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 Reflejos de laCondición Humana
 
Michael A. Galascio Sánchez 
 
Michael A. Galascio Sánchez2
ÍNDICE
EL SACRIFICIO DE NATASHA...................................................................3
 
UN PRIMO EN LA FRECUENCIA .............................................................64
 
CODICIA...................................................................................................82
 
CRÓNICAS DE UN ASESINO A SUELDO...............................................118
 
EL CONCILIÁBULO................................................................................168
 
EL NIÑO MIMADO..................................................................................192
 
EL PEDREGAL.......................................................................................197
 
EL HOMBRE DEL HABANO ...................................................................230
 
 
REFLEJOS DE LA CONDICIÓN HUMANA
 3
 
EL SACRIFICIO DE NATASHA
Eran las 7:00 a.m. en Las Palmas de Gran Canaria; la gentecomenzaba a circular por la zona comercial de la calle Juan Rejón, en laIsleta. En el 43 de esa calle esperaban varios toxicómanos a que abriera uncentro de rehabilitación y dispensación de metadona. Salían de todaspartes, como zombis, a buscar su dosis tranquilizadora. Para algunos, elloseran la parte más fea de la ciudad. Los comerciantes se quejaban porque,según ellos, espantaban a sus clientes.Los bares se estaban preparando para abrir. Algunos ya estabanabiertos. Manuel Fe salía del bar
El Galeón 
; se secaba la boca con la partede atrás de la mano. Acababa de tomarse un chocolate con churros que ledio el dueño del bar, un andaluz llamado Mario. Afuera hacía frío. EraDiciembre, se esperaba un temporal por la noche. Cogió su carrito decompras, lleno de objetos de aluminio y electrodomésticos que la gentetiraba a la basura, y prosiguió su camino. Todavía le faltaba por husmear enun contenedor de basura; uno que había frente a la farmacia. Al llegar,aparcó el carrito al lado, como de costumbre, para no estorbar el paso de lostranseúntes. Ya la policía le había llamado la atención en el pasado. Abrió lagran tapa de plástico del contenedor. Se le hizo un poco difícil, pues lanoche anterior se había cogido una juerga de speedball. Era una mezcla deheroína y cocaína. También se echó un par tragos de ron Artemi.Al abrirlo, encontró más basura que de costumbre. Sus ojos seiluminaron, tal vez éste podría ser su día de suerte. En las Navidadesaparecen muchas cosas interesantes en los contenedores. El consumismohace que la gente se deshaga de objetos que aún están en buenascondiciones para comprar otros más nuevos y modernos. A lo mejorconseguiría algo de valor. Sacó una vieja radio y una pequeña mesa de caen buenas condiciones. Sin embargo, había un fino colchón que le impedíabuscar más abajo. Procedió a sacarlo y tirarlo en la acera. Una combinaciónde ansiedad y curiosidad le hizo olvidarse de dejar el paso a los peatones.Inspeccionaba todos los objetos con cuidado; tenía el aspecto de unmapache removiendo y analizando cada cosa con destreza. Llevaba variosaños en los contenedores, con lo cual sabía distinguir con facilidad lo queera útil y lo que no. De pronto, vio una gran bolsa de plástico. Trató deromperla, pero ese plástico era más resistente que los que estaba
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