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movimiento que exigía para las mujeres iguales derechos que para loshombres.
1. La frustración de un sueño
El sueño de que hablamos se plantea durante la Revolución Francesa,un momento clave en la historia de las mujeres. En primer lugar, porquetambién lo fue en la historia de los hombres (los individuos del otro sexo y losseres humanos en su conjunto). Y, además, porque este acontecimiento fue laocasión para que se cuestionasen las relaciones entre los sexos. LaRevolución planteo la cuestión de las mujeres.Son sobre todo las grandes leyes de septiembre de 1792 sobre el estadocivil y el divorcio las que tratan en pie de igualdad a ambos esposos. Elmatrimonio es un contrato civil y se basa en la idea de que ambos contratantesson igualmente responsables y capaces de verificar por sí mismos si secumplen correctamente las obligaciones que su acuerdo creaba. De no ser así,tenían la oportunidad de rescindir el contrato, sin necesidad siquiera depresentarse ante el juez, siempre que lograran entenderse sobre sudiscrepancia. La ley disponía que el matrimonio se disolviera mediante divorcio,ya fuera por simple incompatibilidad de caracteres, ya por mutuoconsentimiento, y sólo en tercer lugar, por motivos determinados, es decir,recurriendo a los tribunales.Así las mujeres adquieren estatura de ciudadanas, y aunque laconquista de las libertades civiles no incluye la de los derechos cívicos, hacemás inaceptable su ausencia. Pues quien puede elegir su marido y divorciarsepuede pretender, sin duda, elegir su gobernante. O, como decía
Olympe deGougues,
una de las primeras feministas, “La mujer tiene derecho a subir alcadalso; también debe tener derecho a subir a la tribuna”.Esta mujer moriría en la guillotina dos años más tarde y su fracasoconstituye el mejor ejemplo de la frustración de los deseos femeninos durantela Revolución, porque la gran mayoría de los revolucionarios, y, entre ellos los jacobinos, con algunas excepciones, fueron masivamente partidarios del retirode la mujer a la vida doméstica. De esta forma, la Revolución tuvo la audaciade plantear el tema de la relación entre los sexos, pero no tuvo el arrojo deresolverlo. Esto es, la Revolución pudo derrocar al rey e inventar al ciudadano;pero no creó la ciudadana.
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