Salvador Bayona- 186 –Todos los capítulos de la novela enhttp://jungladeasfalto.com
Pero Susana tenía aquellos ojos vacíos cuyos movimientos rápidospodían dar a entender que leía un mapa o descifraba un jeroglífico.Francesco solía decir de estos ojos que “estaban mirando hacia adentro”, locual venía a significar que eran espectadores del combate interno que enaquel instante se libraba en el espíritu de su amante.
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Déjame intentarlo una vez más –dijo ella finalmente-, déjame quehable con el profesor esta tarde, otra vez.
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¿Has avanzado algo desde la última vez?
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No. Todavía no.
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Y el restaurador, ese Guillermo. ¿Crees que él podría sernos útil almenos en esto?
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Estoy segura de que Guillermo no sabe nada. Y por otra parte ya noconfío en él, ni creo que tú lo hagas tampoco. Si intentamosinvolucrarlo aún podría suceder algo peor.
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¿Es posible que sospeche algo?
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No lo creo. De hecho no creo que se dé cuenta de nada de lo quesucede en el mundo, además de ese cuadro. Al principio parecía quevolvería a ser normal, pero ahora parece completamenteobsesionado. Esta vez no quiso ni que el profesor interviniera en elproceso de envejecimiento y deterioro del cuadro, como habíanhecho las otras veces. Y desde que acabó la restauración hapermanecido sentado en el sillón del taller sin dejar de mirarlo. Aveces creo que ni tan siquiera come. Afortunadamente ha dejado debeber, pero...
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No importa –la interrumpió él bruscamente-. ¿Es útil?, ¿Espeligroso?
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No. Me temo que ninguna de las dos cosas, aunque es posible quepueda organizar algún escándalo cuando descubra que su utrillo vaa ser pasto de las llamas.
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Entonces olvídalo hasta que llegue el momento. No me hables másde él. Lo único que importa ahora es que tu profesor todavía puedey posiblemente quiere destruir los cuadernillos, puesto que aún noles ha puesto precio.
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Pero eso no quiere decir que no vaya a hacerlo. Tal vez esta tardepueda conseguir que lo haga.
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Es precisamente lo que puede hacer lo que me preocupa –dijo él convoz suave mientras se acercaba lentamente-. No sabes cuántas cosashay en juego, y hasta qué punto nuestro futuro depende de esos
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