BOE núm. 11 Jueves 13 enero 2000 1423
tos jurídicos de las sentencias 36/1991, de 14 de febre-ro, y 60/1995, de 17 de marzo, sobre las garantíasy el respeto a los derechos fundamentales que nece-sariamente han de imperar en el procedimiento seguidoante los Juzgados de Menores, sin perjuicio de las modu-laciones que, respecto del procedimiento ordinario, per-miten tener en cuenta la naturaleza y finalidad de aqueltipodeproceso,encaminadoalaadopcióndeunasmedi-das que, como ya se ha dicho, fundamentalmente nopueden ser represivas, sino preventivo-especiales, orien-tadas hacia la efectiva reinserción y el superior interésdel menor, valorados con criterios que han de buscarseprimordialmenteenelámbitodelascienciasnojurídicas.II6. Como consecuencia de los principios, criteriosy orientaciones a que se acaba de hacer referencia, pue-de decirse que la redacción de la presente Ley Orgánicaha sido conscientemente guiada por los siguientes prin-cipios generales: naturaleza formalmente penal peromaterialmente sancionadora-educativa del procedimien-to y de las medidas aplicables a los infractores menoresde edad, reconocimiento expreso de todas las garantíasque se derivan del respeto de los derechos constitu-cionales y de las especiales exigencias del interés delmenor, diferenciación de diversos tramos a efectos pro-cesales y sancionadores en la categoría de infractoresmenores de edad, flexibilidad en la adopción y ejecuciónde las medidas aconsejadas por las circunstancias delcaso concreto, competencia de las entidades autonó-micasrelacionadasconlareformayproteccióndemeno-res para la ejecución de las medidas impuestas en lasentencia y control judicial de esta ejecución.7. La presente Ley Orgánica tiene ciertamente lanaturaleza de disposición sancionadora, pues desarrollala exigencia de una verdadera responsabilidad jurídicaa los menores infractores, aunque referida específica-mente a la comisión de hechos tipificados como delitoso faltas por el Código Penal y las restantes leyes penalesespeciales. Al pretender ser la reacción jurídica dirigidaal menor infractor una intervención de naturaleza edu-cativa,aunquedesdeluegodeespecialintensidad,recha-zando expresamente otras finalidades esenciales delDerecho penal de adultos, como la proporcionalidadentre el hecho y la sanción o la intimidación de los des-tinatarios de la norma, se pretende impedir todo aquelloque pudiera tener un efecto contraproducente para elmenor, como el ejercicio de la acción por la víctimao por otros particulares.Y es que en el Derecho penal de menores ha deprimar, como elemento determinante del procedimientoy de las medidas que se adopten, el superior interésdel menor. Interés que ha de ser valorado con criteriostécnicos y no formalistas por equipos de profesionalesespecializados en el ámbito de las ciencias no jurídicas,sin perjuicio desde luego de adecuar la aplicación delas medidas a principios garantistas generales tan indis-cutibles como el principio acusatorio, el principio dedefensa o el principio de presunción de inocencia.8. Sin embargo, la Ley tampoco puede olvidar elinterés propio del perjudicado o víctima del hecho come-tido por el menor, estableciendo un procedimiento sin-gular, rápido y poco formalista para el resarcimiento,en su caso, de daños y perjuicios, dotando de ampliasfacultades al Juez de Menores para la incorporación alos autos de documentos y testimonios relevantes dela causa principal. En este ámbito de atención a los inte-reses y necesidades de las víctimas, la Ley introduceel principio en cierto modo revolucionario de la respon-sabilidad solidaria con el menor responsable de loshechos de sus padres, tutores, acogedores o guarda-dores, si bien permitiendo la moderación judicial de lamisma y recordando expresamente la aplicabilidad ensu caso de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, deRégimen Jurídico de las Administraciones Públicas y delProcedimiento Administrativo Común, así como de laLey 35/1995, de 11 de diciembre, de ayudas y asis-tencia a las víctimas de delitos violentos y contra la liber-tad sexual.Asimismo la Ley regula, para procedimientos por deli-tos graves cometidos por mayores de dieciséis años,un régimen de intervención del perjudicado en ordena salvaguardar el interés de la víctima en el esclare-cimiento de los hechos y su enjuiciamiento por el orden jurisdiccional competente, sin contaminar el procedi-miento propiamente educativo y sancionador del menor.Esta Ley arbitra un amplio derecho de participacióna las víctimas ofreciéndoles la oportunidad de intervenirenlasactuacionesprocesalesproponiendoypracticandoprueba, formulando conclusiones e interponiendo recur-sos. Sin embargo, esta participación se establece de unmodo limitado ya que respecto de los menores no cabereconocer a los particulares el derecho a constituirsepropiamente en parte acusadora con plenitud de dere-chos y cargas procesales. No existe aquí ni la acciónparticular de los perjudicados por el hecho criminal, nila acción popular de los ciudadanos, porque en estoscasos el interés prioritario para la sociedad y para elEstado coincide con el interés del menor.9. Conforme a las orientaciones declaradas por elTribunal Constitucional, anteriormente aludidas, se ins-taura un sistema de garantías adecuado a la pretensiónprocesal, asegurando que la imposición de la sanciónse efectuará tras vencer la presunción de inocencia, perosin obstaculizar los criterios educativos y de valoracióndel interés del menor que presiden este proceso, hacien-do al mismo tiempo un uso flexible del principio de inter-vención mínima, en el sentido de dotar de relevanciaa las posibilidades de no apertura del procedimiento orenuncia al mismo, al resarcimiento anticipado o con-ciliación entre el infractor y la víctima, y a los supuestosde suspensión condicional de la medida impuesta o desustitución de la misma durante su ejecución.LacompetenciacorrespondeaunJuezordinario,que,con categoría de Magistrado y preferentemente espe-cialista, garantiza la tutela judicial efectiva de los dere-chos en conflicto. La posición del Ministerio Fiscal esrelevante, en su doble condición de institución que cons-titucionalmente tiene encomendada la función de pro-moverlaaccióndelaJusticiayladefensadelalegalidad,así como de los derechos de los menores, velando porel interés de éstos. El letrado del menor tiene partici-pación en todas y cada una de las fases del proceso,conociendo en todo momento el contenido del expe-diente, pudiendo proponer pruebas e interviniendo entodos los actos que se refieren a la valoración del interésdel menor y a la ejecución de la medida, de la que puedesolicitar la modificación.La adopción de medidas cautelares sigue el modelode solicitud de parte, en audiencia contradictoria, en laque debe valorarse especialmente, una vez más, el supe-rior interés del menor.En defensa de la unidad de doctrina, el sistema derecursos ordinario se confía a las Salas de Menores delos Tribunales Superiores de Justicia, que habrán decrearse, las cuales, con la inclusión de Magistrados espe-cialistas, aseguran y refuerzan la efectividad de la tutela judicial en relación con las finalidades que se proponela Ley. En el mismo sentido, procede destacar la ins-tauración del recurso de casación para unificación dedoctrina, reservado a los casos de mayor gravedad, enparalelismo con el proceso penal de adultos, reforzandola garantía de la unidad de doctrina en el ámbito del
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