EL MINISTERIO DE CURACIÓNPor ELENA G. de WHITE
PrefacioNuestro EjemploNUESTRO Señor Jesucristo vino a este mundo como siervo para suplirincansablemente la necesidad del hombre. "El mismo tomó nuestras enfermedadesy llevó nuestras dolencias" (S. Mateo 8:17), para atender a todo menester humano.Vino para quitar la carga de enfermedad, miseria y pecado. Era su misión ofrecer alos hombres completa restauración; vino para darles salud, paz y perfección decarácter.Variadas eran las circunstancias y necesidades de los que suplicaban su ayuda, yninguno de los que a él acudían quedaba sin socorro. De él fluía un caudal depoder curativo que sanaba de cuerpo, espíritu y alma a los hombres.La obra del Salvador no se limitaba a tiempo ni lugar determinado. Su compasiónno conocía límites. En tan grande escala realizaba su obra de curación y deenseñanza, que no había en Palestina edificio bastante grande para dar cabida a lasmuchedumbres que a él acudían. Encontrábase su hospital en los verdes colladosde Galilea, en los caminos reales, junto a la ribera del lago, en las sinagogas, ydoquiera podían llevarle enfermos. En toda ciudad, villa y aldea por do pasaba,ponía las manos sobre los pacientes y los sanaba. Doquiera hubiese corazonesdispuestos a recibir su mensaje, los consolaba con la seguridad de que su Padrecelestial los amaba. Todo el día servía a los que acudían a él; y al anochecer atendíaa los que habían tenido que trabajar penosamente durante el día para ganar elescaso sustento de sus familias. Jesús cargaba con el tremendo peso de la responsabilidad de la salvación de loshombres. Sabía que sin un cambio decisivo 12 en los principios y propósitos de laraza humana, todo se perdería. Esto acongojaba su alma, y nadie podía darsecuenta del peso que le abrumaba. En su niñez, juventud y edad viril, anduvo solo.No obstante, estar con él era estar en el cielo. Día tras día sufría pruebas ytentaciones; día tras día estaba en contacto con el mal y notaba el poder que ésteejercía en aquellos a quienes él procuraba bendecir y salvar. Pero con todo, noflaqueó ni se desalentó.En todas las cosas, sujetaba sus deseos estrictamente a su misión. Glorificaba suvida subordinándola en todo a la voluntad de su Padre. Cuando, en su juventud,su madre, al encontrarle en la escuela de los rabinos, le dijo: "Hijo, ¿por qué noshas hecho así?" respondió, dando la nota fundamental de la obra de su vida: "¿Porqué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me convieneestar?" (S. Lucas 2:48, 49.)Era su vida una continua abnegación. No tuvo hogar en este mundo, a no sercuando la bondad de sus amigos proveía a sus necesidades de sencillo caminante.Llevó en favor nuestro la vida de los más pobres; anduvo y trabajó entre losmenesterosos y dolientes. Entraba y salía entre aquellos por quienes tanto hicierasin que le reconocieran ni le honraran.
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