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AD Wodak 2 Unidad 4

AD Wodak 2 Unidad 4

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Métodos de análisiscrítico del discurso
Ruth Wodak Michael Meyer 
Compiladores
Editorial GedisaBarcelona, 2003
 
Este material se utiliza con finesexclusivamente didácticos
 
2
4. EL ENFOQUE HISTÓRICO DEL DISCURSO
 Ruth Wodak 
Definición del enfoque
Trasfondo teorético
1
 
El mundo moderno y las sociedades occidentales se caracterizan por la existencia de luchas ycontradicciones. En parte alguna puede encontrarse la homogeneidad. Al contrario, los dilemas ideológicos(Billig, 1991), la fragmentación (Hall, 1996) y las identidades múltiples parecen ser las respuestas a losdesafíos de la globalización y de las economías y las ideologías neoliberales (Muntlig
et al
., 2000). Estastendencias se acompañan de un incremento del nacionalismo y de la xenofobia, en particular en el caso delos movimientos de derechas. Existe la percepción de que los fenómenos complejos necesitan respuestassimples.Las complejidades de las sociedades modernas en un mundo sujeto a rápido cambio, en el que elespacio y el tiempo parecen desaparecer (Harvey, 1996), sólo pueden aprehenderse mediante un modelo deinfluencias mutuas y multicausales entre los diferentes grupos de personas existentes en el seno de unasociedad específica, y mediante las relaciones entre distintas sociedades. En nuestros días, el gran desafíoconsiste en explicar las contradicciones y las tensiones que se producen entre los estados-nación y lasentidades supranacionales en muchos planos (en sus economías, en la ciencia, en las tecnologías, en lacomunicación, etcétera). Los modelos causales no se adaptan a esta complejidad. Yo prefiero hablar de“sintomatología”, de relacionar y de explicar los vínculos entre los diversos “síntomas” que podemosestudiar, y de hacerlo de un modo más hermenéutico e interpretativo (véase Wodak, 2000a). Además, yodefiendo un enfoque de orientación más pragmática, como el desarrollado por Nikous Mouzelis (1995). Ensu reciente libro,
Sociological Theory: What Went Wrong
? (1995), Mouzelis presenta la noción de“pragmatismo conceptual” como posible salida a la crisis teórica de las ciencias sociales. Según Mouzelis, lateoría social “encuentra su principal tarea en la especificación de las herramientas conceptuales y en laconstrucción de otras nuevas siguiendo criterios de utilidad más que de verdad” (1995, pág. 9). Ese enfoque pragmático a la teoría no trataría de generar un catálogo de proposiciones y de generalizaciones carentes decontexto, sino más bien de relacionar estrechamente las cuestiones de formación y concepción de teoría conlos específicos problemas que han de ser investigados. En este sentido, la primera cuestión que hemos deabordar como investigadores no es: “¿Necesitamos una gran teoría?”, sino más bien: “¿Qué herramientasconceptuales resultan relevantes para este o aquel problema y para este y aquel contexto?”. Pese a que la primera pregunta podría invitar a la realización de emocionantes especulaciones, se aleja de la ciencia que seorienta hacia los problemas.Centrémonos en el campo de la política (en sentido estricto). Si nos fijamos en los políticos, por ejemplo, en tanto que grupos –de carácter específico y en modo alguno homogéneos– pertenecientes a lasélites, entonces la mejor forma de concebirlos es la de considerarlos a un tiempo como moldeadores deopiniones e intereses públicos específicos, además de como sismógrafos, pues reflejan y reaccionan a laanticipación atmosférica de los cambios de la opinión pública, así como a la articulación de los cambiantesintereses de los grupos sociales específicos y de las partes afectadas.
2
Las relaciones entre los medios decomunicación, la política (de todos los tipos) y la “gente” son muy complejas. Hasta la fecha no hemos sidocapaces de proporcionar respuestas claras a las preguntas que tratan de averiguar quién influye sobre quién, ycómo se ejercen esas influencias. Únicamente la investigación interdisciplinar podrá lograr que tancomplejas relaciones parezcan más transparentes. Las simples teorías de la conspiración no parecen válidasen nuestras sociedades globales. En una investigación de este tipo, el análisis del discurso, y en concreto elanálisis crítico del discurso (ACD), no es más que uno de los elementos de los múltiples enfoques quenecesitamos. No sólo hemos de centrarnos en las prácticas discursivas, sino que también debemos ocuparnosde una amplia gama de prácticas materiales y semióticas. De este modo, la investigación en el ACD debe ser multiteorética y multimetódica, crítica y autocrítica.El enfoque histórico del discurso, vinculado al ACD, sigue la orientación sociofilosófica de la teoríacrítica.
3
En este sentido, opera mediante un complejo concepto de crítica social que incluye al menos tresaspectos interrelacionados, dos de los cuales se hallan principalmente conexos con la dimensión cognitiva,
 
3mientras que el tercero lo está con la dimensión de la acción (véase Reisigl y Wodak, 2001, para un debatemás pormenorizado):1.
 
La “crítica inmanente del texto o el discurso” tiene como objetivo el descubrimiento deincoherencias, contradicciones, autocontradicciones, paradojas y dilemas en las estructurasinternas del texto o el discurso.2.
 
A diferencia de la “crítica inmanente”, la “crítica sociodiagnóstica” guarda relación con laexposición desmitificadora del posible carácter –manifiesto o larvado– persuasivo o“manipulador” de las prácticas discursivas. Con la crítica sociodiagnóstica, el analista trasciendela esfera puramente interna del texto o el discurso. El o la analista utiliza su conocimiento deltrasfondo y del contexto de la situación para situar las estructuras comunicativas o interactivasdel acontecimiento discursivo en un más amplio marco de relaciones sociales y políticas, de procesos y de circunstancias. Llegados a este punto, nos vernos obligados a aplicar las teoríassociales para interpretar los acontecimientos discursivos (véase más abajo la teoría del contexto).3.
 
La crítica de carácter pronosticador contribuye a la transformación y a la mejora de lacomunicación (por ejemplo, en el seno de las instituciones públicas, mediante el expediente deelaborar propuestas y guías que reduzcan las barreras lingüísticas en los hospitales, los colegios,los tribunales de justicia, la función pública y las instituciones de información mediática [véaseWodak, 1996a] así como las guías que permiten evitar la utilización de un lenguaje sexista[Kargl
et al
., 1997]).En resumen, y a diferencia de algunas de las perspectivas sobre el ACD, el ACD no se ocupa devalorar lo que está “bien” o “mal”. El ACD –desde mi punto de vista– debería tratar de hacer que esasopciones resultasen transparentes. Y también debería justificar teoréticamente por qué determinadasinterpretaciones de acontecimientos discursivos parecen más válidas que otras.Uno de los modos en que los analistas críticos del discurso pueden reducir al mínimo y de formametódica el riesgo de caer en interpretaciones sesgadas es seguir el principio de la triangulación. De estemodo, uno de los rasgos distintivos más característicos del enfoque histórico del discurso es su esfuerzo por trabajar con diferentes enfoques, de forma multimetódica y sobre la base de una diversidad de datosempíricos así como de información de fondo (véase por ejemplo, Wodak et al., 1998 y Wodak et al., 1999).Al investigar los temas y los textos históricos, organizativos y políticos, el enfoque histórico deldiscurso trata de integrar la gran cantidad de conocimiento disponible sobre las fuentes históricas con eltrasfondo de los ámbitos social y político en los que se insertan los “acontecimientos” discursivos. Además,analiza la dimensión histórica de las acciones discursivas, procediendo a explorar los modos en que los particulares tipos de discurso se ven sujetos a un cambio diacrónico (Wodak et aL, 1990 y Wodak et aL,1994). Por último, y lo que es más importante, esto no se considera únicamente una “información”: en este punto integramos las teorías sociales con el fin de que sean capaces de explicar lo que llamamos contexto.
 La noción de “discurso”
De acuerdo con otros enfoques dedicados al ACD, como ya se ha señalado implícitamente, elenfoque histórico del discurso considera que tanto el lenguaje escrito como el hablado constituyen una formade práctica social (Fairclough y Wodak, 1997). Un discurso es una forma de significar un particular ámbitode la práctica social desde una particular perspectiva (Fairclough, 1995, pág. 14). Asumimos una relacióndialéctica entre las prácticas discursivas particulares y los ámbitos de acción específicos (lo que incluye lassituaciones, los marcos institucionales y las estructuras sociales) en que se hallan ubicados. Por un lado, lasdeterminaciones situacionales, institucionales y sociales configuran los discursos y les afectan, y por otro, losdiscursos influyen tanto en las acciones y los procesos sociales y políticos de carácter discursivo como en losde carácter no discursivo. En otras palabras, los discursos, en tanto que prácticas sociales lingüísticas, puedenconsiderarse como elementos que constituyen prácticas sociales discursivas y no discursivas, y, al mismotiempo, como elementos constituidos por ellas.En lo que sigue, quisiera establecer una distinción entre “discurso” y “texto”, siguiendo, también enesto, el interesante enfoque de Lemke (Lemke, 1995).De este modo, el “discurso” puede comprenderse como un complejo conjunto de actos lingüísticossimultáneos y secuencialmente interrelacionados, actos que se manifiestan a lo largo y ancho de los ámbitossociales de acción como muestras semióticas (orales o escritas y temáticamente interrelacionadas) y muyfrecuentemente como “textos”. Estos actos lingüísticos pertenecen a tipos semióticos específicos, es decir, a

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