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5. Lacircularidad global/local
Disciplinar
la
economía global también
es
disciplinar
lo
local.
El
binomio unidad/diversidad
es
inherente
al
imaginario
y
a la
práctica
de la
gestión simbólica
del
mercado-mundo.
Las
segmentaciones
y
diferenciaciones
no se
diluyen
en elvasto
todo del
global democratic marketplace.
La empresa
posfordista
tienequedeclinarlos
procesos
deglobalizaciónen
el
plano
cultural.
Las
ciencias humanas,
por su
parte, intentan
acotarla
naturaleza
de la
nueva fase
del
movimiento hacia
la
integración mundial
al
interrogarse sobre
la
apropiación local
de los flujos
transnacionales.
Las
mediaciones,
los
cruces
y
mestizajes,
las
formas
de la
resistencia
y los
nuevos mecanis-mos de la hegemonía cultural e ideológica suscitan el debate yponen en tela de juicio la idea de una modernidad unívoca.
 
96
DIVERSIDAD
CULTURAL
Y
MUNDIALIZACIÓN
La
construcción
de la red
global
INTEGRAR LA EMPRESA PARA UNIFICAR EL MUNDO
Desde mediados
de los
años sesenta,
las
firmas interna-cionales
se
rebautizan como multinacionales, sugiriendo
asíque
asumen como propios
los
intereses
de
cada nación
en la que
seinstalan.En ladécada siguiente,laComisiónde lasNacio-
nes
Unidas encargada
de
estudiar
los
medios para poner coto
a sus
excesos propone llamarles «transnacionales». Esta deno-
minación
pretende
significar
que lasactividades nacionalesdeestas firmas dependende unaestrategiadealcance
mundial
y
que,
por
consiguiente, esta
última
encierra numerosos
conflic-
tos potenciales de intereses con las naciones en las que se im-
plantan.
En losaños ochenta,elléxicode lagestión empre-
sarial
instaura
la
lengua
de lo
global:
«A
diferencia
de sus
predecesores preglobales, los
managers
sienten escasa
lealtad
respecto del "Nosotros". Practican una forma de capitalismopuro
y
duro, global.
Al
abandonar
las
filiaciones
con los
pue-blosy loslugares,son másfríosyracionalesen susdecisio-nes» (Reich, 1990). A partir del inglés este vocabulario se
transfiere
atodaslaslenguasdelplaneta,sin que losciudada-nos hayan tenido tiempo de interrogarse sobre las condiciones
y
ellugarde suproducción. Ciertas lenguas,enAsiaporejem-plo, resisten
algún
tiempo recurriendo
a la
perífrasis «aperturaal mundo». En vano. E incluso en los países de lengua
latina
que comparten
el
antiguo vocablo
de
«mundialización»,
se ha
visto ratificadoa unritmo asincrono segúnelgradodeporosi-
dad de las
distintas realidades nacionales
en
relación
con
estarepresentación del nuevo orden del mundo.
Stricto
sensu,
la
globalización denomina
el
proyecto
de
construcción
de un
espacio homogéneo
de
valorización,
de
unificaciónde las normas de competitividad y de rentabilidad
a
escala planetaria. Debería limitarse
a
significar
el
proyecto
de
capitalismo mundial integrado.
Pero
la
terminología trans-grede
las
fronteras
de la
geoeconomía
y las geofinanzas
parairradiarse hacia
la
sociedad.
La
noción
de
competencia
y su
LA
CIRCULARIDAD
GLOBAL/LOCAL
97
corolario,
la
eficacia, procedente
de la
escuela
de
pensamien-
to
neoclásico
o
neoliberal, penetran progresivamente
en
todos
los
estratos
de la
sociedad.
El
léxico
de la
economía global
se
transforma
en
vector
de la
uniformización
de las
formas
de de-cir y de
leer
el
destino
del
mundo.
Todo
ello,
bajo
el
manto
del
apoliticismo. Pretensión
que
desmiente
el
papel principal
de-
sempeñado
por las
organizaciones
de
defensa corporativa
de
las grandes unidades
de la
economía global
en las
negociacio-nes internacionales sobre el estatuto de las industrias de la cul-
tura y la
información.No hay globalización sin desmantelamiento de las regla-mentaciones públicas. Lo cual en modo alguno significa ausen-cia de reglas sino la instauración de un marco jurídico propicioa la ampliación del espacio de la mercancía. «1984» no es sólo el
título
de ladistopíade
George Orwell.
Es el año en que se
ini-cia ladesregulaciónde lastelecomunicacionesy de lasplazas
bursátiles
cuya onda de choque se propagará al globo. El presi-dente Ronald Reagan cambia la fisonomía de la comunicación
mundial
al abrir las redes a la competencia y precipitar, así, lacarrera de las megafusiones en el sector. En las institucionesinternacionales responsables
de la
aplicación
del
principio
de
librecambio se
inicia
un ciclo en el que
crecen
las presionespara
la
liberalización
de los
sistemas
e
industrias
de la
infor-mación y la
cultura,
y para la supresión de su corolario, las po-
líticas
públicas.Auge
de los
proyectos
de
mercado único, lanzamiento
de
cadenas pansatelitarias, interconexión generalizada
en
tiemporealde laesfera
financiera,
puntadelanzade laeconomía glo-bal,
visibilidad
creciente del puñado de empresas-redes queadaptan, tanto en lo interno como en lo externo, su gestión in-
formatizada
a la
dimensión
del
mercado-universo. Otros tan-
tos
signos
de la
marcha hacia
la
integración funcional
de las
grandes unidades económicas.
La
organización fordista
era pi-
ramidal
y
estaba balcanizada.
El
posfordismo liberaliza. Cru-
za las
escalas geográficas, entre
lo
local
y lo
global,
las
esfe-
ras de
actividad (las
de los
contenidos
y los
continentes,
por
ejemplo),
la
concepción,
la
producción
y la
logística
de la
dis-
 
98
DIVERSIDAD
CULTURAL
Y
MUNDIALIZACIÓNLA CIRCULARIDAD
GLOBAL/LOCAL
99
tribución. El valor añadido del producto está en el ajuste más
fino
posible entre esta última y la demanda. Las tecnologías dela información permiten producir diversidad de forma estan-darizada.
Los
sistemas
de
registro
de los
productos adquiridos
y
de
tratamiento
de los
pedidos
también
pueden
modelizar
al
cliente. La transacción se convierte en el motor principal de laactividad de la empresa. Para comprender la construcción del
encuentro
entre la oferta y la demanda, son cada vez más lasdisciplinas llamadas a desmenuzar los hechos y los gestos de
los
consumidores
con
fines
estratégicos,
y
elaborar nuevas
he-rramientas
cualitativas
con el fin de
explorar
las
«estructurasde expectativa» de los usuarios de bienes y servicios al observar
las
prácticas cotidianas de consumo (Bocock, 1993; Sherry,1995).La «cultura de empresa» se apropia de la idea de «mesti-
zaje
gerencial»,
cruce
entre el
habitus
nacional y los esquemasapatridas
de las
ciencias
de la
gestión (dirección
por
objetivos,métodos
de
calidad total,
reengineering).
El
doble trabajo
dedescontextualización/recontextualización
hace que la propa-gación de las formas organizacionales no se limite a la com-
pulsacon el
modelo universal.
Una
misma práctica
de
gestiónadquiere diferentes sentidos
en las
distintas culturas.
La
tomaenconsideración
de
estas
interacciones participa
de la
bús-queda
de la
competitividad.
IMAGINARIOS DE LA
MERCADOTECNIA:
DE LA
EMULACIÓN
GLOBAL A LA
«GLOCALIZACIÓN»
¿Acaso existen objetivos globales? ¿Hay que detectar las
semejanzas
antesque lasdiferencias,loglobal antesque lo lo-cal? «The bigger, the better» contestan a partir de 1984 losgrupos publicitarios anglosajones en pos del tamaño crítico.
Es la época en la que las agencias de
publicidad
se
rebautizancomo agencias consultoras en comunicación. La función «co-municación» depende de las instancias
decisorias.
Sus argu-mentos acerca del fin de la heterogeneidad y la convergencia
cultural
legitiman
su
estrategia
de
megafusiones
y su
entrada
en
una Bolsa desregulada, que atrae a los fondos de pensiones en
su
capital(A.Mattelart,
1989).
«Lejos estánlostiemposdelas diferencias regionales
o
nacionales», afirma
Theodor
Le-
vitt,
director
de la
Harvard Business Review
y
consultor
de
una
gran red publicitaria británica. «Las diferencias que obe-decen
a la
cultura,
las
normas,
las
estructuras,
son
vestigiosdel pasado
[...].
Laconvergencia, tendenciaquetiene cual-
quier
cosaa sercomolasdemás, impulsaelmercado hacia
una
comunidad global.» O más explícito aún: «Cada vez más,
en
todas partes,
los
deseos
y los
comportamientos
de los in-
dividuos
tienden
a
evolucionar
de la
misma forma,
ya se
trate
de
Coca-Cola,
de
microprocesadores,
de
pantalones vaqueros,
de
películas,
de pizzas, de productos de belleza o de quinas
fresadoras»
(Levitt, 1983a
y
1983b).
Si se
produce
la
con-
fluencia
hacia un «estilo de vida global», es porque los
consu-
midores
han
interiorizado
el
universo simbólico destilado des-
de el
final
de la
Segunda Guerra
Mundial
por los anunciospublicitarios,
las
películas,
los
programas
de
televisión,
másconcretamente los que
proceden
de
Estados Unidos, ascendi-
dos
explícitamente
a la
condición
de
vectores
de un
nuevo
universalismo.
El
mito
de la
globalización
a
todo
pasto
pasa
por
alto
las
cuestionesque, desde
que
existe
la
mercadotecnia,
y a
mayor
razón
desde la promoción del consumidor al rango de
«copro-
ductor»,
seplanteansusespecialistasque nodejanderepetirque los mercados están segmentados, diferenciados. Cuestión que
oportunamente
recuerda
el
sociólogo Frank Cochoy: «¿Cómo
puede
defenderse
el
mercado
unitario
y, a la
vez, difractarlolocalmente? ¿Cómo pueden obtenerse simultáneamente
ajus-
tes
macrosociales entre
la
oferta
y la
demanda global,
y
pre-servar
la
particularidad local
de los
agentes
y de los
objetosque intervienen en el intercambio?» (Cochoy, 1999, pág. 9).
Una
vez
pasada
la
fiebre
de las
grandes
maniobras
de
me-
gafusión
de la primera generación de las llamadas redes glo-bales,seimponeunaobservación:laempresa debe gestionarladiversidady, por
ello,
articularelnivel
local
yglobal (Cos-
of 00

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