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VkGABLiEN
CHI
INDAJE
Y
SOCl
EDAD
FROMTERI
ZALE (SIGLOSXVI
II
A
XI
X)
(*)I
No
existe una decarse
a
todas
las
s(
se presenta bajo
la
estructuras dominan(según
la
terminolo~aturales humanasfinicn exhaustiva del vagabundaje, que pudiera
apli
-
Iciedades
y
a
todos
los
tiempos
(1).
Es
un fenomeno que
.s
s
diversas configuraciones históricas, segun
las
ites,
si
se deja aparte el vagabundaje
s
"elementapgía de Vex1 iard), repercusión constante de catástrofescomo
la
peste
o
la
guerra, de corta duración. Pare-ce siempre propio de
la
esencia del vagabundaje el desplazamiento local:
el
idioma castellano suele distinguir entre e! vagabundo
y
el
"vago", queaunque irregular, es sedentario.
Mas
la
simple errancia puede ser normal:
así
el género de vida nómade
o
trashumante,
los
oficios que implican mo-vilidad.
El
vagabundaje supone, además del desplazamiento continuo, uncierto retiro de
los
fines
y
medios sokiales un retreatism, en
el
senti
clo
de Robert Merton.Pero
tal
desviación de
)a
personalidad
es
de
tal
mo-
do
diversa sen culturas
y
períodos históricos,
la
anomia puede tener ungrado tan alto
o
tan mínimo, que
el
verdadero interés del historiador
al
';i
tratar este tema radica precisamente en
la
descripción de estas formas va-
NOTA
.
(*)
Besarrollé anteriormente este tema en un arculo redactado en 1964,pero publr5ado en el número de "Annales" de Fnero-Febrero dr 1966, con eltítulo de Vagabondage et socrété pastorale en Amérrquc Latrne (spécrale-ment au ChLle central)'. En el presente trabajo he dejado de mano el
pa-
norama comparatrvo amerzcano que contrene aquel artículo;
y
en cambio
he
ampliado sustencralmente
la
base documental en los aechrvos chrlanos, a-clarando
y
drscrrmrnando,
los
puntos de
vtsta
bászcos. Por este mottvo
to
consrdero un nuevo trabajo.Bebo hacer presente el agradeczmrento
a
los
rnvestrgadores del Centrode Estudios Socto-Bconómrcos de
la
Facultad de Crencras Fconómrcas de
ZU
Unzversrdad de Chzle. que,
por
sus observacrones criticas o sus dudas, hancontrrbuzdo
a
perfecctonar est? estudio. He rncorporado nuevas evzdencraspara satisfacer
a
esas drrdas, y h. res~gLdcargunas sugerenr~as,Por este últrmo motivo debo reconoczczmzento
a
Eduardo Hamuy,
-
Ladrón de Guevara, Srlvia Hepnández. Tambien debo agradecer
a
Gonzalo
Iz-
qurerso,
.lo*
Laureanoquien formuló Útrles observaczones sobre
la
redacción
de7
traba
 
-2-
riables.
Dado
el tipo
de
documentación que, en los siglos
XVI
ai
XIX
de
ja
un fenómeno popular tan fluido por su naturaleza,
el
conocimiento
psi
coiógico de
las
personalidades
se
hace muy difícil: en cambio pueden
a
prehenderse, en escala colectiva,
los
tipos de grupos vagabundos
su
extracción
y
organización, su relación con algunas estructuras, En ello
se
centra este estudio.
riurauerttmsiibe
UUII
eblrtlb
IUIUIU.~
~jtl~a
se
confunde con
ellas,
es porque
la
nc
sa
lo
obliga
pasajeramente
a
ello. Dui
je
en Occidente, en
la
Edad Media, estculturales de tan alto rango como
las
El
vagabundo puede asimilarse
al
bandolerismo, cuando
es
agresivo,
o
a
la
mendicidad,
si
es
pacífico; pero, en
el
fondo, no
se
identifica nunca
y
como institucionalizadas
(2):.
si
2cesidad de subsistencia
o
de defen
-a
a
-1
1
____
-L
-
---
--J.-
-
c
I
=.I
-,.
es
r
O1
gotarse en
esa
conexión:
es
couna corteza, cuando se les
mi1
_.
,
-..
.
esos acontecimientos secretaran.!endo abstracción
de
sus valores
3
1
-
-.-..
..
..-..
.*
.
..
L.
_.
juglarismo. sin
que,
naturalmente, tales movimientos hisricos puedan
a
mo
si
como
‘a
haci
pro
pios,
el
rasgo vagmunao. uesae el
siglo
XLV
ai
XIX,
el
concepr;o
se
zornapolicial,
La
legislacjón usa por
primera
vez
el
vocablo durante
la
GranPeste
de
1340,
para
aplicarlo
a
los
pobres ociosos
y
a
los
‘sospechosos
,
persiguléndoios
para
obligarles
al
trabajo, E,I vagabundaje entre,desdeien-tonces,
cn
relación con el trabajo asalariado como una reserva de man((le obra
o
como un desecho en
las
épocas de contracción forma parte deejército industrial
de
reserva'^
de
,Marx,
O
1
,
En España
y
América
Española,
los
intelectuales
y
funcionarios
de
la~lustracn uministraron una explicación estructural poniendo en rela-ción este femeno con el iatifundismo despoblador
y
con
la
debilidad bá-
sica
del comercio,
José
Antonio Saco en
su
Memoria sobre
la
vagancia en
la
isla
de
Cuba (La Habana,
1830)
define, por decirlo
así
negativamente,
la
vagancia en función de todos
los
factores económicos
y
sociales queponían un obstáculo
a
la
cohesión social
y
ai
trabajo
industrioso,Pero
esta
definición, muy vinculada
al
criterio
reformista economicis-ta, deja de mano una perspectiva hisrica fundamental,
al
examinar solan,ente
los
aspectos que
se
consideraban‘nocivos
y
al.
determinar sus “‘cau,gas‘ en un plano reducido
al
presente inmediato, La verdad
es
que
América
Cspaiíola había surgido de unas conquistas aventureras y conocido
amplia-
riente el vagabundaje en
el
mismo siglo
XVI,
Sólo
muy lentamente el espa-
ñol
Se
estabiliza se convierte en un dominador sedentario que realmente
ocupa'^
el
territorio:
y
de
este
paulatino posesionarse surge un ordencstratificado, que,
a
su vez, produce nuevos elementos
de
desecho,
El
siglo
XVI.
con sus
bandas
de hombres
y
muchachos
?n
rápida forma-ción
y
disgregación que se lanzan
a
nuevas
emDresas
sin esperar en abso-luto
la
consolidación
de
lo apenas fundado. constituye una
edad
de oro
de
 
3
I
n~~~nruralla por
lo
demás prolonga
las
tendencias aventureras his
íniras
pn
el
Mediterráneo en
las
costas africanas en
las
Canarias que
P
habían
desplegado en
los
siglos anterioresA
para
no hablar de
la
vidarrontpriza de toda la mitad meridional de
la
península en
los
siglos
fi
iinles
de la Edad Media
La
misma
fase histórica del capitalismo
del
siglo
yv~
a sido denominada por Werner
Sembart
capitalismo aventurere
tal
romo
la aventura lica domina
el
factor del riesgo sobre
el
razonable
~klculo.
Los
conquistadores importantes emprenden, por
su
pro pia cuentariesgo cargando sobre
sí
con
lo
fortuito,
la
apertura de nuevas fuen-
tes
de poder
y
riqueza. podemos, pues,
aplicarle
con derecho
la
designa
ción
de aventureros. Pero los "'pequos conquistadores"
~
que les siguen
J
que
quedan generalmente postergados
y
fallidos
a
la
hora de recibir
el
premio, que no pueden costear
SU
Propia empresa, forman una especie deproletariado militar, de soldados
y
criados, que viven de
la
paga
o
dela hospitalidad.
Ellos
constituyen
ei
fermento de
las
Guerras Civiles
pe-
ruanas
y
el contingente de
las
nuevas conquistas. Forman,
más
tarde, la,capa flotante de
las
grandes ciudades
y
de los centros mineros;
o
bienosedesarrolla en ellos
la
errancia, deambulan por el territorio viviendo
so-
bre todo de
la
depredación en los pueblos de indios
(3)
La
aventura de
las
Conquistas deja como desecho, podemos decir, el rasgovagabundo
y
el pillaj e.Por
lo
des, este fenómeno social no afecta solamente
a
los conquis
.-
tadores. sino también
a
los indígenas dominados,
para
quienes tantas ve-ces el nuevo régimen significó
la
desorganización
parcial
o
total de suantiguo arraigo agrario sacrificado sobre todo
a
las
faenas mineras, que,
por
el constante d<splazamiento de turnos
de
trabajo, fomentan
el
vagabundaj e.Se podría, pues, estudiar
el
tema en el mismo siglo
XVI
en Chile, Sinembargo, el fenómeno
está
tan íntimamente ligado
al acaecer
total de
la
conquista, que preferimos,
para
obtener una vista
s
específica, iniciarel estudio en
el
período siguiente,
a
fin de lograr
así
un relativo
ais-
lamiento
y
delimitación.
A
partir
de
1600,
existe en Chile una zona paci-ficada
y
estabilizada,
y
más
al
Sur una región fronteriza. Esta retienemucho mejor los rasgos conquistadores, en
escala
reducida. El vagabundajedesempeña en una
y
otra zona un rol
y
unas proporciones muy diferen-tes. preferimos, pues, situar decididamente, como punto de partida,
el
siglo
XVII.
of 00

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