pensamiento, hecho de reflexiones y de meditaciones críticas, que no vacila ante lacontradicción, es más, que se contradice por instantes tajante, cínicamente. Y es queCioran está en contra de todo lo que pueda proporcionarnos una cierta seguridad, quetenga el menor asomo de solución, de acomodo, de arreglo, de quedar a mano. Dudar decualquier sistema o doctrina, de cualquier certeza adquirida aunque sea a través de laduda misma, mantenerse siempre lúcido -es decir «dudante»- para no caer en losespejismos de las apariencias, contra los cuales ya el budismo nos previene, en loserrores de la sobrevaloración, en el auto-engaño. Lucidez de alucinado, en cierta medida;por la capacidad de burlarse de sí mismo y por la ofuscación que pone en denunciar, ennegar, en destruir lo que se ha considerado como «verdades eternas», aquellos mitos alos que aún hoy en día se aferra el hombre: el progreso y sus beneficios civilizadores, elcristianismo y sus efectos redencionistas, el conocimiento y su poder espiritualizante, laactividad, el trabajo, como virtud salvadora, de regeneración o de elevación, la validezintrínseca de la existencia. La vida, dice Cioran, es un estado de
no-suicidio
, y ante suexuberancia corruptora el hombre reacciona inventando la Historia, o sea las guerras, lasrevoluciones, las conquistas, cualquier cosa que lo distraiga del horror inicial de habernacido y le dé la ilusión de ser él el amo y señor, no sólo de los acontecimientos, sinotambién de todo lo que a la Naturaleza se refiere, animales incluidos. El mundo en el quevivimos, mundo supuestamente civilizado, hiede, se pudre a ojos vistas, es un mundocaduco por donde se le mire, con valores morales, religiosos y políticos no menoscaducos, y con muy pocas probabilidades de sobrevivir, dado que mientras más se acercaa su término -Cioran sueña con alguna catástrofe que sobrepase a las descritas por elApocalipsis-, más se ciñe a su mortaja, a las causas que lo empujan hacia su inminentecaída.Y el hombre, también, caído ya una vez, caerá nuevamente y, entonces, fuera de laeternidad edénica, fuera del tiempo histórico, sobrevendrá la post-historia. Pero no setrata, desde luego, de ningún futuro mesiánico, de ningún porvenir luminoso, sino de unestado de imbecilidad en el que nada acontecerá, ni siquiera esa especie de anulaciónbúdica del ser en la Nada. Sería demasiado fácil, y si hay algo a lo que Cioran escapa es ala facilidad, a lo obvio, a lo sabido. Como no propone solución alguna a los problemas queaquejan al hombre, ni le da consejos para sacarlo del aprieto -antes bien lo fustiga, loempuja a cultivar sus locuras, a exacerbar sus rabias y manías-, éste queda a merced desí mismo, desenmascarado y desnudo, con toda una serie de interrogantes por únicobagaje. ¿Acaso hubiera sido preferible no haber nacido, permanecer en la ignorancia y lainercia totales? ¿Qué ventajas se obtienen con ser consciente si la conciencia no ha sidomás que fuente de ansiedad y de Mal? ¿Qué sentido tienen los esfuerzos del hombre porafirmarse y realizarse si de por sí es un ser fracasado, un irremisible
raté
haga lo quehaga, diga lo que diga? Su desmesurado y enfermizo deseo de poder y de gloria son sólomotivo de desastres -intolerancia religiosa, imperialismo, expansionismo-, para él, paralos demás y para lo que le rodea. Por algo Cioran lo considera «una alteración de lanaturaleza», un «accidente» debido a la falta de perspectiva, al aburrimiento o a undescuido del Creador. Pues Dios tampoco es confiable, incluso no se puede esperar nadade él, ni bueno ni malo, como no sea el pretexto para continuar creyendo que el hombre,el mundo, la vida y la muerte tienen un sentido, encierran un misterio, comportan unaesperanza de inmortalidad. Nada tan peligroso como la tentación de creer, de pensarseprincipio y fin de la Creación, centro de los designios divinos, de los propósitos de laNaturaleza.Con su fiebre depredadora, el hombre ha deformado el paisaje, después de habersedeformado a sí mismo y a sus semejantes, y todavía sigue creyendo que mediante laciencia y la técnica conseguirá más poder y más fama: lo que no sabe es que seencuentra solo, que a nadie le interesan sus logros, ni siquiera al Demonio, hastiado ya,al igual que Dios, de la estulticia humana, transformado, de tentador, en escéptico.
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