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EL PODER ESTA EN USTEDClaude M. Bristol1I "ESE ALGO DENTRO DE UNO" QUE SE LLAMA T N T Para los que quieren aprender yprogresar tengo un mensaje. Lo entrego sin temor alguno, como no sea temer lacompleta revolución de su mundo, porque trae salud, riqueza, éxito y felicidad, siempreque se comprenda y acepte este mensaje. Hay que recordar que el TNT es un explosivopeligroso; por lo tanto, hay que manejarlo cuidadosamente. A través de los siglos, supoder ha destruido a los que han hecho mal uso de él. Por lo tanto, hay que tener grancuidado y sólo darle el empleo adecuado. Dicho poder queda probado en las enseñanzasde la Biblia, ciertas leyes físicas, bien establecidas, y finalmente, mediante el sentidocomún. Hay que leer y determinar por sí mismo si las pruebas que ofrezco carecen devalor. Algunos verán sólo el lado espiritual, otros reconocerán las verdades científicas, yotros, aún, lo aceptarán como un método práctico para el camino del éxito. No importa:hay muchos que conocen la verdad y abrirán sus mentes para que la luz las iluminebrillantemente. Yo debo este conocimiento a un viejo amigo mío, un técnico en rayos X yaparatos de alta frecuencia eléctrica, el cual, cuando yo era muchacho y hacíaexperimentos con la electricidad, llamó mi atención hacia el primer trocito de TNT quetenía en el bolsillo. Entonces yo no sabía de qué se trataba, y no le comprendí, peroafortunadamente lo he conservado a través de los años. Al mirar hacia atrás, me doycuenta de que no me obligué a comprender lo que era. El creía en mí, y sabía que loaceptaría cuando llegase el momento. Tardé casi treinta años, durante los cuales estuvebuscando por todos los caminos, para ver si hallaba "ese algo" —el secreto— TNT. Y todoaquel tiempo lo tenía en mi bolsillo, al alcance de mi mano. Sin embargo, ahora lo tengobien asegurado, y lo compartiré cordialmente, sabiendo que si se usa con prudencia,acabará con todos los obstáculos y afirmará el camino que se ha querido recorrer toda lavida. ¿POR QUÉ ESTÁ USTED TAPIADO? Durante muchos años he sido periodista, ensu mayoría con carácter extraoficial. He conocido a muchos grandes hombres y mujeres yentrevistado a mucha gente famosa. Naturalmente, los estudié y traté de comprender cuáles eran las cualidades peculiares que poseían y que les colocaban por encima de losdemás. Pero su secreto se me escapaba. 2Entonces vino la Primera Guerra Mundial, y me pregunté por qué los demás progresabanmientras yo quedaba frustrado en mis ambiciones. Sin embargo, la guerra me enseñóque podía dormir en el barro, comer pan mohoso, y vivir y reír a pesar de ello. Esto formaparte de mi TNT, por lo tanto, se debe recordar lo que aprendí yo. Me ayudó a dar alMedio un golpe en el plexo solar, y creo que les puede servir a ustedes. Esperando hallar el camino real de la fortuna, leí cientos de los llamados libros "de éxito", pero no mellevaron a ninguna parte. Hice lo mismo con libros de filosofía y psicología, pero el gransecreto aún estaba muy lejos de mí. Ingresé en hermandades secretas, esperando hallar en ellas lo que buscaba. Sin embargo, igual que el trocito de TNT en mi bolsillo, el secretoestaba en todos los libros, en todas las grandes órdenes, en todas partes, en realidad,debajo de mis narices, pero había algo que me impedía verlo. Hay que determinar por
 
mismo qué le impide a uno alcanzar el TNT. Allí está. Si no se encuentra en la palabraescrita, hay que leer entre líneas, tal como yo me he esforzado en presentarlo a ustedes.¿TIENE MIEDO? Después de la guerra entré a formar parte de una organizaciónbancaria, y durante años acaricié numerosos sueños —como ocurría con miles depersonas en todos los campos del comercio— para descubrir luego que los castillos en elaire que había construido tenían una base muy endeble. El cataclismo que volvió almundo patas arriba, en el sentido financiero —la depresión de 1929—, acabó con miscastillos en el aire, y me asusté. Me sentí perdido, en medio de la niebla. Adónde mevolvía, algo fracasaba. Como jefe de la organización, mis responsabilidades semultiplicaban. Nuestro negocio, debido a los cambios económicos que tenían lugar en elmundo, se veía frente a una crisis. Mucha gente, incapaz de comprender la catástrofecomercial que se multiplicaba, hacía críticas. Todo esto trajo preocupaciones y muchasnoches de insomnio. Llegué a tener miedo de ir al trabajo, temeroso de que cada díatrajese nuevas miserias. Las semanas transcurrían, y la situación empeoraba. Me sentíadesconcertado. Varias veces hablé de abandonar el negocio; y un día, a fines de junio de1931, me decidí a dejarlo. Se lo comuniqué a una de las mujeres con quienes estabaasociado comercialmente durante varios años, y sólo vi reproches en sus ojos. Aquellanoche traté de dormir. Nuevamente me fue imposible. Estuve paseándome durante horasenteras, cuando a eso de las 3.30 de la madurada me detuve bruscamente y me senté.Me vi frente a frente conmigo mismo. Podía seguir la inclinación de huir y dejar que losdemás siguieran solos, o podía quedarme y hacer lo que pudiera; un deber que yo sabíaque era mío. Me sorprendí diciendo, casi en alta voz: 3"Lo justo es justo. Siempre lo ha sido. No puede ser de otra manera". Esto era algo queme habían enseñado desde la infancia. ¡De repente me parecía un descubrimiento!¡PROCEDENTE DEL AIRE! Del aire vino una voz que decía: "¿Qué has estado buscandotodos estos años? ¿Qué te han enseñado? ¿Qué has aprendido? ¿Dónde has estado?¿A dónde vas?" Me puse en pie de un salto, exclamando: —Yo sé. Ahora lo sé. Conozcoel secreto. Eso era lo que trataron de enseñarme. ¡También es el Secreto Real! Algo medijo que hallaría idénticas palabras en un libro que me habían dado muchos años antes, yque había tratado de leer, pero sin llegar a entenderlo. Estaba escrito por un granhombre, Albert Pike, místico, poeta y erudito. Sacándolo del estante, lo hojeé febrilmente.Allí estaban las palabras, y comprendí inmediatamente. ABRA SU MENTE Entonces teníala clave. Veía un camino ancho y llano, y al final de aquel camino, una inundación de luz."Ese es el camino en que estás ahora. ¡Qué tonto has sido! Han tratado de enseñarte, ytú has cerrado tu mente... pensando que sólo tú podías hallar el camino y seguir por él".Me sentí abrumado de gozo. Mis miedos, mis preocupaciones, habían desaparecido.Sonreí. Sabía que estaba en lo cierto, y que desde ahora todo se me solucionaría. Dormícomo un niño. Aquel día había una atmósfera diferente en la oficina. Las amenazadorasnubes negras que pendían sobre nosotros comenzaron a desvanecerse. Le dije a lamujer —la que me lanzó la mirada de reproche—lo que había sucedido, y ella me sonríocomprensivamente. Me ayudó a volver al buen camino y nunca se lo agradecerébastante. Como dijo un sabio: "Todos hemos nacido con la capacidad de distinguir entreel bien y el mal, y con la capacidad de lograr, pero algunos de nosotros tenemos quedarnos de cabeza contra un muro de piedra y destrozarnos, antes de saber de qué setrata". Choqué ruidosamente contra el muro, y fue lo más grande y lo mejor que me
 
sucedió. Muchos, al notar la transformación, me pidieron explicaciones. Las di a algunosde mis amigos más íntimos. Sabiendo que ayuda, las comunicaré a mis lectores.4¡TAP-TAP-TAP! Poco a poco. Como una gotita de agua, tap-tap-tap, el TNT se irállevando todos los antiguos miedos, dudas y prejuicios, haciendo lugar a las nuevasideas, a los nuevos conceptos y a nuevas verdades. Tap-tap-tap: es una oportunidad quellama a las puertas de la mente. Hay que abrir la mente para dejar entrar esteconocimiento. Desde el día en que decidí pasar a los demás esta carga de TNT, ha sidoutilizada por millares de individuos, firmas y organizaciones. Además, he hablado y dadoconferencias, en persona y por radio, a otros muchos millares; y me congratulo en poder decir que, sin excepción, han obtenido resultados magníficos los que han comprendido yaplicado los principios y mecanismos aquí esbozados. ¡TAP-TAP-TAP! Se puede obtener todo de una vez, o se puede tomar algún tiempo para preparar la mente, de modo que elpoder que tiene uno pueda producir su efecto. Pero no hay que esforzarse demasiado.Hay que estar seguro de que el poder está ahí, y aprender a hacer uso de él. Cuando yofui despertado, la moral de nuestra organización estaba bajísima. Todos se hallabandesanimados. Aterrados. El rigor de las circunstancias nos obligaba a cambiar totalmentede actitud. ¡LO JUSTO ES JUSTO! Mi deber era hacer cuanto pudiera para ayudar a losdemás, porque sabía que eso era lo justo. Al principio estaba perplejo acerca de losmétodos que debería emplear para ayudar a los otros, pero usé mi sistema propio,apelando al subconsciente, y la voz interior dijo que debería hablarles. Algunos eranescépticos, pero yo me dije: —¡Puedo probarles que estoy en lo cierto! Y durante lassemanas siguientes, pasé todas las horas examinando los libros que había estudiado.Naturalmente la Biblia era el primero de ellos; luego venían los estudios sobre cienciaYoga, la filosofía de los antiguos griegos, los maestros romanos y los maestros y eruditosde épocas posteriores. De nuevo deliberé sobre las Meditaciones, de Marco Aurelio, releíla Ley de los fenómenos psíquicos, de Thomas Jay Hudson, y otro libro, El quid de ello,escrito por un brillante físico, Haydon Rochester. Nuevamente estudié mis libros sobrefísica, electricidad y las vibraciones de la luz, y descubrí que no sólo tenía razón, comocreía, sino que en todos ellos estaban los mismos principios generales. Releí numerososlibros de5psicología y hallé lo mismo en ellos. Por consiguiente, cité algunos extractos y ¡ohmaravilla!, todo comenzó a movilizarse. ¿DÓNDE ESTA SU APÁRTADO? Al mirar entorno mío, hice la significativa comprobación de que los hombres y las mujeres que usaneste poder son gentes que siempre ocupan la primera página de los periódicos. Hay algoque les hace abandonar sus circunstancias vulgares, y se elevan sobre el nivel corriente.No se trata de que uno quiera hacerse famoso en este sentido, pero, sin embargo, hayque convenir en que las gentes que han desarrollado hasta el máximo esta potenciainterior se han hecho famosas necesariamente. Esto no quiere decir que busquen lapublicidad, porque algunos de ellos son muy reticentes. (Por ejemplo, Greta Garbo.)Otros adoptan ciertas peculiaridades o usan determinados mecanismos, para destacarse
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