Prefacio
Aunque la palabra «cuanto» ha pasado a formar parte del vocabulario popular,pocas personas se dan cuenta de la revolución que ha ocurrido en la ciencia yen la filosofía desde los inicios de la teoría cuántica de la materia a comienzosdel siglo. El pasmoso éxito de esta teoría para explicar los procesos de laspartículas moleculares, atómicas, nucleares y subatómicas suele oscurecer elhecho de que la propia teoría se basa en principios tan asombrosos que susconsecuencias totales no suelen apreciarlas ni siquiera muchos profesionalesde la ciencia.En este libro he tratado de afrontar abiertamente el impacto de la teoríacuántica básica sobre nuestra concepción del mundo. El comportamiento de lamateria subatómica es tan ajeno a nuestro sentido común que una descripciónde los fenómenos cuánticos suena a algo así como «Alicia en el país de lasmaravillas». El propósito del presente libro, sin embargo, no consiste tan sóloen pasar revista a una rama notoriamente difícil de la física moderna, sino enentrar en temas más amplios. ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es la naturaleza de larealidad? ¿Es el universo que habitamos un accidente aleatorio o el resultadode un exquisito proceso de selección?La cuestión de por qué el cosmos tiene la concreta estructura y organizaciónque observamos ha intrigado desde hace mucho a los teólogos. En los últimosaños, los descubrimientos de la física y la cosmología han abierto nuevasperspectivas de aproximación científica a estas cuestiones. La teoría cuánticanos ha enseñado que el mundo es un juego de azar y que nosotros formamosparte de los jugadores; que podrían haberse elegido otros universos, queincluso pueden existir paralelamente al nuestro o bien en regiones remotas deespacio–tiempo.El lector no necesita tener ningún conocimiento previo de ciencia ni de filosofía.Aunque muchos de los temas aquí tratados requieren cierta gimnasia mental,he intentado explicar cada nuevo detalle, desde el punto de partida, en ellenguaje más elemental. Si algunas de las ideas cuesta creerlas, eso datestimonio de los profundos cambios acaecidos en la visión científica delmundo que han acompañado al gran progreso de las últimas décadas.A modo de reconocimiento, me gustaría decir que he disfrutado de fructíferasconversaciones con el Dr. N. D. Birrel, el Dr. L. H. Ford, el Dr. W. G. Unruth yel profesor J. A. Wheeler sobre buena parte de las materias de que aquí sehabla.
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