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Mika Etxebehere

Mika Etxebehere

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Vida y ambiente social y político en el que se desenvolvieron Hipólito y Mika Etxebehere, hermanos argentinos que nacieron y militaron en Argentina, antes de viajar a Europa para participar en la Guerra Civil española, en la que murió Hipólito y Mika llegó a comandar tropas republicanas.
Vida y ambiente social y político en el que se desenvolvieron Hipólito y Mika Etxebehere, hermanos argentinos que nacieron y militaron en Argentina, antes de viajar a Europa para participar en la Guerra Civil española, en la que murió Hipólito y Mika llegó a comandar tropas republicanas.

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Hipólito Etchebéhère y Mika Feldman,de la reforma universitaria a la guerra civil española
Historia de una pasión revolucionaria
 Horacio Tarcus
De
 El Rodaballo
n° 11/12, Buenos Aires, primavera 2000. La vida de esta pareja de militantesizquierdistas condensa de una manera asombrosa la historia de la primera mitad del siglo XX: desdesu participación en Insurrexit en Buenos Aires a las huelgas de la Patagonia, del Berlín previo alascenso de Hitler al París del Frente Popular y de allí a tomar un lugar en el frente en la guerra civilespañola, su pasión los lleva a seguir el curso de la revolución por donde quiera que pase. Suhistoria puede leerse, en primer término, como un relato de amor pasional que rememora aquelentre John Reed y Louise Bryant evocado en el film Reds. Es, también, una experiencia que hace ala historia cultural argentina, por su ubicación en el universo intelectual de la reforma universitaria,la recepción de las ideas socialistas y libertarias, y la emergencia de las vanguardias literarias en losaños ‘20. Además se trata de una historia política, que atraviesa desde el eco argentino de larevolución rusa, la aparición del comunismo vernáculo y la Semana Trágica, hasta la Europa que sedebate entre la crisis, la revolución y la contrarrevolución. La historia de los Etchebéhère es, porúltimo, parte ignorada pero sustancial de una historia generacional aún por estudiar: la de la camadaargentina de 1917 que, nacida a la vida política en tiempos de esperanza y utopía, pronto se veráenfrentada a las más duras pruebas: el fascismo, el stalinismo y una nueva guerra mundial.
 Ahora, hablo con vos del pasado. Me lavo la cara, me peino,
 
 preparo el mate, y cuando me miro en el espejo, recuerdo palabras,
 
muertos, sueños, las promesas, las derrotas, las hambres diversas...
 
Sean sabios y, acaso, piadosos. Caminen sobre nuestros huesos: somos puente”
 Andrés Rivera,
 El verdugo en el umbral
 Este trabajo es un tramo de una investigación mayor sobre una generación político-intelectualargentina. Reconstruye la historia de algunos de aquellos hombres y mujeres nacidos en laspostrimerías del siglo XIX o los albores del XX, cuya juventud estuvo marcada por la aversión albelicismo militarista, la esperanza en la revolución rusa y el entusiasmo de ser partícipes de unareforma universitaria de dimensión continental. Es la generación influida inicialmente por las ideasanarquistas, pero que —revolución rusa mediante— acaba por descubrir el marxismo; aquella que,formado su gusto en la estética modernista, comienza a interesarse en la experimentación de lasvanguardias artísticas.Cuando la esperanza revolucionaria se apagó en Europa y comenzaron a emerger los fascismos,cuando el movimiento de la reforma universitaria se empantanó y cobraron fuerza el nacionalismo yel militarismo en Latinoamérica, muchos de ellos sintieron amenguar esos fervores juveniles.Figuras como Jorge Luis Borges o Conrado Nalé Roxlo, tomarán distancia de la potica,consagrándose para siempre a la literatura (Borges nunca va a editar
 Los salmos rojos
, salvo unpuñado de poemas avanzados a algunas revistas de España y Argentina; y Nalé, que tambiénescribió en su momento un canto a la Rusia de los Soviets, dejará en su
Borrador de memorias
unrecuerdo nostálgico de aquellos años) (1). Otros, como Ernesto Palacio o Ramón Doll, renegarán de sus ideales de juventud y engrosarán las huestes del nacionalismo.
 
Pero el ala más politizada y radicalizada de la generación persistió, más allá del reflujo social,participando de diversas experiencias colectivas, sea en el proceso de constitución del movimientoestudiantil, o en el de la clase trabajadora argentina, de sus formaciones sindicales, políticas eintelectuales. Las décadas del ‘20 y del ‘30 son testigos del apogeo de la actividad de escritorespolitizados como Roberto Arlt, Elías Castelnuovo y Raúl González Tuñón, reformistas comoAníbal Ponce, Deodoro Roca y Julio V. González, socialistas de izquierda como Ernesto Giudici ycomunistas como Rodolfo Ghioldi. Sin embargo, además de estas figuras relativamente mejorconocidas, forma parte activa de esta generación otra franja que también persistió en la militanciapolítica más allá de los ’20, pero sin encontrar un espacio estable en los partidos de izquierda; suconcepción de la política, de la acción sindical o de la organización partidaria fue siempre muchomás “basista”, “espontaneísta” y radical que las que sostenían socialistas o comunistas. Influidospor el anarquismo primero y el marxismo después, su pensamiento tendió a mantener un alientoheterodoxo y libertario. Sus nombres, hoy olvidados, apenas resuenan en el recuerdo de algunosviejos militantes: son Hipólito Etchebéhère (1900-1936), Mica Feldman (1902-1992), FranciscoPiñero (1901-1923), Héctor Raurich (1903-1963), Angélica Mendoza (1889-1960), CayetanoOriolo (1890-1930), José Paniale (c.1900-c.1980), Mateo Fossa (1896-1973), Manuel Fossa,Manuel Guinney (c.1900), Luis Koiffmann (1900-1978), Liborio Justo (1902), Luis Franco (1898-1988), Samuel Glusberg (1898-1987), José Gabriel (1898-1963), Carlos Liacho, Horacio Badaraco(1902-1946), José Boglich (c.1890-c.1944). El mayor de todos será Pedro Milesi (1886-1981); losmenores, Antonio Gallo (c.1913-c.1990) y Francisco de Cabo (1910-1997).No se trata de una corriente potica o intelectual con alto grado de cohesión interna,institucionalización y continuidad. Si bien casi todos ellos se conocieron entre sí e interactuaronunos con otros en tal o cual momento, fracasaron a la hora de construir una revista de relativaduración o un partido de cierto arraigo. Sus ideas radicales, sostenidas con opciones de vidaconsecuentes con ellas, se vieron sometidas a duras pruebas en tiempos de crisis, reflujo social orepresión. En esos momentos dramáticos, además de las presiones externas, se vieron atravesadospor enfrentamientos políticos(2), contradicciones internas, querellas personales. Sin embargo,desde el presente es posible distinguir su relativa comunidad intelectual, política y generacional,
reconstruir
a través de cortes y discontinuidades
esa tradición de marxistas libertarios
.Hay entre ellos diferencias de formación e inserción social: algunos son obreros con una militanciagremial relevante —como Milesi, Oriolo, Fossa—, uno de ellos un reconocido dirigente agrario(Boglich), otros estudiantes de acción reformista (el grupo Insurrexit), periodistas de profesión(Liacho, Koiffman), escritores (Franco, Piñero), y hasta filósofos o intelectuales marxistas de ciertocalibre (Raurich, A. Mendoza, Gallo). Los primeros son obreros intelectualizados, pero la mayoríason intelectuales de extracción pequeñoburguesa que buscan aproximarse al mundo obrero. Hayquienes provienen de familias acomodadas (Etchebéhère, Badaraco, Justo), aunque la mayor parteproviene de humildes familias inmigrantes. Obreros o intelectuales, tienen una misma pasión porconocer y hacer, por entender y subvertir. Sin duda, el mayor o menor acceso al mundo de losbienes simbólicos fue motivo de tensiones y conflictos internos: si bien están inmersos en un climaepocal de socialización del saber (bibliotecas o universidades populares, cursos gratuitos dedivulgación científica, grupos de estudio, ediciones populares, etc.), los más intelectualizados amenudo hacen jugar su poder sobre los trabajadores menos intelectualizados (por ejemplo, por elacceso diferencial a los libros y revistas en idioma extranjero o a los centros político-intelectualesde la época: Moscú, Nueva York, París o México). Los obreros, por su parte, suelen defenderse conreacciones anti-intelectualistas (3). Sin embargo, es posible distinguir hoy una franja generacional, cuya actuación pública mássignificativa se desarrolla en un período histórico preciso (1917-1943), y que intenta construir unaidentidad en torno a una concepción de la política, de la cultura y de la vida que aquí llamaré“marxista libertaria”. Este sector se movió en un espacio intermedio entre, por un lado, el marxismooficial, identificado con la ideología dominante en la URSS desde mediados de los años ‘20, y porotro, sus críticos anarquistas. Se diferencian de los anarquistas doctrinarios por su adhesión a ciertos
 
enunciados del marxismo clásico (rol del Estado en la transición al comunismo, defensa de la“dictadura revolucionaria” o de la acción política del proletariado), pero sin embargo tienen unaconcepción de la política como movilización y autoorganización de las masas, desconfían delparlamentarismo y entienden a los acontecimientos soviéticos o incluso leen a Lenin desde unaperspectiva fuertemente consejista y antiautoritaria (Insurrexit). Muchos provienen del anarquismo(Etchebéhère, Milesi, Franco) o son anarquistas influidos por las alas más radicales del marxismo(Badaraco, el más excéntrico de este espacio, es un entusiasta lector de Rosa Luxemburg y VíctorSerge). Y los que provienen de tradiciones socialistas marxistas, desarrollan un pensamiento y unasensibilidad antiautoritarias ante la degeneración burocrática del comunismo. Llegados los ‘30, casitodos adherirán al trotskismo, aunque la historia de esta heterodoxia marxista argentina, si bien sevincula al primer período de emergencia del trotskismo, lo antecede en el tiempo y además, loexcede en sus definiciones teórico-políticas(4).  La historia se mostró severa con esta franja de la generación del ‘17, sometiéndola a duras pruebasen lo político y lo personal. En el plano mundial, a la esperanza de los años de la primera posguerrasiguió un fuerte reflujo social y político, coronado con la burocratización del proceso ruso, eltriunfo del fascismo italiano, la derrota de la comuna húngara, el ascenso de Hitler en Alemania.Otra luz de esperanza se encendió en España en los ‘30, pero la cruenta guerra civil que le siguió yel triunfo de los nacionalistas significó otra derrota profunda. La denuncia de la política stalinistadurante los procesos de Moscú o de sus efectos nefastos durante los acontecimientos de la guerraespañola dio a esta franja cierto margen de legitimidad e intervención político-intelectual ante lossectores más críticos y receptivos del movimiento obrero, los estudiantes o ante la opinión públicaen general. Pero con el estallido de la segunda guerra, y especialmente desde que la URSS ingresaen ella, el marxismo oficial adquiere una legitimidad casi absoluta dentro del campo aliado. Laextrema tensión mundial que significa la guerra oscurece los “matices”: hay dos bandos en pugna, ypoco, casi ningún espacio, para terceras posiciones. Los revolucionarios españoles (particularmenteanarquistas y poumistas) quedan desde 1939 reducidos a la impotencia, dispersos por Europa yAmérica. Trotsky es asesinado en México en 1940 por un sicario de Stalin. Serge muere olvidado,en la misma ciudad, siete años después. La legitimidad de la URSS tras la derrota del nazismo, nosólo entre los izquierdistas, sino incluso entre demócratas y liberales, ha crecido aún más. Laestabilidad del capitalismo de posguerra condena cualquier discurso catastrofista a la marginalidad.En el plano local, las presiones en contrario también fueron devastadoras. Los ecos de la revoluciónrusa, la irradiación de la reforma universitaria y las luchas obreras de fines de los años ‘10 yprincipios de los ‘20 son, ya lo dijimos, el bautismo de fuego de esta franja generacional (por citartres ejemplos: los insurrexistas son estudiantes reformistas atraídos por la revolución; Etchebéhère yBadaraco son hijos de familias adineradas que renuncian a su clase tras la experiencia de la SemanaTrágica; Angélica Mendoza es una maestra de provincia que se politiza con la huelga mendocina dela enseñanza de 1919). Pero en los ‘20 el movimiento reformista se empantana, el radicalismo seestabiliza en el gobierno, las luchas obreras refluyen. El PC, nacido en 1918, vive sumido en unacrisis interna a lo largo de toda una década. La militancia de muchos de ellos en este partido serábreve: ingresarán hacia 1923 y romperán en 1925/26 intentando dar vida al efímero PartidoComunista Obrero. Con el golpe militar de 1930 se abre una etapa de represión sobre el movimientoobrero y la izquierda, sufriendo muchos de ellos duros años de prisión (Badaraco el anarquista yMilesi el trotskista van a hermanarse en el penal de Usuhaia, A. Mendoza va a parar a la Cárcel delBuen Pastor, Oriolo va a morir joven a causa de prisiones y torturas), pero también se inicia un ciclointenso de luchas sociales y de reorganización sindical y política. Algunos de sus protagonistasaniman los pequeños grupos políticos trotskistas de los ‘30, que tienen corta vida. La represiónpolicial, así como la intensa campaña stalinista contra los disidentes (política, pero tambiénfísicamente agresiva), hace difícil su continuidad. Los que buscan una vida política más activarecurren a una táctica “entrista” en el Partido Socialista. Otros se repliegan a la actividad intelectual(cenáculos de estudio y debate, edición de libros y revistas). A principios de la década del ‘40, aúnlos intentos político-organizativos más ambiciosos de crear corrientes de izquierda por fuera del PS

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