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editorial 
el fantasma
y por qué
 
yporqué
la
 
libertad
La sociedad capitalista contemporánea no puede permitirel libre desarrollo de la ciencia, el arte y la cultura toda, puesestá basada en rigurosas estructuras sociales y económi-cas de explotación. El capitalismo implica la limitación delacceso a los medios de producción de la cultura y el artepara la gran mayoría de la sociedad. Sin abundancia, sinliberación social y económica, no puede haber genuinaslibertades políticas ni culturales.
Al no estar los medios socializados, accesibles a todos, parahacer realidad el libre desarrollo del arte, la libertad de ex-presión y creación en los marcos de la sociedad capitalistano es más que una apariencia, una ilusión que da la bur-guesía y que nunca es efectiva ni podrá serlo.La posibilidad de creación al estar reservada a una minoríamuy reducida de la sociedad burguesa establece el indiso-luble carácter elitista de la producción artística actual. En surelación con esta minoría el capitalismo combina el alientoa “las nuevas tendencias” que le permitan renovar el merca-do, con la coerción de todo aquello potencialmente “desesta-bilizador”. Cuando surge algún sector rebelde o disidentedentro de esta ínfima minoría que amenaza con su actividadquebrantar el optimismo del mundo burgués y cuestionar laperpetuidad del orden existente, el poder necesita aplicar lacensura y la persecución. Es que al capitalismo no le alcan-za, y quiere cercenar recurrentemente esa ilusoria “libertadde expresión” de esencia liberal, prohibiendo y negando lopoco y lo mismo que dice garantizar.En los albores del siglo XXI, el agravamiento de las condi-ciones estructurales de miseria y explotación se han de-sarrollado a tal extremo que no sólo impiden que la mayoríade la humanidad tenga tiempo, herramientas, y demás con-diciones indispensables, es decir garantías para crear libre-mente, sino para tan solo poder crear o producir algo artísti-co, y en gran medida incluso para poder concurrir al arte y lacultura más no sea como espectadores.El capitalismo ha dividido el trabajo manual del trabajo in-telectual, haciendo por un lado que los obreros vivan bajo elembrutecedor despotismo de la fábrica y alejados de las“musas” y por otro que los intelectuales o artistas “trabajen”con la cabeza y la imaginación pero lejos de las fábricas ylas barriadas obreras.Han reservado al arte el doble rol de ser una mercancíamás y un original legitimador del orden de las cosas. Laidea que del escritor tenía el joven Marx exige en nuestrosdías ser reafirmada vigorosamente. Está claro que esta ideadebe ser extendida, en el plano artístico y científico, a lasdiversas categorías de creadores e investigadores. “El es-critor –decía Marx- debe naturalmente ganar dinero parapoder vivir y escribir, pero no debe en ningún caso vivir yescribir para ganar dinero… El escritor no considera en modoalguno sus trabajos como un
medio 
. Son
fines en sí 
; son tanescasamente un medio en sí para él mismo y para los demás,que en caso necesario sacrifica su propia existencia a laexistencia de aquellos…
La primera condición de la liber- tad de la prensa consiste en que no sea un oficio.
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 Las ideas de armonía y conciliación entre el arte y las leyesdel mercado, entre la creatividad y la competencia o entre lacreación libre y la industria cultural burguesa son puraspatrañas, que quieren ocultar la contradicción permanentea la que está sometido el espíritu libre de todo arte auténti-co. Las normativas del marketing de mercado y de la modaposmoderna, regidas por los supuestos del buen gusto y latrasgresión reglada, llevan implícitas las cadenas que es-clavizan toda producción artística a la especulación comer-cial. El ideal postmoderno que promueve una supuesta ino-cencia e indiferencia del artista y de su obra con respecto almundo social no ha hecho más que revalorizar la vieja no-ción del “arte por el arte” nutriéndola de un valor escapista,estúpidamente feliz y profundamente escéptico y temeroso.Ante esto nos sentimos con ganas de declarar con DzigaVertov: “A la máscara idiota de la satisfacción permanente (yal refugio en el escepticismo -agregamos nosotros-), opone-mos el optimismo auténtico de la lucha revolucionaria”
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No por casualidad la experimentación en las Academias dearte no existen como proyecto primordial, sino como ex-cepción y a pesar de sus directrices, cuando estudiantes odocentes se animan a desobedecer las reglas impuestas.
Cuando el Cineasta surrealista Luis Buñuel llamó así a su anteúltima película fue  por afecto a Marx y Engels que en 1848 empezaban así el Manifiesto Comunista:“Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo 
1
”.Don Luis identificaba al comunismo con la verdadera libertad.Y además advertía que la libertad política y social,como la libertad del artista y el creador, eran todas ilusorias dentro del orden burgués.Este es el motivo de nuestro nombre…
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