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La imagen de la mujer en el S-XIX

La imagen de la mujer en el S-XIX

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LA IMAGEN DEL LA MUJER EN EL ARTE DEL SIGLO XIX
Las revoluciones industriales y políticas que conmocionan a Europadurante el siglo XIX establecen de forma definitiva el poder económico ypolítico de la burguesía. Nada tiene de extraño, por tanto, que esta clase socialextienda sus ideales sobre la mujer a toda la sociedad. Según estos ideales lamujer tenía que ser la esposa gentil, amable, complaciente y bondadosa,fundamento del hogar y madre ejemplar de sus hijos. Una especie de mujer-monja, cuyo convento sería el hogar de la familia burguesa.Esta mujer accedida a la burguesía ciudadana tiene poco que ver conaquella otra del Antiguo Régimen perteneciente a una familia que constituíauna unidad de producción, bien fuera esposa de agricultor o de artesano. Ahorave limitada su multiplicidad de papeles y funciones. En la sociedad preindustrialtodos los miembros de la familia desempeñaban un papel útil, pero con laRevolución Industrial la mujer de la clase media y alta pasará a dependereconómicamente de su marido, y se mantendrá al margen de su negocio oempresa. A medida que pasa el tiempo irá disponiendo de más y más tiempolibre, ya que los productos de primera necesidad (ropa, alimentos y enseresdomésticos) que tradicionalmente producía, pasa a hora a comprarlos. Por estarazón verá reducidas sus actividades a las de esposa y madre educadora. Loque hoy se denomina “mujer de interior”o “ama de casa”, es decir, dueña,soberana y ángel protector del hogar. Pero lo curioso es que estos ideales seextendieron a toda la sociedad, a pesar de que tenían su origen en laburguesía, de modo que incluso las mujeres que se veían obligadas a buscarun trabajo para sobrevivir, se sentían presionadas en sentido contrario por unmedio social que consideraba el trabajo de la mujer fuera del hogar como algocondenable. Piénsese que, incluso los teóricos del socialismo se oponían a quelas mujeres realizasen un trabajo asalariado.Pero no hay que olvidar que, a partir de la Revolución Francesa, lasmujeres comenzaron a reclamar su participación en la política y a exigir unaserie de derechos políticos y legales: al divorcio, a una educación completa,etc. Y aunque durante las revoluciones de 1830 y 1848 la actividad política delas mujeres francesas creció considerablemente, no sería hasta después deesta última fecha que haría su aparición el primer feminismo, esto es, aquel
 
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movimiento que exigía para las mujeres iguales derechos que para loshombres.
1. La frustración de un sueño
El sueño de que hablamos se plantea durante la Revolución Francesa,un momento clave en la historia de las mujeres. En primer lugar, porquetambién lo fue en la historia de los hombres (los individuos del otro sexo y losseres humanos en su conjunto). Y, además, porque este acontecimiento fue laocasión para que se cuestionasen las relaciones entre los sexos. LaRevolución planteo la cuestión de las mujeres.Son sobre todo las grandes leyes de septiembre de 1792 sobre el estadocivil y el divorcio las que tratan en pie de igualdad a ambos esposos. Elmatrimonio es un contrato civil y se basa en la idea de que ambos contratantesson igualmente responsables y capaces de verificar por sí mismos si secumplen correctamente las obligaciones que su acuerdo creaba. De no ser así,tenían la oportunidad de rescindir el contrato, sin necesidad siquiera depresentarse ante el juez, siempre que lograran entenderse sobre sudiscrepancia. La ley disponía que el matrimonio se disolviera mediante divorcio,ya fuera por simple incompatibilidad de caracteres, ya por mutuoconsentimiento, y sólo en tercer lugar, por motivos determinados, es decir,recurriendo a los tribunales.Así las mujeres adquieren estatura de ciudadanas, y aunque laconquista de las libertades civiles no incluye la de los derechos cívicos, hacemás inaceptable su ausencia. Pues quien puede elegir su marido y divorciarsepuede pretender, sin duda, elegir su gobernante. O, como decía
Olympe deGougues,
una de las primeras feministas, “La mujer tiene derecho a subir alcadalso; también debe tener derecho a subir a la tribuna”.Esta mujer moriría en la guillotina dos años más tarde y su fracasoconstituye el mejor ejemplo de la frustración de los deseos femeninos durantela Revolución, porque la gran mayoría de los revolucionarios, y, entre ellos los jacobinos, con algunas excepciones, fueron masivamente partidarios del retirode la mujer a la vida doméstica. De esta forma, la Revolución tuvo la audaciade plantear el tema de la relación entre los sexos, pero no tuvo el arrojo deresolverlo. Esto es, la Revolución pudo derrocar al rey e inventar al ciudadano;pero no creó la ciudadana.

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