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Amor en Guerra

Amor en Guerra

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Published by: Priss Asagari Takehito on Sep 27, 2013
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09/27/2013

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AMOR EN GUERRA
Por Scarleth-
 
¡Pero tía!-
 
Candy, no podemos hacer nada. Ahora Francia está bajo el dominio alemán y nosomos más que piezas de ajedrez en un tablero. No sabemos qué traiga el futuro para nosotras pero no podemos negarnos, sólo aceptarlo.La joven estaba furiosa. Además de la destrucción que causaba la guerra y lasvejaciones que tenía que sufrir tanta gente incluídos sus compatriotas por causa de losalemanes ahora tenían que soportar la presencia en su propia casa de un comandanteario. ¿Había acaso alguna idea más aberrante que esa? ¿Quién en su sano juicioaceptaría algo sí o se atrevería si quiera a pensarlo?Ellas que antes pertenecieron a una importante familia tendrían que aceptar comoesclavas que alguien llegara a su casa para reclamarla como propia. Tendrían queconvivir con él, verle la odiosa cara y saber que bajo su techo estaría por tiempoindefinido un hombre causante de innumerables muertes.**********-Es inaudito
 – 
decía Candy llena de asco y desesperación
 – 
No puedo creer quenos pase esto Annie.-Tranquilízate y mejor piensa que ahora no faltará comida en tu casa. Tu tía esuna persona de edad y no puede estar pasando privaciones. No lo habríasoportado mucho tiempo más
 – 
el rostro de la joven morena trataba detranquilizar a la rubia. Habían estrechado su amistad desde hacía varios años,cuando todo este caos en que estaban sumergidas no hacía su aparición aún. Sus padres habían abandonado el país tiempo antes y ella planeaba alcanzarlos, perolas cosas se precipitaron evitando que saliera a tiempo. Ahora sólo le quedabaesperar que todo terminara pronto.-Siempre tratas de ver el lado bueno de las cosas Annie. Créeme que lo intento, pero no se si podré contenerme al tener que compartir mi espacio con un asesino.-Tenemos que fingir lo mejor posible amiga y rogar porque toda esta barbariellegue a su fin.Eran muy unidas, casi como hermanas y ahora al igual que muchas familias francesastendrían que poner sus pertenencias a disposición de esos bárbaros que se sentíansuperiores y con el derecho a dominar el mundo.
 
*************************La fatalidad colándose en su país. Quizá podría pertenecer al grupo de resistencia oenvenenar al dichoso Comandante ese que invadiría su hogar.-¿Me colgarían o mandarían fusilar?
 – 
pensaba mientras el rostro de su queridatía aparecía de improviso ante sus ojos
 – 
No, no puedo dejarte sola a tu suerte.Tengo que permanecer viva y bien por ti.Bajó a la estancia y se aproximó al piano. Comenzó a tocar como posesa, quería alejar de su mente todo lo que se refería al mundo exterior. Daría lo que fuera por poder regresar el tiempo y haber salido de Francia, pero su tía se habría negado a abandonar su patria y su hogar así que el resultado sería el mismo. No habría remedio, estaría en lamisma situación.El concierto No. 1 de Tchaikovsky corría veloz por las teclas llenando la casa con lasfuriosas notas. Todo era un caos, todo estaba mal. Si no se salvaba ella misma ¿Quiéndemonios lo haría?Cerró el piano de golpe y corrió escaleras arriba para encerrarse en su cuarto. Tomó unlibro y lo aventó llena de rabia contra la pared. No podía leer ni concentrarse en nada,
sólo sabía que llegarían los “invitados” y el estómago se le revolvía.
 Un automóvil se escuchó en la calle y supo que el momento había llegado. Respiró profundo y en silencio se dirigió a la entrada. Por el camino alcanzó a su tía,intercambiaron una mirada de resignación y avanzaron despacio, como lo haría unsentenciado al paredón.Llamaron a la puerta y la muchacha se adelantó a abrir.-Aquí es Comandante
 – 
dijo uno de los uniformados empujando a la rubia paradarles el paso.Ella respiró profundo y se terminó de hacer a un lado. Las ignoraron por completo ycomenzaron a recorrer la casa que era muy amplia y decorada de manera exquisita. Elcorredor principal conectaba con el recibidor, la sala, el elegante comedor, la sala demúsica, la biblioteca y al fondo la cocina.Era sumamente espaciosa y se adivinaba que antes se había vivido con gran esplendor.Las escaleras finamente labradas en madera daban a la parte alta que contaba con 7enormes habitaciones.-Espere un momento Comandante
 – 
dijo uno de los oficiales mientras bajaba lasescaleras.Avanzó a paso ligero para llegar ante las dueñas.-Ustedes salgan de aquí.-Pero es nuestra casa
 – 
reclamó casi sin voz la muchacha.
 
 -Ahora es la casa del Comandante McAndrew.
-¿McAndrew?
 
 – 
pensó
 – 
 
ese no es un apellido Alemán … miserable traidor 
 – 
murmuró para sí.-¿Qué pasa Burkart?
 – 
se escuchó la voz del hombre uniformado al que losdemás oficiales rendían pleitesía.Candy supo que estaban en problemas, se quedarían en la calle como limosneras y lomás seguro es que las deportaran al campo de Gurs. Su hermosa Villa seríalamentablemente recordada por ese campo de concentración.Su cabeza procesaba información rápidamente, si eran deportadas escaparían. Eran sólo50 millas las que las separaban de la frontera española, quizá hubiera una posibilidad.-Comandante, esta casa ahora le pertenece y nos parece apropiado sacar a estaescoria francesa de aquí.-
 No
 
 – 
pensaba con el corazón a punto de paralizársele
 – 
 
no pueden echarnos, eseno es el trato con estos cerdos
 
 – 
temía no por su seguridad, sino por su tía ¿Quésería de ellas si de pronto se quedaban sin casa y sin dinero?-Pensé que la disposición y consideración con las familias francesas era diferente
 – 
interrumpió de nuevo la varonil voz sacándola de sus pensamientos
 – 
Sequedan porque es su casa y yo seré el huésped.El oficial lo miró estupefacto y no le quedó más remedio que aceptar las palabras de susuperior.-Como usted ordene Comandante
 – 
respondió con un leve temblor.-El tiempo que no pase en el cuartel, que será poco, estaré aquí.-Sí Comandante.-Ahora quisiera descansar 
 – 
dijo finalmente
 – 
retírense y en 3 horas mereportaré.-A la orden Comandante.Los hombres salieron de ahí no sin antes enviar una mirada fulminante a las dos mujeresque mantenían agachada la cabeza.-Iré a mi habitación
 – 
avisó una vez que se marcharon sus subordinados dándosevuelta para comenzar a subir las escaleras.Ellas voltearon a mirar la misteriosa figura que subía de manera tan segura. Era alto, ensu voz se percibía una edad joven y unos cabellos rubios asomaban por su gorra delejército.

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