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BOE núm. 309 Viernes 26 diciembre 2003 46025
I. Disposiciones generales
JEFATURA DEL ESTADO
23644
LEY ORGÁNICA 19/2003, de 23 de diciem- bre, de modificación de la Ley Ornica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial.
JUAN CARLOS I
REY DE ESPAÑA
A todos los que la presente vieren y entendieren.Sabed: Que las Cortes Generales han aprobado y Yovengo en sancionar la siguiente ley orgánica.EXPOSICIÓN DE MOTIVOSIEl Pacto de Estado para la Reforma de la Justiciasuscrito por los principales partidos políticos de nuestropaís el 28 de mayo de 2001 fija entre sus objetivosque «la Justicia actúe con rapidez, eficacia, y calidad,con métodos más modernos y procedimientos menoscomplicados. Que cumpla satisfactoriamente su funciónconstitucional de garantizar en tiempo razonable losderechos de los ciudadanos y de proporcionar seguridad jurídica, al actuar con pautas de comportamiento y deci-sión previsibles. Que actúe como poder independiente,unitario e integrado, con una estructura vertebrada, regi-da por una coherencia institucional que le permitadesarrollar más eficazmente sus funciones constitucio-nales». Para conseguir estos ambiciosos objetivos sehace preciso abordar una profunda reforma de la LeyOrgánica del Poder Judicial, norma reguladora de losaspectos fundamentales del poder judicial y de la propiaAdministración de Justicia.Enestesentido,seabordanrelevantesmodificacionesen los tres primeros libros de la ley, algunas de ellasya previstas en el propio Pacto de Estado y otras denecesario ajuste con la nueva regulación de los libros Vy VI que se configuran como uno de los ejes principalesde esta reforma, y otras de mayor calado referidas allibro IV, relativo a la carrera judicial, que persiguen darcumplimiento a las previsiones del pacto.Por esta misma razón se derogan determinados pre-ceptos, bien por razones de sistemática llevándose sucontenido a un libro distinto, bien por incompatibilidadcon la nueva regulación. De esta manera se deroga ínte-gramente el título IV del libro III «De la fe pública yde la documentación» quedando los artículos 279 a 291sin contenido.El actual libro V pasa a ser el libro VII, mientras queel V es de nueva redacción, manteniéndose el libro VI.Se reforma en profundidad y de forma especialmentenovedosa la Oficina judicial, de la que por primera vezse recoge su estructura organizativa, y el Estatuto delCuerpo de Secretarios Judiciales y del resto del personalal servicio de esta Administración.IIEn el libro I destaca la generalización de la segundainstancia penal, potenciándose las Salas de lo Penal delos Tribunales Superiores de Justicia en las que se resi-dencia la segunda instancia penal respecto de las reso-luciones dictadas por las Audiencias Provinciales en pri-mera instancia, así como la creación de una Sala deApelación en la Audiencia Nacional. Con ello, ademásde la previsible reducción de la carga de trabajo de laSalaSegundadelTribunalSupremo,sepretenderesolverla controversia surgida como consecuencia de la reso-lución de 20 de julio de 2000 del Comité de DerechosHumanos de la ONU, en la que se mantuvo que el actualsistema de casación español vulneraba el Pacto Inter-nacional de Derechos Civiles y Políticos.Seintroducendeterminadasnovedadesenelrégimende las Audiencias Provinciales a fin de lograr una mayorespecialización y operatividad. Así, por un lado, se prevéque la existencia de secciones especializadas en el cono-cimiento de determinados asuntos atraiga a la totalidadde éstos, con independencia de que existan otras sec-ciones desplazadas territorialmente competentes. Porotro, se establece el carácter funcional, y no orgánicocomo hasta ahora, de la adscripción de los magistradosa las distintas secciones, equiparando en su funciona-miento a dicho órgano colegiado con los actuales Tri-bunales Superiores de Justicia.Por otra parte, se adecua la terminología de deter-minados preceptos en consonancia con lo previsto enlos libros V y VI.IIIDentro del libro II se introduce la limitación temporalde 10 años para los letrados del Consejo General delPoder Judicial, la mayor parte de ellos reclutados deentre los integrantes de la Carrera Judicial, para evitarun alejamiento temporalmente excesivo de éstos de lastareas jurisdiccionales, amén de evitar también el anqui-losamiento de un aparato burocrático al que convienenperiódicas renovaciones.No obstante, la principal novedad radica en la funciónque pasa a desempeñar el Secretario de Gobierno, aten-didas las importantes competencias que asume en elmodeloorganizativoqueseinstaura,enlaSaladeGobier-no cuando se planteen asuntos que afecten a oficinas judiciales o secretarios judiciales del ámbito territorialdel Tribunal Superior de Justicia.Porotraparte,serecogeentrelascompetenciasregla-mentarias del Consejo General del Poder Judicial la defijarsistemasderacionalización,organizaciónymedicióndel trabajo de los órganos judiciales.
 
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IVEn el libro III se acomoda la redacción de determi-nados preceptos al nuevo régimen organizativo previstoen los libros V y VI, si bien se introducen asimismo unaserie de novedades.En el punto quinto del Pacto de Estado se hace hin-capiéenquelacoberturadetodaslasplazasqueresultennecesarias y a tenor de un calendario realista para laampliación progresiva de la planta, deberá hacerse con jueces profesionales que ejerzan sus funciones bajo losprincipios de independencia, imparcialidad, profesiona-lidad y responsabilidad, procediendo a la reducción delas figuras excepcionales de sustitutos y suplentes. Atal fin se da una nueva regulación de las sustitucionesentre jueces, primando la que se produce entre juecestitulares y acudiendo sólo cuando concurran circunstan-cias excepcionales a la sustitución por jueces no pro-fesionales.Enelmismoordendecosasyparaunamejorgarantíade la independencia e imparcialidad de jueces y magis-trados, se da una nueva redacción al capítulo dedicadoa la abstención y recusación, completándose así el sis-tema diseñado por la reciente Ley 1/2000, de 7 deenero, de Enjuiciamiento Civil, cuyo texto también obligaa las debidas adaptaciones del régimen de nulidad deactuacionesydeaclaraciónocorrecciónderesoluciones.Por otra parte, en aras de una Justicia más trans-parente y en la línea marcada en la Carta de Derechosde los Ciudadanos ante la Justicia, se recoge el deberde información y atención adecuada a los usuarios dela Justicia.Finalmente, se deroga en su totalidad el título IV deeste libro ya que las materias contenidas en el mismoson objeto de una nueva regulación que se integra enel libro V.VEn relación con el libro IV, la decidida apuesta porla profesionalidad de jueces y magistrados recogida enel Pacto de Estado, a la que ya hemos hecho referencia,haceimprescindiblelamodificacióndelsistemadeingre-so en la Carrera Judicial, así como la extensión a nuevossupuestos de los principios de mérito, formación y espe-cialización para la adjudicación de los diferentes des-tinos,superándoseasíelexclusivocriteriodeantigüedad.En este sentido se mantiene la oposición como sistemageneral para el ingreso en la Carrera Judicial por la cate-goría de juez, por ser este sistema el que mejor garantizala selección objetiva y rigurosa. Para el ingreso por lacategoría de magistrado se considera necesario esta-blecer un nuevo sistema de baremación de méritos ycomplementar la formación de los que ingresan por estavía con un curso de formación que garantice el correctodesempeño de las tareas jurisdiccionales que les seránpropias a partir de ese momento.En la misma línea, parece oportuno exigir dos añosde antigüedad en la Carrera Judicial a todos aquellosque pretendan acceder a pruebas de especialistas, conel fin de que se tenga un mínimo de experiencia concarácter previo a acceder a puestos reservados paraéstos.En la resolución de concursos para acceder a órganoscolegiados se apuesta decididamente por la especiali-zación, sentando las bases para que en su acceso sevaloren, bien conocimientos específicos, bien experien-cia previa en el correspondiente orden jurisdiccional, auncuando tales criterios se combinen con el de la anti-güedad.Se introducen modificaciones en el régimen de situa-ciones administrativas, demandadas por la experienciade los últimos años, mereciendo destacarse las relativasa los Magistrados del Tribunal Supremo, con un estatutomás riguroso, que se justifica por la especialidad y tras-cendencia de su labor. En este mismo orden de cosasse incorpora al Estatuto de Jueces y Magistrados la nor-mativa del régimen común relativa a la conciliación dela vida familiar con la actividad profesional.Conelfindeeliminarlaprácticafraudulentaextendidadurante los últimos años de apartar a un juez o magis-trado del conocimiento de un determinado asuntomediante la previa presentación de querella que luegoresulta sin fundamento alguno, se prevé que el órganoinstructor,paracontrastarmínimamenteloshechos,pue-dapracticardiligenciasconcacterprevioasuadmisióna fin de que pueda determinar su propia competencia,así como la relevancia penal de los hechos que se impu-ten o la verosimilitud de la imputación. Se ha valorado,además, que esta práctica, puesta de manifiesto por elpropio Tribunal Supremo y Tribunales Superiores de Jus-ticia en numerosas resoluciones, supone atentar contrael derecho constitucional al juez ordinario predetermi-nado por la ley.VIEl libro V regula ahora la Oficina judicial y los másrelevantesaspectosestatutarios,funcionalesyorgánicosdel Cuerpo de Secretarios Judiciales.La reorganización de la Oficina judicial resulta unatarea de indudable complejidad debido, entre otras razo-nes, a que en esta realidad concurren un cúmulo depeculiaridades que la singularizan frente a cualquier otroórgano de gestión. En primer lugar, la evolución de lasformasdetrabajodesempeñadoenlasoficinasjudicialesexige nuevas estructuras con un mayor y mejor diseñoorganizativo, imprescindible no sólo por la progresivaincorporación de nuevas tecnologías a este ámbito sinofundamentalmente para obtener una atención decalidadalosciudadanos.Ensegundolugar,lasoficinasjudicialesno pueden ser ajenas a la realidad del Estado autonó-mico, especialmente cuando se ha producido un intensoproceso de transferencias en este ámbito que obliga auna detallada delimitación de los ámbitos competencia-les de las Administraciones implicadas en la dotaciónde medios personales y materiales al servicio del PoderJudicial. Finalmente, la confluencia en la Oficina judicialde varios ámbitos de decisión que recaen sobre unaúnica realidad ha demostrado ser fuente de conflictossin que las normas que ahora se sustituyen establecieranmecanismos oportunos de colaboración, coordinacióny de garantía que aseguraran la autonomía funcionaly orgánica de unos y otros.El nuevo modelo de Oficina judicial arranca con elpropósito claro de que su funcionamiento garantice laindependenciadelpoderalquesirve,conjugandoaltiem-po y sin merma alguna de lo anterior, una adecuadaracionalización de los medios que utiliza. A fin de armo-nizar estos objetivos, en el plano exclusivamente orga-nizativo,sedefinelaOficinajudicialcomolaorganizacnde carácter instrumental, que de forma exclusiva prestasoporte y apoyo a la actividad jurisdiccional. Por su sin-gularidad se recoge expresamente la necesaria reservade función de suerte que sólo los funcionarios de loscuerpos al servicio de la Administración de Justiciapodrán desempeñar los puestos de trabajo de los queestá dotada.En su diseño se ha optado por un sistema flexibleque permita que cada Oficina judicial se adapte a cual-quier tipo de necesidades de la Administración de Jus-ticia, siendo el criterio diferenciador que permite singu-larizarla de otras organizaciones administrativas el quesu actividad se encuentra regida principalmente por nor-
 
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mas procesales, debiendo dar cumplimiento a cuantasresoluciones dicten jueces y magistrados en el ejerciciode las funciones que le son propias. Con estas carac-terísticas, la Oficina judicial —como género— comprende—como especies— tanto a las unidades procesales deapoyo directo como a los servicios comunes procesales.Las primeras asumirán la tramitación procesal y llevanzade todos aquellos asuntos cuyo conocimiento tenganlegalmente atribuidos jueces y tribunales, asistiéndolosmediante la realización de las actuaciones precisas parael eficaz cumplimiento de la función jurisdiccional. Losservicios comunes procesales son objeto de especialregulación, llenando el vacío legal existente hasta elmomento, fomentando su desarrollo y especialización,y estableciendo un sistema que garantice un mejorgobierno especialmente en aquellos casos en los que,por su complejidad o tamaño, resulta imprescindible laexistencia de mandos intermedios.Se pretende pues, ante todo, racionalizar y actualizarmedios personales y materiales para una mejor y másrápida Administración de la Justicia.VIILa figura del Secretario Judicial, también reguladaen el libro V, se convierte en una de las claves de laactual reforma. No sólo se definen con mayor precisiónsusfunciones,sinoqueseleatribuyenotras,potenciandoasí sus capacidades profesionales. Asume, además, res-ponsabilidadesenmateriadecoordinaciónconlasAdmi-nistraciones públicas con competencias en materia deJusticia.En lo que se refiere a la fe pública, el Secretario Judi-cial, en el seno de la Administración de Justicia, ejercecon exclusividad esta función, que se redefine a fin decircunscribirla a lo verdaderamente trascendente, com-patibilizándola con la utilización de las nuevas tecno-logías.Como técnicos superiores de la Administración deJusticia,seránlosSecretariosJudicialesquienesdirigiránen el aspecto técnico-procesal al personal integrante dela Oficina judicial, ordenando su actividad e impartiendolas órdenes e instrucciones que estime pertinentes.Por último, debe destacarse la nueva configuraciónorgánica del Cuerpo de Secretarios con el fin de garan-tizar una mayor eficacia en su prestación de servicios.Con esta finalidad, se dota de una nueva definición alSecretario de Gobierno de los Tribunales Superiores deJusticia y se crea la figura del Secretario CoordinadorProvincial,ambosconimportantescompetenciasenrela-ciónconlosSecretariosJudicialesdeellosdependientes.VIIIEl libro VI regula básicamente el estatuto jurídico delos Cuerpos de funcionarios al servicio de la Adminis-tración de Justicia. El Pacto de Estado para la Justiciade 28 de mayo de 2001 implica llevar a término unareforma legislativa que, no sólo diseñe un nuevo modelode Oficina judicial en los términos que dicho acuerdoreflejaba, sino también que desarrolle un actualizadoestatuto del personal al servicio de la Administraciónde Justicia, adecuado a esa nueva estructura, capaz deresponder a las particulares exigencias que implica eldesempeño de su labor al servicio de un poder delEstado.Este nuevo Estatuto ha pretendido delimitar de mane-ra minuciosa las funciones del personal al servicio dela Administración de Justicia, ofreciendo nuevas solu-ciones a diferentes desajustes de los que adolece el sis-tema actual, en el que, en no pocas ocasiones, unoshacen las labores de otros.En la actualidad, el personal al servicio de la Admi-nistración de Justicia padece situaciones anacrónicas.En pocas ocasiones tiene reconocimiento efectivo elesfuerzo personal, además de encontrarse en vigor fór-mulas rígidas que dificultan gravemente la adopción desoluciones ágiles ante situaciones determinadas; defec-tos que han sido tenidos en cuenta a fin de buscar solu-cionesqueintroduzcanmayorracionalidadenelsistema.En este sentido, el libro VI da nueva definición a losCuerpos al servicio de la Administración de Justicia, conla asignación a todos ellos de nuevas funciones másacordes con la nueva realidad de la Oficina judicial quese diseña, según lo que había previsto el propio Pactode Estado.IXLa normativa que se propone goza de una notableextensión y detalle, sin perjuicio de los posibles desarro-llos reglamentarios que igualmente se prevén. Ello obe-dece al convencimiento de que los compromisos sur-gidos de un Pacto suscrito por las principales fuerzaspolíticasdelpaísexigendeunanormaconrangosuperiorque garantice su estabilidad y permanencia, al margendesentarbaseslidasysegurasquepermitanlanormaly pacífica ejecución, por parte de las comunidades autó-nomas, de todas aquellas competencias que han sidoo serán transferidas.El texto mantiene el carácter nacional de los Cuerposal servicio de la Administración de Justicia y la exclu-sividad de funciones de los mismos, garantizando conello la especialidad que nuestra Constitución les reservaen su artículo 122.En cualquier caso la reforma que se opera resultabaimprescindible; de un lado, era necesario delimitar lascompetencias sobre el personal funcionario de todos losactores intervinientes, toda vez que el proceso de trans-ferencia de gestión a las comunidades autónomas seva a ver plenamente realizado en un futuro muy cercano;por otro, la Administración de Justicia requería de ins-trumentos de ordenación del personal mucho smodernos y efectivos que superasen, entre otros, el viejosistema de plantillas.Se mantiene el sistema de oposición para el ingreso,con carácter general, permitiendo como novedad el con-curso-oposición que puede favorecer procesos de con-solidación en esta Administración y que hasta estemomento no tenían cobertura legal.Se amplía la carrera profesional, que se estructuraen un doble sentido: Por un lado se aumenta el por-centaje de plazas que se ofertan para la promoción inter-na y, por otro, la existencia dentro del mismo cuerpode puestos con diferentes niveles de responsabilidad,permitirá a los funcionarios ver mejorada su posicióndentro de la organización.En la medida en que la especialidad de los Cuerposal servicio de la Administración de Justicia lo permita,las situaciones administrativas, permisos, licencias, dere-chos y deberes y régimen disciplinario, se equipara conlas existentes en la Administración General del Estado,manteniendo, sin embargo, un régimen de incompati-bilidades más estricto, fruto de la especialidad antesreseñada.El nuevo régimen retributivo que se establece, man-teniendo los conceptos retributivos regulados para laCarrera Judicial y Fiscal, pretende ser más sencillo ensu configuración, introduciendo complementos vincula-dosalpuestodetrabajoyalaresponsabilidaddelmismo,permitiendo, de igual manera, complementos variablesen función del cumplimiento de objetivos.
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