sitivista o neo-positivista, pero su concepción se remite a la tradición que
aquí hemos denominado galileana. El racionalismo crítico de Popper consti-
tuye el sistema mejor desarrollado de una fundamentación de la ciencia que
recoge las mejores aguas de la tradición moderna de la ciencia desde Galileo
hasta nuestros días. Su racionalidad empírico-analítica se apoya en tres pi-
votes: la no fundamentación última de la ciencia, que le lleva a rechazar
cualquier «teoría de la revelación» de la verdad y a desarrollar sus afirma-ciones sobre un terreno cuya firmeza ha de examinar siempre de nuevo; laobjetividad de la ciencia yace, por tanto, en el método científico que tiene
que ser radicalmente
crítico y
apoyarse únicamente en la coherencia
lógico-
deductiva de los argumentos y la resistencia
a los intentos
de refutación antelos hechos; finalmente, las teorías o hipótesis, siempre conjeturalmente ver-
daderas, se
acreditan
como científicas por su temple para resistir los inten-
tos de falsificación o falsación.
Pero al magnífico edificio popperiano no le han faltado
críticos
dentro desu misma tradición. T.S. Kului ha mostrado cómo la ciencia, mejor, la his-toria de la ciencia, es realmente una tajada de la vida, que diría Toulmin. Laradical y aséptica división de Popper entre «contexto de descubrimiento» y«contexto de justificación» salta por los aires a los ojos del historiador de la
ciencia. Las consecuencias epistemológicas no se hacen esperar no hay unparadigma de la ciencia, ni tampoco
esta se
desarrolla y engrosa como tul
río que avanza, más o menos linealmente, pero siempre segura y progresan-
do hacia el mar de la verdad en sí. Hay que tener en cuenta, junto a la
fuerza de los argumentos, junto a la pureza del método, la inextirpable gan-
ga que el estatus, el poder o la inercia de las costumbres inveteradas intro-
duce en la comunidad de los científicos.
Por el camino abierto por Kuhn o por el principio de proliferación (el
todo váte7 dé- Féyéi b^r
^
ct o-fio^prí^5j a
ate irtvestigactÓird s,-se
desemboca en una concepción
menos «racional
»
de la ciencia
. Pero la irra-
cionalidad de la ciencia puesta de manifiesto por estos pensadores tiene la
virtualidad de ofrecer perspectivas más abiertas a un encuentro entre la tra-dición que ellos representan y las demás tradiciones. Al final, lo que se cues-tiona es qué es lo racional y, sobre todo, volvemos a preguntamos acerca dela «ciencia» o racionalidad que nos procure
algo más
de felicidad y de justi-cia e igualdad a los individuos y a las sociedades.
1. EL ESPÍRITU POSITIVO: A. COMTE
A. Cocote (1798-1857) nació en Montpellier y estudió en la Escuela Poli-
técnica de París, donde llegó a ser profesor. Su gran preocupación es el
estudio de la sociedad (sociología) y el principio imperativo de la positividad(ciencia positiva). El «fundador» del positivismo establece una ley universal
del conocimiento y de la sociedad, la ley de los tres estadios, según la cual
todo conocimiento pasa por tres estadios; a saber- el teológico (ficticio, mito-lógico); el metafísico (especulativo-abstacto), y el positivo (científico: cien-
cias positivas empíricas). El positivismo rechaza toda metafísica para afir-mar lo positivo, el dato como guía para el hombre y la sociedad. El conoci-
miento válido es el conocimiento científico, que se ha de extender a todo
campo de investigación. Este parece inscribirse en tina filosofía de la histo-
ria niás «cientista» que científica.
Obras:
Curso de filosofía positiva,
Madrid, Aguilar, 1973;
Discurso sobre elespíritu positivo,
Madrid, Alianza, 1980.
En este texto, A. Comte nos ofrece diferentes acepciones del término
positivo
que vienen a resumir los atributos del verdadero espíritu filosófico y
de la nueva filosofía.
Como todos los términos vulgares elevados así gradualmen-te a la dignidad filosófica
,
la palabra positivo ofrece, en nues-
tras lenguas occidentales
,
varias acepciones distintas aun apar-
tando el sentido grosero que se une al principio a ella en los
espíritus poco cultivados
.
Poco importa anotar aquí que todasestas diversas significaciones convienen igualmente a la nueva
filosofía general
,
de la que indican alternativamente diferentes
propiedades características
:
así, esta aparente ambigüedad no
ofrecerá
en adelante ningún inconveniente real. Habrá que veren ella, por el contrario, uno de los principales ejemplos de esaadmirable condensación de fórmulas que, en los pueblos ade-
lantados
,
reúne en una sola expresión usual varios atributosdistintos, cuando la razón pública ha llegado a reconocer su
permanente conexión.
Considerada en primer lugar en su acepción más antigua ymás común
,
la palabra positivo designa lo
real
,
por oposición alo quimérico
:
en este aspecto
,
conviene plenamente al nuevo
espíritu filosófico, caracterizado así por consagrarse constante-mente a las investigaciones verdaderamente asequibles a nues-
tra inteligencia, con exclusión permanente de los impenetrables
misterios con que se ocupaba sobre todo en su infancia. En un
segundo sentido
,
muy próximo al precedente, pero distinto, sin
embargo este término fundamental indica el constante de lo
útil y
lo inútil
:
entonces recuerda, en filosofía
,
el destino nece-
sario de todas nuestras sanas especulaciones
para
el mejora-
miento continuo de nuestra verdadera condición
,
individual y
colectiva
,
en lugar de la vana satisfacción de una estéril curiosi-
134; 135
Leave a Comment