• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
Download
 
 
Cuentos, historietas y fábulas Marqués de Sade 
Digitalizado pohttp://www.librodot.com 
 
Librodot Cuentos, historietas y fábulas Marqués de Sade
Librodot
22
ÍNDICE
La serpienteAgudeza gasconaEl fingimiento feliz (o la ficción afortunada)El alcahuete castigadoUn obispo en el atolladeroEl resucitadoDiscurso provenzal¡Que me engañen siempre así!El esposo complacienteAventura incomprensible, pero atestiguada por toda una provinciaLa flor del castañoEl preceptor filósofoLa mojigata o el encuentro inesperadoEmilia de Tourville o la crueldad fraternaAgustina de Villeblanche o la estratagema del amorHágase como se ordenaEl presidente burladoLa Ley del taliónEl cornudo de sí mismo o la reconciliación inesperadaHay sitio para los dosEl marido escarmentadoEl marido curaLa castellana de Longeville o la mujer vengadaLos estafadores
 
Librodot Cuentos, historietas y fábulas Marqués de Sade
Librodot
33
LA SERPIENTE
Todo el mundo conoció a principios de este siglo a la señora presidente de C..., una delas mujeres más agradables y bonitas de Dijon, y todos la han visto acariciar y acogerpúblicamente en su lecho a la serpiente blanca que va a ser la protagonista de esta anéc-dota.-Este animal es el mejor amigo que tengo en el mundo -le comentaba un día a una damaextranjera que había ido a verla y que mostraba curiosidad por conocer la razón de lasatenciones que la bella presidente prodigaba a su serpiente-. En otro tiempo amé apasio-nadamente -prosiguió ésta-, señora, a un joven encantador que se vio obligado a alejarsede mí para ir a cosechar laureles; al margen de nuestros encuentros convenidos, él mehabía pedido que, siguiendo su ejemplo, a unas horas determinadas nos retiráramos cadauno por nuestro lado a algún paraje solitario para no ocuparnos de nada en absoluto másque de nuestra ternura. Un día, a las cinco de la tarde, cuando iba a recogerme en un pe-queño pabellón al extremo de mi jardín, para serle fiel en mi promesa, convencida de queningún animal de esta clase hubiera nunca podido penetrar en el jardín, de pronto descu-brí a mis pies a este encantador animalillo, al que, como bien podéis ver, idolatro. Quisehuir; la serpiente se tendió delante de mí, parecía pedirme perdón, parecía asegurarmeque bien lejos estaba de querer hacerme ningún daño; me paro, la observo; al verme tran-quila se acerca, hace cien cabriolas a mis pies, unas más de prisa que las otras; no puedocontenerme y le paso mi mano por encima, con su cabeza la acaricia delicadamente, lacojo y la pongo sobre mis rodillas, se arrebuja en ellas y parece que duerme. Una sensa-ción de inquietud se apodera de mi... De mis ojos se escapan, a pesar mío, unas lágrimasque bañan a este animalillo encantador... Despertada por mi dolor, me mira..., gime...,alza su cabeza hasta mi seno..., lo acaricia y de nuevo se desploma anonadado... ¡Oh,cielos -grité-, todo se ha acabado; mi amante ha muerto! Abandoné aquel funesto lugarllevando conmigo a esta serpiente, a la que un misterioso sentimiento parece ligarme apesar mío... Advertencias fatales de una voz desconocida cuyos ecos, señora, podéis in-terpretar como os guste, pero ocho días más tarde recibo la noticia de que mi amantehabía sido muerto en el preciso instante en que apareció la serpiente; nunca he queridosepararme de este animal; sólo a mi muerte me abandonará; después de aquello me casé,pero con la explícita condición de que no la apartaría de mi lado.Y tras estas palabras la gentil presidente cogió la serpiente, la recostó contra su seno yle hizo dar, como si fuera un podenco, cien vueltas delante de la dama que la interrogaba.¡Oh, Providencia!, si esta aventura es tan cierta como lo asegura toda la provincia deBorgoña, ¡qué inexcrutables son tus designios!
AGUDEZA GASCONA
Un oficial gascón había recibido de Luis XIV una gratificación de ciento cincuenta do-blones y, recibo en mano, entra sin hacerse anunciar en casa del señor Colbert, que estabasentado a la mesa con varios caballeros.-Señores, ¿cuál de vosotros -pregunta con un acento que delataba su patria-, quién, os loruego, es el señor Colbert?-Yo, señor -le responde el ministro-. ¿En qué puedo serviros?
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...