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Iradier Miguel - Los Tres Principios de La Mecanica

Iradier Miguel - Los Tres Principios de La Mecanica

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Estudio de sistemas sometidos a sacudidas y/o golpes.
Estudio de sistemas sometidos a sacudidas y/o golpes.

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 1
Los tres principios de la mecánica, la medicina tradicional y el análisis temporaldel pulso
Miguel Iradier
Tres principios de la mecánica, Diagnóstico del pulso, Samkhya, Ayurveda, Balance en sistemasambientales, Equilibrio en sistemas abiertos, Biosemiótica ,Transición de fase, Analisis temporal,Corazón, Dinámica no lineal.
Los tres principios subyacentes al diagnóstico por el pulso, y de forma más explícita en la medicinaayurvédica india, guardan una notable correspondencia con los tres principios de la mecánica de Newton.Las tres
 gunas
o modalidades fundamentales, y sus humores reactivos asociados o
doshas
sondirectamente definibles como acción, inercia y un medio o sensibilidad entre ambas, que supone tambiénuna tasa de intercambio. A pesar de la correspondencia general, los contextos son completamentedistintos: los tres principios de la mecánica rigen idealmente y por definición para sistemas cerrados, y los principios del Samkhya se aplican a sistemas abiertos en intercambio con el medio, que son la inmensamayoría. Puesto que el pulso es un sistema explícitamente dinámico, constituye un medio ideal paraestudiar la correlación entre los aspectos cuantitativos y cualitativos de ambos, y su posiblegeneralización.
1. Introducción
A comienzos del siglo XVIII, Hermann Boerhaave, el médico más famoso de Europa en laépoca, acometió el intento de racionalizar la práctica y teoría de la medicina a imagen y semejanza de unafísica experimental plenamente consolidada desde Newton. Boerhaave buscaba principios iatromecánicosde la máxima simplicidad, aun a sabiendas de la enorme diferencia entre su dominio y el de la físicamatemática. Aunque la escuela de Leiden dejó huella en los intentos de renovación de la medicinamoderna, Boerhaave y sus seguidores tuvieron que conformarse con poco más que una apelación a la práctica experimental, por lo que igual podían haber recurrido al nombre de Galileo que al de Newton.Los principios simples nunca pudieron cristalizar en la medicina ni en la biología.La iatromecánica, la medicina de inspiración mecánica, buscaba destronar definitivamente unacierta medicina de inspiración química o iatroquímica, -cuyo origen muchos cifran en Paracelso- delmismo modo que los físicos experimentales habían convertido en obsoletas las disputas escolásticas. Laquímica fue entendida durante siglos, también en Occidente, la ciencia de la Naturaleza y sustransformaciones por excelencia, pero, siendo sus categorías demasiado cualitativas y embrolladas, llegóun momento en que sus principios parecieron demasiado vanos y especiosos en comparación con losmucho más netamente definidos y manejables de la mecánica. Los paracelsistas hablaban de tres principios fundamentales, deducidos empíricamente de sus operaciones de combustión, eliminación ydestilación, y en esto coincidían con la filosofía básica de otras escuelas médicas anteriores. Sin embargo,de aquello que podían separar de manera elemental de sustancias muertas era poco menos que imposibledecir nada organizado y razonable en términos de relación activa e indivisa. Aunque cualquiera pensaríaque sus principios no guardaban la menor relación con los principios que luego emergieron de lamecánica, lo cierto es que mantienen una llamativa correspondencia, y lo que diverge radicalmente es elcontexto y el método general de tratarlos. Esta afirmación extraña merece una mejor explicación.
2. De los tres principios y del tercero en particular 
Tal vez la forma más inmediata de apercibirse de la vigencia del tercer principio, el de acción yreacción, es disparando una escopeta y verificando en nuestro cuerpo el retroceso. Naturalmente, la culatano nos golpea con la misma velocidad de partida de la bala, sino, aproximadamente, con aquella que escociente de la masa de la bala con respecto a la del rifle. Además, siempre hay pérdidas por escape, que seintentan minimizar. Si sólo conocemos la velocidad de salida del proyectil, o la de retroceso, necesitamossaber del medio de disparo para efectuar el balance; y aun sabiendo de la acción y reacción, necesitamosobservar el medio o aparato para poder precisar el modo en que se produce la pérdida. Precisandocomprobaremos también que la reacción no es simultánea e inmediata, sino que comporta siempre untiempo lo mismo que un medio, aunque a menudo sea negligible.Los dos primeros principios de la mecánica, que definen la inercia y la fuerza, son gemelos y senecesitan mutuamente para precisarse; el tercero representa tanto al balance que debe cumplirse como elmarco en que se precisa ese balance; por lo tanto tiene también un carácter doble, pero ahora intrínseco y
 
 2
referido a sí mismo, tanto de abstracción y generalización como de concreción. Invirtiendo el título denuestro epígrafe, podemos decir que los dos primeros principios se refieren a particulares y que el tercer  principio es el marco general. Y no sólo eso, sino que admite infinitos grados de abstracción yconcreción. De aquí la generalidad de los tres principios de Newton, que siguen aplicándose de un modou otro incluso cuando, como es el caso de la física de partículas moderna, el marco apenas guarda relacióncon el original.En biología y fisiología tenemos también acciones y reacciones, así como un medio y un tiempocaracterístico para todas y cada una de ellas, aunque los ignoremos en una gran parte. Es más, puededecirse que, precisamente por alejarse a menudo tanto el medio fisiológico de los casos más simplesconocidos de la física, como el ejemplo del fusil, la relación entre los tres principios y la forma de precisarse, siendo ya específica y particular, ha de ser especialmente reveladora del balance general de unorganismo. ¿Por qué entonces nadie ha oído hablar de “tres principios de la fisiología” o de la vida? Enlos organismos si hay “escapes” y “holguras” de importancia esencial para la funcionalidad; por lo tanto,sería de esperar que el medio y el tercer principio se precisaran tanto como fuera posible. Y así ha sido –  pero sólo en dirección a lo empírico y al detalle, olvidándose de que el tercer principio debería hacer  posibles siempre nuevas generalizaciones de orden superior. En los organismos tenemos también tiemposcaracterísticos entre los estímulos y las respuestas, además de irregularidades y amortiguacionesextremadamente significativas en su forma para el balance entre acciones y reacciones. De hecho, cuandohablamos de tasas para el metabolismo basal y otros análisis estamos dando por supuestos de un modo uotro los tres principios, aunque no de manera explícita. Finalmente, cualquier concepción de la salud y laenfermedad, ya sea en la medicina tradicional o en la moderna –con conceptos como la homeostasis- tieneque apelar al concepto de equilibrio o desequilibrio de las funciones; aunque la primera lo hiciera de unaforma forzosamente global y la segunda se pierda a menudo en los detalles de balances bioquímicos.Incluso en física los tres principios son un marco completamente global y general, queforzosamente ha de descender de su incondicionalidad a las circustancias enteramente variables de losfenómenos estudiados: las fuerzas, las masas y los tiempos de acción y reacción pueden ser enteramenteredefinidas sin que el marco de los principios varíe en lo fundamental. Podríamos decir entonces que siestos principios no han prendido en la medicina ha sido por la diferencia insalvable entre los principioscualitativos y fenomenológicos de la medicina y los fácilmente cuantificables de la dinámica. Sinembargo, no siempre fue así, puesto que, precisamente, el nacimiento de la dinámica como tal comportóla manera de hacerla cuantificable. Pero también en fisiología y medicina tenemos elementos dinámicosque son de una especificidad innegable. Y el más fácilmente accesible de todos ellos siempre fue el pulso.
3. El diagnóstico del pulso en la medicina tradicional. El pulso como sistemadinámico.
La auscultación del pulso ha sido el medio principal de diagnóstico de las grandes variantes de lamedicina tradicional: la india, la china, la hipocrática y la árabe que mezcló elementos de estas otras tres.Una particularidad de la tradición hipocrática era su clasificación cuádruple de los humores o cualidades;tanto la tradición india como la china contemplan tres elementos fundamentales, aunque en la medicinaayurvédica india estos son explícitos y en la china, con un acentuado gusto por la elipsis, sólo parecehaber dos para los no iniciados: exceso y defecto, yin y yang. Esta aparente dualidad está siempre referidaal vacío, que no es otra cosa que el medio o balance de las otras dos. Verderamente es fácil ver que todasestas escuelas, incluso la hipocrática de cuatro humores, se reducen simplemente a la triple idea deexceso, deficiencia y balance.Probablemente la escuela que primero definió los tres principios de forma explícita fue laayurvédica india. Los tres
doshas
,
 pitta, vata
y
kapha
, no son sino una adaptación particular del
triguna
,las tres modalidades primarias de la naturaleza condicionada en la filosofía
Samkhya
. Samkhya significaliteralmente
análisis
,
medida, cifra, proporción.
El Samkhya es una de las primeras filosofías de espíritunetamente científico que han existido, si no la primera, y su concepción gira enteramente en torno a losconceptos de
equilibrio
y
 fluctuación
. Patanjali sintetizó en unos aforismos su vertiente más cercana a la psicología en los célebres
Yoga sutras
, dando por supuesto el carácter universal del
triguna
; esto es, suvigencia tanto para el mundo exterior u objetivo como para el dominio subjetivo. El Samkhya era unaescuela consolidada siglos antes de Patanjali, ya en la época de juventud de Gautama Buda. Diversoshistoriadores han hecho notar que algunos pasajes del
Timeo
platónico, así como su triple división delalma en vegetativa, sensitiva y racional, rinden un claro tributo a las concepciones de la filosofía india.Incluso la vieja clasificación de cuerpo, alma y espíritu, apenas inteligible para la mentalidad moderna,está exactamente incardinada en una distinción de este tipo. Por otra parte, el organismo se divide deforma natural en una triple constitución para la piel y el sistema nervioso, la musculatura y las vísceras, ylos huesos, que se corresponden con el ectodermo, endodermo y mesodermo del desarrollo embriológico.
 
 3
Las tres
 gunas
o modalidades fundamentales se denominan
 sattwa, tamas
y
rajas
, y secorresponden puntualmente con los tres
doshas
o funciones reactivas
vata, kapha
y
 pitta
,respectivamente. Estos últimos se suelen traducir como
viento, flema
y
bilis
. En cuanto a las
 gunas
omodalidades inherentes, contempladas a la luz de la economía de las pasiones,
 sattwa
se apega al placer,
rajas
a la acción y
tamas
a la pereza o inacción. ¿Por qué
 sattwa
, siendo exponente de la luz y la virtud,se apega al placer? Porque el placer siempre es un cierto equilibrio entre acción e inacción, y su búsquedasiempre supone eso secretamente. Pero tal equilibrio, como todo lo relativo a las
 gunas
sólo puede ser  precario y momentáneo.Es fácil e incluso inevitable establecer un paralelismo entre el
triguna
del Samkhya o el
tridosha
 del Ayurveda y los tres principios de la mecánica. Pero no debiéramos conformarnos con una meraanalogía en el paralelismo, puesto que las categorías indias son estricta y genuinamente dinámicas. Esdecir, no pretenden ser meras clasificaciones de cualidades, como a menudo tendemos a creer, sino que serefieren explícitamente a procesos unitarios, en los que los tres principios concurren simultáneamente,aunque siempre con una secuencia en su manifestación y una inexorable lógica. Esto se advierte yaclaramente en la filosofía y psicología de Patanjali; pero es que, cuando tratamos del diagnóstico médicodel pulso, tenemos ya un modelo dinámico con todas las características cuantitativas y mensurables que podamos exigir y desear. Entonces, el mismo perfil dinámico del pulso y su evolución temporal cumplentodos los requisitos deseables para reunir las estimaciones cualitativas y los datos cuantitativos en un soloobjeto. Difícilmente encontraríamos otro mejor.Por lo demás, tanto el Samkhya como la mecánica de Newton comparten otra sorprendentesemejanza: la de tener un principio implícito y metaempírico subyacente a los otros tres. En efecto, parael Samkhya, las tres modalidades conforman sólo el aspecto condicionado de cualquier modificación, permaneciendo la conciencia inafectada como su soporte. De modo análogo, los tres principios de lamecánica newtoniana tienen como condición previa un tiempo absoluto, al que podemos llamar relojuniversal o sincronizador global. Este “cuarto principio” es, cuando menos, metafísico, aun cuandoconstituye el suelo de necesidad sin el cual la física no puede ser concebida. La conciencia, el testigo,
 purusha
, cumple exactamente el mismo papel para el Samkhya que el tiempo absoluto o sincronizador global cumple para la mecánica: sólo que en el primer caso no entendemos su necesidad, mientras que enel segundo lo que no entendemos es cómo podría ser de otra forma. Digamos de paso que la físicarelativista no sólo no anula este principio de sincronización global, sino que lo especifica y refuerza. Por otra parte, la vieja forma del tercer principio de acción y reacción como manifestación instantánea einmediata ha tenido que dejar paso a otras formulaciones que deben incluir el tiempo. Además, cualquier teoría de la información debe contemplar de forma explícita una asincronía entre entradas y salidas paralos procesos, lo que probablemente nos llevaría demasiado lejos si lo estudiáramos en detalle. (1)Aunque lejanas para la física, estas circunstancias no pueden ser obviadas en series temporales como lasdel pulso, donde la irregularidad en las señales puede ser un efecto de una causa a investigar.Antes de nada, cabría preguntar porqué no se han realizado estudios exhaustivos sobre el pulsoque tengan como objeto unificar los aspectos cuantitativos del análisis moderno con los aspectos tal vezerróneamente denominados “cualitativos” de la diagnosis tradicional. Pero esto no tiene nada de extrañosi consideramos que, por un lado, las series temporales de los osciladores biológicos ya son de por sísuficientemente complicadas, con toda una suerte de comportamientos aleatorios y parámetros ligados.Por el otro lado, una de las propiedades esenciales, si no la más definitoria, del pulso, la
 forma
específicay palpable de la onda, no se ha podido monitorizar hasta las fechas más recientes, ya sea mediantesensores ópticos, de presión o acústicos. Es decir, los esfigmogramas tradicionales, como el presentado bajo estas líneas, sólo muestran un esquema simplificado del verdadero perfil. A esto hay que añadir elhecho de que, por lo que nos consta, nadie ha pensado seriamente en la posibilidad de que las llamadas“cualidades” y las restricciones y momentos mecánicos estén firme e indisolublemente vinculados. Todoello junto ha configurado hasta ahora una barrera insuperable de obstáculos.El diagnóstico empírico del pulso distingue, en efecto, cinco propiedades esenciales: ritmo,frecuencia, amplitud, intensidad y forma. En un gráfico, las dos primeras las contemplamos como

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