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Cap 31. Scarampa Quiere Los Cuadernillos

Cap 31. Scarampa Quiere Los Cuadernillos

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Novela on line publicada quincenalmente en http;//jungladeasfalto.com
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07/11/2009

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Salvador Bayona- 184 –Todos los capítulos de la novela enhttp://jungladeasfalto.com 
XXXI.- SCARAMPA QUIERE LOS CUADERNILLOS
-
 
El momento ha llegado –dijo él con tono deliberadamenteapocalíptico-. La actitud de ese imbécil no nos deja otra salida.Susana aún se sentía sobrecogida por la violenta reacción que habíasuscitado en Francesco la visión del utrillo. También él había descubierto elaura de la Madonnina en la prostituta del cuadro y sólo la intervención deSusana había impedido que el lienzo y el pintor fueran aniquilados en aquelataque de ira.De hecho, por momentos, parecía que la furia de Scarampa fuera aalcanzar a todos por igual. Había tomado el parecido como una especie deblasfemia, una afrenta personal al honor de los Scarampa al vincular, no yael dogma, sino la imagen de su veneración, a la vulgar concupiscencia. Pocoimportaba que aquel icono fuera intrínsecamente blasfemo, puesto que noera una cuestión de religión, sino de honor.Por otra parte ella sabía, pues así lo habían hablado en anterioresencuentros, que tarde o temprano debería poner en marcha el plan parahacerse con los cuadernillos y no obstante, ahora que Scarampa habíadecidido que había sonado la hora, se le ocurrían mil y una razones por lasque no deberían llevarlo a cabo.
-
 
¿Ya?, creía que esperaríamos a vender la obra.
-
 
Ya no podemos hacerlo. Ese restaurador tuyo nos ha dejado sintiempo. Hay demasiada gente interesada en adquirir un cuadro queni tan siquiera podemos mostrar. Y no tenemos tiempo para hacerotro. La única salida que nos queda es desmontar la historia: tirar ala basura todo el trabajo hecho hasta ahora. ¿Crees que podemoscorrer el riesgo intentar corregir lo que sea que le suceda a esecuadro cuando ni tan siquiera nosotros mismos sabemos de lo que
 
El restaurador y la madonnina della creazione- 185 –Todos los capítulos de la novela enhttp://jungladeasfalto.com 
se trata?. Y aunque pudiéramos hacerlo, yo no podría olvidar que setrata de mi Madonnina, la Madonnina de los Scarampa, de que lamera existencia de ese cuadro insulta a todas las mujeres de mifamilia y a todos los que alguna vez se arrodillaron frente a ella paraimplorar su ayuda. No. El cuadro no debe existir, y el insulto nodebe quedar impune, pero todo a su tiempo. Primero tu amigo aúndebe sernos de utilidad con los cuadernillos del profesor, y por esoel momento ha llegado. ¿No estás de acuerdo, querida mía?
-
 
Sí, supongo que sí.
-
 
El profesor no es tonto, y después de este fracaso habrá llegado a lamisma conclusión. Si no tiene intención de vender los cuadernillosde Alt Ausee no hay nada que le impida destruirlos. Quizá lo estéhaciendo en este mismo momento. Hay que ponerse en marchacuanto antes o nos quedaremos sin ninguna de las dos cosas. ¿O esque estás dispuesta a perderlo todo?.Lo cierto es que durante los últimos tres meses tanto Susana como elprofesor habían conseguido crear y extender el rumor acerca del Utrilloperdido, pero había sido sobre todo su organización, el entramadoScarampa, el que había conseguido que se generara alrededor del cuadrouna expectación tal como no se había visto desde “los girasoles”, de maneraque aún cuando la obra no había sido vista por nadie, aunque muchosaseguraban ya que se trataba de una obra maestra, ya se había hechoreferencia al cuadro en más de quince artículos en revistas especializadas detodo el mundo, los primeros de ellos financiados por la propia organizacióny los últimos surgidos por iniciativa de los entendidos y críticos advenedizosque esperaban figurar como los primeros que dieron a conocer al mundo lagloria de una joya artística reencontradaHasta tal punto había resultado exitosa su estrategia que tresrepresentantes de diferentes grupos inversores habían contactado conSusana durante las pasadas dos semanas interesándose por ladocumentación que garantizaba tanto la autenticidad de la obra como lalegalidad de su posesión. Él sabía que Susana acabaría admitiendo que nopodían dilatar más el asunto: ellos mismos deberían anunciar pronto que laobra que habían hallado no era un auténtico Utrillo y que carecía de valoralguno, pero ahora había de tomar una decisión si deseaba realmentehacerse con el registro de Alt Ausee.Este era el momento.
 
Salvador Bayona- 186 –Todos los capítulos de la novela enhttp://jungladeasfalto.com 
Pero Susana tenía aquellos ojos vacíos cuyos movimientos rápidospodían dar a entender que leía un mapa o descifraba un jeroglífico.Francesco solía decir de estos ojos que “estaban mirando hacia adentro”, locual venía a significar que eran espectadores del combate interno que enaquel instante se libraba en el espíritu de su amante.
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Déjame intentarlo una vez más –dijo ella finalmente-, déjame quehable con el profesor esta tarde, otra vez.
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¿Has avanzado algo desde la última vez?
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No. Todavía no.
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Y el restaurador, ese Guillermo. ¿Crees que él podría sernos útil almenos en esto?
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Estoy segura de que Guillermo no sabe nada. Y por otra parte ya noconfío en él, ni creo que tú lo hagas tampoco. Si intentamosinvolucrarlo aún podría suceder algo peor.
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¿Es posible que sospeche algo?
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No lo creo. De hecho no creo que se dé cuenta de nada de lo quesucede en el mundo, además de ese cuadro. Al principio parecía quevolvería a ser normal, pero ahora parece completamenteobsesionado. Esta vez no quiso ni que el profesor interviniera en elproceso de envejecimiento y deterioro del cuadro, como habíanhecho las otras veces. Y desde que acabó la restauración hapermanecido sentado en el sillón del taller sin dejar de mirarlo. Aveces creo que ni tan siquiera come. Afortunadamente ha dejado debeber, pero...
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No importa –la interrumpió él bruscamente-. ¿Es útil?, ¿Espeligroso?
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No. Me temo que ninguna de las dos cosas, aunque es posible quepueda organizar algún escándalo cuando descubra que su utrillo vaa ser pasto de las llamas.
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Entonces olvídalo hasta que llegue el momento. No me hables másde él. Lo único que importa ahora es que tu profesor todavía puedey posiblemente quiere destruir los cuadernillos, puesto que aún noles ha puesto precio.
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Pero eso no quiere decir que no vaya a hacerlo. Tal vez esta tardepueda conseguir que lo haga.
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Es precisamente lo que puede hacer lo que me preocupa –dijo él convoz suave mientras se acercaba lentamente-. No sabes cuántas cosashay en juego, y hasta qué punto nuestro futuro depende de esos

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