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Biopolítica y subjetivación: cómo hacer que el arte de la existencia ataque

Biopolítica y subjetivación: cómo hacer que el arte de la existencia ataque

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IV Jornadas Debates Actuales de la Teoría Política Contemporánea, Bs. As. 2013
Eje temático: Estética y Política
Martín Sebastián Fuentes,
IV Jornadas Debates Actuales de la Teoría Política Contemporánea, Bs. As. 2013
Eje temático: Estética y Política
Martín Sebastián Fuentes,

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IV Jornadas Debates Actuales de la Teoría Política Contemporánea, Bs. As. 2013Eje temático: Estética y Política
Biopolítica y subjetivación: cómo hacer que el arte de la existencia ataque 
Martín Sebastián Fuentes, Universidad Nacional del Sur 
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Introducción
El presente trabajo se aboca a una recuperación del análisis que Michel Foucault realiza delneoliberalismo con el fin de problematizar, entre los lineamientos centrales de
 Nacimiento de la biopolítica
yel posterior planteo de la existencia como una obra de arte, las tensiones políticas que salen al paso en torno alas posibilidades de resistencia. Para ello, se someterá a un análisis crítico la siguiente propuesta foucaultiana:experimentar nuevas formas de subjetividad como manera de resistir al poder gubernamental. Proposición queabunda en oscurantismos, ya que asumir a la subjetivación como experimento político constituye un posicionamiento que se debate constantemente entre la estética y la política en sentido estricto. O dicho deotra forma, entre el gobierno de sí y el gobierno de los otros.A este respecto es que, en las sucesivas páginas, se revisarán las posibilidades de la estética de laexistencia para resistir a la gubernamentalidad neoliberal sobre la base de un entendimiento de esta últimacomo una estetización de los riesgos empresariales. Siendo de este modo pertinente, volver a preguntar hastaqué punto y bajo qué condiciones pueden las prácticas de sí llegar a integrar una resistencia significativa.
La multiplicación biopolítica de la forma empresa
Cuando se habla de biopolítica, se piensa de modo inevitable en un punto de paso obligado a lahora de abordar la novela eterna del Estado y el mercado. Es así que su acostumbrada recurrencia eimportancia encuentra siempre nuevas páginas y conferencias para hacerse a lugar. Y la razón de ello essencilla: los nexos entre vida y política se han emplazado en el horizonte gubernamental del occidentecontemporáneo, no solo como su malla de contención sino también como la clave que anima sus más variadasformas de gobierno. Sin embargo, de todas ellas, son específicamente dos las que Michel Foucault elige paracontar los avatares históricos de su formación: el liberalismo del siglo XVIII y los neoliberalismos de lacenturia pasada.Lo que un gesto como este pone sobre la mesa en la segunda mitad de la década del setenta, no es para nada menor ni casual. Lejos de constituir un acto premonitorio, tanto
Seguridad, territorio, población
 como
 Nacimiento de la biopolítica
, fueron cursos que, entre 1978 y 1979 respectivamente, prepararon unescenario filosófico-político desde el cual interpelar y discutir el rumbo mundial emergente: Thatcher en elReino Unido y Reagan en los Estados Unidos. En definitiva, neoconservadurismo neoliberal.
 
 2
Sin embargo, el análisis de la biopolítica a través del neoliberalismo, exhibe una pertinencia aúnmucho más específica a través de lo que ella tiene de propio: a saber, gobernar poblaciones para administrar lo que hay de biológico en ellas. Aunque no para su limitación negativa precisamente. Lección que losliberales clásicos supieron ejercer a ultranza, siempre desde la incitación del deseo y los intereses particularescomo vía para producir el beneficio del conjunto poblacional.Justamente, por esta razón es que esta afamada tesis liberal encarna, para Foucault, uno de losepisodios inaugurales de la historia de la biopolítica. Tramo histórico en el que se hizo a lugar el ejercicio deun poder que, sobre la clausura de su relación restrictiva con la vida y el deseo, supo estimular la instauraciónde un liberalismo del
laissez-faire
al tomar los procesos vitales de las poblaciones a su cargo (Foucault,2006:100).Es así que en este movimiento, el poder estatal desplazó su foco de aplicación desde el flujoeconómico de los intercambios hacia los procesos biológicos de los gobernados (Foucault, 1991:14). Todoello, nada más ni nada menos que para maximizar la producción de riquezas sin intervenir directamente sobrelos mercados
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. Con lo cual, los problemas de natalidad, mortalidad, higiene, trabajo y demás, pasan a integrar todo un conjunto de preocupaciones gubernamentales necesitadas de lo que ahora viene a darse, a la luz de lahistoria, como un gobierno de sociedad.En estos términos es que, de no atender a la positividad de sus gestos gubernamentales más propios,resultaría absurdo afirmar que el liberalismo del siglo XVIII se limitó a ser una mera retracción política delEstado. Así mismo, se redundaría doblemente en ingenuidad si se asume que la vorágine neoliberal de laúltima centena no ha sido más que la repetición histórica de esa supuesta retirada clásica de lo estatal. Y nosolo porque, desde el horizonte biopolítico, la práctica liberal de gobierno experimenta un deslizamiento ensus blancos de intervención; sino, más bien, porque el reverso positivo que tan pregonada y valoradareducción del Estado tiene en pleno siglo XX, guarda cierta cantidad de particularidades.La primera de ellas, radica en la especificidad de su meta principal: el surgimiento de mercadosautorregulados. Objetivo cuya consecución solo puede ser consumada bajo el signo novedoso de lacompetitividad. Lo cual supone, más allá de un claro abandono del modelo clásico del intercambio y laequiparación de mercancías, la desaparición de los mercados como una experiencia espontánea dada deantemano (Foucault, 2010:151-154). Y ello porque, en este nuevo escenario, las posibilidades de existencia delos mismos se encontraran en cada caso sujetas al grado de competencia y diferenciación que unagubernamentalidad activa sea capaz de garantizar. Destino similar al que experimentarán las condiciones de producción, en la medida en que la optimización de sus variables (división del trabajo, capital disponible,medios de transporte, cantidad y naturaleza de los útiles, etcétera) será planteada en términos de mayor o
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A esto aportó el viraje experimentado por la teoría económica en las manos de David Ricardo, quien desplazó lateorización de las riquezas desde la acumulación en el intercambio hacia las condiciones de producción. Para másinformación, véase Foucault, Michel
 Las palabras y las cosas
, Buenos Aires, Siglo XXI, p. 270-271
 
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menor competitividad. Razón por la que se impone, en pleno capitalismo postindustrial, esa famosa sinonimiamediante la cual una producción eficaz no es otra cosa que una producción competitiva.De modo que puede apreciarse, en definitiva, la disposición de todo un horizonte de competenciaen el que la gubernamentalización neoliberal de lo vital se abocará por entero a la constitución de uno de susmás grandes catalizadores: el capital humano. Noción que de la mano de alemanes y estadounidenses padeció,durante la etapa de posguerra, una ampliación radical; ya que, anteriormente, refería de modo exclusivo a laidoneidad escolar y profesional que permitía desempeñar determinadas funciones laborales y no otras. Perocomo ya se ha mencionado, en el ajuste que el neoliberalismo opera sobre el concepto, el capital humanoviene a incluir elementos que exceden las formaciones acreditadas. Siendo ese el motivo por el que, dentro desu amplitud, pueden hallarse aspectos sociales (tales como el nivel de sociabilidad, el dominio de los afectos yla capacidad de adaptación), pero fundamentalmente, la propia biología; concebida en el marco de estateorización económico-política como la renta privada e inicial de la que dispone todo individuo paraasegurarse un flujo de ingresos
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.En estos términos es que la propia salud, por mencionar un ejemplo, integra un capital que resultaindisociable de su poseedor y del que este se servirá para obtener un flujo de capitales. Por eso es que desde laóptica neoliberal, el trabajador, en lugar de vender su fuerza de trabajo, invierte su propio capital humano paraobtener una ganancia, es decir, un salario o ingreso (Foucault, 2010:262). Pero como esta renta biológica quelo integra íntimamente dispone de un tiempo de utilidad, de obsolescencia y hasta de envejecimiento, emergecierta necesidad de gestionarla y potenciarla de una determinada manera. Siendo ese el punto inevitable dondela administración que el neoliberalismo ejerce de la vida se deja entrever en su especificidad mediante laimplementación de una política social privatizada.Lo que esto último significa para el proyecto biopolítico de una maximización de lo biológico, exigeciertas aclaraciones. De ninguna manera se trata de que el Estado tome a su cargo, de modo directo y sinmediaciones, la totalidad de los medios por los que las personas mejoran su salud, adquieren seguros contraaccidentes o acceden a una jubilación. De hecho, las más de las veces, es todo lo contrario. Y ello en lamedida en que, desde una política social privatizada, lo esencial no es tanto la optimización directa de la vidasino más bien la generación de aquellas condiciones en las que los individuos puedan administrar lacapitalización de su propia biología (Foucault, 2010:177-178). Por lo que, naturalmente, se encomendará a las poblaciones gobernadas no solo la gestión de su propio capital humano, sino también la obtención de aquellosaseguramientos que permitan su conservación óptima. Todo ello, sobre la base de su renta privada y desde elfondo despiadado de la competencia.De este modo es que la proliferación de la vida es pensada íntegramente como fruto inmediato de ladiferencia, es decir, de la multiplicación de la competitividad por los rincones más recónditos de lo social.
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Para más información respecto a la convivencia biopolítica de factores socio-afectivos y vitales en el marco delcapitalismo postindustrial, véase Zangaro, Marcela,
Subjetividad y trabajo: una lectura foucaultiana del management 
,Buenos Aires, 2011, Herramienta.

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