• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
Download
 
Teódulo López Meléndez
UNA INTERROGACIÓN ILIMITADA
(Tercera Lectura del nuevo milenio)
 
Tercera lectura del nuevo milenio
La incertidumbre sobre Atlas
El hombre de inicios del siglo XXI está sembrado en la incertidumbre. El paso de la primera década ha sembrado, aún más, la incredulidad, la perplejidad y la ausencia. Notiene que ver sólo con que hemos vivido la primera gran crisis económica, si bienadmitamos que la fractura sistémica de lo económico ha contribuido grandemente consu secuela de aumento de la pobreza, del hambre, del desempleo y de la insolidaridad.La incertidumbre se hunde más adentro en la medida en que la vida como repeticiónlimita la posibilidad de otras maneras. Las luchas hacia una nueva realidad – admitámoslo- parecen convertirse en una rueda trancada por objetos lanzados a su paso.El hombre parece no encontrar mundo, esto es, siente el agotamiento de la posibilidadde decisión, lo que significa la ausencia de la capacidad de reordenar, deautoconcretarse, de llegar a alguna parte, más cuando el lugar de arribo al que pudieraaspirarse se ve como sumergido en nebulosas y cada a se limita s a lasupervivencia cotidiana, o en lo primitivo de las carencias o en el hedonismoadormecedor.Si bien la incertidumbre ontológica o la incertidumbre social o la incertidumbreeconómica pueden ser citadas como permanentes compañeras de viaje, ahora, en el finde esta primera década de un nuevo milenio, como hacía muchísimo tiempo no sucedía,nos encontramos frente a un hombre herido de ausencia de perspectivas y sin estímulos para enfrentar su desnudez. La soledad frente al futuro parece maniatarlo.Los grandes proyectos quedaron atrás y son mirados con una sonrisa picaresca queexpresa aturdimiento, desolación y hasta burla por haberlos concebido. Algunosanalistas hablan de un “miedo a la vida”. La globalización encuentra su legitimidad enla simple existencia del proceso, mientras vemos a una Europa vacilante incapaz dedarse las formas más avanzadas de su unión. Mientras tanto el Estado-nación vive sucrisis y los viejos factores de cohesión se desmoronan. Tanto como los hechos históricos puntuales que nos tovivir a finales del siglo XX, la evaporacn de lossupuestamente homogéneos cuerpos de doctrinas (ideologías) ha lanzado al vacío aimportantes grupos carentes ahora del envoltorio protector, sin que un sano pragmatismo con ideas o de ideas termine por involucrarse en la conducción hacia unameta. La verdad se ha hecho, cada vez más, el viejo concepto nietzscheano.El pragmatismo no puede ser leído como negación de lo utópico, más bien como eldesatar de una imaginacn sin carriles, entubamiento o corsés de ortodoxia. El pragmatismo con ideas que reclamo como motor alterno al movimiento humano loconcibo como un desafío novedoso al hombre como sujeto y actor de la cultura, comoaquel –como tantas veces se ha dicho- que se empeña en dejar huella. Lananotecnología y la robótica en general, el apoltronamiento frente a la pantalla, la
 
inmovilidad del trayecto pueden conducirnos a grandes cambios físicos, es cierto, peroen lo humano sigue sembrándose el único interés posible.En la política conseguimos uno de los factores claves de la incertidumbre del hombre posmoderno. La política de la modernidad se agotó y con ella la forma claramente preferida, esto es, la democracia, dejando el vacío presente que no logra llenar laglobalización ni sus manifestaciones parciales de integraciones regionales. El poder, por su parte, se ha hecho vacuo, es decir, inútil arrastrando consigo a las luchas por obtenerlo, como es lógico en todo proceso de degradación. Ya el hombre no mira a lasformas políticas de organización social como paradigma emergente que siembre la posibilidad de un objetivo a alcanzar. Si bien la globalización presenta un salto –unocomo el tránsito de las sociedades agrícolas a las urbanas- carece del envoltorio de lasideas convirtiéndose en praxis realizada. El hombre de esta primera década del nuevomilenio ha vivido de espasmos o de convulsiones sin conseguir un nuevo envoltorio protector, a pesar del resurgimiento de lo local como nuevo ámbito que suministra unmínimo de preservación. Aún así, la destrucción de los viejos hábitats cuidadores deenvoltorio contribuye a la incertidumbre, tanto la ausencia de protector envolventecomo la ausencia de desafíos emocionantes. Ya he dicho de la ruptura del tiempo-espacio y de la desaparición de la distancia como elementos inmovilizadores a la par que suministradores de soledad y aislamiento y el hombre solo vive las consecuenciasatormentadoras de la falta de los enlaces sociales, ahora reducidos al mínimo, como el pequeño grupo de amigos o la pequeña red de intereses comunes compartidos.Quizás como nunca hemos dejado atrás el pasado sin que exista un presente, todo bajola paradoja de un futuro que nos alcanzó con sus innovaciones tecnogicas decomunicación que hoy se han convertido en nuevos símbolos de status. La ausencia deverdades proclama como necesaria la reinvención del hombre, de uno que se debateentre una mirada resignada y un temor hasta ahora intraducible a acción creadora. Laglobalización presenta el desafío también como global, como uno que excede a razas,geografías, pobreza o riqueza, nacionalidades o religiones. Una unión paradójica –  podemos admitirlo- o una unión desigual o una unión de grandes contradicciones y deconflictos a los cuales no debemos temer.Los envoltorios protectores se diluyeron cual bolsas de plástico biodegradable. Lassoluciones a las interrogantes se evaporaron. El hombre perplejo e incierto ahora hadescubierto que lo creado no era un
eternum
sino una contingencia histórica, unmomento –tanto como puede concebirse un momento en la historia humana- y que enconsecuencia se traslada al pasado. El peligro inminente es un nuevo poder totalitarioque se aproveche de la incertidumbre. El peligro inminente es la pérdida de la voluntadde un hombre que preferiría dejarse dirigir antes que desafiar de nuevo al pensamiento.El deterioro de lo social-político refuerza pues al hombre posmoderno en laincertidumbre. El depositario mismo y real del poder se ha hecho indefinible. El temor  por el futuro colectivo se convierte –otra paradoja- en una angustia personalizada deautoescondite. Ante la falta de protección suplicamos por una, encerrados en envoltoriosde fragilidad pasmosa. El hampa desatada –también un fenómeno global, aunque enalgunas partes cohacedora del necesario temor para el desarrollo de una revolución-incrementa de manera notable la inseguridad general que hemos llamado incertidumbre.Asistimos, entonces y como parte de la ruleta, con factores que siembran incertidumbreen procura de una legitimación falsa. Las acciones colectivas se tornan cada día más
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...