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Resumen - Fernando Rocchi (2006) "Cronos, Hermes y Clío en el Olimpo del mundo académico: historia y teoría económica, 1960-2005"

Resumen - Fernando Rocchi (2006) "Cronos, Hermes y Clío en el Olimpo del mundo académico: historia y teoría económica, 1960-2005"

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Historiografía - Historia Económica - Teoría Económica
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1
Fernando Rocchi
(2006)CRONOS, HERMES Y CLÍO EN EL OLIMPO DEL MUNDO ACADÉMICO: HISTORIA Y TEORIAECONÓMICA, 1960-2005
Introducción
La historia económica es una
rara avis
en la fauna historiográfica. Su peculiaridad está directamente relacionada con laimportancia que la teoría económica, de la que se nutre para sus interpretaciones, ha ido acumulando en el campo delconocimiento. La fuerza que ejerce la teoría sobre la historia económica se multiplica por el esfuerzo de la mayoría de loseconomistas pertenecientes al Olimpo de su disciplina han realizado para desentrañar el pasado. La teoría y la historia económicahan recorrido senderos paralelos. En ese camino, los cambios en las perspectivas y en los temas estudiados han sido herederos delas preocupaciones del momento.
¿La revolución cliométrica ha terminado?
En la década de 1960, un grupo de jóvenes historiadores asomó en la escena de la historia económica con el fin de cambiarla. Y lohizo para siempre. Su objetivo confeso era llevar esta disciplina a un rigor científico al que no estaba acostumbrada; para lograrlo,ofreció una teoría y un método: el marco neoclásico y la econometría. Así nacía la cliometría, una escuela que transformó lahistoriografía con el nombre de
 Nueva Historia Económica
(
 New Economic History
). El éxito de la cliometría en la historiaeconómica fue paralelo al triunfo de un modernizado paradigma neoclásico en la teoría económica. Fue en los años en quecomenzó a deshacerse el consenso keynesiano y despuntó el monetarismo que la
nueva historia económica
surgió y se afianzócomo perspectiva. La popularidad del nuevo enfoque historiográfico también se relacionó con la crisis que se produjo en torno alas posibilidades que tenía el Estado para poder aplicar políticas sociales efectivas.La
nueva historia económica
presentaba dos posibles problemas. Por un lado, un modelo teórico que aspiraba a la predicciónchocaba con quienes consideraban a la historia como el estudio de hechos irrepetibles. Por otro lado, como señalara
RobertoCortés Conde
, la cuantific
ación se revistió de un “carácter sagrado que para algunos tiene o porque no la conocen o porque alacercarse a esos métodos quedan deslumbrados por ellos”.
La cliometría sufrió el ataque (o la salvación) más impactante de partede uno de sus creadores. En 1974
Douglass North
encontró que la teoría neoclásica brindaba un marco de referencia precario paraexplorar los cambios históricos, pues no había sido diseñada para entender las transformaciones económicas en el largo plazo ysuponía la existencia de mercados perfectos. La alternativa fue crear un nuevo concepto que retomaba principios que
RonaldCoase
 
había propuesto en 1937: los “costos de transacción”. Esta variable era definida por North como el pago extraordinario que
se debía hacer en las operaciones económicas para garantizar la posibilidad y el cumplimiento de los contratos. Como nuevo paradigma, el autor propuso una explicación institucional para entender el cambio histórico. Las mejores instituciones eranaquellas que disminuían al máximo los costos de transacción. La ruptura con el modelo cliométrico tuvo efectos más modestos delo que podría esperarse. Desde el punto de vista metodológico, ninguna crítica le quitó un rigor ganado a fuerza de un duro trabajode recolección de datos y de refinamiento de técnicas. En cuanto a la teoría, el institucionalismo no ofreció un modelo alternativo,sino una variación del original, que encontraba en los costos de transacción una fricción pero no una invalidación al mismo.Sería difícil entender el éxito de la
nueva historia económica
sin verla como una heredera de los logros que la teoría neoclásicatuvo a partir de 1871. En ese año se publicaron dos libros que transformaron radicalmente la forma en que se entendían losintercambios económicos, y que, iba a dar por muerta la discusión que se había dado en torno a la diferencia entre valores y precios.
Stanley Jevons
con
 La teoría de la economía
y
Karl Menger
con sus
 Principios de Economía
construyeron una nuevaforma de pensar valores y precios y dieron lugar a la revolución marginalista. Para el marginalismo, el valor de las mercancías noera objetivo sino que dependía de la subjetividad del consumidor, por lo que el valor y el precio pasaron a ser la misma cosa. Elvalor o precio de una mercancía de una mercancía no estaba dado por su utilidad total sino por la que brindaba la última unidad (lamarginal) que se adicionaba al consumo.
El consumo ataca
En 1982, un libro escrito por 
Neil McKendrick 
,
John Brewer
y
J. Pluma
sembró las semillas de un nuevo campo de estudio quecentraba su análisis en la demanda. Había nacido el
consumerism
(o perspectiva centrada en el consumidor) como marca indelebleque explicaba los orígenes de la revolución industrial en la Inglaterra del siglo XVIII por una estructura social fluida, salariosreales en alza, una burguesía dispuesta a emular a la aristocracia. Si bien no habían faltado autores que mostraran la interacciónentre oferta y demanda, el nuevo esquema presentaba un cambio drástico en la lógica del proceso: la demanda se movía conautonomía sin intervención de un Estado sino de los movimientos de precios del propio mercado. El
consumerism
se acopló a lasdiscusiones que en la teoría económica se produjeron durante la década de 1980. El debate de los años en que asomó un limitado
 
2
optimismo después de la crisis de 1973 se desarrolló en dos planos: el de la naturaleza del sistema económico y el de la eficienciade las políticas implementadas.
La cuantificación y la perturbación
La cliometría ofreció al nuevo campo un anclaje para la construcción de sus hipótesis a partir del desarrollo de los estudioscuantitativos de consumo. Estos trabajos iban a mostrar que el matrimonio de teoría y método que tan bien había funcionado en la
nueva historia económica
producía, en el caso del
consumerism
una relación más conflictiva. El entusiasmo de la cliometría por elconsumo se desplegó en paralelo con un nuevo cambio en la teoría económica. Economistas como
Gary Becker
se lanzaron aestudiar áreas en las que antes no habían incursionado. El gusto, las adicciones y la familia, previamente reservadas a la psicología, la sociología y la antropología, aparecieron como los ejes de las nuevas preocupaciones de Becker. El historiador Jan
de Vries
ofreció un ejemplo de aplicación de la ruta beckeriana en la historia del consumo. Tomando los incentivos que podíarecibir una
household economic unit 
, de Vries explicaba las razones del aumento en las horas de labor de los trabajadores en la proto-industrialización como muestra de un deseo por ampliar su participación en el mundo de la demanda. Pero este trabajochocaba con el consumerism porque dejaba de lado un comportamiento que resulta característico de los grupos de pobres que no pueden ascender en la escala social y reciben ingresos de manera espasmódica: el gasto inmediato de lo percibido. En estecontexto resulta difícil pensar en una demanda estable que produzca una revolución en el consumo. Si bien se hablaba de un proceso ocurrido en un tiempo previo a la revolución industrial, resultaba fácil aplicar la misma lógica para rebatir la razón delaumento en el número de horas trabajadas de los obreros; en vez de la disciplina patronal marcada por el reloj, el deseo deconsumir más aparecía como explicación alternativa. Esta interpretación requería del apoyo del análisis cuantitativo y lacliometría estaba al alcance de la mano. El debate que iniciaron
E. Hobsbawm
y
Max Hartwell
sobre las consecuenciasnegativas o positivas de la revolución industrial sobre los salarios reales de los trabajadores encontraba en las variables delconsumo una salida imaginativa para destrabar la discusión: la medición de la altura de la población a largo plazo, entendida comosucedánea del bienestar, pues es una variable dependiente de la alimentación recibida durante el primer año de vida. Libros decomercio e inventarios familiares aparecieron para aportar datos empíricos que sólo los métodos cliométricos podían manejar conrigurosidad. Las conclusiones obtenidas arrojaron un resultado imprevisto, más cercano a Hobsbawm que a Hartwell. El trabajoempírico que
Carole Shammas
produjo mostró que una mayor participación en la sociedad de consumo no mejoraba sino quedeterioraba la ya dura vida de los pobres. Si los resultados habían sido tan negativos, el punto central era develar las razones quehabían llevado a un grupo de gente con tan pocas expectativas de futuro a consumir de manera creciente. Para obtener unarespuesta válida, la historia del consumo se deslizó de los orígenes de la revolución industrial a los del propio capitalismo. Con
esta pretensión, era inevitable enfrentarse a las “grandes narrativas” que se habían ocupado
del tema, como la que
Max Weber
 había ofrecido en
 La ética protestante y el espíritu del capitalismo
. Fue justamente la reconsideración del modelo weberiano elcamino por donde el consumo irrumpió como categoría cultural para explicar el nacimiento de un nuevo sistema económico. Para
Chandra Mujerki
(1983) los valores culturales de la vida moderna habían surgido cuando números significativos de gentecomenzaron a ahorrar y a gastar mucho a la vez. Y esto había ocurrido en la Holanda que produjo una revolución en el consumosimilar en calidad pero significativamente menor en cantidad a la que había encontrado
McKendrick 
en la Inglaterra del sigloXVIII. El conflicto psicológico entre deseo y satisfacción es el eje del análisis de
Simon Schama
. El consumo en la Holanda delos siglos XVI y XVII habría llegado a la insatisfacción que posteriormente caracterizaría a la sociedad de consumo, cuando loscalvinistas holandeses se vieron en la pugna que sufrían frente a la compulsión que sienten los nuevos ricos por ostentar el uso de bienes para legitimar una posición social conseguida recientemente y el cumplimiento de una religión que llevaba el ascetismohasta la ornamentación de sus iglesias. A partir de esta consideración
Campbell
 
desarrolló su hipótesis de la “otra ética protestante”, con calvinistas preso
s de una esquizofrenia económica (que los llevaba a ser ascetas en la iglesia pero gastadores enla vida cotidiana).
Auge y caída del posmodernismo
A partir de la década de 1990 se ha producido una verdadera explosión en la historia del consumo, y desde todos los flancos posibles tanto en la teoría cuanto en la metodología utilizada. Dentro de este fenómeno, el enfoque cualitativo ha prevalecido por encima del cuantitativo y los análisis fenomenológicos volvieron a primar. La historia del consumo se nutrió de ese nuevooptimismo y comenzó a privilegiar la formación de estilos no vinculados con los ingresos como categorías distintivas y la falta delímites que viene asociada a la plétora de la confianza otorgó un pasaporte de entrada de la posmodernidad al campo de la historiaeconómica. Quizá el mayor aporte que le ha dado el pos-modernismo a la historia del consumo resida en la metodología, no por sus contribuciones sino por las críticas que desde el sentido común se le realizaron. El optimismo de los primeros años noventacomenzó a resquebrajarse en 1995, cuando una señal de alerta se encendió sobre la economía mundial. La crisis mexicana seríasólo la primera de un rosario de debacles que se desencadenaron en el Sudoeste Asiático y Rusia. Poco a poco, el mundo fuedespertándose de un sueño que moría poco después de haber nacido. El modelo neoclásico alcanzó en
Robert Lucas
una nueva
 
3
interpretación. Propuso una interpretación del comportamiento de los agentes económicos que, en vez de estar basado en lasexperiencias pasadas (las expectativas adaptables) se fundaba en las posibles evoluciones futuras que resultaban del progreso probable que acciones de política económica del presente tendrían en el corto y largo plazo. El nuevo concepto se llamóexpectativas racionales y resultó en una nueva escuela, llamada
 New Clasical School 
. Así como la teoría económica escapaba dela
 New Economics
con una relectura del marginalismo, la historia del consumo se liberó de los excesos del pos-modernismogracias a la recuperación de los autores clásicos.
Gabriel de Tarde
,
Thornstein Veblen
y
Georg Simmel
respondieron a la pregunta central de la sociología de cómo grupos de individuos diferentes logran mantener un tejido social que los amalgame. Larespuesta de los tres fue la emulación, una conducta colectiva que generaba armonía frente a conflictos potenciales. Si la copia erael motor de la vida social, el consumo pasaba a ser un campo de análisis privilegiado. Junto con la vuelta de los clásicos, lahistoria del consumo revalorizó a
Norbert Elias
, que también se había internado en los tejidos de la vida cotidiana para extraer conclusiones reveladoras. En
 El proceso civilizador 
(1942) analizaba códigos de costumbres que iban desde las formas de escupir hasta las de comportarse en la mesa y en la cama. Con esta reinterpretación, la historia del consumo tuvo una nueva oportunidad para apartar la hojarasca y construir interpretaciones verdaderamente históricas. Para ello hizo uso de herramientas que ya habíandesarrollado durante largo tiempo otras ciencias sociales.
Historia económica y antropológica
La antropología fue la principal disciplina a la hora de proveer e miradas y herramientas a una renovada historia del consumo. Su principal aporte residía en que sólo los especialistas en las peculiaridades podían dar cuenta de las particularidades culturales degrupos humanos que sólo una creencia ciega en la globalización escondía. La antropología se acercó a la vez a la teoría y a lahistoria económica. En 1996
Mary Douglas
publicó
 Estilos de pensar 
donde sostenía que era el estilo de vida
 – 
y no la clasesocial
 – 
el que determinaba el comportamiento de un grupo y lo distinguía de los otros.
Pierre Bourdieu
(1988), a partir de la ideaclásica de emulación, marcó cómo la copia podía desarrollar de manera paralela una conducta conflictiva mediante la distinción.La ligazón entre antropología e historia económica fue paralela a la nueva mirada sobre la forma de escribir historia que
RobertDarnton
inició desde su acercamiento a
Clifford Geertz
y la publicación de su Gran matanza de gatos. El camino inverso llevó a
Daniel Miller
a revelar en su
 A Theory of Shopping 
(1998) la importancia que tiene la historia a la vez íntima y económicarealizada por 
George Bataille
y su hipótesis sobre la existencia de grupos humanos que operan no tanto por necesidades sino por la idea de un exceso desplegada en el sacrificio ritual. Miller concluye que el acto de compra es un acto de devoción, de amor y de
sacrificio ritual. Los economistas, por su parte, han encontrado nuevas “herejías” para interpretar al mercado. Uno de los pl
anteosmás radicales el de
Marina Bianchi
al considerar a los consumidores como productores y mostrar al mundo del consumo comoenfrentando problemas decisionales similares al de la producción. La idea de la novedad le permite a Bianchi construir variashipótesis: 1) el consumidor es un productor activo de su propio bienestar, 2) la producción del bienestar individual es también un proceso innovador y creativo, y 3) la novedad, el descubrimiento y la sorpresa pueden ser placenteros y, como tales, determinantesde la función de utilidad del consumidor.
Arjun Appadurai
sostiene que el consumo debe ser analizado en el contexto másamplio de conductas que producen hábitos a través de la repetición.
¿Hacia una nueva historia económica?
El siglo XXI nació en la historia económica con una vuelta de los grandes relatos que intentaban responder a la pregunta centralde la teoría del crecimiento: por qué algunos países crecen y se desarrollan y otros no lo hacen. El gran relato en la historiaeconómica se ha desarrollado sin solución de continuidad. Per 
o en las últimas décadas ha surgido una nueva visión de la “historiamundial”, diferente a la “universal history” de
Arnold Toynbee
. La
 New World History
quedó esbozada con
Eric Jones
y suintento por demostrar que los factores internos
 – 
como la cultura
 – 
tenían una importancia menor que los externos para explicar lahistoria económica. En
Growth Recurring 
, la tesis de Jones se mostraba con más claridad: el autor aseguraba que el tipo deEstados e instituciones era el factor decisivo en el crecimiento y desarrollo. Las pretensiones de la New World History tambiénhan llegado quizá demasiado lejos. Un ejemplo es la obra de
David Christian
quien intenta explicar la historia natural y humanadesde el
 Big Bang 
hasta nuestros días en una conjunción de variables astronómicas y climáticas. En su intento por entablar unaguerra a muerte con las explicaciones culturalistas sólo ofrece una no menos discutible alternativa basada en la geografía y elmedio ambiente. Los grandes relatos escritos entre 1996 y 1998 todavía reflejaban un ambiente de optimismo que la crisis rusaterminó de disipar. A partir de entonces, han contado con una saludable cuota de malicia. El cambio de escenario no sólo se produjo por la aparición de crisis que desmentían el optimismo de la
 New Economics
. En buena medida, también fue el resultadode un movimiento más profundo en el análisis económico y en su relación con la historia: el desarrollo volvía a desplazar elcrecimiento de las preocupaciones historiográficas. Otra buena noticia que han traído los nuevos tiempos ha sido el uso decategorías de análisis más rigurosas. La teoría económica ofrece hoy un regalo cuyas bondades sólo podemos llegar a sospechar:la
behavioral economics
desarrollada por 
Daniel Kahneman
y que le valieron el Premio Nobel de Economía en 2002. Para elautor las pérdidas son mucho más potentes que las ganancias en su capacidad de afectar la sensibilidad humana. También ha

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