Welcome to Scribd, the world's digital library. Read, publish, and share books and documents. See more
Download
Standard view
Full view
of .
Save to My Library
Look up keyword
Like this
14Activity
0 of .
Results for:
No results containing your search query
P. 1
El Enigma Multicultural Pp. 105-121

El Enigma Multicultural Pp. 105-121

Ratings: (0)|Views: 2,153|Likes:
Published by Xero GL

More info:

Published by: Xero GL on Jul 18, 2009
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

05/11/2014

pdf

text

original

 
aportanunaextrañauzsobrelaafirmaciónde que losEstados-nación
son
una empresa de carácter secular. Sin embargo, lo más importan-
te
en este contexto es lo que hacen los proyectos del Estado para lasreligionesen cuestión. Siguen manteniendo que los procesos deregistro, congregacionalización y devolución funcional deben cambiar
el
conceptoquetienenloscreyentesde supropia religión,asícomo
la
de los
demás.
La
importancia práctica
y
simbólica
de una
mezquita
o
de un
templo
se
transforma fundamentalmente cuando asume
el
papel
de
canalizador
de los
recursos
y
servicios
del
Estado.
Tal
y
como demuestran todas
las
pruebas,
la
religión
no es un
equipaje
cultural
que uno se lleva envuelto, atado y etiquetado cuan-
do
emigra.
Aun
cuando
es
así,
no se
puede desenvolver
y
pretenderque siga inmutable. Más bien la religión se podría comparar con unabrújula: proporcionaunpuntodeorientaciónysiempre señalaal
mismo
polo objetivo. Pero
el
asunto
es aún más
complicado
de lo
que esa metáfora alternativa podría sugerir. La brújula señala al norte,estemos donde estemos.
Sin
embargo,
el
rumbo
de la
creencia
y la
práctica religiosa cambiará cuando los propios usuarios cambien laposición
o
cuando
vean
que han
cambiado
en su
nuevo contexto.
Porlo
tanto, sería más apropiado entender la religión como un sextante,elinstrumentoqueutilizanlosmarineros para calcularsuposiciónenrelación con elfirmamento cambiante.Elsextantefue losuficiente-mente fiable para conducir a Colón hasta donde debería estar la
India,
según los mapas de la época, pero sus indicaciones siempreincluirán
el
tiempo
y el
lugar relativos
de los
propios navegantes. Estepunto de vista relacional, que ya hemos señalado en nuestro estudiode laetnicidad, queda igualmente claroen elcasode lareligión.
Lecturas complementarias
Schiffauer,Werner,«Migration
and
Religiousness»,
The New
Islamic
Presence
in
Western
Europe,
Londres, Mansell,
T.
Gerholm
e Y.
Lithman (comps.),
1988,
págs.
146-158.
E
enigma
multicultural
104
7.
Lacultura:¿setiene,secreaoambas cosas?
Desde
una
perspectiva esencialista
y
luego
procesual
hasta
una
construcción discursiva
Época de la comparación.
Cuanto
menos atados están los hombres a latradición, tanto mayor
es el
movimiento
de los
motivos
y
tanto mayor
es,
en
consecuencia,
la
inquietud
externa,
el
entrecruzamiento
de los
hom-bres,
la
polifonía
de los
afanes. ¿Para quién
hay en
general todavía
una
obligación
estricta de encadenarse entre sí y a su descendencia a unlugar? ¿Para quién
hay en
general
todavía
algo estrictamente vinculan-te?
Así,
como se reproducen toda clase de estilos artísticos unos junto
a
otros, también
todos los
niveles
y
clases
de
moralidad,
de
costumbres,de culturas. Una época como ésta recibe su significado del hecho de
que en
ella
se
pueden comparar
y
vivir unas junto
a
otras
las
distintasconcepciones del mundo,costumbres,culturas; lo cual antaño, dado el
dominio
siempre localizado de cada cultura, no era posible
debido
a la
vinculación
de todos los estilos artísticos a un lugar y a una época. [...]
¡Es
la época de la comparación! [...] Queremos más bien entender tangenerosamente como podamos la tarea que nos fija la
época:
por ello
nos
bendecirá la posteridad, una
posteridad
que se sabe por encimatanto de las cerradas culturas populares originales como de la cultura dela comparación (Friedrich Nietzsche,
[1878],
1968, pág.
45.*
* Trad. cast.: «De as cosas primeras y últimas»,
Humano, demasiado humano,
Madrid,
Akal, 1996, pág.
56.
 
Resulta difícil creer que el filósofo alemán Nietzsche
haya
escritoeste análisis casi cien años antes de que ni siquiera se llegara a pen-
sar en la
palabra
«multiculturalismo». A
pesar
de
todos
los
errores,Nietzsche
fue
capaz
de ver a las
personas como
los
activos nego-ciadores
de la
cultura
y de la
diferencia cultural.
Su
visión
fue
desoí-da cuando otros importantes pensadores sociales pretendieronestudiar
las
doctrinas «científicas»
de la
dominación colonial
y
apun-talarlas con teorías racistas de dominación colonial de «culturas
superiores»
y
«culturas inferiores». Probablemente Nietzsche reac-cionaba a la urbanización de Occidente, donde las florecientes ciuda-des atraían a numerosos grupos nuevos, cada uno con sus propias«culturas populares». Lejos de pronosticar ingenuamente una visión
acrisolada,Nietzsche predijo un período de
comparación
intercultu-
ral
que, si todo iba según lo previsto, daría lugar a una nueva formade entender la cultura. Pero no todo salió bien en la historia de Occi-dente e incluso muchos de los pensamientos multiculturales actua-les no han ido másalláde lafasedecomparacióndeNietzsche,comoveremos
en los
capítulos
8 y 9. A la
nuevaforma
de
entender
la
cultura
que
predijo
el
viejo filósofo todavía
le
queda mucho cami-
no
que
recorrer pero,
una vez
pasados cien años,
ya es
hora
deesbozar
alguno de sus aspectos.
El
punto de referencia de Nietzsche de las «culturas populares»ruralesdeEuropa unidasen loscrecientes
«nuevos»
suburbiosdeLondres, Berlín
y
Nueva
York,
supone
un
perfecto punto
de
arran-que: ¿quién sostendría en la actualidad que esas «culturas popula-
res»
podrían seguir inmutables o que se fundirían en un mágico
crisol?
Independientemente de la ciudad occidental en la que sushabitantes tracen sus ancestrales costumbres rurales propias de sufolclor, hoy en día todos estarán de acuerdo en que comparten lacultura de los londinenses, berlineses o neoyorquinos: es decir, sonurbanos pos«folclóricos». Sus miembros pueden atender a sus
«raí-
ces folclóricas»,porsupuesto, perolaspersonasque lasatiendenson innegablemente urbanas: incluso cuando buscan sus propias
«raíces»,
siguen las costumbres y métodos culturales urbanos, susexpectativasy susteorías. Fijémonosen losanglosajones proce-
E enigma
multicultural
10I¡
denles
de Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda que buscansus antepasados en las
listas
del ordenador de la armada del
British
Public Record Office; observemosa losemigrantes hiberniosque
vuelan
a Irlanda para ver sus casas tradicionales, pintadas de blan-coparalaocasiónpor el
Irish
Tourist Board;oestudiemosloscatá-logos de
viajes
comerciales organizados para todos los que buscan
sus
«raíces»
en
África occidental. Incluso
la
búsqueda consciente
y
planificadade las
«raíces
culturales»es unfenómeno enteramenteurbano, por no hablar de la definición de cultura reavivada en estaultramoderna ideade
«raíces».
Estolohemos vistoen elanálisisdeMcDonald(1989)de la nostalgia etnofolclórica entre los intelectua-les bretones. Los que sienten que poseen unas raíces no necesitanbuscarlas y muchos de los que las «poseen»
quieren librarse
deellas. Los desarraigados hablan de las raíces. La transformación del
«folclor
cultural» desde
un
plano rural
a la
nostalgia urbana
es un
fenómeno propio de una cultura urbana, tal y como señaló Mitchell
en
la
sudafricana
Ka/e/a
Dance
en
1956.
Hago
un
especial hincapié
en
este punto porque puede servir como modelo en un marco
multi-'
cultural.
Hoy el
multiculturalismo
ya no se
ocupa
de
«las
culturas folclóri-
cas»
decampesinos blancosqueacudenen
masa
a lasciudadesdominadas por otros blancos que los desprecian y a menudo quie-ren expulsarlos otra vez. El problema en la actualidad, tanto políticacomo teóricamente, tiene otros tres aspectos. Los conflictos deltriángulo multicultural tratan sobre la nacionalidad como cultura, delaetnicidad como cultura y de la religión como cultura. Todos ellosse desmigajan en cuanto alguien escarba un poco en la superficie:la nacionalidad como cultura no es postétnica ni posreligiosa; la etni-
cidad
como cultura se basa en una serie de compromisos cultural-mente fermentados, no en puros genes; y la religión como cultura noesunacuestióndelibrosconnormas sagradas sinodeorientacio-nes dependientes de un contexto. Sin embargo, las tres versionesde la cultura comparten la misma dicotomía: si la cultura se entiendecomo algoque unoposeeocomounprocesoque unomoldea.Hasta ahora, la teoría más influyente de las dos es |a esencialista,
 
I
que trata la cuestión de las culturas nacionales, las culturas étnicas
y
las culturas religiosas como objetos finales. Se tiene la creencia deque suscaracterísticasse hanconfiguradoatravésdelargos pro-cesos históricos
y en la
actualidad
se
piensa
que
influyen
e
incluso
dan
forma
a los
actos
y a la
manera
de
pensar
de
todos
los
llamados
miembros.
Bajo este prisma, la cultura, ya sea nacional, étnica o reli-giosa,
es
algo
que uno
posee
y de la que uno es
miembro,
y no
algo
que uno
crea
y
moldea
a
través
de la
constante actividad renovado-
ra.
Este punto de vista esencialista presenta dos ventajas en la vidadiaria.Altratarconniñosy conotros disidenteslesayudaamante-
nerse
por elbuen camino:
«Haz
lo que tedigatu
cultura»,
advierte,«porque
si no,
serás
un mal
miembro
o,
incluso,
no
serás
uno de losnuestros».
Al tratar a los extranjeros, ayuda a estereotiparlos sin difi-cultady averterlashabituales opiniones sobre cómo esos otrosdeberían pensar
y qué
deberían hacer
a
continuación.
Un
norteame-ricano se comportará como un norteamericano, un miembro de unaetnia como
un
miembro
de una
etnia,
un
musulmán como
un
musul-
mán.
No es
necesario preguntar quiénes
son si uno
sabe
lo que
son.Sólo
hay un
problema: ¿cómo predecimos
la
opinión
de los que
tie-
nen una
identidad
mixta
o
multidimensional?
¿Un
afroamericano
musulmán se
comportará
y
pensará como
un
norteamericano, como
un
negro norteamericano
o
como
un
musulmán? ¿Cómo
se
com-portarán los musulmanes albaneses en Bosnia a diferencia de los deSerbia?¿Y quéocurrecon losholandesesdeorigen turco que,aligual que muchas otras minorías, acuden a colegios católicos ro-manos?Este
prisma
esencialista
de la
cultura
tal vez no
sirva para cual-quier clase de futuro multicultural o incluso para poder hacer un aná-
lisis:
convierte a los niños en fotocopias culturales y a los adultos envíctimasculturales.Elerrores elmismoen los doscasos:no setiene en cuenta el hecho de que todos practicamos más de una cul-
tura.
Todos participamos en el mantenimiento, por no hablar de ladifusión, de una cultura nacional, de una cultura étnica y de una cul-tura
religiosa
y
probablemente
participamos
también en la
cultura
asociada
a unaregióno a una
ciudad,
a unalengua comunitaria par-
108
•La
cultura:
|
¿se
tiene,
se crea
o ambas
cosas?
109
ticular
y a una categoría social como puede ser la de estudiantes otrabajadores, feministas o motoristas, surferos o punkies. La lista esinterminable.En lassociedades urbanasdeOccidentey, dehecho,en todas las otras partes de nuestro mundo urbanizado, las distintasdivisiones culturales no van en paralelo unas con otras. Al contrario,
se
entrecruzan para formar
un
modelo sometido
a
cambios constan-tes de lo que sedebería llamar «divisiones entrecruzadas» (Bau-
mann,
1996). Según
el
criterio
1, uno
pertenece
a las
categorías
A
y
L; según el criterio 2, a las categorías B y K; según el criterio 3,uno es, por el momento, sólo un C. Sin embargo, esos criterios se
entrecruzan y,
consecuentemente,
las
categorías
que
definen
y los
grupos
que la gente puede formar también se entrecruzarán. A laspersonas
que
poseen distintos puntos
en
común
se las
considera
excéntricas: estas personas suponen un desafío a la mentalidadcomún sobre qué criterios van junto a otros. Sin embargo, por muyentretenidosquepuedanser losexcéntricos,elrestodenosotrossomos eldobledepluricéntricossitenemosencuenta algunasde
las
habituales y cotidianas rutinas. Fijémonos por un momento en loque es una mañana de las múltiples identidades del señor Esencia-
lista.
A las
nueve,
cuando
está
en su oficina, el
señor
Esencialista
dice
«hola»
a un colega de clase inferior nacido en la misma regióndel interior. En lugar de insistir en su distinción de clase, cuenta unchiste sobre sus colegas capitalinos nacidos en la ciudad. A las
diez,
elseñor Esencialistaseencuentracon uncompañeroque es
un
predicador laico, perode una
religión
distinta. Quieren hacernegocios, así que trata de despertar las simpatías de los colegas del
predicador
laico.
A las once se reúne con una
mujer
de
aspecto
extranjeroa la querecuerda haber vistoen sucampaña local
«Lim-
pia lascalles».Sumalestar
habitual
con los quetienen aspecto
extranjero
da paso al calor de dos compañeros de campaña y, a las
doce,
conoce al señor Sólo Esencialista que es como él, pero tam-bién es esencialista de los Masones
Libres.
No hacen buenasmigas. En cada una de esas horas, el señor Esencialista negocia
con dos
divisiones
entrecruzadas:
la
clase social frente
a la
religión,
la
religión frente a la fe como tal, el fenotipo frente al compromiso

Activity (14)

You've already reviewed this. Edit your review.
1 hundred reads
1 thousand reads
Analia Iarrar liked this
Jagoda Michnicka liked this
Ale Villao liked this
Lorena Ferreira liked this
Marcela Mena liked this

You're Reading a Free Preview

Download
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->