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Año 1 / No. 6 / Junio 09
Sociedad y análisis
www.grupoconvergencia.org
 ¿Afirmación de lo oriundo o el rechazo deliberadoa lo Occidental? 
(Foto de Rogèrio Reis
)
 
Sociedad y análisis
Concepciones de bienestar
as concepciones de bienestar óptimo se conciben como el resultado de un estado de equili-brio entre los agentes de una sociedad. De ese modo, son los principales ámbitos del que-hacer general en los que se llega a un consenso sobre estos mecanismos de regulación social.El problema radica en comprender si, en efecto, dicho consenso es tal (es decir, implícito, espontá-neo y legítimo) o si está motivado por fuerzas extrínsecas que imponen su permanencia como ele-mento hegemónico. Ello es fuente permanente de debate.La tendencia es clara. Sobre todo desde que elmundo abandonó aquel estado de bipolaridad quemantenía en constante tensión a las potenciaseconómicas y militares entendiéndolas como dosbandos opuestos, dos identidades y visiones de desa-rrollo enfrentadas. Luego de la disolución de laUnión Soviética (producto de sus propias contradic-ciones, y no como consecuencia de una avanzadanorteamericana), ha sido el capitalismo y sus distintas(mas no ajenas) variantes el modelo imperante duran-te los últimos tres lustros.El proceso de occidentalización del que somosparte en estos días ha sido acelerado por el progresotecnológico de las telecomunicaciones, el cual ha rotocon cualquier concepción clásica del tiempo y el es-pacio. Son las comunidades virtuales las que acentúan el vigente fenómeno de globalización (o, entérminos de los marxistas europeos, mundialización) que, finalmente, termina siendo uno de losmóviles protagonistas de la hegemonía del modelo de bienestar que se ha consensuado como el máspróximo al ideal. Desde luego, en el presente análisis estamos dejando de lado, deliberadamente, elpapel asumido por el capital trasnacional y el poder financiero internacional.
 
Sin embargo, no todos los pueblos son parte del proceso mencionado en el párrafo anterior.¿Esto es malo? ¿Una aberración? ¿Aferrarse al subdesarrollo? No. A juicio del autor, no es sino laexistencia de uno o varios puntos de vista diferentes. De concepciones de bienestar
 particulares 
y, porlo tanto, no hegemónicos. Cabe señalar que la mayoría de estas no basan su crecimiento en la acu-mulación de capital ni en la economía de mercado. Muchos de ellos más bien ponderan con mayorénfasis sus relaciones con la naturaleza y refuerzan la compresión de esta como el soporte de la vidahumana. La evidencia empírica corrobora que, si bien margina
les, estas concepciones “alternativas”
(qué relativo puede ser ello) han propiciado episodios de violencia e incomprensión, pero no poriniciativa propia, sino en respuesta a ataques por la prepotencia del modelo imperante.Más allá de decretos legislativos, ministros y noticieros, debemos entender el trasfondo de lareciente crisis en Bagua: la contraposición de diferentes
concepciones de bienestar 
.Rodrigo VelitEconomía
 – 
Universidad del PacíficoGrupo Convergencia
L
contenido
contenido
Sociedad y análisis
Boletín virtual delGrupo Convergencia
 
Editor
Rodrigo Velit, UP
Equipo de redacción
Alexander Acuña, UNIFabricio Chala, UPRemigio Chujutalli, UNFVGraciela Hijar, PUCPLaura Lozada, UPLuis Alberto Ponce, UPJair Rolleri, UNMSMLucía Valencia-Dongo, UPÁngel Yaulilahua, UNIHongrui Zhang, UP 
Lee y descargael boletín virtual en:
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*Las opiniones vertidas en elboletín son de responsabilidadexclusiva de sus autores y nocomprometen institucionalmenteal Grupo Convergencia.
Nota del editor
Concepciones debienestar
 
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2
 
3
 
4
 
Que la muerte no vuelva a triunfar
 
Cuando la prepo-tencia se torna en política de Estado
 
Lineamientos de laNueva Estrategiade Desarrollo de AL
 
100 por ciento pluma universitaria 
 
 
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Año 1 / No. 6 / Junio 09
Sociedad y análisis
www.grupoconvergencia.org
Que la muerte no vuelva a triunfar
as culturas han de aprender a con- vivir respetándose, dialogando,
asimilando lo “bueno” y cond
e-nando l
o “malo”. Mucho tienen que ens
e-ñarnos culturas que consideramos primiti- vas y por las que sentimos más compasiónque respeto o admiración. Hay que cele-brar la diversidad, pero no como un ejerci-cio meramente retórico. No sirve pues,
decir que son “nuestros hermanos” cua
n-do inconsultamente se pretende imponerel modelo de desarrollo que desde la visiónpresidencial requieren las comunidadesselváticas. Mucho menos ayuda descalificaral otro porque sus ideas también son otras,
llamándole “antisistema”, “perro d
el horte-
lano”, “bárbaro”, “ignorante”, “manipul
a-
do”, “antiperuano”.
 
 Nadie en su sano juicio podía aceptar el derra- mamiento de más sangre.
 El movimiento indígena amazóniconi es improvisado ni ha sido organizadocomo parte de un complot contra la de-mocracia. Tiene décadas de articulación, y pese a la dispersión de las comunidadesnativas en la vastedad de la Selva, ha con-seguido hacerse representativo, y en sulucha la principal reivindicación que recla-ma es respeto, respeto a su tierra y a sustradiciones. Electoralmente no es un grupopoblacional que atraiga mucho, de ahí queno tenga representación en un Congresoindolente y en gran medida responsable delsangriento desenlace del peor conflictosocial de los últimos tiempos; sin alguienque hable por ello
s en el “primer poder delEstado”, estos pueblos han formado n
u-merosas federaciones para tener voz. Ante la desconexión de los partidospolíticos con las necesidades y demandasde los ciudadanos selváticos (porque esointentan ser, ciudadanos), ONGs y la Igle-sia Católica ayudaron a canalizar el descon-tento y advirtieron de los riesgos de man-tener un talante autoritario y una vocaciónintransigente. Obviamente no somos taningenuos como para no advertir que enmedio de la protesta algunos radicales seauparon al movimiento aprovechándosedel gran interés y solidaridad que estedespertó dentro y fuera del país, pero deahí a que hayan tenido una participaciónimportante en su gestación hay un enormetrecho. Por otra parte, es irresponsable queel Gobierno se aventure a denunciar inje-rencia extranjera sin tener prueba algunapara demostrarla; imprudencias de ese tiposólo contribuyen a socavar nuestras yadeterioradas relaciones con países con losque se debería buscar unidad y comple-mentariedad, dejando al margen diferen-cias de orden ideológico, como nos enseña
Brasil. Y hablar de una nueva “GuerraFría” es ya un absurdo colosal.
 En esta coyuntura, hay quieneshablan, incluso desde sectores liberales, delfracaso de la segunda oportunidad deGarcía. Hoy, con una aprobación dismi-nuida, su principal bastión es el conserva-durismo rancio y racista, aquel que ha
pedido “n
a
palm para los chunchos”, aquel
que aunque adopta posiciones liberales eneconomía, reniega cuando las minoríasejercen sus derechos civiles y políticos. Y aun en el APRA hay decepcionados pordoquier, pues el pan no viene con libertad,más bien intenta convidarse, como en laSelva, con prepotencia y represión; laorientación antiimperialista ha desapareci-do; los faenones delatan corrupción; y lapunta de la estrella que señalaba hacia launidad política latinoamericana, tambiénha sido cercenada.
“…el pan no viene con libertad,
más bien intenta convidarse, comoen la Selva, con prepotencia y repre- 
sión” 
 
Sería injusto dejar de reconocer laplausible preocupación del mandatario pormantener el crecimiento económico delpaís, que tanta prosperidad ha traído desdela década pasada. Pero ha faltado voluntadpara llevar desarrollo a zonas deprimidas y sin presencia del Estado, ha faltado volun-tad para dotar de salud básica y de unaeducación de calidad a los más pobres, hafaltado voluntad para entender las diferen-tes concepciones de bienestar que alberganuestra patria, pues como nos recuerda
Gonzalo Gamio: “hay quienes no conc
i-ben la relación con su entorno como me-
ramente utilitaria”, “…no existe una única
forma de llevar una vida plena y razona-
ble”
 Más muertes como las de Bagua nopueden ser admisibles, y debemos conde-nar sin ambages todas, llorar por todas, y sostener enfáticamente, con Pepi Patrón,
“que n
inguna tradición particular justificael asesinato de seres humanos desarma-
dos”. Conviene propiciar el diálogo m
e-diante el respeto y el abandono de posicio-nes paternalistas, no hay por qué creernosmejores, a nadie podemos obligar a asimi-lar nuestros valores, podemos compartirlossí, pero no imponerlos.
Hay que condenar sin ambages las muertes de 
civiles, nativos y policías…
y llorar por todas.
 Los luctuosos hechos de Bagua de-ben ser esclarecidos y es imperiosa la ela-boración de una estrategia de desarrollopara las comunidades nativas de la Selva,con participación de autoridades locales,regionales y nacionales, que armonice elaprovechamiento racional de los recursosnaturales y el bienestar de las poblaciones. Tantos desaciertos, insultos y muer-tes, han orientado nuestra solidaridad y mirada a la Selva, que aunque inmensa hasido tantas veces marginada. Ya no nosolvidemos de ella, que no retorne la indife-rencia y que la muerte no vuelva a triunfar.Remigio ChujutalliEconomía
 – 
Univ. Federico VillarrealGrupo Convergencia
L
Empezamos a opinar
 
 
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La crisis en Bagua: Cuando la prepotencia se torna en política de Estado
espués de un año de lucha, dosde los decretos legislativos lesi- vos para los intereses amazóni-cos (1064 y 1090) fueron derogados en elhemiciclo, lo que evidencia la incapacidaddel Ejecutivo para legislar a favor de laapertura comercial y, sobre todo, paracomprender que el interés nacional distamucho del afán cuasi feudal de algunasempresas internacionales.
 Alan García,
autor de “El síndrome del perro de 
horte 
lano” 
. 
“…e 
l Ejecutivo es incapaz de com-  prender que el interés nacional dista mucho del afán cuasi feudal de al-  gunas empresas interna 
cionales” 
 
Destrucción amazónica: política de Estado
 A fin de entender el proyecto de mu-tilación, exposición y subasta de los recur-sos naturales de la Amazonía; debe recor-
darse el artículo presidencial “El síndrome
del perro del hortelano: poner en valor los
recursos no utilizados”.
 En una abierta y desvergonzada cru-zada por la transnacionalización amazóni-ca, las ideas presidenciales expuestas en eseartículo fueron implementadas a través de varios decretos legislativos. Estas normas,en líneas generales, definían un marcojurídico para la implantación de una políti-ca que consistía en lotizar los terrenoscomunales, darlos en concesión al mejorpostor, explotarlos y convertir a los nativosen asalariados del capital extranjero. Todoello bajo el subterfugio de que son pobla-ciones sin condiciones vitales mínimascomo agua y luz, alimentación adecuada,trabajo, educación y el mal llamado desa-rrollo.Dicho en otras palabras, adaptar a lascomunidades nativas al modelo de vidaurbano. Sin embargo, este afán guberna-mental por compartir su estilo de vida acosta de la cosmovisión e identidadamazónicas, fue denegado por motivosmás racionales.
Inconstitucionalidad 
Lamentablemente para ciertos inter-eses, los decretos legislativos en cuestiónlitigan con diversas normativas nacionalese internacionales. Atentan contra la Constitución Polí-
tica, en tanto el Estado “promueve el uso
 sosteni
ble de los recursos naturales” (no la
depre
dación), “está obligado a promover laconservación de la diversidad biológica”
(no a la contaminación para explotación
energética), “promueve el desarrollo sost
e-nible de la Amazonía con una legislaciónade
cuada” (no entreguista), garantiza el
derecho a la propiedad y lo ejerce dentrodel bien común (no el bien de las transna-
cionales), “defiende los territorios inali
e-
nables” ( 
no los entrega en concesión),
“garantiza el derecho de propiedad com
u-nal sobre la
tierra” (no la fragmenta) y “reconoce la autonomía de las comunid
a-des nativas en la organización, trabajo y en
el uso de sus tierras” (no las arrastra a la
falsa modernidad).Por si fuera poco, los decretos noci- vos también contravienen otras normasinternas e incluso el convenio 169 de laOIT que reconoce el derecho de las co-munidades sobre las tierras que ocupan y son la fuente de su sostenimiento, y además obliga a los gobiernos a consultarcon los nativos sobre todas las medidasque los afecten.
La prepotencia y el mito de la interculturalidad 
Se dice hasta el hartazgo que somosun país pluricultural. Sin embargo, si bienes cierta la existencia de diversas culturasen nuestro territorio, también lo es queexisten abismos socioeconómicos que lasseparan.Lamentablemente, nuestro país ado-lece de una verdadera política inclusiva. Y lo más grave es que esta carencia no sedebe a la ausencia de normas, sino a ladesidia
 – 
léase alevosía
 – 
del gobierno. Esque, como decía Basadre,
es muy distinto el  país real al país legal 
.
 
“…si bien es cierta la existencia de 
diversas culturas en nuestro territo- rio, también lo es que existen abis- mos socioeconómicos que las sepa- 
ran” 
 
García y compañía admiten la exis-tencia de civilizaciones genuinas, son cons-cientes de la extrema pobreza en la quesubsisten; pero no reconocen las particula-ridades de esas etnias, solo pretendenadaptarlas al modelo de vida urbano parabeneficio propio y si han de negarse, reba-sando los límites de la racionalidad, estándispuestos a aplicarles con todo rigor lassanciones tipificadas en el Código Penal.Se les ha tildado de salvajes, traidoresa la patria, terroristas y hasta ciudadanos desegunda categoría. Se ha vilipendiado a susmáximos representantes. Se ha queridodesterrarlos, repartir a su Madre (la tierraque les da de comer) y sus recursos cualbotín de guerra y, por si fuera poco, redu-cirlos a una suerte de vasallaje moderno.
 Alberto Pizango, hoy asilado en Nicaragua, fue descalificado y denostado por el Gobierno.
 Nadie duda que sea un digno gestoindemnizar a las víctimas, derogar losdecretos y reconocer los errores cometi-dos, pero más digno aún es tomar en bra-zos la pesada cruz y 
renunciar.
No solo elPremier y su gabinete, sino (¿por qué no?)el mismísimo García. Es más honorableuna noble retirada que una permanenciaodiosa. Y no es una ideología decimonóni-ca, es una realidad. Jair RolleriComunicación Social
 – 
UniversidadNacional Mayor de San MarcosGrupo Convergencia 
D
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