ello le permite a la historia conceptual diferenciarse de la historia social, proveer  pautas para la comprensión histórica que no se reduzcan a una mera reafirmación de lo que el análisis de sus determinacionescontextuales pueda ya aportarnos. Sólo cuando un término se carga de connotaciones particulares diversas se convierte
 propiamente en un “concepto”, “una palabra
se convierte en un concepto si la totalidad de un contexto de experiencias ysignificado sociopolítico, en el que se usa y para el que se usa esa palabra, pasa a formar parte globalmente de esa única palabra
.De este modo, se libera de la palabra o término particular. En un concepto se encuentran siempre sedimentados sentidoscorrespondientes a épocas y circunstancias de enunciación diversas, los que se ponen n juego en cada uno de sus usos efectivos.De allí deriva la característica fundamental que distingue a un concepto: lo que lo define es, precisamente, su capacidad detrascender su contexto originario y proyectarse en el tiempo. Y allí radica también su interés histórico: tal capacidad de losconceptos de transponerse a sus contextos específicos de enunciación, de generar asincronías semánticas, confiere a la historia deconceptos su rendimiento específico. Si la historia conceptual se recorta de la historia social, adquiere un carácter propio, es porque sólo ella puede proveer claves para reconstruir procesos de largo plazo. Los conceptos, en la medida en que sirven partaarticular significativamente las diversas experiencias sociales, que forman redes discursivas que cruzan las épocas y trasciendenlas esferas de sociabilidad inmediata, sirven de índice de las variaciones estructurales. Pero, por otro lado, si estos actúan,retrospectivamente, como índice efectivo de las mismas, es porque son, al mismo tiempo, un factor para su constitución. Losconceptos proveen a los actores sociales las herramientas para comprender el sentido de su accionar, elevan la experiencia cruda,la pura percepción de hechos y acontecimientos, en experiencia vívida. Y de este modo, conectan también entre sí las diversasvivencias en unidades de sentido, actúan de soporte para sus conexiones estructurales. Ahora bien, si la historia conceptual, paraKoselleck, supera y trasciende a la historia social dado que articula redes significativas de largo plazo, es al mismo tiempodeficitaria respecto de ésta, puesto que nunca la agota. Los hechos sociales, la trama extra-lingüística rebasa al lenguaje en lamedida en que la realización de una acción excede siempre su mera enunciación o representación simbólica. Cabría hablar de undoble exceso o rebasamiento entre la historia conceptual y la historia social, entre el nivel del lenguaje y el nivel extralingüístico;en fin, entre estructuras y acontecimientos.es precisamente en esa brecha ente historia conceptual e historia social que emerge latemporalidad. Se llega así a lo que Koselleck llama metacategorías fundamentales que definen las formas propiamente históricas
de la temporalidad: “espacio de experiencia” y “horizonte
 
de expectativas”. Éstas indican los diversos modos en que se puedevincular el presente, el pasado y el futuro. El distanciamiento progresivo entre “espacio de experiencia” y “horizonte deexpectativas” determina la aceleración del tiempo histórico, que e
s la marca característica de la modernidad.De la combinación de los aportes de ambas escuelas analizadas se obtienen aquellos dos aspectos cruciales en los que la nuevahistoria intelectual se distingue de la tradición de historia de ideas. En primer lugar, en la medida en que el análisis de loslenguajes políticos obliga a traspasar el plano de los contenidos explícitos de los textos, nos abre a una perspectiva nueva encuanto a la relación entre texto y contexto: en los lenguajes políticos, las condiciones de enunciación (quién habla, a quién, dónde,cómo, etc.) pasan a ser parte integral de
 sentido
del texto. Esto se liga a la segunda de las características: el carácter plenamentehistórico (contingente) de las formaciones discursivas. Éstas no constituyen sistemas lógica y racionalmente integrados, sino sólo precaria y contingentemente articulados, se sostienen en premisas históricamente devenidas, desprendidas de las cuales pierdentoda eficacia como tales.
La historia de ideas latinoamericana
La delimitación de un ámbito propio para la historia intelectual en el ámbito académico latinoamericano se encuentraestrechamente asociada al nombre de
Leopoldo Zea
. Él fue quien primero abordó sistemáticamente la problemática particular quela escritura
de la historia de ideas plantea en la “periferia” de Occidente
; más concretamente, cuál es el sentido y el objeto deutilizar pensadores que no realizaron ninguna contribución a la historia de ideas en general, qué tipos de enfoques se requieren para tornar relevante su estudio.
Lo verdaderamente relevante no son ya las posibles “aportaciones” latinoamericanas al pensamiento en general sino, por el contrario, sus “yerros”; en fin, el tipo de “refracciones” que sufrieron las ideas europe
ascuando fueron trasplantadas a esta región. Zea específica también la unidad de análisis para esta empresa comparativa: los
“filosofemas”. Según señala, es en los conceptos particulares que se registran las “desviaciones” de sentido que producen los
 

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