EL DETERIORO DE LA MENTE
A
LO
LARGO
de la parte alta de la dilatada y ancha curva del río estaba la población, muy santa y muy sucia. El ríodaba allí una amplia vuelta y chocaba con fuerza contra el borde de la ciudad, inundando muchas veces los peldañosque bajaban hasta el agua y algunas de las viejas casas. Mas, por mucho daño que hiciera en su furia, el río seguíasiendo sagrado y hermoso. Estaba particularmente hermoso aquella tarde, con el sol poniente bajo la oscura población y detrás del singular minarete, que parecía extender toda la ciudad hacia el cielo. Las nubes eran de unrojo dorado, inflamadas con el brillo de un sol que había viajado sobre un país de intensa belleza y tristeza. Y, aldesaparecer el brillo, allí, sobre la oscura ciudad, estaba la luna nueva, dulce y delicada. Desde la orilla opuesta,alguna distancia río abajo, todo el encantador espectáculo parecía mágico, y sin embargo perfectamente natural, sinun toque artificioso. Lentamente la luna nueva descendió tras la oscura masa de la población, y empezaron aaparecer luces; pero el río retenía aun la luz del cielo vespertino, un áureo esplendor de increíble suavidad. En estaluz, que era el río, había centenares de botes de pesca. Toda la tarde, hombres delgados y morenos, con largos palos,habían estado remontando laboriosamente la corriente, en una sola fila cerca de la orilla; partiendo de la aldea pesquera situada bajo la ciudad, cada hombre en su bote, a veces con un niño o dos, había remontado lentamente elrío hasta pasar el largo y pesado puente, y ahora bajaban por centenares, llevados por la fuerte corriente, Estarían pescando durante toda la noche, capturando grandes y pesados peces de diez a quince pulgadas de largo, quedespués, coleando aun algunos de ellos, serían echados en embarcaciones mayores amarradas a la orilla, paravenderse al día siguiente.Las calles de la ciudad se hallaban atestadas de carros de bueyes, autobuses, bicicletas y peatones, con algunavaca suelta acá y allá. Estrechas y tortuosas callejas, con tiendas mal alumbradas, estaban cenagosas por lasrecientes lluvias, y sucias con el lodo de hombres y bestias. Una de estas callejas conducía a los anchos peldaños que bajaban hasta el borde mismo del río, y en estos escalones se hacía de todo. Algunas personas estaban sentadas cercadel agua, con los ojos cerrados, en silenciosa meditación; próximo a ellas un hombre cantaba ante una entusiastamultitud, que se extendía por lo alto de los escalones; más allá, un mendigo leproso extendía la mano marchita,mientras que un hombre con la frente encenizada y el cabello desgreñado instruía a la gente. Cerca de allí, un
sannyasi
, limpio de cara y de piel, con túnica recién lavada, estaba sentado inmóvil, con los ojos cerrados y la mentecentrada, por una larga y fácil práctica. Un hombre que tenía la mano en posición ahuecada imploraba calladamentede los cielos que se la llenasen; y una madre, con el pecho izquierdo desnudo, amamantaba a su nene, inconsciente detodo. Más allá, río abajo, estaban quemándose en grandes y rugientes hogueras, cadáveres traídos de las aldeas próximas y de la extensa y sucia población. Allí se desarrollaba todo, porque aquella era la más sagrada de lasciudades. Mas la belleza del río, que corría silenciosamente, parecía borrar todo el caos humano, mientras los cielossobre él contemplaban con amor y maravilla.Estábamos allí varios, dos mujeres y cuatro hombres. Una de las mujeres, de bien formada cabeza y ojos penetrantes, había sido muy bien educada, en el país y en el extranjero; la otra era más modesta, de mirada apenada eimplorante. Uno de los hombres, un ex comunista que había dejado el partido hacía varios años, era enérgico yexigente; otro era artista, tímido y retraído, pero lo bastante resuelto para afirmar su idea cuando la ocasión loexigía; el tercero era funcionario de la burocracia oficial; y el cuarto era un maestro, muy afable, con pronta sonrisay anheloso de aprender.Todos estuvimos en silencio un rato, y luego habló el ex comunista.“¿Por qué hay tanto deterioro en todas las ramas de la vida? Yo puedo comprender que el poder, aunque seejerza en nombre del pueblo, es esencialmente malo y corruptor, como lo habéis señalado. Vemos este hechodemostrado en la historia. El germen del mal y de la corrupción está inherente en todas las organizaciones políticas yreligiosas, como se ha visto en la iglesia al correr de los siglos, y en el moderno comunismo, que prometía tanto peroque se ha vuelto él mismo corrupto y tiránico. ¿Por qué tiene que deteriorarse todo de esta manera?”“Sabemos muchísimo sobre muchas cosas”, añadió la señora instruida, “pero el conocimiento no parece detener la corrupción que está en el hombre. Yo escribo un poco y he publicado algunos libros, pero veo cuán fácilmente puede la mente perder su integridad una vez que ha dominado alguna cosa. Si aprendéis la técnica de la buenaexpresión, si descubrís unos cuantos temas interesantes o impresionantes, y si os acostumbráis a escribir, quedáis yaestablecido para toda la vida; llegáis a ser popular y estáis perdido. No digo esto con ninguna actitud maliciosa oamargada, porque haya fracasado o haya tenido sólo algún éxito indiferente, sino porque veo este proceso actuandoen otros y en mí misma. Parece como si no pudiéramos librarnos de la corrosión de la rutina y la capacidad. Parainiciar algo, hacen falta energía e iniciativa, pero, una vez puesto en marcha, lleva en sí inherente el germen de lacorrupción. ¿Puede uno escapar jamás de este proceso corruptor?”“Yo también”, dijo el burócrata, “estoy atrapado en la rutina decadente. Proyectamos para un futuro de cinco odiez años, construimos presas y fomentamos nuevas industrias, todo lo cual es bueno y necesario; pero, aunque losdiques estén bellamente construidos y perfectamente conservados, y las máquinas funcionen con un mínimo deineficiencia, nuestro pensar, por otra parte, se vuelve cada vez más ineficiente, estúpido y perezoso. Lascomputadoras y otros complejos dispositivos electrónicos superan al hombre a cada paso, pero sin el hombre no podrían existir. El hecho cierto es que unos cuantos cerebros están activos y son creadores, y que el resto de nosotrosvivimos de ellos, pudriéndonos y con frecuencia regocijándonos en nuestra podredumbre”.