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En
la
 Edad Media
, la figura del rey siempre aparece concebida como una realidaddual. Para Ernst Kantorowicz (1895-1963), tres serían las versiones de esta dualidad: (a) la versión cristocéntrica, centrada en los efectos de las unciones en la ordenación de reyes y obispos: el rey aparece como una
 persona mixta
, con dos naturalezas, y con capacidadestemporales y espirituales a la vez; (b) la versión iuscéntrica, centrada en que el príncipe o rey,en lugar de un Cristo: va a aparecer ahora como
ius
, derecho o justicia, y 
le
 viviente,convirtiéndose de esta manera en vicario de la Justicia de Dios en la tierra; y (c) la versiónpoliticéntrica, centrada en que, mientras en la Alta Edad Media, las interrelaciones entre laIglesia y el poder temporal afectaron sobre todo a las personas de los gobernantes, en la BajaEdad Media, el centro de gravedad se desplazó a los
colectivos
gobernantes. En este nuevocontexto, la Iglesia romana se conviertió en el prototipo de la monarquía, y su descripcióncomo cuerpo místico, como cuerpo corporativo o colectivo político, cuya cabeza es Cristo, y lacabeza de Cristo es Dios, influyó decisivamente sobre la concepción del
reino
o de la
república.
En otros términos, Kantorowicz piensa en: (a) la realeza cristocéntrica; (b) larealeza iuscéntrica, ; y (c) la realeza politicéntrica. Este es el contexto que fijó en su obra
The King’s Two Bodies. A Study in Mediaeval Political Theology
. ¿Cómo puede ser puesto enconstelación el pensamiento que Marsilio de Padua sostiene en
 El defensor de la paz 
, deacuerdo con la cita glosada que pertenece a la mencionada obra de Kantorowicz?Marsilio (1275/’80-1342/’43) sabía por Casiodoro (485-580) cuáles eran
«lasventajas y frutos de la tranquilidad o paz de los regímenes civiles»
y, de ellas colegía
«losmás preciados bienes, lo mejor para el hombre, ... , lo necesario para su vida»
 
De ahí lanecesidad de
«espolear las voluntades de los hombres para tener paz entre sí, y de ahí latranquilidad»
[
1
]
 Marsilio haa advertido que
«de la discordia
[que es]
contraria a latranquilidad, sobrevendrán al regimen civil o reino cualesquiera resultados e incovneientes pésimos» »
Era un hechó histórico. Estaba acreditado en el «
reino itálico»
, sobre el que, a untiempo, descendió
«la discordia y la pelea»
 
[
2
],
de tal suerte que,
«así 
[también]
semanifiesta ser la depravación del regimen civil»
Fuera de ello, sin embargo, hay 
«unasingular y muy oculta
[causa]
... pronta para introducirse subrepcitiamente en todas lasciudades y reinos»
 
[
3
]
, asunto que ni
«Aristóteles»
pudo entrever: la injerencia, por designiodivino, del papado, no sólo en los asuntos del poder espiritual, sino ya en los asuntos delpoder temporal.
«Debemos desear la paz, buscarla si no la tenemos, en contrada guardarla, y contanto empeño rechazar la contraria discoria»
Para Marsilio
«sería de común utilidad, no pequeña, más aún, dw necesidad, desenmascarar el sofisma de dicha singular causa de lascontiendas»
 
[
4
]
...
 porque por este camino y no por otro puede abrirse pase franco al poder 
1
[] Marsilio de Padua
,
 El defensor de la paz 
, op. cit., p. 3, § 1.
2
[] Marsilio de Padua
,
 El defensor de la paz 
, op. cit., p. 4, § 2.
3
[] Marsilio de Padua
,
 El defensor de la paz 
, op. cit., p. 5, § 3.
4
[] Marsilio de Padua
,
 El defensor de la paz 
, op. cit., p. 6, § 4.
 
coactivo de los príncipes para derribar finalmente a los perversos fautores de esta maldad»
[
5
]
«Quitar el velo que la oculta»
a esa causa, permitiría
«vivir con tranquilidad»
, quees la condición de posibilidad de la
«felicidad civil, ... lo mejor y más deseado de todo lo posibleal hombre, y el supremo fin de las acciones humanas»
 
[
6
]
  Ahora bien, según Marsilio
«la ciudad, es como una naturaleza animada oanimal ... Se compone de ciertas partes ordenadas ... y con funciones combinadasentre sí en orden al todo
»
[
]
Pero la genealogía de la ciudad puede hallarse en cierto evolucionismo naturalmediante el cual comenzó
«de lo pequeño y poco a poco»
: (a)
«la primera y más reducida delas uniones humanas, de las que las otras a su vez provinieron, fue la del varón y la hembra»... de sta se propagaron los hombres que primero llenaron una casa »
; (b) hasta que no bastó
«una casa única, sino que hizo falta hacer muchas casas»
formando
«aldea o poblado ... la primera comunidad»
 
[
8
]
 Así, todos lo actos, los que con posterioridad constituirían los
«actos... civilies»
se
«regulaban»
tanto en las
«casas»
cuanto en las
«aldeas ... por el más anciano ...como el más sensato, sin ley todavía ni costumbre alguna»
 
[
9
]
Este proceder se replicaba en
«la aldea»
con una sola y única diferencia,
«el pater familias»
ya no estaba revestido de
«omnimoda voluntad»
, ya que ahora
«el anciano»
disponía
«lo justo y lo útil con arreglo aaluna ordenación racional y ley cuasi natural, por el hecho de que así parecía a todosconvenir»
[
]
Obrar en la aldea de la misma manera que en la casa única,
«no fue ni sería lícito»
:sería ello fuente de
«lucha o disensión entre los vecinos»
 
[
]
; y (d)
«multiplicándosé lasaldeas y crecida la comunidad, ... se regían ... por aquél que era tenido, como más anciano, por el mejor, aunque ya con norma menos imperfectas»
Así
«creció la experiencia ... llegó la plenitud y se constituyó la comunidad perfecta llamada ciudad»
Este fue el origen de
«lacomunidad civil»
, cuya
«causa final perfecta»
estribaba en la
«suficiencia»
es decir
«creada para vivir y persistiendo para vivi
 
[
]
para lo cual se instituyó
«la ciudad»
como«
necesidad que está en la base de todo lo que es y se hace por la comunicación de los hombresen ella»
 
«principio crdo y admitido por todos, que todos los hombres ... deseannaturalmente una vida suficiente y rehuyen lo que la daña »
 
[
]
Para Marsilio había dos modos de
«vivir»
: (a)
«uno temporal o intramundano»
; (b)
«otro eterno,.. o ,.. celeste»
,
entendiendo el primero como aquel en el se dan
«actos civiles
5
[] Marsilio de Padua
,
 El defensor de la paz 
, op. cit., p. 7, § 5.
6
[] Marsilio de Padua
,
 El defensor de la paz 
, op. cit., p. 8, § 7.
7
[] Marsilio de Padua
,
 El defensor de la paz 
, op. cit., p. 10, § 3.
8
[] Marsilio de Padua
,
 El defensor de la paz 
, op. cit., p. 12, § 4.
9
[] Marsilio de Padua
,
 El defensor de la paz 
, op. cit., p. 12, § 3.
10
[] Marsilio de Padua
,
 El defensor de la paz 
, op. cit., pp. 12 y 13, §§ 3 y 4.
11
[] Marsilio de Padua
,
 El defensor de la paz 
, op. cit., p. 13, § 4.
12
[] Marsilio de Padua
,
 El defensor de la paz 
, op. cit., pp. 13 y 14, § 4 y § 1.
13
[] Marsilio de Padua
,
 El defensor de la paz 
, op. cit., p. 15 , § 2.
||2 ||
 
.... en la comunidad civil»
 
[
]
de los cuales la «clase sacerdotal», entre otras, es
«por excelencia ... parte honorable de la ciudad»
 
[
]
«Conviene advertir que si ha de vivir el hombre y ha de vivir bien ... sus acciones »
deben ser
«bien hechas y no solo sus aciones, sino también sus pasiones y sentimientos»
[
]
 Así como,
«las acciones y pasiones
[son ]
... cognoscitivas o apetitivas ... unas se llamaninmanentes, porque no pasan del agente a otro sujeto... otras... se dicen transeúntes, porqueguardan un modo distinto y opuesto»
 
[
]
De esto se sigue que la ley concebida como
«un precepto coactivo con pena o premio en este mundo, o en cuanto se da forma de tal precepto,y de este modo considerada se dice y es propiamente ley»
 
[
]
 Bien,
«las infinitas relaciones cruzadas entre la Iglesia y el Estado, activavas encada siglo de la Edad Media, produjeron híbridos en cada campo»
[
]
acredita la existenciade actos
«inmanentes»
, que escapan a la coacción de la ley civil. En tanto que pasionales, esosactos, que no plantean una interrelación intersubjetiva, a la manera de los actos «transeúntes,esos actos que permanecen en el fuero íntimo de la persona huamana, ¿por quién, sino es por laley civil y el aparato político correspondiente, deberían ser reguladas? Pues bien, por la mismaautoridad espiritual. ¿Por qué esos actos oscilaron entre uno y otro oden, el temporal y elespiritual?, o como dice Kantorowicz, refiriéndose a algunos intercambios muy particulares,casi metafóricos, ¿por qué esos actos afectaron
«principalmente»
a
«los individuos quemandaban, tanto espirituales, como seculares, hasta que el sacerdotuim tuvo una aparienciaimperial y el regnum un toque clerical»
?
 
[
]
Pues por una triple sencilla doble razón: Enprimer lugar, (a) por el ya mencionado carácter
«inmanente»
de esos actos; en segundolugar, (b) por el carácter universal de los mismos; y en tercer lugar (c) por la utilidadsimétrica, para uno y otro ordenamiento, el civil y el eclesial, que su regulación eclesial, noestatal, supone. Es decir porque la manifestación universal, en toda persona, en todo tiempo, y en todo lugar, de esas inmanencia o apetitos, de esas pasiones implicadas; modernamente,de esos deseos, de esos conatos o pulsiones no susceptibles de regulación civil alguna, entanto no dañan ni empecen el orden de las causas eficientes representada por la ley civil, y están ordenadas, de alguna manera, a la causa motora, que es decir ya, en la modernidad,caer bajo la competencia y la incumbencia de la potestad regulatoria de la Iglesia, fuera éstadel signo que fuere. En síntesis, todos los actos que menciona el texto glosado, encuadran,como no podría ser de otra manera, en lo manifestado por Marsilio. Así
«los intercambiosentre la Iglesia y el Estado continuaron; pero el campo de influencia mutua, al expandirsede dignatarios individuales a comunidades compactas fue determinado
[lo que quiere decirdefinido, delimitado, limitado]
 por los problemas legales y constitucionales que concernían
14
[] Marsilio de Padua
,
 El defensor de la paz 
, op. cit., p. 15 , § 3.
15
[] Marsilio de Padua
,
 El defensor de la paz 
, op. cit., p. 18 , § 1.
16
[] Marsilio de Padua
,
 El defensor de la paz 
, op. cit., p. 19 , § 3.
17
[] Marsilio de Padua
,
 El defensor de la paz 
, op. cit., p. 19 , § 4.
18
[] Marsilio de Padua
,
 El defensor de la paz 
, op. cit., p. 43 , § 4.
19
[] Kantorowicz
,
 
E. H.;
The King’s Two Bodies. A Study in Medieaval Political Theology
, Princeton, 1997(1957), p 193.
20
[] Kantorowicz
,
 
E. H.;
The King’s Two Bodies. A Study in Medieaval Political Theology
, op. cit., p 193.
||3 ||
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