El tambor de Shiloh
(
The Drummer Boy of Shiloh
, 1960)
¡Muchachos! ¡Cultiven hongos gigantes en el sótano!
(
Boys! Raise Giant Mushrooms in Your Cellar!
, 1962)
Casi el fin del mundo
(
Almost the End of the World
, 1957)
Tal vez nos vayamos
(
Perhaps We Are Going Away
, 1962)
Y el marino vuelve a casa
(
And the Sailor, Home from the Sea
, 1960)
El día de muertos
(
El Día de Muerte
, 1947)
La mujer ilustrada
(
The Illustrated Woman
, 1961)
Algunos viven como Lázaro
(
Some Live Like Lazarus
, 1960)
Un milagro de rara invención
(
A Miracle of Rare Device
, 1962)
Así murió Riabuchinska
(
And So Died Riabouchinska
, 1953)
El mendigo del puente de O'Connell
(
The Beggar on O’Connell Bridge
, 1961)
La muerte y la doncella
(
Death and the Maiden
, 1960)
Una bandada de cuervos
(
A Flight of Ravens
, 1952)
El mejor de los mundos posibles
(
The Best of All Possible Worlds
, 1960)
La obra de Juan Díaz
(
The Life Work of Juan Diaz
, 1963)
Al abismo de Chicago
(
To the Chicago Abyss
, 1963)
La carrera del himno
(
The Anthem Sprinters
, 1963)
LAS MAQUINARIAS DE LA ALEGRÍA
El padre Brian se entretuvo un rato antes de bajar a tomar el desayuno, pues pensóque había oído al padre Vittorini allá abajo, riendo. Vittorini, como de costumbre,desayunaba solo. ¿Con quien se reía entonces, o de qué?De nosotros, pensó el padre Brian, de eso se ríe.Escuchó otra vez.Del otro lado del pasillo el padre Kelly estaba también encerrado, o meditando quizá,en su propia habitación.Nunca dejaban que Vittorini terminara de desayunar, no; siempre se las arreglabanpara llegar abajo cuando Vittorini masticaba ya el último trozo de tostada. De otro modono hubiesen podido cargar con la culpa a lo largo del día.De cualquier manera era risa, ¿no? , lo que se oía allá abajo. El padre Vittorini habíadescubierto algo en el
Times
de la mañana. O, peor, se había pasado la mitad de lanoche en compañía de ese espectro profano, el aparato de televisión que estaba en laentrada como un huésped indeseable, un pie en la extravagancia, el otro en la calmaecuatorial. Y, la mente blanqueada por la bestia electrónica, Vittorini planeaba ahoraalguna brillante y nueva diablura; los engranajes le daban vueltas en la mente silenciosa,sentado a la mesa, y ayunando deliberadamente, esperando atraer a los curiosos con elsonido del buen humor italiano. —Ah, Dios.El padre Brian suspiró y pasó el dedo por el sobre que había preparado la nocheanterior. Lo había guardado en la chaqueta como una medida protectora, pues quizá sedecidía a dárselo al pastor Sheldon.¿Lo detectaría el padre Vittorini a través de la ropa con esa visión suya de rápidos yoscuros rayos X?El padre Brian se pasó firmemente la mano a lo largo de la solapa para borrar el másmínimo contorno de la carta. Allí le pedía a Sheldon que lo transfirieran a otra parroquia. —Adelante.Y murmurando una plegaria, el padre Brian fue escaleras abajo.
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