torre del lado de Brooklyn. Tan embebido se hallaba en su trabajo observando con elteodolito las señales del lado de Nueva York, que no vio el ferry-bote que se aproximaba.Topó este contra los pilotes, y dos de ellos al apretarse el uno contra el otro le aplastaron un pie. Hubo que amputarle varios dedos inmediatamente. Luego sobrevino el tétano.Roebling murió al cabo de dos semanas. En su lecho de muerte pidió encarecidamente a losdirectores de la empresa que encomendaran a su hijo Washington la construcción de la obrade ingeniería más notable del siglo.El primer problema del joven ingeniero fue el de asentar los cimientos de lasenormes torres más abajo de la profunda capa de lodo que formaba el fondo del río. A noser que este problema se resolviese satisfactoriamente, habría que desistir de la ejecucióndel proyecto. Cada cimiento debía soportar un peso de más de 70,000 toneladas métricas.Se remolcó a su lugar el cajón sumergible del lado de Brooklyn, que era una caja deltamaño de una casa grande, destapada por abajo, con paredes y cubierta herméticas. Laobra de mampostería de la torre debía alzarse sobre la cubierta del cajón, la cual era demadera y tenía unos 4 ½ metros en cuadro. Luego que el cajón empezara a hundirse, sellenaría su interior, llamado
cámara de trabajo
, de aire comprimido. Allí trabajarían losobreros, excavando en el fondo y enviando arriba el material por un sistema de tubos deextracción. El cajón descendería gradualmente por el lodo hasta llegar a suelo rocoso ofirme, sobre el cual se asentaría una masa de hormigón que llenara el cajón y sirviera decimiento a la mampostería de la torre.Roebling pasaba casi todo el día en el cajón con los obreros. El lugar era pavoroso,con hombres medio desnudos que se deslizaban como espectros en la espesa niebla, apenasvisibles a los débiles rayos de las luces de calcio, y ensordecidos por el estruendo demartillos y taladros.A medida que el cajón descendía centímetro por centímetro, se aumentaba la presiónen la cámara de trabajo. La situación era nueva y extraña para los obreros, y les causabamiedo e intranquilidad. Sentían opresión en la cabeza, y para hablar tenían que hacer granesfuerzo. Les parecía que estaban entrampados en la profundidad del agua, sin escapatoria,y casi como enterrados vivos.La excavación en el fondo del río se hacía más y más difícil. Había grandesfragmentos de roca que era preciso volar. ¿Podrían las explosiones producir en el airecomprimido vibraciones que les rompieran los tímpanos a los trabajadores? Por vía deexperimento, Roebling disparó un revólver en la cámara de trabajo, y luego hizo variasvoladuras con cargas cada vez mayores, que a nadie causaron daño alguno.Un domingo por la mañana se oyó un ruido ensordecedor cerca del cajón. De lasuperficie del río se lanzó hacia arriba una inmensa columna de agua, piedras y lodo, de150 metros de altura, y a poco las piedras comenzaron a caer en los tejados de las casasvecinas, aterrando a los moradores. Era que, por descuido de un obrero, el aire comprimidode uno de los tubos había escapado con violencia. Por fortuna, allí no había nadie entonces.Pág.3
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