No son pirómanos, sonaprovechados
El perfil de provocador de incendios es el de una persona cuerda conintereses en juego o un imprudente - Los psicópatas se suman luego
JOSÉ LUIS BARBERÍA
22/07/2009
El gran combate se libra en verano, con las lenguas de fuego multiplicándosepor la accidentada orografía española y miles de personas enfrentándose a lasgigantescas paredes de llamas; o peor aún: a los abrasadores y traicionerosremolinos que succionan y devoran lo que encuentran a su paso, sin distinguirentre el matorral y el bosque, entre los pinos y eucaliptos y los árbolescentenarios, entre la flora y la fauna, entre el pasto y las viviendas. Laindignación estalla al calor de la batalla, pero no encuentra sosiego cuando latempestad de fuego y humo pasa y aparece el paisaje de la desolación: arboledasconsumidas, tierras calcinadas, despojadas de su cubierta vegetal, acuíferoscontaminados...; un paso más hacia la desertificación.
"¿Quién ha sido?", reclama la gente, exacerbada por la sospecha de que losculpables burlaran la acción de la justicia y que, en cualquier caso, no hay castigo suficiente con que pagar tamañas fechorías. En las
webs
y en los bares,en las calles y en las casas, abundan las predicciones apocalípticas y lassoluciones expeditivas, no muy diferentes a la antigua práctica de arrojar alincendiario a la hoguera, castigarle con cincuenta latigazos o someterle a laprueba del juicio de Dios: que atraviese desnudo un campo de troncos ardientes.Es la reacción refleja a la perturbadora asociación del fuego y el pánico que sedesata, sobre todo, en los casos, cada vez más frecuentes, en que las llamassurgen en tierra de nadie, entre el campo y las urbanizaciones, y terminanamenazando las propiedades y las vidas.La mano que maneja aviesamente el mechero -durante julio y agosto surgen adiario entre 25 y 30 nuevos incendios- conoce muy bien el terreno que pisa y lascondiciones ambientales que convierten el monte en una bomba de efectospotencialmente devastadores. En verano acostumbra a prender la mecha
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