Así como la inducción se opone a la deducción en la esfera de la prueba, así también aquí laexplicación, por lo particular, por el ejemplo, se opone a la explicación por lo general. Yella estará en su lugar cuantas veces los nombres particulares sean más claros que losgenerales. Explicar el nombre color, diciendo que designa el género del rojo, azul, verde yamarillo, es, quizá, un procedimiento más eficaz que, la inversa, querer explicar el rojocomo una clase especial de color. Pero la explicación por las determinaciones particularesprestará todavía mejores servicios, tratándose de nombres como los de nuestro caso,nombres que no son usuales en la vida, mientras que los de los fenómenos particulares,comprendidos bajo ellos son usados frecuentemente. Tratemos, pues, en primer término, deaclarar los conceptos mediante ejemplos.Toda representación, mediante sensación o fantasía, ofrece un ejemplo de fenómenopsíquico; entendiendo yo aquí por representación, no lo que es representado, sino el acto derepresentar. La audición de un sonido, la visión de un objeto coloreado, la sensación decalor o frío, así como los estados semejantes de la fantasía, son los ejemplos a que aludo;asimismo, el pensamiento de un concepto general, siempre que tenga lugar realmente.También todo juicio, todo recuerdo, toda expectación, toda conclusión, toda, convicción uopinión, toda duda, es un fenómeno psíquico. Y también lo es todo movimiento del ánimo,alegría, tristeza, miedo, esperanza, valor, cobardía, cólera, amor; odio, apetito, volición,intento, asombro, admiración, desprecio, etcétera.Por el contrario, ejemplos de fenómenos físicos son un color, una figura, un paisajeque veo; un acorde que oigo; el calor, el frío, el olor que siento, y las cosas semejantes queme aparecen en la fantasía.Estos ejemplos bastarán para hacer intuitiva la distinción de ambas clases.§3. Sin embargo, intentaremos dar una explicación del fenómeno psíquico, en otro modomás unitario: A este fin se nos ofrece una determinación de la que hicimos usoanteriormente, cuando decíamos que designábamos con el nombre de fenómenos psíquicos,tanto las representaciones, como todos aquellos fenómenos cuyo fundamento está formadopor representaciones. Apenas necesitamos advertir que una vez más entendemos porrepresentación, no lo representado, sino el acto de representarlo. Este acto de representarforma el fundamento, no del juzgar meramente, sino también del apetecer y de cualquierotro acto psíquico. Nada puede ser juzgado, nada tampoco apetecido nada esperado otemido, si no es representado. De este modo, la determinación dada comprende todos losejemplos aducidos de fenómenos psíquicos, y, en general, todos los fenómenospertenecientes a esta esfera.Caracteriza la falta de madurez, en que la psicología se encuentra, el hecho de queapenas quepa formular
una sola
proposición sobre los fenómenos psíquicos, sin que seaimpugnada por muchos. No obstante, la gran mayoría coincide con nosotros, por lo menosen lo que acabamos de decir, que las representaciones son el fundamento de los demásfenómenos psíquicos. Así dice Herbart muy justamente: “Cada vez que sentimos, ha deexistir en la conciencia, como representado, algo, todo lo embrollado y confuso que sequiera; de modo que este determinado sentir implica este determinado representar. Y cadavez que apetecemos... tenemos en el pensamiento aquello que apetecemos”.
Pero Herbart va más allá. En todos los demás fenómenos no ve sino ciertos estados
2
Psicología como ciencia,
parte II, sección 1.ª, cap. primero, § 103. Cf. También Drobisch,
Psicología empirica,
p. 38 y 348, y otros de la escuela de Herbart.
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