• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
Download
 
Ziegler, Jean,
 La victoria de los vencidos
. Ediciones B, Barcelona, 1988.2. REVOLUCIÓN EN ETIOPÍA
 Las piernas cortadas de los rais
País de tierras altas, Etiopía está formado por dos mesetas que se hallan a más de 4.000metros en las montañas del Simién; pero la mayor parte del territorio, las zonasintensamente pobladas, se sitúa entre los 2.000 y los 2.500 metros. Profundas fracturasatraviesan las llanuras: saliendo de Addis-Abeba hacia el sur, la carretera, después deDébréZeit, baja en vertiginosas curvas por un acantilado de casi 1.000 metros hastallegar a una verde llanura llena de pájaros, la Rift Valley. Los valles estrechos y lasgargantas cortan estas mesetas. El valle del Rift constituye una auténtica fosa tectónica.Abundan los lagos pletóricos de flamencos rosas y rodeados de alfombras de floresamarillas en primavera. Este valle separa ambas mesetas. Al pie de las mesetas seextienden vastas llanuras fértiles, poco habitadas, adonde emigran con sus camellos ysus rebaños de cebúes los pueblos nómadas. Las mesetas son planas sóloaparentemente: se rompen de pronto, tienen fracturas en el recodo de una pista que de pronto choca con un acantilado y se zambulle luego en una garganta como la formada por el Nilo Azul, que se ha hecho célebre.Etiopía es dos veces más grande que Francia, pero sólo dispone de unos 2.000kilómetros de carreteras (que, además, son difícilmente practicables en la estación de laslluvias). Existen dos líneas de ferrocarril: la que va de Massawa a Bisha y otra másestratégica que une Djibouti, capital del antiguo territorio francés de los Afars e Issas(TFAI), con las mesetas de Shoa y Addis-Abeba.El clima padece los mismos contrastes. Las tierras bajas son cálidas y relativamentesecas. Las mesetas, en cambio, conocen -en tiempo normal- el régimen bianual delluvias y temperaturas relativamente suaves.El 85 % de un total de 46 millones de etíopes vive en las mesetas, que cubren sólo el 44% del territorio nacional. La población está dispersa. Es necesario haber visto estoscultivos en pendiente, esas pequeñas granjas agarradas a las laderas de las montañas, las pequeñas terrazas formadas por la mano del hombre, donde crece el teff, para apreciar elvalor, la obstinación y el trabajo de los campesinos. Siento una profunda admiración por esos campesinos y esos pastores: el 90 % de la producción agrícola (y de la industria no pesada) proviene de las mesetas; 70 millones de cabezas de ganado y una cabaña que vadel cebú a la cabra, cuidados con una habilidad milenaria, se crían allí. En 1987, sólo 5de los 46 millones de etíopes viven en ciudades.Con China y Egipto, Etiopía es uno de los países más antiguos del mundo: en el primer milenio antes de Cristo, inmigrados procedentes de la Arabia meridional atraviesan elmar Rojo y se instalan gradualmente en las tierras costeras primero y en la altiplaniciedel Norte después. Su encuentro con los pueblos autóctonos da origen a una poderosacivilización organizada en torno a una lengua y una escritura que todavía hoysobreviven en los ritos y los documentos de la Iglesia, el geez. El reino de Aksum,nacido en los primeros tiempos del cristianismo, rivaliza con el Imperio romano yPersia. Introducido por los monjes de Alejandría, que erigen los primeros conventos, elcristianismo monofisita se convierte en religión de Estado en el siglo iv.En Lalibela se erigen suntuosas iglesias talladas en la roca. En pleno lago Tana, en la1
 
 provincia de Gondar, donde nace el Nilo Azul, un antiguo monasterio alberga el arca dela Alianza concedida por Dios a Moisés y transportada allí desde Palestina. Los príncipes-abades de los conventos de Debré Libanos, Debré Tabor, Wollo, Aksum y lasmontañas de Siniem, son señores soberanos en el interior de sus fortalezas. Tras susmuros se amontonan, bajo los esculpidos artesonados, tesoros maravillosos: bibliotecasenteras integradas por obras en arameo, hebreo, griego, sirio, geez; cuadros, iconos,vestidos de ceremonia y objetos de culto adornados con diamantes, oro y plata, todo ellode un valor inapreciable.A partir del siglo x el estado etíope se extiende gradualmente hacia el sur y el oeste. Suexpansión está unida a la del cristianismo, los conventos y la difusión de la escritura y lalengua ge'ez. La Iglesia copta de Egipto es la aliada más fiel de los emperadores deEtiopía. (En 1956, el emperador romperá con Alejandría y obtendrá el derecho anombrar directamente al Abuna o patriarca de la Iglesia abisinia.(1)). La bandera delIslam se levanta por el este en 1531. El imán Gragne conquista las tierras del Harrar ysus guerreros, procedentes del actual Yemen del Sur, penetran profundamente en tierracristiana. Hoy, aproximadamente el 60 % de la población total de Etiopía es musulmana.Extraordinaria permanencia del Estado: las actuales fronteras nacionales son elresultado de las últimas conquistas, a finales del siglo xix, realizadas por el emperador Menelik. Aconsejado por el ingeniero suizo Alfred Ilg, Menelik es también undiplomático admirable: firma tratados con todas las grandes potencias de la época, yespecialmente con Francia, Italia y Gran Bretaña. La estructura interna del Estadoexplica su permanencia y su fuerza: todas las dinastías que se suceden a lo largo de lossiglos han surgido de las altiplanicies, de la etnia amhara o tigriña esencialmente.A lo largo de los siglos, estos emperadores sometieron aproximadamente a 80 pueblosextranjeros: lós oromos, afars, somalíes de Ogaden, etc. Les designaban con la palabrashanqallas, que quiere decir "negros". Un violento racismo presidió esta integracióngradual de distintas etnias: los señores feudales amharas y tigriños despreciaban profundamente a sus súbditos. Pero en su estrategia de sumisión dieron pruebas deexcepcional inteligencia política: tras cada nueva conquista, dejaban intacta laestructura, también feudal, del pueblo conquistado. Los hijos, hermanos, etc. de losseñores vencidos eran llevados como rehenes a la corte imperial, educados, asimilados ya menudo integrados en las fuerzas armadas. Servían luego para reprimir en nombre del poder central a su propio pueblo de origen.Algunos reyes periféricos continuaban ejerciendo sus poderes regionales y locales. Elemperador amhara o tigriño, por su parte, llevaba el título de "rey de reyes". En 1962, elemperador Haile Selassie invadió la antigua colonia italiana de Eritrea, situada al nortede Etiopía.El Estado etíope no había sido colonizado prácticamente nunca: había resistidovictoriosamente las tentativas de invasión de los derviches sudaneses en el oeste, de lastropas anglo-egipcias en el noroeste, y de los cuerpos expedicionarios otomanos quedesembarcaron en la península de Massawa, en el mar Rojo. En 1896, los guerreros deMenelik, armados de azagayas, fusiles y granadas artesanales, destruyeron la artillería,los camiones blindados y las ametralladoras del ejército italiano en las gargantas deAdua. Sólo en 1936 los aviones bombarderos y los gases mortales de Mussolini prevalecieron sobre el valor y la decisión etíopes; pero la ocupación fascista sólo durócuatro años, y los gobernadores, guarniciones y colonos italianos no tuvieron tiempo deinstalarse realmente en las mesetas. Se vieron acosados, diezmados y masacrados por la2
 
guerrilla campesina y, finalmente, expulsados por Windgate, general inglés puesto a lacabeza de las tropas de las selvas del Sudán.Los emperadores etíopes dirigían un estado fuertemente centralizado que disponía deuna clase feudal cultivada, homogénea y de un poder militar móvil. Practicaba frente alos pueblos sometidos (y frente a sus propios campesinos) una violenta política deexplotación. Los rais (príncipes), señores y abades amharas tomaban de la cosecha delos campesinos, según las regiones, hasta dos tercios del grano para su consumo y uso personales (2). Estos exorbitantes tributos creaban en todo el país una miseria abisal, pero proporcionaban a las clases feudales la base material para el desarrollo de unacultura pictórica, arquitectónica y literaria admirable. El aparato ideológico de la Iglesiacopta (que también era gran propietaria feudal) desempeñaba en la construcción, la permanencia y la violencia del Estado un papel determinante: proporcionaba al poder estatal sus mitos de legitimación, y a las multitudes famélicas de los campesinos unconsuelo y una "explicación" hipotéticos para sus desgracias.Conservo de la Etiopía feudal recuerdos precisos (3):La lluvia cae sobre Addis-Abeba. "Torrentes de agua" tras tres años de mortal sequía...¡y ahora el diluvio! La capital etíope, con un millón de habitantes, está construida en elcráter de un volcán extinguido. Manantiales de agua caliente brotan aquí y allá, en plenocentro de la ciudad. Son recogidos por conducciones que desembocan en un complejo balneario público. Dejando aparte los comerciantes del mercato (un inmenso mercadoerigido sobre la colina, que ha conservado su nombre italiano), los oficiales superiores ylos funcionarios diplomáticos extranjeros, los habitantes de Addis-Abeba van pobremente vestidos, calzados con sandalias muy gastadas o descalzos. Muchos llevanharapos. Subalimentados, inválidos, ciegos, algunos ancianos se arrastran, apoyándoseen su bastón. ¡El paso de un autobús público parece un milagro! El traqueteantevehículo es inmediatamente asaltado por la muchedumbre, que con frecuencia hacehoras que espera bajo la lluvia.En la cresta de las montañas que rodean el cráter a más de 3.000 metros de altitudcrecen los eucaliptos. Fueron importados de Australia por el emperador Menelik.Durante la estación de las lluvias, esta región de las mesetas del centro es de una bellezainaudita: las pesadas nubes corren por encima de las colinas, contrastando con el color vivo de las flores, y con la tierra ocre y crasa, de la que asciende un ligero vapor. El aireestá cargado de los más diversos olores. En cuanto el trueno comienza a rugir y losrelámpagos cruzan el cielo, anunciando una nueva tromba de agua, los viandantes serefugian precipitadamente, riendo, en improvisados abrigos, por lo general una de lasinnumerables quincallerías-burdeles que flanquean las calles.Las numerosas iglesias de la capital están edificadas en su mayor parte en medio de parques suntuosos. Desde la verja de entrada hasta la monumental escalinata y el portaldel santuario, hileras de mendigos se prolongan a ambos lados de las avenidas.Recuerdo niños con piernas de cerilla y mirada febril. Mujeres... altas, delgadas,hermosas, de ojos graves. Ancianos de cuarenta años tendidos en el barro, con sus viejosharapos púdicamente colocados sobre el rostro. Hacia las siete de la tarde el día declina;lentamente se instala el crepúsculo proveniente de la montaña. En el parque de lacatedral Saint-Georges resuena una campana. La muchedumbre de los mendigos seagita, ondula como el agua tranquila bruscamente removida por el viento. Los mendigos3
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...