• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
Download
 
Cambios en la moral sexual católicaUna mirada desde la historiaCristián BARRÍA
La mayoría de los fieles intuitivamente comprende las cosas desde un paradigma nuevoy, aún respetando a sus pastores, no entiende las enseñanzas entregadas en clave antigua.Entonces no las puede acoger y se da una escisión dañina para el Pueblo de Dios.Pero se ha abierto paso una comprensión innovadora de la sexualidad en la que esposible separar el amor de la fecundidad en ciertos actos conyugales, lo que permiteabordarlos de nueva manera.La sexualidad es un don maravilloso de Dios a la humanidad. Lamentablemente, sucedeque hoy en día ni ella ni la moral sexual son comprendidas de una misma manera por lacomunidad de los católicos. El Magisterio propone legítimamente una clara doctrina en lamateria, pero una gran proporción de fieles, compartiendo la fe, actúa de modo diverso a ella,pareciendo guiarse por una concepción diferente de la sexualidad
.Sugerimos que desdehace unos cincuenta años en el seno de la comunidad católica se vive
una crisis de paradigma
en el modo de concebir y vivir la sexualidad, crisis que no se ha resuelto de manera definitiva.Esta es la reflexión de un médico creyente, desde la perspectiva de la historia de lasciencias.
UNA NUEVA COMPRENSIÓN
 ¿Qué es un cambio de paradigma? Es una mutación en el modo de abordar teórica yprácticamente una realidad ante la emergencia de una nueva, mejor y más abarcadoracomprensión de esta. Un ejemplo es el cambio producido por los descubrimientosastronómicos de Copérnico y Galileo. La tierra y el hombre dejaron de ser el centro deluniverso: el cosmos se volvió una inmensidad vacía en la que rodamos junto a millones decuerpos físicos. Con la modernidad y la ciencia terminó una cosmovisión, naciendo otra nueva,en la que vivimos.Los cambios de paradigma en la tradición católica no han de extrañarnos. Uno de ellosafectó a la propia Biblia: durante siglos la Escritura fue leída de
modo rígidamente literal
,respetándose cada frase como si proviniera de la boca de Dios. Esa lectura, que hizoinaceptables las ideas de Galileo y, posteriormente, la
teoría de la evolución
de Darwin, sevolvió insuficiente. Por fin en el siglo XX, los biblistas católicos y posteriormente el Magisteriofueron capaces de acoger el aporte de la ciencia en el estudio e interpretación de la Biblia.Desde entonces se la abordó con el denominado
método histórico-crítico,
incorporándose a sulectura nociones de género literario, historia y cultura, de manera que ya no es leída de formameramente literal, enriqueciéndose su comprensión propiamente religiosa.No hace tanto tiempo se produjo un cambio en la
moral social
respecto a la instituciónde la esclavitud, aceptada durante siglos por la teología moral, de acuerdo con su época. En elsiglo XIX, con la modernidad, esta institución se volvió inaceptable éticamente, dándose aeste respecto un cambio de paradigma. Cuando vivimos inmersos en uno nuevo, el anterior senos vuelve extraño, nos sorprende o no lo comprendemos.Pues bien, sugerimos que en el caso de la sexualidad está en curso una transformaciónepistemológica análoga, desde un paradigma
histórico
hacia uno
nuevo
. Por siglos, hapredominado una determinada concepción de esa materia en la doctrina oficial, de antiguas
 
raíces (helénicas y agustinianas)
. Pero en las últimas décadas se ha ido desarrollando desdelas ciencias (biología, psicología, sociología) una comprensión moderna sobre la sexualidad,que subyace en los pronunciamientos innovadores de una parte significativa de los moralistasy también de algunos obispos. Esto da cuenta de la conducta de hombres y mujeres quedifiere de las orientaciones oficiales, siguiendo en esto —a veces no sin dificultad— su propiaconciencia creyente
.
EL CAMBIO EN LA CIENCIA
 El historiador Tomás Kuhn plantea que las ciencias naturales (como también otroscampos del saber) avanzan por un tiempo en sus descubrimientos de un modo normal, poracumulación de conocimientos
.Pero este avance tranquilo periódicamente es interrumpidopor épocas de crisis —
revoluciones
de la ciencia— que se resuelven cuando el grueso de lacomunidad adopta por fin un nuevo paradigma. En adelante, este orienta el avance de ladisciplina, abandonándose el antiguo. El nuevo permite una comprensión inédita de losfenómenos. Según Kuhn, la crisis es desencadenada por hechos novedosos vistos comoanómalos pues no pueden ser explicados por la visión dominante: se construyen así teoríascon el fin de explicar lo nuevo. Surgen esbozos de un
nuevo paradigma
, coexistiendo por untiempo este con el anterior. La comunidad queda dividida temporalmente entre el antiguo y elpotencialmente nuevo. Los investigadores adheridos al primero de ellos se resistirían aaceptar las nuevas ideas, pues estarían comprometidos con el sistema establecido, que hapermitido el progreso hasta el punto actual. Los investigadores más libres —con frecuencia, jóvenes— exploran el nuevo enfoque y si este es útil para explicar los hechos y sugerir nuevoscaminos, lo adoptan en forma creciente. Así, con Galileo se produjo un cambio en lacosmovisión. Y la física cuántica representó otra mutación fundamental respecto a la físicaclásica. Estas transformaciones del pensamiento se dan también fuera de las ciencias.
CAMBIOS EN LA SEXUALIDAD
 En el siglo XX dos acontecimientos desencadenaron una crisis en la manera católica deabordar la sexualidad. Primero, en los años treinta, fue el descubrimiento y la afirmacióncierta por parte de la ciencia de los
días infecundos
en el ciclo de la mujer. El hallazgo de quela mayor parte de los días del ciclo femenino no eran fértiles resultó un hecho “extraño” parael paradigma histórico. Antes siempre se pensó que el fin primario de la vida sexual creadapor Dios era la procreación. ¿Cómo comprender estos momentos, recién descubiertos, de
sexualidad infecunda
en el plan de Dios? Luego vino la
 píldora anticonceptiva
en los añossesenta. Los nuevos descubrimientos permitían a los padres regular racionalmente lafecundidad y el número de hijos. La familia numerosa, tan apreciada por la tradición, parecíapeligrar. Por primera vez en la historia, se disponía de procedimientos (la continencia en losdías fértiles; luego, especialmente, la píldora) notablemente más eficaces que los antiguosmétodos (que eran fundamentalmente la continencia y el
coitus interruptus
). La valoraciónmilenaria y casi exclusiva de la procreación se eclipsaba, apareciendo un espacio para el amory el placer. Fue una revolución cultural que afectó a la cristiandad. En el cristianismoprotestante en 1930 se aceptó la regulación de los nacimientos. Vinieron luego otros hechos“amalos”: algunas parejas calicas honestas comenzaron a usar los todosanticonceptivos artificiales, considerándolos aceptables moralmente. Varios teólogos yobispos se mostraron permisivos frente a esos nuevos procedimientos. Otras parejasdecidieron usar la píldora para distanciar un próximo embarazo después del nacimiento de unniño. ¿Acaso Dios podría querer que naciera un niño apenas once meses después de otro,abrumando a la madre y dificultando la crianza, como a veces ocurría antes de conocerse losanticonceptivos? Eran hechos nuevos que movían a pensar.
 
En 1964, durante el Concilio Vaticano II varios obispos hicieron importantesintervenciones sobre la sexualidad, pidiendo un diálogo de orientación renovadora. Según elcardenal Paul Émile Leger, la fecundidad
es un deber relacionado, no tanto con cada acto en particular, como con el estado mismo del matrimonio
 
. El Patriarca del rito de los melquitasde Antioquía, Máximo IV, de 86 años, decía sobre la anticoncepción:
aquí tenemos un conflictoentre la doctrina oficial de la Iglesia y la práctica contraria de la vasta mayoría de las familiascatólicas. Una vez más, la autoridad de la Iglesia es cuestionada en gran escala
.El cardenalLeo Joseph Suenens, por su parte, pea:
les ruego, mis hermanos obispos, que no permitamos un nuevo caso Galileo; uno es suficiente para la Iglesia
 
. Apuntaba a una crisisde paradigma, en la esperanza de favorecer un desarrollo. Pero el tema fue sacado del debatepor la autoridad apostólica y se apostó por postergarlo hasta un mejor momento.
DISCERNIMIENTO ANTERIOR A
HUMANAE VITAE
Durante el Concilio Vaticano II el tema quedó reservado al Papa, asesorado por la
Comisión Pontificia para el Estudio de la Regulación de la Natalidad
, que entregó susconclusiones en 1966. En sus debates, el aporte de laicos casados, médicos, sociólogos,especialistas y, principalmente, el testimonio de las cinco mujeres de la Comisión, fueronimpresionando a teólogos y obispos participantes, cuya mayoría era inicialmente renuente aun cambio. Allí se produjo en las personas un acercamiento favorable a la nueva visión. Laicosde la Comisión que conducían programas de regulación natural de la natalidad apoyaron unainnovación pues su experiencia los había hecho evolucionar
. Pero una minoría de sacerdotesse opuso a favorecer un cambio. Lamentablemente, sin acuerdo unánime, la conclusión fuedoble y encontrada: una de
mayoría, innovadora,
y otra de
minoría
, que conservaba lasposturas históricas. Las personas partidarias de la posición conservadora reconocieronhidalgamente que no podían fundamentar completamente su posición, de la que sin embargoestaban seguros:
si pudiéramos aportar argumentos claros y convincentes por la sola razón,no sería necesaria nuestra comisión ni se daría en la Iglesia el presente estado de cosas
.Insistían los tradicionalistas:
La Iglesia no puede modificar su respuesta porque esta esverdadera (...) la doctrina en sí no puede no ser verdadera. Es verdadera porque la Iglesia (...)no ha podido equivocarse de una manera tan nefasta a lo largo de todos los siglos.
En este razonamiento podemos reconocer el modo en que se sustenta el paradigmahistórico, vigente en los últimos siglos: se da por sentado pues hasta hoy siempre ha sido así.A quien esté convencido de él, le parece del todo natural; al no convencido no le aporta nada(o bien ve una debilidad en la argumentación, pero ya
desde otro
paradigma).
EMERGE UNA NUEVA CONCEPCIÓN
 Avanzados los debates en esta Comisión de expertos que asesoraba al Papa, solo cuatrode los teólogos evaluaban la anticoncepción como “intrínsecamente mala, por ley natural”,contra una significativa mayoría de quince que ya no la veía así y consideraba
reformable
estadoctrina. Teniendo en cuenta que, para asegurar la seriedad de sus conclusiones susintegrantes fueron cuidadosamente seleccionados, la mayoría que surgió a favor del cambionos parece elocuente.Para la última jornada de reuniones de 1966 el Papa agregó un Consejo de catorceobispos y cardenales de alto nivel. En la Comisión, incluyendo a los teólogos, obispos ycardenales, se alcanzó finalmente una mayoritaria aceptación de los todos deanticoncepción, según el discernimiento de los esposos. Más aún, todos los miembros laicosrecomendaron esta innovación (31 expertos de todo el mundo, incluyendo tres
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...