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Año 1 / No. 6 / Junio 09
Sociedad y análisis
www.grupoconvergencia.org
Que la muerte no vuelva a triunfar
as culturas han de aprender a con- vivir respetándose, dialogando,
asimilando lo “bueno” y cond
e-nando l
o “malo”. Mucho tienen que ens
e-ñarnos culturas que consideramos primiti- vas y por las que sentimos más compasiónque respeto o admiración. Hay que cele-brar la diversidad, pero no como un ejerci-cio meramente retórico. No sirve pues,
decir que son “nuestros hermanos” cua
n-do inconsultamente se pretende imponerel modelo de desarrollo que desde la visiónpresidencial requieren las comunidadesselváticas. Mucho menos ayuda descalificaral otro porque sus ideas también son otras,
llamándole “antisistema”, “perro d
el horte-
lano”, “bárbaro”, “ignorante”, “manipul
a-
do”, “antiperuano”.
Nadie en su sano juicio podía aceptar el derra- mamiento de más sangre.
El movimiento indígena amazóniconi es improvisado ni ha sido organizadocomo parte de un complot contra la de-mocracia. Tiene décadas de articulación, y pese a la dispersión de las comunidadesnativas en la vastedad de la Selva, ha con-seguido hacerse representativo, y en sulucha la principal reivindicación que recla-ma es respeto, respeto a su tierra y a sustradiciones. Electoralmente no es un grupopoblacional que atraiga mucho, de ahí queno tenga representación en un Congresoindolente y en gran medida responsable delsangriento desenlace del peor conflictosocial de los últimos tiempos; sin alguienque hable por ello
s en el “primer poder delEstado”, estos pueblos han formado n
u-merosas federaciones para tener voz. Ante la desconexión de los partidospolíticos con las necesidades y demandasde los ciudadanos selváticos (porque esointentan ser, ciudadanos), ONGs y la Igle-sia Católica ayudaron a canalizar el descon-tento y advirtieron de los riesgos de man-tener un talante autoritario y una vocaciónintransigente. Obviamente no somos taningenuos como para no advertir que enmedio de la protesta algunos radicales seauparon al movimiento aprovechándosedel gran interés y solidaridad que estedespertó dentro y fuera del país, pero deahí a que hayan tenido una participaciónimportante en su gestación hay un enormetrecho. Por otra parte, es irresponsable queel Gobierno se aventure a denunciar inje-rencia extranjera sin tener prueba algunapara demostrarla; imprudencias de ese tiposólo contribuyen a socavar nuestras yadeterioradas relaciones con países con losque se debería buscar unidad y comple-mentariedad, dejando al margen diferen-cias de orden ideológico, como nos enseña
Brasil. Y hablar de una nueva “GuerraFría” es ya un absurdo colosal.
En esta coyuntura, hay quieneshablan, incluso desde sectores liberales, delfracaso de la segunda oportunidad deGarcía. Hoy, con una aprobación dismi-nuida, su principal bastión es el conserva-durismo rancio y racista, aquel que ha
pedido “n
a
palm para los chunchos”, aquel
que aunque adopta posiciones liberales eneconomía, reniega cuando las minoríasejercen sus derechos civiles y políticos. Y aun en el APRA hay decepcionados pordoquier, pues el pan no viene con libertad,más bien intenta convidarse, como en laSelva, con prepotencia y represión; laorientación antiimperialista ha desapareci-do; los faenones delatan corrupción; y lapunta de la estrella que señalaba hacia launidad política latinoamericana, tambiénha sido cercenada.
“…el pan no viene con libertad,
más bien intenta convidarse, comoen la Selva, con prepotencia y repre-
sión”
Sería injusto dejar de reconocer laplausible preocupación del mandatario pormantener el crecimiento económico delpaís, que tanta prosperidad ha traído desdela década pasada. Pero ha faltado voluntadpara llevar desarrollo a zonas deprimidas y sin presencia del Estado, ha faltado volun-tad para dotar de salud básica y de unaeducación de calidad a los más pobres, hafaltado voluntad para entender las diferen-tes concepciones de bienestar que alberganuestra patria, pues como nos recuerda
Gonzalo Gamio: “hay quienes no conc
i-ben la relación con su entorno como me-
ramente utilitaria”, “…no existe una única
forma de llevar una vida plena y razona-
ble”
Más muertes como las de Bagua nopueden ser admisibles, y debemos conde-nar sin ambages todas, llorar por todas, y sostener enfáticamente, con Pepi Patrón,
“que n
inguna tradición particular justificael asesinato de seres humanos desarma-
dos”. Conviene propiciar el diálogo m
e-diante el respeto y el abandono de posicio-nes paternalistas, no hay por qué creernosmejores, a nadie podemos obligar a asimi-lar nuestros valores, podemos compartirlossí, pero no imponerlos.
Hay que condenar sin ambages las muertes de
civiles, nativos y policías…
y llorar por todas.
Los luctuosos hechos de Bagua de-ben ser esclarecidos y es imperiosa la ela-boración de una estrategia de desarrollopara las comunidades nativas de la Selva,con participación de autoridades locales,regionales y nacionales, que armonice elaprovechamiento racional de los recursosnaturales y el bienestar de las poblaciones. Tantos desaciertos, insultos y muer-tes, han orientado nuestra solidaridad y mirada a la Selva, que aunque inmensa hasido tantas veces marginada. Ya no nosolvidemos de ella, que no retorne la indife-rencia y que la muerte no vuelva a triunfar.Remigio ChujutalliEconomía
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Univ. Federico VillarrealGrupo Convergencia
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