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Levi-Strauss - Las Tres Fuentes de La Reflexion Etnologica

Levi-Strauss - Las Tres Fuentes de La Reflexion Etnologica

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09/23/2013

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text

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LEVI-STRAUSS
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.,
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'
l..A\
:!
RES FUENTES
DE
-LA
REFLEXIONETNOLOGil;,.
,
,•
Parece
obvio ·que
Ja
etnología disponga
de
pla7..a
reservada
en
una
compilación
consagrada
a las ciencias
humanas.
La
etnología, en efec·to, tiene
por
objeto
de
estudio
al
hombre
y
en
principio
sólo
se
distin·gue
de
las
demás
ciencias
humanaspor
lo
acusadamente
alejado, enespacio
y
tiempo, de las formas de vida,
pensamiento
y
actividad
humanaquetrata
de
describir
y
analizar. ¿No
hacia
otro
tanto,
con
una
simple
diferencia de grado,
ei
humanismo
clásico al
intentar
reflexionar acerca del
hombre
desde aquellas civilizaciones diferen·tes a las del observador,
y
de las que la.
literatura
y
los
monumentos
grecorromanos
le
mostraban
el reflejo? Pues
éstas constituían,
por
aquel
entonces; las civilizaciones más
distantes de
entre
aquellas a las
que
se podía
tener
acceso. Las
humanidades no
clásicas
han intenta·
'do
extender
el
campo
de acción,
y
Ja
etnología, desde
este
punto
devista, no
ha
hecho sino
prolongar hasta sus
limites
últimos
el tipode
curiosidad
'y
actitud
mental
cuya
orientación
no
se
hai modifi·cado
desde
el Renacimiento,
y
que· sólo en
la
observación
y
en
lareflexión etnoiógicas
encuentra
definitivo
cumplimiento.
De
esta
ma'
nera,
Ja. etnología
aparece
como
Ja
forma reciente
del
humanismo,
adaptando
éste
a
las condiciones del
mundo
finito
en
que se ha
con·
vertido
el globo
terrestre
en el siglo xx: siglo a
partir
del cúal dehecho,
y
no sólo de derecho, como antes,
nada humano puede
ser
ajeno
al
hombre.Sin
embargo, ia di(erencia de grado
no
es
tan
simple,
pues
va
unida
a
una transfonnación
obligatoria de los
métodos
a
emplear.
Lassociedades de las
que
se
ocupa
el etnólogo, si
bien tan
humanas
como
cualesquiera
otras,
difieren,
sin
embargo, de las
estudiadas por
las
humanidades
clásiqas u orientales, en
que
en
su mayorparteno
conocen la
escritura;
y en que, varias de
entre
ellas
poseen
bien
pocos,
porno
decir
ninguno,
monumentos
representativos de
figuras
animadas
o
que estas
últimas, hechas con materiales
perecederos,
sólo nos sonconocidas a través de las
obras más
recientes.
La
ctnologfa puede,
!'
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1
l.
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-J
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!S
~~-..:.:
q11e
h:i~e·t·
rnobje!o,
permanec~r
fiel
a
la
tradiH
·Huma
.
.0
a~¡
prw· lo
q11e
se
1-:cfi1:rc._,1
.
5¡¡s
métodos,
dado
qt,'
,1
mayo·
:
,c1c
las veces
echa enfalla
los
medios
-tex!os
y
monv
.
cntos
utd1zaclos
por
nquéll:i.
De
estaforma,
la
etnología se
ve
co,,streñida
n.
b:1s~;ir
nuel'as
.11erspcc.til';is.
~1117
la
imposibilidad de
seguir
!os
pro·
ccd11111cntns
clásicos
ele
llH'pst1gnc1ón,
Je
es
necesariovalerse de todos
los
medios
a
.q1
alcance:
y;i
sen
$ituándosc,
pnra
ello,
bien lejos
del
h?rnl:r:c
en
su
condi~iún
de
~cr
pensante,
como
hacen
In
antropolo
g1:i
f1s1cn.
In
tccnolog1n
y
la
prehistoria,
que
pretendendescubrir
l'erd;ides
sobre
el
hombre
a
partir
de
los
huesos
y
ele
las
secreciones
o a
partir
de Jn,
utrnsilios construidos;
yn
sea,
por
el
contrario,
situándose
mucho
m;1s
ccrr;i
ele
lo
que
lo
están
el
historiador
o
el
filólogo,
Jo
~tic
;iconr_ccc
~u.anclo
el
etnógrafo
(es
clecír, el
observador
de
campo)
\~ata
de
1de1111f1c;ir-:e
c0n
el
grupo
q1ya
manera
devivir
comparte.Siempre
forz;iclo n pcrr11nnccer.c11
el
nq11e11de
o
c11
el
allende
del
huma·
n!smo
fraclicio1i:il, el
rinólogo, haciendo
de
la
necesidad virtud,
llega
s111
quererlo
n
dotar.a
éste
de
instrumentos
que no
dependen
neccsa-·rinmcnlc
ele
las
ciencias
humanas,
y
que
han sido
a
menudotomados
ª.
pré.stnmo
'.ic ];is ci.cncias
natmales
y
exactas,
por
un lado
y,
de
las
c1cn~1as
sociales,
por
otro.
La
originalidad
de
Ja
etnología reside
11.rec1~amc11tc
en
Cl
l,1cclw
de que siendo, como
es,
por
hipótesis
una
c1c11c1a
humana,
no
puede,
.~in
embargo,
permitir
que
se
Ja
aísle
de
];:is
ciencias
natmnlcs
y
'sociales
con
bs
que
varios
ele
sus
propios
méto·dos
mn11ticnc11 t;ipt;is
cosnsen
común.Desde este
punto
de vista,
la
clnoiop.in
no sólo
1
;insform;i
el
humanismo cuantitativamente
hablan·
do
(incorporándole
un
númerocada
\'CZ
mayor de
civilizaciones) sinotambién
cualitativamente,
dacio
que
];:is
barreras
tradicionalmente
Je
vnntaci;is
entre
Iris
diversos
órdenes
de
conocimiento,
noconstituyenpara
ella
sino
ohst~culos
que forwsamcntc
debe
vencer para pro·
,
gresar.
Por
lo
demás, estanecesidad
la
empiernn
a
sentir cada
un;:i
de
las
restantes
111odaliclnclcs
ele
investigación humanistri,
si
bien
por
lo
que
a
éstns respectn,
de
forma mucho
s
ta'rdía
y
provisionalmen
te.enmenor
grado.
..
Los
problemas
que se
plantean
a la
ctnologla
moderna
sólo
puedenaprehenderse clararpente
In
luzdci
desarrollo histórico
q.ue.les
ha
dndo origen.
!
a
etnología
es
una
ciencia
jO\'.en.
Ciert.amente,
variosau
rores
ele
In
an
I giiecl;ic!
rccÓgicron
el
réla
to ·de'
costumbresextrañas,
prnqt
icadns
por
pueblospróximos
o
lejnnos.
Asf
Jo
hicieron
Hcrodoto,
Diocloro
y
P:rnsanías.
Pero
en
todosestos casos
la
narración perma
nece bien
<llcjncln
ele
tocl::i
observación
auténtica,
con
el
objeto
prin·
cipnl. de
clcsacredilnr
n los
propios
ad\'ersarios, como acontece
a
me
nudo
en
bs
relaciones
que
se
dnn
acerca
de las
pretendidas
costum
bres. de
los
persas;
o
bien,se reducen
a
una
escueta
anotación
de
costumbres
hclcróclit;is cuya diversidad
y
singularidad
no
parece
hayallegado
a
suscilat:
1en
sus
observadorescuriosidad
intelectual verdade
ra
ni
inquietud
n10rnl
alguna. Es
sorprendente,
por
ejemplo,
que
16
....
1
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.··
.
-
.
·"
1!líi·
¡;it~(r,¡'~
' '
·-
"-"'
en
s~s
Moralra,
Plutarco
se
contente
con
yuxtaponer interprétaciones
~
corrientes
acerc:i
de ciertas costumbres
griegas
o
romanas; sin
plan-
tearse
la
cuestión
de
su
valor
relativo
y
sin
interrogarse sobre
los
·
1
problemas (de
los
q~c
apenas se da
cuenta
y
abandona una
vez
for-
mulados).
. · .
i!
-:
'"f
Las
preocupaciones
etnológicas
se
remontan
a
una
fecha mucho
s
reciente,
y
en
su
expresión
moderna
se
sitúan,
por
as{
decirlo,
en
un.a
encrucijada:
n;:icen,
no
lo olvidemos,
del
encuentrode
varias
co
rrientes.
e
pensamiento heterogéneas,
lo
queenciertamedida,
C:Jpll·
calas
d1f1cultads
de las
que
Ja
etnología,
n
hoy,
no
es
sino heredera
atonnentada.
·
·1
, ,
La
s
importante
de dichas influencias
está directamente
réla·
cionada
con
el
descubrimiento
del
Nuevo Mundo.
En
la
actividacJ;
nos
sentimos
inclinados
a
valorar este hecho
enfunción
de
consideraciones geográficas, políticas
o
económicas,
pero
para
los
hombres
delsiglo
XVI
fue
antes que
nada
una
revelación cuyas
consecuenciaslnte-
~.
:•
lectualcs
y
morales permanecenn
vivas
en
el
pensamiento
moder·no, sin que
constituya obstáculo
el
que
ya casi
nonos
acordemos
de
ur;
verdadero
origen. De
maneraimprevista
y
dramática,·
el descubrl-.
i
..
1
miento
del
Nuevo
Mundo
forzó
el
enfrentamiento
de dos
humanlda-
i
'
des,
sin
duda hermanas,
pero no
por
ello
menos extrañas desde
el
:
:,
punto
de
vista
de susnormasde
vida
material
espiritual.'
Pues'
el
hombre
americano
-en
un
contraste realmente
turbador...:.
podla
ser
contemplado
como
habiendo
sido
desprovisto
de
la
gracias
y
de
la revelación
de
Cristo
y a
la
vez
como ofreciendouna
imagen queevocaba
inmediatamente
reminiscencias antiguas
y
bíblicas:
la
de unaedaddorada
y
de una
vida
primitiva que simultáneamente se
presen
taban
en
y
fuera
del
pecado.
Por primera
vez,
el
hombrecristiano
no
estuvo
solo
o
cuanto menos
en
Ja
exclusiva
presencia de
paganoscuya
condenación se
remontaba
a
las
Escrituras,
y
a
propósito de
los
cuales
no
cabía.
experimentar ninguna suerte de turbación
Interior.
Con el
hombre
americano
lo
que
sucedió fue
algo
totalmente·diferen-
te:
l~
existe11cia de
tal
hombre
110
1tabfa
sido prevista
por
nadie
o,
Jo
que
es
nmás importante, su
s1íbita
aparición
verificaba
y
desmen-
a
al
unísono
el divino
mensaje (cuanto
menos
así se
creía entonces)
puesto que la pureza
de corazón,
la
conformidad con
Ja
naturaleza;
la
generosidad tropical
y
el
desprecio
por
las complicaciones
modernas,
si
ei;i
su conjunto
hacían
recordar
irremisiblemente
el
paraíso
tei-re
nal,
también producían
el
alerrorizador
efecto
contrario
al
dar
cons·
tanda
de
que la
caídaoriginal no
suponía obligatoriamente que
el
hombre
debiera
quedar
incluclablemcnte desterrado de
aquel
Jugar.
Simultáneamente,
el
acceso
a
los
recursos
tropicales,
que
suponen
tma gama
de
variedades mucho más densa y
ric~
que
Ja
que pueden
-
í ,
suministrar
con
sus propios recursos
!;:is
regionestempladas,'provoca-
ba
en
Europa
el
nacimiento
de
una sensualidad más
sutil,
y
añadfa conello
un
elemento de
experiencia
directa
a
lasreflexionesprecedentes.Ante
el
ardor
extraordinario
'con
quese
acoge
el
lujo
exótico:
made·
ras
detintes
varios, especias
y
curiosidades que
ejemplifican
los
f
monos
y
aquellos loros que
-<:ornose
lec
en
el
inventario de un
fl~~e
·:
-
.e,,~
~.
-u
AITTllDlOux:iA
aneo
CTF.NCTA
 
.
\
['.';o.·~.--
n:wkro
ele
n:p.rcsn a Europn. en los
primeros
años
del siglo
XVI--
•ha·
bl:m
y;i
nlp.1111as
p;il:\hrns en frnncés•,
se
tiene
In
impresión
de
que
la
Europ;i
culta
ciesc11brc
dentro
de sí iné<litas posibilidades
cle
delccta·ción
r
C'Tlll'íf!I!
ele
esta forma
de
un pasado
medieval
elaborado,
al
menos
rn
parte,
a hnse de
insípidos
nlimentos y
monotonía
sensorial,tocio ln cu:il nlrnuhilah:i
J:i
cor1.ciencia
que-el
hombre
podía tener
de
mismo
v
ele
su conclidón
terrestre.
En
cíc~ln,
es
,·crdndcramcntc
en .suelo nmericnno
donde
el
hombre
empic1.a a pl;rntc;irsc, de
formaconcreta,
el
problema
de sí
mismo
y de
:ilp.l1na
m:inrrn a cxp,crimcntarlo.en
supropiacarne.
Las irnílge·nes, fuera
ele:
toda
clucln
exactas,
que
nos h:icernos
ele
la
conquistaestán
pobl:id:is
ele
m:itarm:is :iíroces, rapifü:is
y
explotaciones elesen(re·nadas. Sin cmbnrgo, no
debemos olvidar que
con ocasión de ello
la
·corona
ele
Castilla, nsisticla
por
comisiones
ele
expertos, pudo formu·
lar
la ímica poJítica colonial reflexiva y sisternálica
hnsta ahora
conocida, lo
que
hizo con
l':il
amplitud,
profundidad
y cuid:ido
por
lasrespons:i:.;;;dacles tíltimas
que
el
hombre
debe
al
hombre
que, si
bien
es
cierto
ql1c
no
se
pusieron
en
práctica, no
lo es
menos
el
que
a nivelteórico al
que
la h:in
reducido
Ja
brutalidad,
la
indisciplina
y la avidez de
sus ejecutores, sigue siendo un gran
monumento
de
sociologíaaplicada. Poclemns
sonreír ante
l:is
que hoy llamaríamos
comisiones•cient,fficas•,
compuestas
por:
sncerdotes
enviados al Nuevo
Mundocon
el solo
objeto de
zanjar
la
cuestión relativa
a
saber
si los indfgc
nns
ernn
merosanimales
o
también
seres
humanos
dotados de almainmortal.
Hahb
m::ís
nobleza
en
el
plnnteamiento
ingenuo de estos pro
blemas
que
en
el
mero
aplicnrsc,
como
se
hnrá
más
adelante,
a
matan
zas y explot<1cioncs
desprovistas
de
todapreocupación
teórica. Si a
esto añadimos que
los
desgraciados
indígenas
adoptaban
la
misma
acti
tud
-acnmpando
clt11
ante
varios
días
junto
a.
los
cadáveres de
los
<;.~pañoles
que
hnb!nn ahogado, a fin de
obscn•ar
si
se
corrompían
o si
por
el
contrario
poseían
una
naturalc1.a
inmortal-
se debe
reco
nocer
en t:ilcs episodios, a la vez
grotescos
y sublimes, el
testimonio
fehaciente de la grn,,eclncl con
que
se
encara
el
problema
'del
hombre
y
donde
ya
se re\"elan los
modestos
indicios de una.
actitud verdaderamente
antropol6p.icn, pese. a la niclcza
propia
de
la época
enque
porprimera
vez
aparecieron.
América
haocupado
durante
tantotiempo
un
lugar
privilegiado en
Jos
estudios
nntropológicos.
por haber
colocadoa la hurn:iniclnd
ante su
primer
gran caso
de conciencia.
Durante
tres
siglos,
el
inclfgenn americnno
dejaría
el
pensamiento europeo
gravadode la noslalgia
y
el
reproche, que una renovada
experiencia
similar
llegará
en
el
si¡!lo .xvnr con
la
apertura
de
los
mares
del
Sur
a las
ansias
c:'lploraclorns. Que «el
buen
salvaje» conozca
en
el
estado
de
naturaleza
el
bienestar que
se niega al
hombre
civilizado es,
en símisma, unaproposición
absurda
y
doblemente
inexacta,
puestoque
el.
estado
tic nnlurnlcz.a no
ha
existido
jainás,
ni el
sal\'aje
es o
ha sidos
o
menos necesariamente bueno
o dichoso
que
el
hombre
civilizado.
Pero
tnl
miloencubría un
hallazgo positivo y
más
peligroso:
enadelante Europa supo
que existen
otras
formas
de vida económica,
orros regímenes
poi íticos,
otros
usos
morales
y
otras
creencias rcligio-
18
1-
}
1
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u
·.
.
"
,
1'
'
,'
:
sas que
las
que
hasta
aquel
entonces
se
crefan
radic.~das·
en
;un"dére-• ·
."
¡
cho
y
revelación .de origen
igualmente
divino
y
respecto
a lo
eual'sólo
'
t
;
J
cabfa
poseerlos
para
su pleno
disfrute
o
carecer
absolut:imcnle
de ' :
·,.
ellos. A
partir
de
ahí
todo
pudo
ser puesto
enentredicho.
No
resultacasual queen
Montaignc, la
primera
expresión
de
las reivindlc.acioncs
que
sólo
más
tarde
verán
Ja
lU7.
del dfa
en
la Declaración
de
Derechos
Humanos
sea
pues ta
enboca
de
indios brasileños.
La
antropología
haoía
llegado a
ser
práctica
incluso
antes de
haber
alcanzado
el nivel
de
los
estudios
teóricos. ' , ·
1
A
e
..
En
tales
'condiciones
no
deja
de
resultar
curioso
que
el segunélo
impulso que debían experimentar
las
preocupaciones
etnológicas pro
ceda de
Ja
reacción política
e ideológica
que sigue inmediatamente
a la Revolución
Francesa
y
a las
ruinas
dej\ldas
por
las conquistasnapoleónicas.
Y
sin embargo, esta
paradoja
incontrovertible puedeexplicarse
fácilmente.
En
Jo
que
va del siglo
XVI
al siglo
XVIII,
el
ejemplo suministrado
por
los
pueblos indígenas
habla
alimentado
ln
crítica
social
de
dos
modos
diversos:
la
coexistencia,
en
cl
presente,de formas
sociales
profundamente
heterogéneas,
planteaba
la cues·
tión
de
su
recíproca relatividad
y
permitíaponer
en
duda
a
cadaunade
ellas.
Por
otro
l11do,
la mayor simplicidad de las llamadas
socie
dades salvajes
o
primitivas
suministraba
un
punto de partida
concre•
to parauna
teoría acerca
del
progreso indefinido
de la humanidad:
pues
si se
había
partido
de un
lugar tan bajo,no
habla razón
alguna
para
s'uponer
que
el
movimiento hacia adelante
debiera
detenerse
i
y
que
las
actuales
fonnas
sociales
representaren un
ideal definitivo,
im·posible de
mejorar.
, ·Ahora
bien,
el inicio del siglo
XIX
sorprend<; a
la
sociedad
europea:'
tradicional en un estado de
profunda
desintegración:
el
orden
socialdel
antiguo
régir,ncn
ha
·sido definiliv.amente
sacudido
y
la naciente
revolución
industrial tras
toma
los
marcos· de lavida
económica sin
que puedan
aún discernirse
las
nuevas
estructuras
que
ella
misma
alumbrará.
No
se
ve
sinodesorden
en
todas
partes
y,
ante
ello, se '
pretende
definir
el
destino
del
hombre
más bien
en
función
de
unpasado transfigurado
por
la
nostalgia
del
orden. antiguo, que no
porunporvenir
imposible de precisar. Pnra las antiguas
clases-privile·giadas,
que
sólo en
una
mínima
fracción
VLtelven
a
encontrar
su
posición
anterior,
la
historia no puede
seraprendida
como
el
aparecer
ele
algo
que se hace
'sino,
por
el
contrario, como
el
de
una
cosa
que
se
deshace. No
tratan
de
comprender un
hipotético cprogreso•, en
lo
que
les S!Jncierne vacío
ele
sentido, sino
la catástrofe
que
les
hamaltratado
y
que
filósóficamente
no puede
ser aceptada
sino
como lnincidencia
particular
ele
unmovimiento de descomposiciónquedeja
11
sentir su
verdadero
estilo
en
la
historiahumana.
Y
este
punto
de
vista,
que
no es
otro
que
el
ele
los
principios
del
rpmanticismo,
modifica·
y
enriquece la
indagación
etnográfica.
Ln
modifica
por
cuanto hace
delprimit,ivismo
(en todas
sus formas),
no
tanto la
búsqueda de un
19
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