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3 a 16 de juliol de 2009
Rafael Sastre
“La crisis se nota mu-cho, antes se vendía en-trecot y chuletas y aho-ra se vende pollo y car-ne picada. El mercadoestá vacío”.
Bartolomé Mudoy
“La gente está alterada.Creo que compran máso menos lo mismo, peroestán nerviosos y asus-tados, aterrorizados ydan vueltas y vueltas”.
Carolina Sastre
“Se mira mucho losprecios. Creo que en lacomida es donde lagente ahorra más por-que de los caprichos nose privan”.
Tina
“La gente compra bas-tante menos cantidadque antes y, además, setira a lo más barato.Ahora vendemos mu-cho rape.”
María Eugenia
“No me ha afectadomucho. Sigo compran-do en los mismos pues-tos de siempre. Lo quehe notado es que haymucha menos gente.”
Inés Burguera
“Ahora gasto muchomás tiempo en hacer lacompra porque miromás. Suele haber dife-rencias importantes en-tre unos puestos y otros”
DANI LÓPEZ
L
a crisis económica ha modifi-cado la mentalidad y los hábi-tos de los consumidores. Ya seaporque sufren directamente sus con-secuencias o porque se han dejadoarrastrar por la sombra de la incer-tidumbre, lo cierto es que a la horade ir al mercado las cosas han cam-biado en estos últimos meses.“El mercado nunca había estadotan vacío”, es la voz común de la ma-yoría de aquellos que regentan unpuesto en el Mercat de l’Olivar. Y esque, a pesar de la contracción de losprecios, el dinero escasea y los clien-tes también. Éstos se han vuelto másexigentes, se pasean por los pasillosde la instalación observando conatención los precios, comparando,pensando, haciendo cuentas. “Antescompraba todo en el mismo pues-to, aunque algo estuviera un pocomás caro, pero ahora prefiero ha-cer varias colas”, asegura Rosa, unama de casa. Como ella, son muchaslas personas que optan por adquiriren cada establecimiento únicamen-te los artículos que han comprobadoestán más baratos.
A la caza de ofertas
“Ya no existen los clientes habitua-les”, así de tajante se muestra Ca-rolina Sastre, una de las carnicerasdel mercado. Ella, como la mayoríade los vendedores, son testigos decomo la debacle económica ha arras-trado a los clientes de toda la vida.“La gente se mueve de un puesto aotro dependiendo de las ofertas”,añade Sastre. Para intentar salir ade-lante han entrado en una dinámicade ofertas que anuncian con vistososcarteles para tratar de atraer a los
CONSUMO
La crisis modifica el comportamientode consumidores y comerciantes
La estrechez económica hace que la comparación de precios sea constante
Ciutat se ha acercado hasta elpopular Mercat de l’Olivar dePalma para comprobar in situuna realidad incontestable: secompra menos y se empleamás tiempo en hacerlo..
La vida en los mercados ha cambiado con la irrupción de la crisis.
doíficas", explica Rafael Sastre.El presupuesto que las familiasdedican a alimentación se ha redu-cido y hacer la compra se ha conver-tido en una tarea mucho más labo-riosa. El objetivo es llenar la despen-sa y la nevera al coste más bajo."Ahora me tiro a las ofertas, aunqueimplique comer varios días seguidoslo mismo”, confiesa Rodolfo, un jo-ven perceptor de la prestación pordesempleo.En estos días de dificultades, lasfamilias adaptan sus dietas a lasnuevas circunstancias económicas.“Se ha notado mucho, ahora se ven-de mucha carne picada y pollo. Lode comprar un entrecot se deja paraocasiones especiales", señalan des-de la carnicería de Rafael Sastre.Pese a todo, es a final de mes cuan-do la gente se aprieta más el cintu-rón. "En la tercera semana pega elbajón y la gente intenta estirar lassobras y comprar lo mínimo”, preci-sa Carolina Sastre.Esta situación, generalizada entodo el país y casi todo el planeta, seagrava en ciudades como Palma yaque, según un estudio del ministeriode Industria y Consumo, es la nove-na capital más cara del estado. .
COMERCIANTESCONSUMIDORES
compradores. “La gente sólo se parapara comprar lo que está de ofer-ta”, continúa Carlina Sastre.Los anuncios, carteles y promocio-nes son buscados por los consumido-res con avidez, pero en ocasionesno es oro todo lo que reluce. “Mu-chas veces se dejan arrastrar la publi-cidad de cadenas de supermercados,por unos precios que parecen llama-tivos, pero que realmente no lo sontanto. Tenemos muchas cosas másbaratas que lo que anuncian algu-nos”, asegura Rafael Sastre, un car-nicero con 52 años de experienciaque es testigo directo de la crisis. “Elúnico que gana es el gobierno por-que nosotros estamos ahogados deimpuestos y gastos”, afirma ponien-do el énfasis en la manera en que losprecios se inflan por la intervenciónde intermediarios. “El payés ven-de una lechona por 20 euros, el quela lleva al matadero cobra 2 euros,por sacrificarla son 6 euros más, portransportarla se suman otros 3 y lue-go hay que añadirle el Iva y el res-to de impuestos. Te cobran por to-
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