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Dinner, Dan,
 Israel: el problema del Estado nacional y el conflicto del Oriente Próximo.
En Benz y Graml (comp.) Problemas mundiales entre los dos bloques de poder. Siglo XXI,Madrid, 1990.El Estado de israel se proclamóel 15 de mayo de 1948. En esta fecha se suele situar elcomienzo del conflicto del Oriente Próximo. También es habitual que la opinión públicahable de una lucha que dura ya más de treinta años y pretenda entender los acontecimientosdel Próximo Oriente por la cronología de las guerras entre los Estados árabes e Israel de1948/49, 1956, 1967 y 1973. Pero esta forma de valorar la cuestión, que parte del acto decreación del Estado de Israel, lleva a entender el conflicto-árabe-israelí como si se tratase deun conflicto entre Estados nacionales, entre adversarios iguales, el cual podría solucionarsemediante un compromiso territorial o incluso mediante el elemento remediador del tiempo.Esta esperanza, lo mismo que la analogía de la rivalidad entre Estados nacionales, ocultanecesariamente el
 
carácter especial de las disputas entre árabes y judíos en torno al antiguo protectorado británico de Palestina, disputas que datan de antes de la creación del Estado judío en mayo de 1948. Este hecho no supuso realmente más que un cambio de forma en unconflicto cuyas condiciones se fijaron ya antes de la fundación del Estado y cuyasrepercusiones se dejarán
 
sentir más allá del presente.
1.CONDICIONES DE LA CREACIÓN ESTADO NACIONAL JUDIO ENPALESTINA
El conflicto de Palestina empezó hace más de ochenta años, cuando se planteó lareivindicación sionista, es decir, nacional judía, de Palestina y se emprendió una colonizaciónorganizada del país por inmigrantes judíos. Los sionistas pretendían crear allí un Estado que«debe ser tan judío como Inglaterra es inglesa», según palabras del después presidente deIsrael y antes presidente durante muchos años de la Organización Sionista Mundial, ChaimWeitzmann.Sin detenemos en la legitimidad de semejante pretensión, motivada entonces por ladiscriminación, represión y persecución de los judíos en Europa oriental, sobre todo en la fasefinal del siglo xix, parece conveniente, a fin de comprender mejor el conflicto del PróximoOriente, ocuparse de las especiales condiciones y consecuencias de la creación de semejanteEstado nacional en Palestina. El propósito de crear tal Estado era ya peculiar, porque la población judía que debía alcanzar su independencia nacional en él no se hallaba en el lugar de la pretendida fundación estatal. Más aún: el país Palestina en donde debía erigirse lasoberanía nacional judía estaba ya habitado. Habitado por hombres de otra lengua, otracultura y otra filiación religiosa, atributos que no podían responder y se contraponían a lanacionalidad judía que se pretendía establecer en el país. Por consiguiente, los árabes quevivían en Palestina iban a constituir desde un principio un obstáculo a la pretensión sionistade crear un Estado judío en virtud de su mera presencia física en el lugar.El proyecto sionista de establecer la soberanía judía en Palestina cambió también larelación de los judíos asentados ya allí con respecto a los árabes mayoritarios. Laconsecuencia de la pretensión de crear en este país un Estado nacional judío sería que la población árabe existente quedaría en minoría. Ninguno de los grupos establecidos en el1
 
lugar, y mucho menos una mayoría arraigada desde hacia muchos siglos en el país, como la población árabe de Palestina, podía someterse voluntariamente a semejante proyecto. Ymenos aun cuando, como en Palestina, la población inmigrante tenía que apropiarse, como premisa de la creación de una mayoría, de las condiciones materiales para la fundación delEstado
 
nacional judío. Se trataba, sobre todo, del suelo, del territorio en el que se levantaría elEstado nacional. Para consagrar este suelo como posterior territorio israelí, había queocuparlo inmediatamente con judíos. Pues sólo la colonización con hombres del gruponacional garantizaba que el suelo de Palestina pudiera transformarse en un territorio israelíhabitado por personas de nacionalidad judía. Si no se lograra, la nacionalidad judía podríaentonces tener el poder estatal en sus manos, pero este poder se vería en entredicho una y otravez al seguir aferradas al suelo las personas de nacionalidad árabe y negar con su mera presencia el pretendido carácter judío del Estado.La compra y colonización del suelo eran, pues, desde un principio, las condiciones parala creación de un Estado nacional judío en Palestina. Pero de este modo se determinaba ya laforma en iba a transcurrir el conflicto había que vincular al suelo colonos judíos en vez de la población campesina árabe, los fellagas, y, al mismo tiempo, había que impedir que ese suelo pudiera ser comprado de nuevo por los árabes. Esto se consiguió, sobre todo haciendo que laorganización sionista para la compra de tierras, el Keren Kayemeth Leisrael (KKL) , prohibiera expresamente
 
a los judíos enajenar el suelo adquirido. Desde el momento de suadquisición sería propiedad nacional. Esta reglamentación, que todavía mantiene su validez jurídica en el actual Estado de Israel, no debe confundirse con una medida de socializaciónencaminada a estatalizar la tierra. Se trata más bien de una nacionalización en el sentidooriginario de la palabra, en tanto en cuanto que estas tierras sólo pueden ser reclamadas ycolonizadas por un grupo nacional de la población, el judío. El agrónomo y sociólogoAbraham Granovsky (Granott), corresponsable de la política de asentamientos en la primerafase de la colonización, puso de manifiesto que la propiedad privada de la tierra implicaba, por tanto, «grandes peligros pata toda la colonización, desde el
 punto de vista nacional,
 puesto que Israel no tiene ninguna seguridad de que el suelo permanezca en manos judías yno se vuelva a vender a no judíos... Eso queda excluido de una colonización en suelonacional»’. Pero, para los árabes, estas normas de nacionalización tienen carácter deexclusión, pues «en este proceso no puede reconocer la socialización el grupo étnico que no pertenece a la
 societas»
. Estas normas equivalen, tanto en el pasado como en el presente, amedios para transformar en territorio judío las tierras de los árabes palestinos primerocompradas, luego conquistadas en la «guerra de independencia» de 1948/49 y más tardeconfiscadas por el Estado de Israel. De las manifestaciones del destacado sionista y antiguodirector del fondo de tierras, el KKL,Menájen Usshiskin, se deduce que también las tierrascompradas en la época del mandato británico, esto es, antes de 1947, por las institucionessionistas en Palestina se consideraban únicamente como un medio para la creación de unEstado nacional judío. En su opinión, hay tres posibilidades de adquirir tierras: «Por la fuerza,esto es, por la conquista bélica, o dicho en otros términos, robándoselas a sus propietarios; por compra forzosa, es decir, por incautación de la propiedad del suelo recurriendo a la fuerzadel Estado; y, finalmente, por compra con
el
consentimiento del propietario. ¿Cuál de estas posibilidades está a nuestro alcance? E1 primer camino no es viable, carecemos de poder suficiente para ello. Esto significa que debemos tomar el segundo y el tercer camino» Y Antesde la fundación del Estado de Israel, hasta el año 1947, la organización sionista habíaadquirido solamente 1 734 000
dunam,
o el 6,6 por ciento del suelo palestino’.Todavía hoy siguen vigentes en el Estado de Israel leyes que prohíben la enajenación,transferencia o labranza por no judíos de las tierras que jurídicamente pertenecen al KKL oson «tierras estatales». Además de los estatutos del Fondo Nacional, existe una «Ley2
 
constitucional sobre la propiedad del suelo», una «Ley sobre la propiedad del suelo en Israel»y una «Ley de administración territorial de Israel» del 19 y 15 de julio de 1960,respectivamente. Estas leyes se aplican a casi el 92 por ciento de la superficie del país, esdecir 18 000 km2 de los 20 255 según las fronteras anteriores a la guerra de junio de 1967’.Para que un grupo de la población, definido como predominante, conserve la propiedaddel suelo no bastaba, sin embargo, con la prohibición meramente formal de transferirla. Paraque el suelo palestino se convirtiera en territorio nacional judío hubo que tomar otrasmedidas. Hubo que establecer sobre todo una vinculación real entre los colonos judíos y latierra. El pionero teórico de la apropiación sionista del suelo, el sociólogo y economista FranzOppenheimer, propuso garantizar la «colonización con campesinos que trabajasen ellosmismos la tierra y el derecho estatal de propiedad»~. En sus memorias escribe lo siguiente:«Theodor Herzl y el congreso sionista de Basilea decidieron, a instigación mía, conquistar Tierra Santa con la única arma con que puede ganarse realmente una nación: el arado»’. Esteera, pues, el profundo sentido político del trabajo agrícola: era sobre todo un medio políticode adquirir tierras. Pues una actividad agraria que atara a los hombres a la tierraasegurándoles el sustento constituiría un verdadero lazo en contraste con la reclamación puramente formal. Otro responsable de la ocupación de tierras en Palestina, Adolf Bühan,saca del principio de la colonización agraria una conclusión que ha sido hasta hoy el hiloconductor de la política sionista del suelo en Israel y en las zonas ocupadas en 1967: «En todala historia se pone de manifiesto que sólo el pueblo que la cultiva realmente es el que posee permanentemente la tierra y el que determina su carácter. No es el propietario de la tierra elque la nacionaliza, sino el que la trabaja»
“.
Por eso, «la gran obra nacional-. sólo podrálograrse cuando los judíos estén efectivamente arraigados en el suelo»Pero la prohibición de vender y el cultivo de la tierra tampoco bastaban para nacionalizar el suelo con vistas a la creación de un Estado judío mientras siguiera allí instalada una población árabe considerable. El incentivo económico del beneficio y la rentabilidad de la producción mueve cada vez más a emplear una fuerza de trabajo barata. Esta la constituía yconstituye en Palestina o en Israel el trabajo asalariado árabe. La consecuencia de unaexplotación orientada abiertamente al beneficio habría sido que los árabes privados de sustierras por la ocupación judía habrían vuelto como jornaleros y deshecho así la pretendidaestructura homogénea de la población judía en la correspondiente zona de colonización. Por eso, tal como dispusieron los planificadores del asentamiento, «el primer mandamiento de lacolonización agraria tenía que ser la exclusión del trabajo asalariado, puesto que el judío sólo puede enraizarse en la tierra trabajándola con sus propias manos»”.Por tanto, a fin de evitar que las consecuencias del trabajo asalariado en la agricultura
 ,
que haría volver a los árabes al terruño, tuviesen efectos negativos en el proceso de creacióndel Estado nacional, el departamento de colonización de la organización sionista determinóque se prohibiera por principio el
 
trabajo asalariado en las tierras del KKL
.
Más tarde, en elEstado de Israel, esta condición para el cultivo de las tierras del KKL
 
y del denominado sueloestatal se convirtió en una norma casi constitucional, aunque esta norma se rompe una y otravez por la presión económica en orden a la obtención de beneficios.En la primera fase preestatal de la colonización los colonos sionistas tuvieron querecurrir al trabajo personal que les permitía organizarse de la manera más eficaz en formascolectivas. Los
kibbutzim
y los
moshavim,
que trabajan en forma colectiva, renunciando a la propiedad privada o a la plena disposición de sus tierras, tienen un gran sentido político de posesión de la tierra prescindiendo incluso
 
de las ideas socialistas de algunos de susmiembros, y tanto en el pasado como en el presente se han visto estimulados mediante3
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