• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
Download
 
Burhan Ghalioun,
 La crisis del mundo árabe
. África Internacional, N°12,IPEALA, MadridEstado contra NaciónINTRODUCCIÓNLa crisis general que actualmente vive el mundo árabe está casi enteramentefocalizada en el Estado, entendido éste-según la concepción aún dominante de lo político-como una ciudadela, cuya toma constituye la condición del control del conjuntode la vida nacional. Estado islámico, Estado laico, Estado democrático, Estadosocialista, Estado nacionalista, Estado árabe unificado, Estado territorial, Estado orientaldespótico, Estado moderno racional: he aquí los términos que utilizan a diario losintelectuales y el conjunto de la intelligentsia árabe. Son la expresión del lugar centralque ocupa el Estado en el debate político, social y religioso en una sociedad que, comonunca antes, se busca y se interroga acerca de sus orígenes, su identidad, susfundamentos y su porvenir.Para entender mejor este debate, así como la problemática general del Estado en elmundo árabe, nos parece necesario distinguir tres niveles fundamentales en el análisisde ese objeto que aquí llamamos Estado y que no es necesariamente idéntico (es decir,que no se ha formado de manera similar, no tiene el mismo papel y no responde a losmismos criterios y aspiraciones) en todas partes del mundo. El primer nivel se refiere alorigen de ese objeto, no en el sentido de la historia general y cronológica, sino en el dela historicidad, es decir, esencialmente, en el de su razón de ser.A la pregunta "¿por qué hay Estado?", los teóricos y filósofos políticos siemprerespondían con la misma frase de Aristóteles: porque las sociedades humanas son, por naturaleza, sociedades políticas. No pueden vivir sin Estado. Los filósofos musulmanesdesarrollaron, sobre todo, la idea del "wasi" (vector de disuasión y de persuasiónmaterial y moral) como el fin de lo político. Para materializarse, este wasi necesita unafuerza autónoma, que Ibn Jaldun busca en la assabiya (solidaridad natural de sangre yespíritu de cuerpo), sin, no obstante, dejar de decir que, para los árabes, este factor de laassabiya no es suficiente. El establecimiento del Estado requiere además, para ellos, laintervención de un mensaje religioso, que trascienda las oposiciones y los conflictosentre las múltiples assabiya y espíritus de cuerpo.La razón de ser no significa aquí la justificación a fortiori de los Estados, sino lo que provoca, material y moralmente, sucreación concreta en un momento de la historia. La problemática del origen no buscaexplicar porqué hay Estado en general, o porqué las sociedades humanas no puedenvivir sin Estado, sino porqué, en un momento y en un lugar dados, hay un Estado dado(árabe, indio, unificado, segmentado, nacional, imperial, etc.), y no otro. En pocas palabras, se trata de saber cuál es, exactamente, en nuestra época, la fuerza históricacapaz de engendrar un Estado.El segundo nivel de esta problemática se refiere a laestructura material, objetiva, del poder, es decir, al aparato y al dispositivo en los que el poder procura materializarse para realizar sus objetivos (el programa y las políticas quele pide la sociedad o que él mismo se fija).El tercer nivel se refiere precisamente al proyecto histórico de este Estado, a lafuente de su legitimidad, a la razón de su funcionamiento, es decir, a su acción colectivao a su misión histórica, que-al igual que el espíritu que da vida al cuerpo-hace trabajar asus aparatos y hace actuar a sus fuerzas. Ese es el aspecto fundamental y primero de lalegitimidad, que está ligado a la realización de objetivos determinados. El segundo1
 
aspecto de legitimación, relacionado con la apreciación de la manera en que el Estadocumple su misión, sólo se plantea en un segundo momento, cuando la satisfacción de lasnecesidades pasa de la exigencia de la cantidad a la de la calidad. Entonces ya no bastará con que el Estado satisfaga necesidades para legitimarse, sino que primero será juzgado por los métodos y medios utilizados. Aquí es donde aparece, en nuestra época y para nuestro tipo de Estado, la demanda social por la democracia.En realidad, se trata de tres niveles relativamente autónomos, que no evolucionannecesariamente en esferas idénticas y que no tienen la misma temporalidad. Ladimensión histórica-que encarna al sujeto de la historia, fundador del Estado-concibe aeste último como modo de lo político o proyecto histórico y de porvenir. A este nivel, elEstado es entendido, esencialmente, como la expresión de la organización de sí mismade una sociedad, y por eso refleja los programas y los intereses de las fuerzas socialesorganizadas: élites, clases sociales, alianzas de clases, pueblos, etc. Eso es lo que sesuele analizar como el contenido sociopolítico del poder del Estado, que nos permitedistinguir, por ejemplo, entre un Estado feudal y capitalista, tributario o periférico, etc. .El modelo organizativo del Estado a este nivel-objeto de la ciencia política-es unfenómeno ligado a la evolución y la acumulación de las técnicas de gobierno y decontrol del poder, que tienen lugar a medida que éste crece y se diversifica. Esa es ladimensión estructural, que concibe al Estado como técnica del poder y formas deorganización de la vida pública: los aparatos, las maneras de gobernar, la organizaciónde las jerarquías en el seno del Estado y de los aparatos, etc. En este sentidodistinguimos, por ejemplo, entre el Estado moderno burocrático y el Estado tradicional personificado.El tercer nivel comprende al Estado como valor o conciencia de sí, definición deobjetivos y orientación de la acción general. Son los fines de la política encarnada por elEstado. El carácter de esta acción es, generalmente, insuflado al Estado por la sociedad, pero también puede ser "importado" junto con el Estado. Y, en la medida en que losfines del Estado, cualquiera que sea su origen, estén en correspondencia con los de lasociedad, estará asegurada la legitimidad del poder, por lo menos en el primer sentido, yesto independientemente de la forma o de las técnicas que adopte esta correspondencia.Las técnicas de legitimación reflejan, en un segundo momento, el proceso histórico deestablecimiento de las finalidades y los valores fundamentales en torno a los cuales se produce el consenso general, tácito o explícito. Es este nivel del análisis de lalegitimidad lo que nos permite distinguir entre un Estado democrático, por ejemplo, yuno despótico.Esos son los tres elementos inseparables de los que debe dotarse todoEstado, a saber: la organización, el programa político y el sistema de legitimación.Pero mientras que la organización material-o el Estado como técnica de poder- pertenece, en su historicidad, a la evolución de la civilización universal y, por lo tanto,es tomada como tal en todas las sociedades civilizadas, el proyecto político estádeterminado por las fuerzas constituidas en el seno de la sociedad, que se reflejan, enuno u otro sentido, en el seno del Estado. El Estado como política es, por eso, el reflejode los movimientos sociales, de los equilibrios de fuerzas y de las coaliciones deintereses. Y, conforme estos movimientos representen más o menos los intereses delconjunto de la sociedad (como en el período de la lucha anticolonial) o los de la élites(radicales o conservadoras), cambiarán continuamente de contenido las estrategias y elsentido de la acción del Estado con relación a la sociedad.En cuanto a la cristalización de las fuerzas históricas fundadoras del Estado -hoy,las naciones-, ésta tiene sus raíces profundas en las transformaciones efectivas de las2
 
aspiraciones de las sociedades humanas. Estas son, en efecto, el factor menosdeterminado y más cambiante y contradictorio, que ni las fuerzas políticas ni el Estadotécnico pueden controlar. Esta realidad empírica-y, por lo tanto, opaca-, que ni siquieraes, en sí misma, política, es, sin embargo, la raíz profunda de toda política. En cambio,el sistema de legitimación es un hecho histórico, que no se deriva ni del modelo delEstado ni del modelo de las aspiraciones colectivas, sino que se crea y elabora a lo largodel tiempo, a medida que la conciencia del Estado y sus propias aspiraciones seidentifican con las de la sociedad. La legitimidad no se encarga, no se inventa, aparece ono, según la evolución de la política en el seno de las sociedades y de los Estados,envueltos conjuntamente en un único y mismo proceso de civilización y modernización.El Estado político-o su proyecto de sociedad-depende tanto de la evolución de lasestructuras de producción y consumo, de las ideologías y de las tradiciones deorganización políticas y sociales, del principio ético, como de su capacidad efectiva derealización.Sencillamente, esto quiere decir que la constitución de las fuerzas sociales no esobra del Estado. Este llega, o no, a controlarlas con sus propias estrategias, y en funciónde su evolución técnica y ética. En el caso en que no lo consiga, el Estado sigue siendotributario de las solidaridades y "políticas" establecidas fuera de él y nunca llega aconvertirse en el centro de una adhesión general o de una solidaridad nacional. Laabsorción de las solidaridades periféricas y parciales depende, pues, directamente, de lacapacidad del Estado político para presentar y realizar un proyecto nacional que beneficie al conjunto de la sociedad. Por lo demás, la adquisición de la legitimidad por  parte del Estado (forma universal) -vista como el resultado de su familiarización con lacomunidad (particularidad histórica)-tiene, a estas alturas, mucho que ver con laseriedad, la moral y la actuación de las élites y dirigentes históricos. A la luz de esteesquema examinaremos el carácter de lo que denominamos Estado árabecontemporáneo, su acción y sus fuerzas inspiradoras, para saber si se trata, comotendemos a pensar, de un Estado tradicional, sultánico y religioso, o más bien de unorganismo histórico nuevo: en su estructura interna, sus métodos de acción, su programasocial, sus finalidades y su ética general.Si, en este ensayo, hemos privilegiado el análisis del Estado es porque ésteaparece, a la vez, como el fin y como el instrumento de ese difícil proceso deconstrucción nacional. Pero el Estado es considerado aquí, antes que como un simpleaparato, más bien como la materialización de principios éticos y sociales en función delos cuales se organiza la sociedad. Constituye el nudo y el cerebro que combinamúltiples redes de solidaridad, de afinidad, de parentesco y de relaciones deintercambio, que constituyen la sociedad como unidad y organización.Desde este puntode vista se ha hecho hincapié no en las estructuras, sino en el movimiento, el devenir ylos cambios: allí donde actúa y razona el Estado, se civilizan las sociedades, se deshaceny hacen las historias de los pueblos, se buscan las naciones, se organizan los sistemasgeoestratégicos y se construyen los aparatos y fuerzas políticas.Pensamos, en efecto, que es difícil, tal como están las cosas, comprender elcarácter del Estado en los países del Tercer Mundo, es decir, su sentido y su papel, almargen de las profundas transformaciones que, desde hace un par de decenios,experimenta el sistema internacional. Nos parece que el concepto de devenir, más que elde estructura, es el que mejor corresponde a la actual situación del mundo árabe, en perpetua agitación. Es, en nuestra opinión, el único concepto operativo en el planometodológico, en cuanto hace más transparentes las múltiples rupturas, morales ymateriales, que vive la sociedad árabe-y, en primer lugar, la fractura, que no deja deahondarse, entre el Estado y la sociedad-, así como las distorsiones que atraviesan, por 3
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...