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Modifica la Ley 30/1992, de 26-11-1992, de R
é
gimen Jur
í 
dico de las Administraciones P
ú
blicas ydel Procedimiento Administrativo Com
ú
n. 
EXPOSICION DE MOTIVOS
 
I
 
La regulaci
ó
n del r
é
gimen jur
í 
dico de las Administraciones P
ú
blicas y del Procedimiento Administrativo Com
ú
n constituye una pieza clave en lasrelaciones de la Administraci
ó
n con los ciudadanos y en la satisfacci
ó
n de los intereses generales a los que la Administraci
ó
n debe servir por mandatoconstitucional (103.1 CE). Ambos aspectos est
á
n interrelacionados y, dada su importancia, aparecen contemplados en el art
í 
culo 149.1.18ª de laConstituci
ó
n, que atribuye al Estado la competencia para regular «las bases del r
é
gimen jur
í 
dico de las Administraciones P
ú
blicas», por un lado, ydirectamente, por otro, el «procedimiento administrativo com
ú
n». Se pretende garantizar de esta manera una igualdad en las condiciones jur
í 
dicasb
á
sicas de todos los ciudadanos en sus relaciones con las diferentes Administraciones p
ú
blicas.
 
Con base en estos planteamientos, la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de R
é
gimen Jur
í 
dico de las Administraciones P
ú
blicas y del ProcedimientoAdministrativo Com
ú
n sustituy
ó
a la Ley de Procedimiento Administrativo de 1958, introduciendo una nueva regulaci
ó
n adaptada a los principiosconstitucionales y a la nueva organizaci
ó
n territorial del Estado e incorporando avances significativos en la relaci
ó
n de las Administraciones con losciudadanos.
 
Sin embargo, durante su aplicaci
ó
n se han suscitado algunos problemas que han llevado a plantear desde diversos sectores la necesidad de sumodificaci
ó
n. La proliferaci
ó
n de normas reguladoras de procedimientos administrativos, los problemas detectados en la regulaci
ó
n de ciertosart
í 
culos -como los referidos al silencio administrativo, la revisi
ó
n de los actos o la responsabilidad patrimonial-, y la supresi
ó
n del recurso dereposici
ó
n son lugares comunes en las cr
í 
ticas formuladas a la Ley 30/1992, que justifican su reforma pensando en el buen funcionamiento de laAdministraci
ó
n p
ú
blica y, sobre todo, en los ciudadanos, que son los destinatarios de su actuaci
ó
n.
 
En este sentido, debe se
ñ
alarse que, al igual que lo acontecido en relaci
ó
n con la Ley de Organizaci
ó
n y Funcionamiento de la Administraci
ó
nGeneral del Estado, los modelos administrativos deben construirse siempre en funci
ó
n de los ciudadanos, y no al rev
é
s. Por ello, tambi
é
n en elproceso de reforma de la Ley 30/1992 se ha tenido como objetivo esta orientaci
ó
n general que debe presidir todas y cada una de las manifestaciones dela reforma administrativa, puesto que la Constituci
ó
n de 1978 ha querido se
ñ
alar solemnemente en su art
í 
culo 103 que la «Administraci
ó
n P
ú
blicasirve con objetividad los intereses generales».
 
Sobre estos presupuestos, el objeto de esta Ley de reforma se circunscribe a modificar los aspectos m
á
s problem
á
ticos de la Ley 30/1992, seg
ú
n laopini
ó
n de la doctrina y de los aplicadores del derecho: fundamentalmente, la regulaci
ó
n del silencio administrativo -suprimiendo la certificaci
ó
n deacto presunto-, el sistema de revisi
ó
n de actos, la responsabilidad patrimonial y la regulaci
ó
n de la suspensi
ó
n del acto administrativo.
 
El texto de la Ley efect
ú
a algunas otras modificaciones que mejoran y completan la Ley 30/1992, con el fin de dar cumplimiento a la proposici
ó
n node ley, aprobada por el Congreso de los Diputados el 3 de junio de 1997, por la que se insta al Gobierno a presentar un proyecto de ley demodificaci
ó
n de la Ley 30/1992 que solucione las deficiencias detectadas en la aplicaci
ó
n del texto vigente y su mejor adecuaci
ó
n a la realidadpluriling
üí 
stica del Estado.
 
II
 
En primer lugar, en el T
í 
tulo preliminar se introducen dos principios de actuaci
ó
n de las Administraciones p
ú
blicas, derivados del de seguridad jur
í 
dica. Por una parte, el principio de buena fe, aplicado por la jurisprudencia contencioso-administrativa incluso antes de su recepci
ó
n por el t
í 
tulopreliminar del C
ó
digo Civil. Por otra, el principio, bien conocido en el derecho procedimental administrativo europeo y tambi
é
n recogido por la jurisprudencia contencioso-administrativa, de la confianza leg
í 
tima de los ciudadanos en que la actuaci
ó
n de las Administraciones p
ú
blicas no puedeser alterada arbitrariamente.
 
En el T
í 
tulo I, y como corolario del principio general de buena fe aplicado al derecho p
ú
blico, se incluye tambi
é
n el principio de lealtad institucionalcomo criterio rector que facilite la colaboraci
ó
n y la cooperaci
ó
n entre las diferentes Administraciones p
ú
blicas, recogiendo los pronunciamientos delTribunal Constitucional.
 
Posteriormente, este deber gen
é
rico se articula a trav
é
s de una f 
ó
rmula org
á
nica, las Conferencias Sectoriales. Se mantiene con su contenido b
á
sicola actual regulaci
ó
n, que a su vez procede de la Ley 12/1983, de 14 de octubre, del Proceso Auton
ó
mico, aunque en el actual momento de desarrollode estos
ó
rganos se considera oportuno incorporar diferentes matizaciones en el art
í 
culo 5.
 
Estas incorporaciones vienen a dar respuesta a problemas reales existentes y que sin embargo en la actualidad carecen de previsi
ó
n normativaadecuada, como la existencia de otros
ó
rganos de cooperaci
ó
n diferentes de las Conferencias Sectoriales, que pueden ser tanto los
ó
rganos de apoyo delas Conferencias como aquellos otros en principio ajenos a las mismas por referirse a
á
mbitos materiales espec
í 
ficos, y que requieren de una adecuadaespecializaci
ó
n.
 
Se introduce y desarrolla el concepto de plan y programa conjunto, ya apuntado en la modificaci
ó
n de la Ley General Presupuestaria operada por laLey 13/1996, de 30 de diciembre, de Medidas Fiscales, Administrativas y del Orden Social, ya que en la pr
á
ctica comienza a ser una f 
ó
rmula muy
ú
til
 
para articular el ejercicio de las funciones administrativas del Estado y las Comunidades Aut
ó
nomas.
 
La modificaci
ó
n correspondiente al art
í 
culo 6, referente a la atribuci
ó
n a los titulares de los Departamentos ministeriales y los Presidentes oDirectores de los Organismos p
ú
blicos de la competencia para la formalizaci
ó
n de convenios de colaboraci
ó
n, tiene como finalidad recuperar unprincipio tradicional en el derecho p
ú
blico espa
ñ
ol y lograr la coherencia adecuada entre el contenido de este art
í 
culo con el art
í 
culo anterior y lasfunciones que a aqu
é
llos atribuye la Ley 6/1997, de 14 de abril de Organizaci
ó
n y Funcionamiento de la Administraci
ó
n General del Estado(LOFAGE), la Ley 13/1995, de 18 de mayo, de Contratos de las Administraciones P
ú
blicas y la Ley 50/1997, de 27 de noviembre, del Gobierno.
 
La modificaci
ó
n del art
í 
culo 10, sobre comunicaciones a las Comunidades Europeas pretende ajustar el actual texto a la realidad del derechocomunitario, ya que parece conveniente diferenciar entre el plazo para la comunicaci
ó
n de disposiciones de car
á
cter general o resoluciones y el plazopara la remisi
ó
n de proyectos de disposiciones.
 
En el T
í 
tulo II, el art
í 
culo 13 se modifica permitiendo la delegaci
ó
n de competencias en
ó
rganos de las entidades de derecho p
ú
blico dependientes,para facilitar la descentralizaci
ó
n y, con ello, una m
á
s f 
á
cil gesti
ó
n que, en definitiva, se traduce en mayor eficacia y mejor servicio a los ciudadanos.Por otra parte, se clarifica la redacci
ó
n de su apartado 5 respecto a la admisibilidad de la delegaci
ó
n en los procedimientos en que se prevea, concar
á
cter preceptivo, un dictamen o informe.
 
III
 
Con id
é
ntico objetivo de lograr una mayor eficacia y servicio a los ciudadanos se modifican algunos aspectos de la regulaci
ó
n de la actividad de lasAdministraciones p
ú
blicas contenida en el T
í 
tulo IV.
 
Se modifica el art
í 
culo 36 para hacer efectiva la adecuaci
ó
n de la Ley a la realidad pluriling
üí 
stica del Estado, de conformidad con la proposici
ó
n node Ley de 3 de junio de 1997, incorporando una regulaci
ó
n inspirada en el art
í 
culo 231.4 de la Ley Org
á
nica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial,seg
ú
n la redacci
ó
n dada al mismo por la Ley Org
á
nica 16/1994, de 8 de noviembre.
 
Mediante la redacci
ó
n del apartado 4 del art
í 
culo 38 se pretende impulsar el empleo y aplicaci
ó
n de las t
é
cnicas y medios inform
á
ticos y telem
á
ticospor parte de la Administraci
ó
n. Por su parte, el nuevo apartado 5 regula la expedici
ó
n de copias de los documentos presentados ante laAdministraci
ó
n, respondiendo a la necesidad de dar efectivo cumplimiento al derecho reconocido a los ciudadanos por el art
í 
culo 35.c).
 
El art
í 
culo 42 sufre una profunda modificaci
ó
n. En primer lugar, el apartado 1 precisa los supuestos en que es obligado dictar resoluci
ó
n expresa,incluyendo los casos de prescripci
ó
n, renuncia del derecho, caducidad del procedimiento, desistimiento de la solicitud y desaparici
ó
n sobrevenida delobjeto del procedimiento, en los que la resoluci
ó
n consistir
á
en la declaraci
ó
n de la circunstancia correspondiente.
 
Respecto al procedimiento para hacer efectiva la resoluci
ó
n, se parte de la premisa de que un procedimiento administrativo que no sea
á
gil y breve esdif 
í 
cil que pueda ser una instituci
ó
n al verdadero servicio a los ciudadanos. Por eso, a falta de norma expresa, el apartado 3 de este mismo art
í 
culoestablece como plazo general supletorio de duraci
ó
n de los procedimientos administrativos el de tres meses, sin que en ning
ú
n caso pueda superar elde seis meses, seg
ú
n el apartado 2, salvo que una norma con rango de Ley establezca lo contrario o as
í 
se prevea en la normativa comunitaria europea,plazo en el que deber
á
notificarse la resoluci
ó
n. El plazo, por otra parte, comenzar
á
a contarse, en los procedimientos iniciados a solicitud delinteresado, desde que la misma haya tenido entrada efectivamente en el registro del
ó
rgano competente para su tramitaci
ó
n. Este extremo debe sercomunicado a los solicitantes indicando la duraci
ó
n m
á
xima del procedimiento en cuesti
ó
n, de acuerdo con el apartado 4.
 
En cualquier caso, el plazo puede suspenderse, acogiendo la inspiraci
ó
n del moderno derecho p
ú
blico comunitario, por causas tasadas previstas en elapartado 5: requerimiento a los interesados para subsanar deficiencias, intervenci
ó
n previa y preceptiva de un
ó
rgano de las Comunidades Europeas,informes preceptivos y determinantes del contenido de la resoluci
ó
n, realizaci
ó
n de pruebas t
é
cnicas o an
á
lisis contradictorios o dirimentes propuestospor los interesados o el inicio de negociaciones para finalizar convencionalmente el procedimiento administrativo. Se prev
é
tambi
é
n la ampliaci
ó
n deplazos en el apartado 6, aunque limitando su decisi
ó
n al
ó
rgano competente para resolver y, en su caso, al superior jer
á
rquico. En el 7 se realiza unareferencia expl
í 
cita a la responsabilidad disciplinaria, si bien se omite la relativa a la remoci
ó
n del puesto de trabajo.
 
En cuanto al silencio administrativo, el art
í 
culo 43 prev
é
como regla general el silencio positivo, exceptu
á
ndose s
ó
lo cuando una norma con rango deLey o norma comunitaria europea establezca lo contrario. No podemos olvidar que cuando se regula el silencio, en realidad se est
á
tratando deestablecer medidas preventivas contra patolog
í 
as del procedimiento ajenas al correcto funcionamiento de la Administraci
ó
n que dise
ñ
a la propia Ley.Pues bien, esta situaci
ó
n de falta de respuesta por la Administraci
ó
n -siempre indeseable- nunca puede causar perjuicios innecesarios al ciudadano,sino que, equilibrando los intereses en presencia, normalmente debe hacer valer el inter
é
s de quien ha cumplido correctamente con las obligacioneslegalmente impuestas.
 
Se except
ú
an de la regla general de silencio positivo l
ó
gicamente los procedimientos de ejercicio del derecho de petici
ó
n, los de revisi
ó
n de actosadministrativos y disposiciones generales, los iniciados de oficio, y los procedimientos de los que pudiera derivarse para los solicitantes o terceros laadquisici
ó
n de facultades sobre el dominio o servicio p
ú
blico. Se trata de regular esta capital instituci
ó
n del procedimiento administrativo de formaequilibrada y razonable, por lo que se suprime la certificaci
ó
n de actos presuntos que, como es sabido, permit
í 
a a la Administraci
ó
n, una vezfinalizados los plazos para resolver y antes de expedir la certificaci
ó
n o que transcurriera el plazo para expedirla, dictar un acto administrativo expresoaun cuando resultara contrario a los efectos del silencio ya producido. Por todo ello, el silencio administrativo positivo producir
á
un verdadero actoadministrativo eficaz, que la Administraci
ó
n p
ú
blica s
ó
lo podr
á
revisar de acuerdo con los procedimientos de revisi
ó
n establecidos en la Ley.Igualmente, se concibe el silencio administrativo negativo como ficci
ó
n legal para permitir al ciudadano interesado acceder al recurso contencioso-administrativo, aunque, en todo caso, la Administraci
ó
n p
ú
blica tiene la obligaci
ó
n de resolver expresamente, de forma que si da la raz
ó
n alciudadano, se evitar
á
el pleito.
 
Por su parte, el art
í 
culo 44 regula la inactividad de la Administraci
ó
n en los procedimientos iniciados de oficio. Se diferencian los casos en los quepudieran derivarse el reconocimiento o constituci
ó
n de derechos o situaciones jur
í 
dicas individualizadas, en los cuales los interesados que hubieran
 
comparecido podr
á
n entender desestimadas sus pretensiones (supuestos de subvenciones, concursos de traslado de funcionarios, etc.), de los casos enque la Administraci
ó
n ejercite potestades sancionadoras o de intervenci
ó
n susceptibles de producir efectos desfavorables o de gravamen, en los que losinteresados podr
á
n entender caducado el procedimiento.
 
En cualquier caso, con el fin de abordar detenidamente la transformaci
ó
n del r
é
gimen de silencio de cada uno de los aproximadamente dos milprocedimientos existentes en la actualidad, en el
á
mbito de la Administraci
ó
n General del Estado, en la disposici
ó
n transitoria primera se mantiene lavigencia del sentido del silencio previsto en las normas aprobadas en el proceso de adecuaci
ó
n de procedimientos que sigui
ó
a la Ley 30/1992, si bienque su forma de producci
ó
n y efectos ser
á
n los previstos en la presente Ley. En este sentido, y en la l
í 
nea apuntada de profundizaci
ó
n en el silenciopositivo, se encomienda al Gobierno que en el plazo de dos a
ñ
os desde la entrada en vigor de esta Ley realice la adaptaci
ó
n de los procedimientos alsentido del silencio administrativo legalmente previsto. Para el estudio y propuesta de las reformas, y, en particular, con el fin de simplificar yracionalizar la gran variedad de procedimientos especiales que tras la Ley 30/1992 se han regulado en el
á
mbito de la Administraci
ó
n General delEstado y sus Organismos p
ú
blicos, en la disposici
ó
n adicional primera se ordena al Ejecutivo la creaci
ó
n de una Comisi
ó
n Interministerial presididapor el Ministro de Administraciones P
ú
blicas.
 
En concordancia con las modificaciones de los art
í 
culos 42, 43 y 44 se modifica el r
é
gimen de c
ó
mputo de plazos contenido en el art
í 
culo 48.4 y seprecisa la regulaci
ó
n de la ampliaci
ó
n de tr
á
mites contenida en el art
í 
culo 49. Finalmente, y de conformidad con los art
í 
culos 102, 72 y 136, en elart
í 
culo 54 se exige la motivaci
ó
n de la revisi
ó
n de las disposiciones generales y de la adopci
ó
n de medidas provisionales.
 
IV
 
En el T
í 
tulo V, la Ley modifica el r
é
gimen de notificaciones del art
í 
culo 58 en aras del principio de seguridad jur
í 
dica, recuperando, por un lado, laconvalidaci
ó
n de la notificaci
ó
n en parecidos t
é
rminos a como se contemplaba en la Ley de 1958, aunque reduciendo el plazo a tres meses. Por otro,se introduce en este mismo art
í 
culo una previsi
ó
n dirigida a evitar que por la v
í 
a del rechazo de las notificaciones se obtenga una estimaci
ó
n presuntade la solicitud.
 
En el art
í 
culo 62.1 se precisa el supuesto de nulidad previsto en su letra a), elimin
á
ndose la expresi
ó
n «contenido esencial» referida al
á
mbito de lalesi
ó
n de los derechos y libertades susceptibles de amparo constitucional, que constituye una delimitaci
ó
n vinculante para el legislador.
 
En el T
í 
tulo VI, junto a la reforma del art
í 
culo 71 para lograr la concordancia con el resto de las modificaciones, se actualiza la regulaci
ó
n de lasmedidas provisionales del art
í 
culo 72, introduciendo las previsiones necesarias para flexibilizar el momento de su adopci
ó
n con las cautelas necesariaspara garantizar el respeto a los derechos de los ciudadanos. As
í 
se permite que, en los casos determinados por las Leyes sectoriales, se acuerden concar
á
cter previo a la iniciaci
ó
n del procedimiento. En el mismo sentido, se introduce la posibilidad de modificaci
ó
n de dichas medidas en atenci
ó
n a laregla «rebus sic stantibus».
 
V
 
Diversas son las modificaciones que afectan al T
í 
tulo VII, con la finalidad de reforzar las garant
í 
as jur
í 
dicas de los ciudadanos frente a la actuaci
ó
nde la Administraci
ó
n.
 
En materia de revisi
ó
n de oficio, en el art
í 
culo 102, se introduce un tr
á
mite de inadmisi
ó
n de las solicitudes de los interesados, sin necesidad derecabar el dictamen del Consejo de Estado u
ó
rgano consultivo de la Comunidad Aut
ó
noma. Por otra parte, se introduce la revisi
ó
n de oficio de lasdisposiciones generales nulas, que no opera, en ning
ú
n caso, como acci
ó
n de nulidad.
 
En cuanto a los actos anulables, se elimina la potestad revisora de la Administraci
ó
n prevista en el art
í 
culo 103, con lo que se obliga a laAdministraci
ó
n p
ú
blica a acudir a los Tribunales si quiere revisarlos, mediante la pertinente previa declaraci
ó
n de lesividad y posterior impugnaci
ó
n,eliminando tambi
é
n la posibilidad de que los ciudadanos utilizasen esta v
í 
a que hab
í 
a desnaturalizado por concepto el r
é
gimen de los recursosadministrativos. De esta forma, se colocan Administraci
ó
n y ciudadanos en una posici
ó
n equiparable.
 
En materia de revocaci
ó
n de actos, el nuevo art
í 
culo 105 refuerza sus l
í 
mites, a
ñ
adiendo que no puede constituir dispensa o exenci
ó
n no permitidapor las leyes, ni ser contraria al principio de igualdad o al inter
é
s p
ú
blico.
 
Respecto al sistema de recursos previsto en el cap
í 
tulo II se producen importantes modificaciones. En particular destaca el establecimiento, en losart
í 
culos 107 y 116 a 117, del recurso de reposici
ó
n con car
á
cter potestativo, atendiendo, sobre todo, a los problemas planteados en el
á
mbito de laAdministraci
ó
n local. Se recupera, en el mismo art
í 
culo 107, el recurso de alzada, que se regula con su configuraci
ó
n tradicional en los art
í 
culos 114 y115. Todo ello junto al recurso de revisi
ó
n contra actos firmes previsto en el art
í 
culo 108, del que se precisa la causa segunda de procedencia delrecurso en el art
í 
culo 118.1, introduciendo en el art
í 
culo 119 un tr
á
mite de inadmisi
ó
n similar al previsto para la revisi
ó
n de oficio. Dada latrascendencia del sistema de recursos como instituci
ó
n de garant
í 
a para los ciudadanos, en la disposici
ó
n transitoria segunda, se prev
é
que a losprocedimientos iniciados antes de la entrada en vigor de la modificaci
ó
n no les ser
á
de aplicaci
ó
n la misma, salvo en lo relativo al sistema de recursos.
 
De conformidad con este esquema, se modifican los casos de actos que agotan la v
í 
a administrativa, previstos en el art
í 
culo 109, y se suprime,recogiendo una petici
ó
n bien un
á
nime, la llamada comunicaci
ó
n previa a la Administraci
ó
n que deb
í 
an formular los interesados antes de interponer elrecurso contencioso-administrativo prevista en el art
í 
culo 110.3, por ser, no s
ó
lo innecesaria, sino probablemente obstaculizadora de un proceso judicial
á
gil y breve.
 
Por lo que respecta a la suspensi
ó
n del acto administrativo en v
í 
a de recurso regulada en el art
í 
culo 111, se mantiene la regla general de la no
of 00

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