aspiraciones de las sociedades humanas. Estas son, en efecto, el factor menosdeterminado y más cambiante y contradictorio, que ni las fuerzas políticas ni el Estadotécnico pueden controlar. Esta realidad empírica-y, por lo tanto, opaca-, que ni siquieraes, en sí misma, política, es, sin embargo, la raíz profunda de toda política. En cambio,el sistema de legitimación es un hecho histórico, que no se deriva ni del modelo delEstado ni del modelo de las aspiraciones colectivas, sino que se crea y elabora a lo largodel tiempo, a medida que la conciencia del Estado y sus propias aspiraciones seidentifican con las de la sociedad. La legitimidad no se encarga, no se inventa, aparece ono, según la evolución de la política en el seno de las sociedades y de los Estados,envueltos conjuntamente en un único y mismo proceso de civilización y modernización.El Estado político-o su proyecto de sociedad-depende tanto de la evolución de lasestructuras de producción y consumo, de las ideologías y de las tradiciones deorganización políticas y sociales, del principio ético, como de su capacidad efectiva derealización.Sencillamente, esto quiere decir que la constitución de las fuerzas sociales no esobra del Estado. Este llega, o no, a controlarlas con sus propias estrategias, y en funciónde su evolución técnica y ética. En el caso en que no lo consiga, el Estado sigue siendotributario de las solidaridades y "políticas" establecidas fuera de él y nunca llega aconvertirse en el centro de una adhesión general o de una solidaridad nacional. Laabsorción de las solidaridades periféricas y parciales depende, pues, directamente, de lacapacidad del Estado político para presentar y realizar un proyecto nacional que beneficie al conjunto de la sociedad. Por lo demás, la adquisición de la legitimidad por parte del Estado (forma universal) -vista como el resultado de su familiarización con lacomunidad (particularidad histórica)-tiene, a estas alturas, mucho que ver con laseriedad, la moral y la actuación de las élites y dirigentes históricos. A la luz de esteesquema examinaremos el carácter de lo que denominamos Estado árabecontemporáneo, su acción y sus fuerzas inspiradoras, para saber si se trata, comotendemos a pensar, de un Estado tradicional, sultánico y religioso, o más bien de unorganismo histórico nuevo: en su estructura interna, sus métodos de acción, su programasocial, sus finalidades y su ética general.Si, en este ensayo, hemos privilegiado el análisis del Estado es porque ésteaparece, a la vez, como el fin y como el instrumento de ese difícil proceso deconstrucción nacional. Pero el Estado es considerado aquí, antes que como un simpleaparato, más bien como la materialización de principios éticos y sociales en función delos cuales se organiza la sociedad. Constituye el nudo y el cerebro que combinamúltiples redes de solidaridad, de afinidad, de parentesco y de relaciones deintercambio, que constituyen la sociedad como unidad y organización.Desde este puntode vista se ha hecho hincapié no en las estructuras, sino en el movimiento, el devenir ylos cambios: allí donde actúa y razona el Estado, se civilizan las sociedades, se deshaceny hacen las historias de los pueblos, se buscan las naciones, se organizan los sistemasgeoestratégicos y se construyen los aparatos y fuerzas políticas.Pensamos, en efecto, que es difícil, tal como están las cosas, comprender elcarácter del Estado en los países del Tercer Mundo, es decir, su sentido y su papel, almargen de las profundas transformaciones que, desde hace un par de decenios,experimenta el sistema internacional. Nos parece que el concepto de devenir, más que elde estructura, es el que mejor corresponde a la actual situación del mundo árabe, en perpetua agitación. Es, en nuestra opinión, el único concepto operativo en el planometodológico, en cuanto hace más transparentes las múltiples rupturas, morales ymateriales, que vive la sociedad árabe-y, en primer lugar, la fractura, que no deja deahondarse, entre el Estado y la sociedad-, así como las distorsiones que atraviesan, por 3
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