306
partidos proscriptos). Esta faena, que incluía una amplia agenda de temas (amnistía paralos presos políticos, investigación y despacho a la justicia sobre la autoría y responsabilidadesde las gravísimas violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura,restitución o compensación a los funcionarios públicos destituidos, regularización en elfuncionamiento de las instituciones dentro de un Estado de derecho pleno, etcétera),terminó siendo sin duda la principal tarea que debió enfrentar el primer gobierno democráticoposdictatorial
5
.Dejando rápidamente atrás lo acordado en la Concertación Nacional Programática(CONAPRO) por los partidos y los principales actores sociales, el nuevo gobierno liderado porel presidente Sanguinetti estableció lo que dio en llamarse un
gobierno de entonaciónnacional,
con el establecimiento de un acuerdo limitado (pero operativo) con el PartidoNacional, liderado entonces por Wilson Ferreira Aldunate. Este se concretó a través de lapresencia de figuras de extracción blanca en el gabinete y en otros cargos públicos derelevancia, a título personal pero con respaldo partidario (entre ellos nada menos queEnrique Iglesias al frente de la Cancillería en un período decisivo, y una coparticipaciónefectiva en directorios de empresas públicas y entes autónomos), y con una pauta activa degobernabilidad en el Parlamento, anunciada y luego aplicada por el Partido Nacional bajoliderazgo wilsonista. Como práctica innovadora, que lamentablemente luego no se continuó,se adjudicaron también seis cargos de dirección en el Estado al Frente Amplio, lo que, sibien no configuraba un acuerdo de gobierno, traducía una vocación de reconocimiento eincorporación de la izquierda a un esquema de mayor presencia en la fiscalización de lastareas gubernamentales.Se trataba, en suma, de un
gobierno de partido minoritario que
contaba sin embargocon un esquema de gobernabilidad amplio garantizado por el Partido Nacional (en especialverificado en el Parlamento y durante el período 1985-1987), lo que no obstó a menudo aarduas negociaciones de los asuntos caso a caso. Existió también durante este período elinstrumento de las llamadas
reuniones de cúpula
(entre los principales dirigentes de todoslos partidos con representación parlamentaria). Como dijimos, la faena principal del primergobierno de la posdictadura fue consolidar la pendiente transición democrática que habíandejado notoriamente inconclusa los militares, lo que finalmente se realizó de modo polémicoy en el marco de fuertes controversias, en particular con la sanción parlamentaria de la Leyde Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, votada en el Parlamento en diciembre de1986. Esta norma fue objeto de severas acusaciones, como veremos, por la oposición deizquierda y sectores blancos y colorados que, juzgándola como una ley
de impunidad,
apoyaron a las organizaciones de derechos humanos y en especial a la de Madres y Familiaresde Detenidos Desaparecidos a los efectos de completar los requisitos legales para someterla ley aprobada al recurso de referéndum popular. Luego de un muy convulsionado procesode junta de firmas, el referéndum se concretó finalmente en abril de 1989 y dio la victoriaa quienes abogaban por la ratificación de la ley: un 55,44% del llamado
voto amarillo
contrael 42,42% del
voto verde
6
.
5
En estos últimos tiempos, más de un analista y algunos actores han referido en forma pública la idea de que demanera efectiva la transición viene a concluir con el acceso de la izquierda al gobierno. Aunque periodizar lastransiciones siempre resulta complejo pues estas suelen dejar casi siempre cuentas pendientes, por varios motivos nocompartimos una periodización que expanda la transición hasta el año 2005. En términos explicativos y hastanarrativos preferimos registrar esa casi década que se inicia en noviembre de 1980 con el inolvidable plebiscitoconstitucional del
no
y que se cierra con el referéndum ratificatorio de la Ley de Caducidad de abril de 1989,destacando sin embargo la necesaria distinción entre la
dictadura transicional
(1980-1985) y la
transición democrática
(1985-1989).
6
Cf. Jorge Leonel Marins y Juan Francisco Bacigalupe:
Sistema electoral y
elecciones uruguayas
1925-1998,Montevideo:Fundación Konrad Adenauer, 1998, p. 85.
Leave a Comment