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1.- Reflexiones en torno al resurgir de la antropología dela sexualidad
José Antonio Nieto
Introducción
Resurgir es volver a surgir. Y, por tanto, es surgir de nuevo. Para resurgir se necesita que loque resurge haya estado previamente oculto, enterrado. Y, en este sentido, resurgir es resucitar.Emerger de las tinieblas que impiden la visión. Que obstaculiza la mirada sobre algo
 
preexistente. Y, además, implica que lo que nuevamente surge, lo novedoso, lo hace con fuerzacreciente. Es el caso de la Antropología de la SexualidadAntes de este resurgir, el registro de la sexualidad en Antropología se constituía comosilencio o, en menor medida, como la descarga involuntaria e incontrolable del impulsobiológico en cultura. El resurgir de la Antropología de la Sexualidad transforma la situación;
 
viene dado fundamentalmente por líneas de pensamiento propias de la construcciónsociocultural de la sexualidad. Lo que equivale a decir del desprendimiento de la interpretaciónbiológica de la sexualidad en cultura; de la sexualidad bioculturalmente entendida. Lasnumerosas aportaciones, en los dos últimos decenios, de la antropología a la sexualidad, encomparación con la postura abstencionista antropológica de décadas precedentes, estánmarcadas por el construccionismo social y cultural. Esto no indica que la antropología en
 
conjunto sea sexualmente construccionista. Contribuciones antropológicas de la sexualidad enlas que el «hecho sexual» está determinado, con mayor o menor intensidad, por la biología,siguen publicándose. Es más, posiblemente, la construcción sociocultural de la sexualidad, alpropiciar interés por el estudio del hecho sexual, rompiendo silencios clamorosos oaportaciones esporádicas, ha supuesto también el aumento de las publicaciones en que la basebiológica sexual da forma y contenido a la sexualidad (véanse algunos ejemplos: Bolin yWhelehan, 1999; Fisher, 1995; Frayser, 1985; Gregersen, 1994; Suggs y Miracle, f 993, 1999;Symons, 1990). Este capítulo y el libro como tal expondrán exclusivamente como la sexualidadse forja en sociedad y en cultura: el pensamiento construccionista y su crítica a la aproximaciónbiológica, que en Antropología se presenta en forma biocultural.Aspectos importantes que han resaltado los antropólogos construccionistas han consistido
 
en mostrar las relaciones que existen entre los significados, que dan los sistemas culturales ysociales a la sexualidad, y el poder del sistema, fundamentalmente político y económico. De loque se infiere, por un lado, una perspectiva menos neutra, natural y objetiva —pura ficción ofalsedad interesada del poder—de la organización sexual. Y, por otro, una perspectiva máspolitizada e (inter)subjetiva de esa misma organización de la sexualidad (Parker y Easton.
 
1998).Oirá aportación importante de la antropología construccionista ha sido el estudio delimpacto de la industrialización, modernización, occidentalización y globalización de lasexualidad, en países del Sureste asiático, africanos, caribeños y latinoamericanos (Manderson,Bennetty Sheldrake, 1999). Y, de la misma forma relevante, la antropología construccionista de
 
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la sexualidad ha contribuido a la desestabilización del fijismo conceptual del sexo y del género,favoreciendo la emergencia de la teoría de la performatividad, que enfatiza más la ambigüedade indeterminación de los actores sociales que producen los discursos sexuales, que elsignificado de los mismos (Morris, 1995).
 
Siendo de gran interés todas estas aportaciones de la Antropología para la comprensión dela actividad sexual y de las culturas sexuales, lo que une a todas ellas, por encima de losdistintos objetivos de estudio y de las diferencias enfatizadoras que las separan, es suposicionamiento no esencialista. El desvanecimiento biológico de sus ópticas y teorías sobre lasexualidad. Justamente, por su trascendental importancia, para la comprensión e interpretaciónde la sexualidad, se incidirá a continuación en el proceso que va del desvanecimiento gradual
 
de la biología, al énfasis en la organización social y cultural. El paso de la biología a la cultura,a mi juicio, es el sostén en que reposan las columnas de la «nueva» sexualidad.
El resurgimiento de la antropología de la sexualidad
Para Lindenbaum, en un artículo introductorio (1991), que da entrada a contribuciones dedistintos antropólogos (Leavitt, Jane y Peter Schneider, Tuzin, Vanee), el hecho en sí delresurgimiento antropológico sexual está cargado de gran significado. Pudiera decirse que esparadigmático. Porque para Lindenbaum, la «antropología redescubre el sexo». En efecto, su
 
artículo lleva por título Anthropology rediscovers sex (La Antropología redescubre el sexo). Laautora manifiesta claramente que, salvo excepciones (Mary Douglas, Gilbert Herdí y ThomasGregor), los antropólogos se han mostrado desapegados, remisos, apañados del simbolismocorporal y del estudio de la sexualidad. Así, desinteresados por la investigación de lasconductas sexuales, de la expresión de la sexualidad y de sus significados en distintos contextossociales e históricos, los antropólogos poco pueden hacer para formalizar teorías acerca del
 
desarrollo de la sexualidad y de la identidad de género. Es en los ochenta del siglo pasado y, engran medida, debido a la aparición y posterior evolución del SIDA, cuando la antropologíaretorna con interés la sexualidad.Vanee (1991), antropóloga de la Universidad de Columbia, Nueva York, y directora, enconjunción con Brummelhuis, del programa Sexaality, Culture and Society, de la Universidad
 
de Amsterdam (que a través de su Instituto de Verano celebrará en 2003 su séptima reunióninternacional), propicia, reafirma y profundiza la afirmación de Lindenbaum. Para Vaneetambién la «antropología redescubre la sexualidad». Su artículo tiene por encabezamientoAnthropology Rediscovers Sexuality: A Theorelical Caminen! (La Antropología redescubre lasexualidad. Un comentario teórico}. Que Lindenbaum use el término «sexo» y Vanee, en sulugar, use el vocablo «sexualidad», no implica gran cosa, el fondo de la cuestión permanece
 
inalterado. La Antropología retoma con interés el estudio de la sexualidad, después de unlarguísimo lapso de tiempo. Desde la muerte del «padre» de la Antropología de la Sexualidad,Malinowski, hasta el último tercio del siglo XX, la sexualidad para la Antropología se sitúa enel silencio o en la periferia más apartada de la disciplina.La Antropología Social y Cultural, para Vanee, a partir de 1975 y, con mayor vigor, desde
 
1990, distanciándose de posturas deterministas y esencialistas propias de la biomedicina,adopta interpretaciones innovadoras de la sexualidad. Las innovaciones consisten en laformulación de ideas y principios, previamente no contemplados, que enmarcan la sexualidaddesde la perspectiva teórica de la «construcción social». En otras palabras, la Antropología seaparta del «modelo biomédico de sexualidad».Vanee opone la construcción social de !a sexualidad al «modelo de influjo cultural». Estemodelo imperante en Antropología desde 1920 a 1990, pudiera decirse que representa laversión antropológica del modelo biomédico de sexualidad. Y aunque el componente culturallo aleja del modelo biomédico, el esencialismo biológico del modelo de influjo cultural impideese alejamiento. De modo que biología y cultura operan contradictoriamente. En el modelo deinflujo cultural la cultura frecuentemente queda desdibujada, constreñida o determinada por la
 
biología. De manera que las diferencias culturales y la diversidad sexual quedan anuladas oregistradas en un segundo plano. Ya que la sexualidad resulta inseparable de la biología, esinherente a ella, la cultura es el símbolo «inútil», como la ganga de los minerales, que
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