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Resumen - Julián Casanova (1991) "La historia social y los historiadores ¿Cenicienta o príncesa?"

Resumen - Julián Casanova (1991) "La historia social y los historiadores ¿Cenicienta o príncesa?"

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Metodología de la Investigación Histórica - Historia Social
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1
-Julián Casanova
(1991)LA HISTORIA SOCIAL Y LOS HISTORIADORES. ¿CENICIENTA O PRÍNCESA?
1. LAS REACCIONES FRENTE AL IMPULSO HISTORICISTA: LOS ORÍGENES DE LA HISTORIA SOCIALSociedad, economía y cultura han cautivado recientemente la atención de los historiadores. En las últimas décadas, la historia política se ha convertido en un cadáver, al que muy pocos parecen respetar. La identificación entre el reino de la política y el delas elites dirigentes no fue un invento de la escuela histórica alemana del siglo XIX. La historia, desde los tiempos de
Tucidides
 fue concebida como una forma de literatura, concebida como una forma de literatura, regida por ciertos criterios retóricos einteresada, frente a la fábula, en la reconstrucción del pasado a través del examen crítico de la evidencia. Lo que aportó el sigloXIX fue un rápido proceso de profesionalización que condujo a los historiadores a considerar su disciplina como una ciencia,distinta a las ciencias naturales, pero capaz de proporcionar un conocimiento fidedigno de los hechos. Por historicismo debeentenderse un paradigma de pensamiento y práctica histórica que ha puesto un especial énfasis en la singularidad e individualidadde los fenómenos históricos. En la medida en que les fuera posible, los historiadores deberían comprender esos fenómenos deacuerdo a los criterios de su propio tiempo, en lugar de analizarlos a partir de leyes generales o de los principios morales presentes. La conexión entre la evolución de la sociedad alemana en el siglo XIX y el propio historicismo es muy compleja. En eldesarrollo de éste puede distinguirse dos grandes momentos. En el primero, el historicismo legitima el estancamiento alemán queinaugura la época de la Restauración y se establece como contraposición a las tendencias revolucionarias presentes en Europaoccidental. Más tarde, esos historiadores exaltarán con su metodología individualizadora, un fracaso, el de la revolución burguesaen Alemania y, por consiguiente, el de un auténtico sistema parlamentario y constitucional. Con
Leopold von Ranke
comienza el primero de esos dos grandes momentos del historicismo y con él se supone que estamos ante el inicio de la era científica de la
historiografía moderna. El carácter científico de la historia reside en la “imparcial” inmersión en las fuentes, en
la reconstrucciónde las intenciones de los actores y del curso de los acontecimientos, y en la percepción intuitiva de un contexto histórico másamplio. Y para transmitir todo eso, el historiador encuentra en la narración la forma más precisa y correcta de elaborar su discurso.Esa teoría del conocimiento histórico iba en Ranke unida al relato de los hechos militares y políticos. Si la individualidad es elfenómeno clave para entender el historicismo, el individuo por antonomasia para Ranke será el Estado y sus servidores. Y comoindividuo, el Estado se relacionaba con otros individuos, con otros Estados. El énfasis constante en los documentos escritos como base de la historia condujo a un abandono
 – 
alejamiento
 – 
de las perspectivas sociales y cosmopolitas que habían caracterizado alos historiadores de la Ilustración. El interés por comprender y explicar los hechos derivó en la creencia de que la historia era unamera reconstrucción de acontecimientos. Y fue esa versión mutilada y deformada de los métodos críticos de la historia alemana laque se extendió a los países europeos donde imitaron el modelo de historia profesionalizada. La confusión entre historicismo e
historia positivista estaba servida. Los historiadores con esa nueva orientación “científica”
libraron una dura batalla con esadoctrina de la filosofía de la ciencia llamada positivismo e introducida en la sociología por 
Auguste Comte
. Donde los sociólogos positivistas buscaban la explicación histórica en términos de generalizaciones y leyes de desarrollo los historiadores historicistasinsistían en que la historia versaba sobre intenciones y objetivos humanos que no podían ser reducidos a fórmulas abstractas.Con esos supuestos tan limitados, parece comprensible que se produjera una reacción en favor de una nueva historia. Habrá que prestar la debida atención a esas reacciones por las consecuencias que tuvieron para lo que con el tiempo llegó a denominarsehistoria social. Pero antes se debe atender a la recepción de ese modelo histórico alemán en los restantes países y el uso que sehizo de la historia para promover la integración política de la sociedad en un contexto de formación y consolidación de losEstados nacionales. Los conceptos básicos e ideas que sostenían esa profesionalización de la historia en el siglo XIX estabanestrechamente conectados al desarrollo general del pensamiento durante el período peros sobre todo a los cambios en lasestructuras institucionales y políticas de los países europeos desde la era de la revolución francesa y de Napoleón. Las reformasefectuadas en las universidades tras esa revolución crearon las bases para liberar a la historia de ser una ciencia auxiliar y dotarlade una posición independiente. Primero se crearon institutos de investigación que muy pronto fueron incorporados a lasuniversidades. Así, pronto se adoptaron algunas divisiones cronológicas
 – 
historia antigua, medieval, moderna
 – 
. La profesionalización presidía así un proceso en el que se generó una variedad notable de actividades para las que el aprendizaje de lahistoria era útil y necesario. Sólo Estados Unidos se escapó a ese movimiento de imitación institucionalizada de los métodoscríticos. En Europa, el surgimiento de la conciencia y ciencia históricas acompañó al ascenso y despliegue del Estado nacional. Laeducación resultó un excelente mecanismo de integración en el orden existente para aquellos grupos que habían siso oprimidos por las elites dominantes tradicionales. En los programas educativos, la historia llegó a ser la piedra angular; al demostrar eldestino común de todos los que vivían en la misma nación. Frente a esta apología del poder, ya desde mediados del siglo XIXhubo formas alternativas de escribir la historia, pero estas permanecieron fuera de la principal corriente de erudición yaespecializada.Esos son los años en que
Karl Marx
comenzó a divulgar una nueva teoría que pretendía ser una ciencia general de la sociedad yestaba orientada a comprender los cambios resultantes del desarrollo del capitalismo industrial y de las revoluciones políticas del
 
2
siglo XVIII. Marx defendió una concepción de la sociedad más estructural que orgánica, con un espacio más amplio para la acciónhumana, una concepción menos determinista de las fases de evolución social y unos mecanismos dialécticos e internos de cambio.El marxismo se convirtió muy pronto en la teoría social o doctrina preeminente de la clase obrera organizada. No obstante, lateoría marxista inició también un duradero impacto en las ciencias sociales, especialmente en la economía y la sociología. Antesde la primera guerra mundial el marxismo se había consolidado como una teoría social ampliamente debatida en el movimientosocialista y en algunos círculos académicos.En Francia, la deuda de los historiadores marxistas con sus predecesores republicanos y demócratas resulta ineludible y existe unalínea de continuidad muy clara en la historiografía de la revolución francesa desde
Jules Michelet
, el primer historiador que amediados del siglo XIX puso al pueblo llano en el centro del escenario revolucionario a
Georges Lefebvre
. Ese hilo conductor constituye la raíz de la historia popular que floreció tras la segunda guerra mundial y al que contribuirán los historiadoresmarxistas británicos de la segunda mitad del siglo XX. Esta historiografía también fue precedida en Gran Bretaña por una historia popular, en versión radical y democrática más que socialista. No eran sólo marxistas o demócratas radicales, sin embargo, los queoponían resistencia a la historiografía dominante. También entre los historiadores académicos se desarrolló una rica literatura dehistoria económica y social. Esa insatisfacción no se plasmó en una ruptura con el método individualizador del historicismo, peroalgunos de esos planteamientos adquirieron una notable popularidad. El más influyente de todos ellos fue
Karl Lamprecht
. Suenfoque difería del de sus colegas en dos importantes aspectos. Por un lado, combinaba el examen del desarrollo político deAlemania con un interés en la economía, las condiciones sociales y la cultura. Desde el punto de vista metodológico añadía, a un planteamiento cronológico y narrativo, el intento de formular leyes de desarrollo histórico. Fuera de Alemania, la puesta en escenade esas preocupaciones demostró que Lamprecht no estaba solo. Y con el cambio de siglo comenzaron a surgir voces entre loshistoriadores profesionales que cuestionaban parcelas importantes del hasta entonces bien guardado territorio historicista. Lahistoria, argumentaban, debería ser más comprehensiva en su campo de acción, incluyendo diversos aspectos de la vidaeconómica, social y cultural. Por consiguiente la narración pura era insuficiente y debía ser completada por el análisis de lasestructuras sociales en que esos acontecimientos ocurrían y esas personalidades ejercían su poder.En Estados Unidos aparecía mucho más atractiva la opinión de que la historia era una ciencia social más y debía, por lo tanto,contribuir al descubrimiento de las leyes del desarrollo humano. Creyeron en la posibilidad de hacer compatibles el concepto deindividualidad de cada período histórico de Ranke con el de las leyes de causalidad de Lamprecht, algo que ningún historiador europeo, y menos aún alemán, hubiera aceptado. Al concebir la historia como una rama de las ciencias sociales, los historiadoresamericanos intentaron interpretar el pasado con las mismas herramientas que estas utilizaban. El resultado fue una revisión de lastradicionales concepciones de la historia estadounidense. Y a eso se le comenzó a llamar muy pronto
 New History
. Fue
JamesHarvey Robinson
quien en 1912 proclamó, en un manifiesto, la llegada de esa nueva ortodoxia. Tanto Robinson como suscolegas
F. J. Turner
y
Charles Beard
rechazaban las premisas básicas de la historia tradicional.Pese a que ese desafío de algunos historiadores norteamericanos al modelo imperante no carece de valor, casi todos los estudiososapuntan a Francia cuando se trata de mostrar los orígenes de la historia social. En 1900 apareció el primer volumen de la
 Revue de synthèse historique
.
Henry Berr
, su fundador y editor, estaba convencido de que si los historiadores utilizaban en susinvestigaciones los resultados aportados por los otros campos científicos del conocimiento, serían capaces de mostrar el modelo deevolución de los humanos desde el comienzo de la civilización. Eso significaba que la historia política debía sucumbir ante laembestida de una nueva clase de historia apoyada por las nuevas ciencias sociales
 – 
la geografía, la economía y la sociología
 – 
,desde las que
Vidal de la Blache
,
François Simiand
y
Emile Durkheim
ya habían tendido un puente a los historiadores. De lasenergias gastadas por Berr se beneficiaron muy pronto otros historiadores que siguieron sus pasos. Los que adquirieron más famafueron
Marc Bloch
y
Lucien Febvre
, que en 1929 fundaron la revista
 Annales d’histoire économique et sociale
. En sus orígenesla protesta iba dirigida contra el trío formado por la historia política, la historia narrativa y la historia episódica. Para Bloch y
Febvre eso era “historia superficial”. Lo que había que poner en su lugar era “historia en profundidad”, una historia económica,
social y mental que estudiara la interrelación del individuo y la sociedad. Algunos rasgos de esta nueva corriente: 1) La historiadebía ser una ciencia, dif 
erente y opuesta a esa “historia historizante” que presenta como única exigencia la narración de losacontecimientos; 2) frente a la historia policía, “la historia que es, por definición, absolutamente social”; 3) Una tarea de
esamagnitud requiere una organización sistemática de los hechos. Organizar es darle sentido al pasado, pero también proporcionar ala histori
a una función social. Fevbre afirma que “sin teoría previa, sin teoría preconcebida, no hay trabajo científico posible”.
Todo lo que el historiador necesita es pensar, huir de la sumisión pura y simple a los hechos. La historia como problema. Alsuperar el documento, el historiador debe explorar todo signo o huella de la actividad humana, debe acoger los métodos yresultados de las otras ciencias sociales, aunque insertando los trabajos parciales en un contexto social global. Ocurrió, además,
que en esas primeras formulaciones la historia de lo “social” fue utilizada en combinación con la historia de lo “económico”
yformó la historia económica y social. Cierto es que la mitad económica de esa combinación era abrumadoramente preponderante.Pero eso significaba que para esos historiadores la historia económica incluía también lo social. Tal matrimonio surgía de lamarginación revelaba el deseo a favor de un enfoque diferente del clásico de la historia política. El dominio de lo económico sobrelo social se debía a dos razones. A una visión de la teoría económica que rechazaba asilar lo económico de lo social, loinstitucional y de otros elementos y, por otra parte, a una clara ventaja inicial de la economía sobre las otras ciencias sociales. Tres
 
3
significados de historia social. El primero se refería a la historia de los pobres o de las clases bajas, y más específicamente a lahistoria de los mov
imientos de los pobres (“movimientos sociales”). En segundo lugar, el término fue utilizado
para designar unconjunto de actividades sociales que quedaban fuera del núcleo central de la explicación, el político-militar. Actividades humanasdifíciles de clasificar y que aparecen en el mundo angloamericano bajo términos como maneras, costumbres, ocio y vidacotidiana. Sobre el tercer significado del término, el más común y el más relevante, se lo ha ya mencionado: la historia de lo socialse fundió con la historia de lo económico para formar un campo especializado y marginado por la historia general. Hasta despuésde 1945 ninguna de estas tres versiones de la historia social produjo un campo de especialización académica. Antes de la granGuerra el escenario académico fue dominado por los historiadores que siguieron las sendas de la historia política tradicional.2. LA EDAD DE OROTodas esas tendencias insatisfechas con los métodos y enfoques tradicionales alcanzaron su máxima influencia tras la segundaguerra mundial. En Francia, los avances reformistas generaron una auténtica ruptura: en 1946 la Sexta Sección de la Ecole practique des Hautes Etudes fue instituida como un centro de investigación y enseñanza para la integración de la historia y de lasciencias sociales que, con Febvre como presidente, asumió la publicación de
 Annales
. Cien años después de Ranke un númeroconsiderable de historiadores habían dado la vuelta a sus argumentos. Para muchos de ellos, la invasión de lo social significabauna nueva edad de oro en la historiografía. Esas innovaciones historiográficas reflejaban el impacto retardado de cambiosfundamentales ocurridos en las estructuras políticas, sociales y económicas
 – 
y en las actitudes intelectuales
 – 
durante el siglo XX.Dos guerras mundiales y una revolución, que extendió su poder a otros países, habían destruido el monopolio político y social delas elites tradicionales. El dominio europeo del mundo se había acabado y extensas áreas alcanzaron su independencia naturalsubvirtiendo en ocasiones los valores racistas dominantes. Sería erróneo, no obstante, identificar esta edad de oro de la historiasocial con una situación milagrosa en la que todos los historiadores habían claudicado ante los nuevos rumbos de la auténticahistoria. Por un lado, continuaron existiendo aquellos historiadores interesados únicamente en reconstruir, a partir de la evidenciaaportada por los documentos escritos, las actividades de las elites. Por otro lado, ese caudal de historiadores sociales no erauniforme. El marxismo desde la muerte de
Engels
(1895) experimentó
“un doble proceso de desnaturalización y de recuperación”
que afecto a la práctica historiográfica de él nacida.
 Annales
ha sufrido también modificaciones en el transcurso de su existencia yya desde los sesenta sus representantes comenzaron a hablar diferentes lenguajes: el de la historia demográfica, el de las
mentalidades, el de la “nueva historia económica”, etc. Tal di
versidad de técnicas y enfoques teóricos ha conducidoinevitablemente a la historia social a múltiples puertos.
2.1. EN BUSCA DE UNA DEFINICIÓN
La vitalidad inicial de la historia social derivó de su carácter opositor. El sitio que en la vieja historia ocupaban las elites
 privilegiadas, pasaba a ser ahora conquistado por las “clases inferiores”. La historia social evocaba la cara humana del pasa
do.Tendía a ser analítica más que narrativa, temática más que cronológica. Donde la vieja historia colocaba a la política, ladiplomacia y la guerra, la nueva situaba a las clases y a los grupos sociales, el trabajo y los conflictos de él emanados. Aquellohabía sido una triple rebelión o una rebelión en tres fases dirigida contra la historia de las elites, la historia política y laespecialización de la historia en una disciplina distinta. La primera en su intento de extender el alcance de la historia a todas lasesferas de la actividad humana, incluía la demanda de su democratización. La segunda rebelión, al rechazar el dominio de lahistoria política, impregnó a la historia social de un sentido negativo: la historia que omite la política. La tercera rebelión, dirigidafundamentalmente contra la práctica historicista, incitaba a los historiadores a trabar amistas con las ciencias sociales. El triunfode esa clase de historia no allanó el terreno de ambiguas definiciones en el que se había movido hasta ese momento. A partir deahí, todos los intentos para definir su objeto y vocabulario han oscilado entre clasificaciones amplias y definiciones limitadas quela reducen a una descripción de grupos sociales. En el primer caso, toda historia es historia social. Desde este punto de vista lahistoria social no puede ser nunca otra especialización porque resulta imposible aislar su sujeto
 – 
lo social
 – 
de los otros aspectosdel ser humano. A esa historia, opuesta a una serie de especializaciones inconexas,
Eric Hobsbawm
 
 prefiere llamarla “historia dela sociedad”. Algunos historiadores han encontrado eficaz un modelo que comi
enza con el análisis del entorno material ehistórico, continúa con las fuerzas y técnicas de producción, la estructura económica y las relaciones sociales que emergen de loanterior, para acabar con las instituciones y su funcionamiento. Otros,
Fernand Braudel
y sus colegas de
 Annales
en particular,
 prefieren recurrir a los “tres tiempos” (estructura, coyuntura y acontecimientos) para salvar el escollo. Entendida así, la h
istoria
social es considerada “superior” a la historia política tradicional. Es una h
istoria estructural capaz de transmitir el poder de losfenómenos colectivos, supraindividuales, los cambios en las estructuras y no sólo las acciones individuales.Frente a esa aprehensión histórico-social de la historia en general, surgen visiones más restringidas, aquellas que ven la historiasocial como un campo de estudio parcial, comparable a otros ámbitos de la historia como el económico, demográfico, político omilitar, pero mucho más difícil de definir porque carece de un núcleo intelectual sólido. Más investigación significó mayor especialización. Y, como sus críticos se han encargado de recordar, todo ello desembocó en una amalgama de temas que hacía

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