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Unitarios universalistas renacidos
Por 
Forrest Church
, dado en la 
en Boston, Massachusetts, el 29 de junio de 2003.
 
Estar en Bostoneste año para la
es un granprivilegio para todoslos aquí reunidos.No puedo evitar pensar que suscita unestallido de energía nueva y compromiso connuestra fe elegida. Esta tarde, como mipropia contribución a esta noble tareacolectiva, dedicaré mis señalamientos anuestras buenas nuevas. Eso es lo quesignifica la palabra 'evangelio', ciertamente:buenas nuevas. Yo, por mi parte, no meavergüenzo del evangelio liberal. Haenriquecido e incluso transformado mi vida.Pues éste conlleva una obligación, predicar ypublicar nuestras buenas nuevas tanpersuasivamente como podamos e invitar aotros a unírsenos en su celebración.Como imagen en negativo [=que ofreceinvertidos los claros y oscuros, o los colorescomplementarios, de aquello que reproduce]de toda forma defundamentalismo, la visiónde losunitarios universalistasofrece almundo una visión religiosa alternativa. Envez de desgarrar, sembramos. En vez dededicar nuestras vidas a separar las ovejasde las cabras, nosotros celebramos launidad, dos veces en nuestro propio nombre.Por lo demás, 'liberal' significa generoso,flexible y libre. Así que este poder salvífico,el poder de nuestras buenas nuevas, tendráun impacto sólo si traemos la misma pasiónhacia nuestra fe liberal —hacia nuestra fe demanos abiertas, de corazón abierto, demente abierta— que otros llevan hacia lasuya.Puede que conozcan el poema deWilliamButler Yeats(1865-1939), "La segundavenida"
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. He vuelto a ese texto a lo largo dealgunos meses desalentadores en el pasadoreciente. Al observar un paisaje devastadopor la guerra, Yeats dijo,
"Los mejorescarecen de toda convicción, / mientras los peores / están llenos de fanática osadía" 
.¿Saben qué separa a los mejores de lospeores? Los peores están seguros de ser losmejores, mientras que los mejores tienen elbuen sentido de reconocer que llevan lo peor dentro de ellos. Esto puede (y debiera)atemperar el fanatismo de nuestra osadía,pero no debería minar nuestra convicción.
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De hecho, nunca en la historia el mundo hanecesitado el testimonio de una fe querespete, en vez de desdeñar, las diferenciashonestas de creencias. Para sacar la luz dedebajo del cajón del celemín, sin embargo —para que resplandezca con todo su brillo ypenetre la densísima obscuridad—, primerohemos de articular más precisamente, enprincipio para nosotros mismos y luego paralos demás, lo que esta luz nuestra ilumina.Permítaseme formular una pregunta. Sialguien te preguntara, "¿En qué crees?"¿Tendrías lista una respuesta? Cada año, enla
de Nueva York, la congregación que heservido durante el último cuarto de siglo, los jóvenes de tercer año de secundariapreparan su declaración de credo personalen unos 3 minutos y la presentan ante lacongregación el Domingo de Mayoría deEdad. Luego de la ceremonia, durante lahora del café, frecuentemente escucho a lospadres y a otros adultos de la congregacióncomentar meditabundos si ellos podríanhacer lo mismo que los jóvenes.Bueno, ¿podrías tu?Imagínate que durante una cena social tedieras cuenta de que eres la única personapresente que va a la iglesia. Al momento enque esta pizca reveladora de informaciónquede expuesta inadvertidamente,encontrarás que despertaste el interés de laconcurrencia —todos ellos gente que dejó delado la religión. Quieren saber por qué.Quieren saber más. Súbitamente la cena sepuso peligrosa. Al sentirte más a la defensivaque con disposición evangélica, comienzas aapretar los botones para controlar laansiedad. "Bueno, no es realmente unaiglesia. Miren, soyunitario universalista".—"Siempre quise saber delUnitarismoUniversalista. ¿Qué es lo que creenustedes?", te pregunta la mujer que estáfrente a ti."Nada, en realidad", farfullas. "Bueno, noes que en realidad no sea nada, en realidadsí creemos algunas cosas". Luegoapresuradamente les aseguras que no creesque Jesús haya nacido de una virgen, ni quehaya resucitado al tercer día, que casi nuncalees la Biblia y que ciertamente estás deacuerdo en que la religión es la fuerza máspeligrosa del mundo, especialmente en laactualidad. A lo que tus amistades teresponden que esas son precisamente lasmismas razones por las que ellos no asistena la iglesia.¿Sabes lo que sucede si cruzas ununitario universalistacon un Testigo deJehová? Obtienes a alguien que toca a laspuertas de las casas sin razón aparente.¿Pero acaso hay tal cosa como ununitariouniversalistaevangélico? En mi visión delmundo, por supuesto que sí existe. Para mí,'unitario evangélico' no es un oxímoron[=contradicción de términos]. Amé lo queMatthew Diaz dijo a la gente de la
en su declaración de credopersonal, el año pasado. Se puso de piecuan largo era y dijo, "Creo en la magia".Desde luego. La magia de la vida, plena de
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misterio, imbuida de maravilla. Sonó justocomo nuestro siempre celebradoRalphWaldo Emerson(1803-1882).Emerson creía en los milagros. No endetener el sol. No en abrir el Mar Rojo. Sinoen el milagro de que el sol brille sobre latierra y en el milagro de que los océanoshiervan pletóricos de vida. El milagro de unrecién nacido. El milagro de la conciencia. Elmilagro de la esperanza. Los creyentesfundamentalistas y ortodoxos encuentran susmilagros en las Escrituras. Los materialistasseculares descartan la idea misma de losmilagros. Losunitarios universalistassiguenal sabio unitarioRalph Waldo Emersonydicen "Toda la vida es un milagro", desde "eltrébol que germina a la lluvia que cae".La experiencia religiosa brota de dosfuentes primarias, del asombro reverencial yla humildad. Quienes se rehúsan a ir másallá de la letra —sea de las escrituras o de laciencia— para explorar el espíritu no prestanningún servicio al asombro o a la humildad.Los fundamentalistas vienen en dosvariedades básicas. Los fundamentalistas dela derecha ponen en un santuario al Diosminúsculo de su altar. Los fundamentalistasde la izquierda rechazan a este Diosminúsculo, e imaginan que al hacer esto hanrealizado algo creativo e importante. Ambosgrupos están en una sumisa servidumbreante el mismo Dios minúsculo.Algunosunitarios universalistasusan unlenguaje en claveteísta; otros no. Realmenteno es importante. Cuando la gente me dicecon orgullo que no cree en Dios, les pido queme hablen un poco del dios en el que nocreen, pues es probable que yo tampococrea en ese dios. Dios no es el nombre deDios. Dios es el nombre que le damos aaquello que es más grande que todos, peroque está presente en cada uno. Llámalocomo quieras: el espíritu, el terreno del ser,la vida misma; permanece como siempre loha hecho —en la definición de 'lo Santo' deRudolph Otto—, como un misterio
fascinans
[fascinante] y un misterio
terribilis
[terrible],que produce un asombro reverencial quehace que nuestra mente se incline.Losunitarios universalistasno rechazan lareligión; extendemos su brújula. Quenuestros vecinos ortodoxos tengan quecircunscribir la maravilla y el sentido a un
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