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El Estado democrático
Crítica de lasoberanía burguesa
GegenStandpunkt
 
Índice
Introducción...........................................................................................................................................3§ 1 La libertad y la igualdad. La propiedad privada. La voluntad libre abstracta...........................7§ 2 La soberanía. El pueblo. Los derechos fundamentales. La representación.............................11§ 3 La ley. El Estado de derecho. La democracia..............................................................................14§ 4 El derecho. La protección de la persona y la propiedad. La moral..........................................18§ 5 El capitalista total ideal. El Estado social....................................................................................24§ 6 Los impuestos.................................................................................................................................49§ 7 La política fiscal. El presupuesto. Endeudamiento público......................................................52§ 8 El bien común. La política económica........................................................................................55§ 9 El juego democrático: elecciones, parlamento y gobierno........................................................66§ 10 La opinión pública. El pluralismo de opiniones. La tolerancia..............................................78
 
GegenStandpunkt
.com
El Estado democrático ——————————————————————————————————————
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Introducción
El presente trabajo es la explicación de los principios generales del poder político del capitalismomoderno. Juzgamos será de interés para todos aquellos que necesiten y deseen adquirir conocimientosobjetivos sobre el estado burgués moderno, sus fines y sus causas.La democracia se alaba a sí misma y es alabada como la forma política de mandar y obedecer, dedominar, hecha a la medida de la razón humana. Se la asocia "naturalmente" con la riqueza, elbienestar y la libertad. También con el patriotismo "sano". Jamás con la violencia ni con la pobreza. Porsupuesto que ni una ni otra están ausentes en ninguna nación democráticamente gobernada, pero lospartidarios de la democracia niegan que ambas sean obra suya, porque según ellos la auténtica obra dela democracia es "crear riqueza", que acumulada en manos privadas y públicas hace la grandeza de lasnaciones. La miseria y la violencia,
en la democracia,
son
 problemas
. Manejarlos con habilidad y soltura es una cualidad del arte político de gobernar en libertad.La idea que la democracia suprime la violencia y la miseria existe en las democracias en formación,en los países que según la prensa de las metrópolis, "van camino hacia..., retornan a... o experimentancon la democracia", como ilusión basada en una confusión de términos, a veces calculada otras no: lariqueza privada y el éxito estatal se igualan al bienestar popular y la grandeza nacional a la felicidad delpueblo. La falsa ecuación deviene, en las democracias en formación, el motor de la política. Por otrolado la presión del poderío de las grandes democracias
prescribe
cómo debe confeccionarse elpresupuesto público, equiparse las fuerzas armadas o librarse una campaña electoral, (a veces hasta lasfinancia directamente), y en consecuencia también cómo se debe gobernar: hay que imitarlas en
todo
.Pero la imitación no solamente no garantiza el ansiado éxito nacional, como está basada en lasprescripciones que precisamente imponen los intereses económicos y políticos
imperialistas
de lasgrandes democracias, ella consolida el fracaso nacional, asentándolo ahora sí en el consenso político degobernantes y gobernados de que hay que sacrificarse por la democracia. Tal programa, cuanto másduro, más nítidamente señala que el camino hacia la construcción de una democracia está bloqueadopor el éxito imperialista de las grandes democracias.La gestión democrática de los antagonismos entre las clases y las naciones tiene así para suspartidarios sus atractivos. Uno de ellos consiste en que en un país regido democráticamente,cualquiera sea la naturaleza de las leyes que se dicten y cualquiera sus efectos sobre quienes debenacatarlas, todas llevan la marca de la justicia:
democráticamente
han sido concebidas, aplicadas,perfeccionadas o modificadas. Como tienen que ser obedecidas, también deben serlo por suincuestionable legitimidad. Un examen de los criterios que impulsan al gobierno y de lo que buscan lasinstancias estatales se tienen como inapropiado, pernicioso y hasta peligroso para la vida en libertad.La libertad, para la razón democrática, queda entonces formada y normada por la vigencia que lafuerza del estado da al derecho. Y como razón de estado, para la democracia, derecho y libertad setienen como antinomia de la fuerza. Así queda justificada no la forma de mandar, sino la
política
delestado, un estado que se precia de derivar todos sus actos de un acuerdo principista entre gobernantesy gobernados.En pago de su obediencia y sus sacrificios los gobernados reciben del estado
la libertad
. Que sudisfrute no es gratis lo recuerdan permanentemente los gobernantes, como también las amenazas quepesan sobre ella. El precio de la libertad, que el poder fija y que modifica de acuerdo con sus propósitosinternos y externos, siempre se le antoja barato. Por el alto bien que otorga, a veces ni la vida vale nada.
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