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CAPITULO 1
POSTURA EMPÍRICO-ANALÍTICA
PRESENTACIÓN
La tradición galileana entró en el siglo xrx dispuesta a cumplir los sueñosde la Ilustración. Hacía siglos que caminaba del brazo de la ahora prepoten-te burguesía y quería demostrar de una vez que la búsqueda de conocimien-to culmina en el dominio de la naturaleza y en el progreso material.
Esta idea obnubiló a casi todos los grandes espíritus decimonónicos,
pero se hizo culto religioso en el discípulo y secretario de Saint-Simon, in-
ventor del término
sociología, A.
Comte. Vio la ley funclarnental de la histo-
ria y del progreso en tres estadios que desembocan en el positivo. Hay mu-
cho de especulación'.more hegeliano en Cocote, pero al final no triunfa elEspíritu Absoluto, sino el cientificismo, y la organización racional, físico-
matemática del mundo.
Comte fue más un pregonero que uuz realizador, sur publicista religioso
del positivismo que un practicante. Pero la semilla se esparció y creció fuer-
te al socaire de los éxitos de las ciencias naturales y de sus sorprendentes
frutos tecnológicos. Sería E. Durkheim, quien, al finalizar el siglo, va a asen-tar las bases de un análisis de los hechos sociales según el paradigma (le las
ciencias físico-químicas, es decir, como si fueran cosas.
Y aun cuando, tras el auge del círculo de Viena algunos traten de exten-der el certificado de defunción del positivismo, este sigue vivo. No tanto en
las palabras, ni como cosmovisión o conjunto de doctrinas, cuanto en las
actitudes y en esos tres principios básicos de la unidad de método, tipifica-
ción ideal físico-matemática de la ciencia, y relevancia de las leyes generales
para la explicación (causal). K.R. Popper no acepta la denominación de po-
133
 
sitivista o neo-positivista, pero su concepción se remite a la tradición que
aquí hemos denominado galileana. El racionalismo crítico de Popper consti-
tuye el sistema mejor desarrollado de una fundamentación de la ciencia que
recoge las mejores aguas de la tradición moderna de la ciencia desde Galileo
hasta nuestros días. Su racionalidad empírico-analítica se apoya en tres pi-
votes: la no fundamentación última de la ciencia, que le lleva a rechazar
cualquier «teoría de la revelación» de la verdad y a desarrollar sus afirma-ciones sobre un terreno cuya firmeza ha de examinar siempre de nuevo; laobjetividad de la ciencia yace, por tanto, en el método científico que tiene
que ser radicalmente
crítico y
apoyarse únicamente en la coherencia
lógico-
deductiva de los argumentos y la resistencia
a los intentos
de refutación antelos hechos; finalmente, las teorías o hipótesis, siempre conjeturalmente ver-
daderas, se
acreditan
como científicas por su temple para resistir los inten-
tos de falsificación o falsación.
Pero al magnífico edificio popperiano no le han faltado
críticos
dentro desu misma tradición. T.S. Kului ha mostrado cómo la ciencia, mejor, la his-toria de la ciencia, es realmente una tajada de la vida, que diría Toulmin. Laradical y aséptica división de Popper entre «contexto de descubrimiento» y«contexto de justificación» salta por los aires a los ojos del historiador de la
ciencia. Las consecuencias epistemológicas no se hacen esperar no hay unparadigma de la ciencia, ni tampoco
esta se
desarrolla y engrosa como tul
río que avanza, más o menos linealmente, pero siempre segura y progresan-
do hacia el mar de la verdad en sí. Hay que tener en cuenta, junto a la
fuerza de los argumentos, junto a la pureza del método, la inextirpable gan-
ga que el estatus, el poder o la inercia de las costumbres inveteradas intro-
duce en la comunidad de los científicos.
Por el camino abierto por Kuhn o por el principio de proliferación (el
todo váte7 dé- Féyéi b^r
^
ct o-fio^prí^5j a
ate irtvestigactÓird s,-se
desemboca en una concepción
menos «racional
»
de la ciencia
. Pero la irra-
cionalidad de la ciencia puesta de manifiesto por estos pensadores tiene la
virtualidad de ofrecer perspectivas más abiertas a un encuentro entre la tra-dición que ellos representan y las demás tradiciones. Al final, lo que se cues-tiona es qué es lo racional y, sobre todo, volvemos a preguntamos acerca dela «ciencia» o racionalidad que nos procure
algo más
de felicidad y de justi-cia e igualdad a los individuos y a las sociedades.
1. EL ESPÍRITU POSITIVO: A. COMTE
A. Cocote (1798-1857) nació en Montpellier y estudió en la Escuela Poli-
técnica de París, donde llegó a ser profesor. Su gran preocupación es el
estudio de la sociedad (sociología) y el principio imperativo de la positividad(ciencia positiva). El «fundador» del positivismo establece una ley universal
del conocimiento y de la sociedad, la ley de los tres estadios, según la cual
todo conocimiento pasa por tres estadios; a saber- el teológico (ficticio, mito-lógico); el metafísico (especulativo-abstacto), y el positivo (científico: cien-
cias positivas empíricas). El positivismo rechaza toda metafísica para afir-mar lo positivo, el dato como guía para el hombre y la sociedad. El conoci-
miento válido es el conocimiento científico, que se ha de extender a todo
campo de investigación. Este parece inscribirse en tina filosofía de la histo-
ria niás «cientista» que científica.
Obras:
Curso de filosofía positiva,
Madrid, Aguilar, 1973;
Discurso sobre elespíritu positivo,
Madrid, Alianza, 1980.
En este texto, A. Comte nos ofrece diferentes acepciones del término
positivo
que vienen a resumir los atributos del verdadero espíritu filosófico y
de la nueva filosofía.
Como todos los términos vulgares elevados así gradualmen-te a la dignidad filosófica
,
la palabra positivo ofrece, en nues-
tras lenguas occidentales
,
varias acepciones distintas aun apar-
tando el sentido grosero que se une al principio a ella en los
espíritus poco cultivados
.
Poco importa anotar aquí que todasestas diversas significaciones convienen igualmente a la nueva
filosofía general
,
de la que indican alternativamente diferentes
propiedades características
:
así, esta aparente ambigüedad no
ofrecerá
en adelante ningún inconveniente real. Habrá que veren ella, por el contrario, uno de los principales ejemplos de esaadmirable condensación de fórmulas que, en los pueblos ade-
lantados
,
reúne en una sola expresión usual varios atributosdistintos, cuando la razón pública ha llegado a reconocer su
permanente conexión.
Considerada en primer lugar en su acepción más antigua ymás común
,
la palabra positivo designa lo
real
,
por oposición alo quimérico
:
en este aspecto
,
conviene plenamente al nuevo
espíritu filosófico, caracterizado así por consagrarse constante-mente a las investigaciones verdaderamente asequibles a nues-
tra inteligencia, con exclusión permanente de los impenetrables
misterios con que se ocupaba sobre todo en su infancia. En un
segundo sentido
,
muy próximo al precedente, pero distinto, sin
embargo este término fundamental indica el constante de lo
útil y
lo inútil
:
entonces recuerda, en filosofía
,
el destino nece-
sario de todas nuestras sanas especulaciones
para
el mejora-
miento continuo de nuestra verdadera condición
,
individual y
colectiva
,
en lugar de la vana satisfacción de una estéril curiosi-
134; 135
 
dad. Según una tercera significación usual, se emplea con fre-cuencia esta feliz expresión para calificar la oposición entre la
certeza
y la indecisión: indica así la aptitud característica de talfilosofía para constituir espontáneamente la armonía lógica en
el individuo y la comunión espiritual en la especie entera, en
lugar de aquellas dudas indefinidas y de aquellas discusiones
interminables que había de suscitar el antiguo régimen mental.
Una cuarta acepción ordinaria, confundida con demasiada fre-
cuencia con la precedente, consiste en oponer lo
preciso
a lo
vago: este sentido recuerda la tendencia constante del verdade-
ro espíritu filosófico a obtener en todo el grado de precisión
compatible con la naturaleza de los fenómenos y conforme con
la exigencia de nuestras verdaderas necesidades; mientras quela antigua manera de filosofar conducía necesariamente a opi-
niones vagas, ya que no llevaba consigo una indispensable dis-
ciplina más que por una constricción permanente, apoyada enuna autoridad sobrenatural.
Es menester, por último, observar especialmente una quinta
aplicación, menos usada que las otras, aunque por otra parte
igualmente universal, cuando se emplea la palabra positivo como
lo contrario de
negativo.
En este aspecto, indica una de las más
eminentes propiedades de la verdadera filosofía moderna, mos-
trándola destinada sobre todo, por su naturaleza, no a destruir,
sino
a organizar.
Los cuatro caracteres generales que acabamos
de recordar la distinguen a la vez de todos los modos posibles,
sean teológicos o metafísicos, propios de la filosofía inicial. Estaúltima significación, que por otra parte indica una continua ten-dencia del nuevo espíritu filosófico, ofrece hoy una importancia
especial para caracterizar directamente una Sle sus principales
diferencias, no ya con el espíritu teológico, que fue, durante mu-
cho tiempo, orgánico, sino con el espíritu metafísico propiamente
dicho, que nunca ha podido ser más que crítico. Cualquiera quehaya sido, en efecto, la acción disolvente de la ciencia real, estainfluencia fue siempre en ella puramente indirecta y secundaria:
su mismo defecto de sistematización impedía hasta ahora que
pudiera ser de otro modo; y el gran oficio orgánico que ahora leha cabido en suerte se opondría en adelante a tal atribución ac-
cesoria, que, por lo demás, tiende a hacer superflua E...]
El único carácter esencial del nuevo espíritu filosófico que
no haya sido aún indicado directamente por la palabra positivo,consiste en su tendencia necesaria a sustituir en todo lo
relativo
a lo absoluto. Pero este gran atributo, a un tiempo científico y
lógico, es de tal modo inherente a la naturaleza fundamental de
los conocimientos reales, que su consideración general no tar-dará en enlazarse íntimamente con los diversos aspectos queesta fórmula combine ya, cuando el moderno régimen intelec-tual, hasta ahora parcial y empírico, pase comúnmente al esta-do sistemático. La quinta acepción que acabamos de apreciares propia sobre todo para determinar esta última condensación
del nuevo lenguaje filosófico, desde entonces plenamente cons-
tituido, según la evidente afinidad de las dos propiedades. Se
concibe, en efecto, que la naturaleza absoluta de las viejas doc-
trinas, sean teológicas o metafísicas, determinaba necesaria-
mente a cada una de ellas a resultar negativa respecto a todas
las demás, so pena de degenerar ella misma en un absurdo
eclecticismo. Al contrario, en virtud de su genio relativo es
como la nueva filosofía puede apreciar el valor propio de las
teorías que le son más opuestas, sin ir a parar nunca, sin em-
bargo, a ninguna concesión vana, susceptible de alterar la niti-
dez de sus miras o la firmeza de sus decisiones. Hay, pues,
realmente ocasión de presumir, según el conjunto de una apre-ciación especial semejante, que la fórmula empleada aquí para
calificar habitualmente esta filosofía definitiva recordará en
adelante, a todas las buenas inteligencias, la combinación efec-tiva entera cíe sus diversas propiedades características.
[A. CoMn:
Discurso
sobre
el es
/
)íritu positivo,
Madrid, Alianza, 1980, pp
. 57-611
CUESTIONARIO
1. ¿Cuántas acepciones de 10
positivo
nos ofrece A. Cocote en este
texto?
2. ¿Cómo define A. Comte la palabra
positivo?
3. Describe el carácter esencial del nuevo espíritu filosófico.4. ¿Puede determinar lo
positivo
toda la construcción científica?5. ¿Qué consecuencia puede tener el sustituir lo relativo a lo absoluto?
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