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La esencia del neoliberalismo
Pierre BOURDIEU - Mayo de 1998
El mundo económico ¿es realmente, como pretende la teoríadominante, un orden puro y perfecto, que desarrolla demanera implacable la lógica de sus consecuenciasprevisibles, y dispuesto a reprimir todas las transgresionescon las sanciones que inflige, bien de forma automática obien - más excepcionalmente- por mediación de sus brazosarmados, el FMI o la OCDE, y de las políticas que estosimponen: reducción del coste de la mano de obra, restriccióndel gasto público y flexibilización del mercado de trabajo? ¿Ysi se tratara, en realidad, de la verificación de una utopía, elneoliberalismo, convertida de ese modo en
 programa político
, pero una utopía que, con la ayuda de la teoríaeconómica con la que se identifica, llega a pensarse como ladescripción científica de lo real?Esta teoría tutelar es una pura ficción matemática basada,desde su mismo origen, en una formidable abstracción, que,en nombre de una concepción tan estrecha de laracionalidad, identificada con la racionalidad individual,consiste en poner entre paréntesis las condicioneseconómicas y sociales respecto a las normas racionales y delas estructuras económicas y sociales que son la condiciónde su ejercicio.Para percibir la dimensión de estos aspectos omitidos, bastapensar en el sistema de enseñanza, que jamás se tuvo encuenta
en tanto que tal
en un momento en el quedesempeña un papel determinante en la producción debines y servicios, así como en la producción de losproductores. De esta especie de pecado original, inscrito enel mito
walrasiano
(1) de la "teoría pura", derivan todas lascarencias y las ausencias de la disciplina económica, y laobstinación fatal con la que se pega a la oposición arbitrariaa la que da lugar, por su sola existencia entre la lógicapropiamente económica, basada en la competencia yportadora de eficacia, y la lógica social, sometida a la reglade la equidad.Dicho esto, esta "teoría" originariamente desocializada y"deshistorizada" tine hoy más que nunca los medios deconvertirse en verdad, empíricamente verificable. En efecto,
 
el discurso neoliberal no es un discurso como los otros. A lamanera del discurso psiquiátrico en el sanatorio, segúnErving Goffman (2), es un "
discurso fuerte
", que si es tanfuerte y tan difícil de combatir es porque dispone de todaslas fuerzas de un mundo de relaciones de fuerza que élcontribuye a hacer tal y como es, sobre todo orientando lasopciones económicas de los que dominan las relacioneseconómicas y sumando así su propia fuerza, propiamentesimbólica, a esas relaciones de fuerza. En nombre de eseprograma científico de conocimiento, convertido enprograma político de acción, se lleva a cabo un inmensotrabajo político (negado en tanto que es, en apariencia,puramente negativo) que trata de crear las condiciones derealización y de funcionamiento de la "teoría"; un
 programade destrucción metódica de los colectivos
.El giro hacia la utopía neoliberal de un mercado puro yperfecto, posibilitado por la política de desregulaciónfinanciera, se realiza a través de la acción transformadora y,hay que decirlo muy claro, destructora de todas la medidaspolíticas (la más reciente de éstas es el A.M.I., AcuerdoMultilateral de Inversiones, destinado a proteger a lasempresas extranjeras y sus inversiones contra los Estadosnacionales), tendientes a
 poner en tela de juicio todas lasestructuras colectivas
capaces de obstaculizar la lógica delmercado puro : nación, cuyo margen de maniobra no deja dedisminuir; grupos de trabajo con, por ejemplo, laindividualización de los salarios y de las carreras en funciónde las competencias individuales y la atomización de lostrabajadores, sindicatos, asociaciones, cooperativas; inclusofamilia, que, a través de la constitución de mercados por"clases de edad", pierde una parte de su control sobre elconsumo.El programa neoliberal, que extrae su fuerza social de lafuerza político - económica de aquellos cyos interesesexpresa (accionistas, operadores financieros, industriales,políticos conservadores o socialdemócratas convertidos a laderiva cómoda del
laisser - faire
, altos ejecutivos de lasfinanzas, tanto más empecinados en imponer una políticaque predica su propio ocaso cuanto que, a diferencia de lostécnicos superiores de las empresas, no corren el peligro depagar, eventualmente, sus consecuencias), tiende afavorecer globalmente el desfase entre las economías y lasrealidades sociales, y a construir de este modo, en larealidad, un sistema económico ajustado a la descripción
 
teórica, es decir, una especie de máquina lógica, que sepresenta como una cadena de restricciones que obligan a losagentes económicos.La mundialización de los mercados financieros, junto alprogreso de las técnicas de información, garantiza unamovilidad sin precedentes de capitales y proporciona a losinversores, preocupados por la rentabilidad a corto plazo desus inversiones, la posibilidad de comparar de manerapermanente la rentabilidad de las más grandes empresas yde sancionar en consecuencia los fracasos relativos. Laspropias empresas, colocadas bajo semejante amenazapermanente, deben de ajustarse de forma más o menosrápida a las exigencias de los mercados, so pena, como seha dicho, de "perder la confianza de los mercados", y, almismo tiempo, el apoyo de los accionistas que, preocupadospor una rentabilidad a corto plazo, son cada vez máscapaces de imponer su voluntad a los
managers
, fijarlesnormas (a través de las direcciones financieras) y de orientarsus políticas en materia de contratación, de empleo y desalarios.De este modo se instaura el reino absoluto de la flexibilidad,con la extensión de los contratos temporales o losinterinatos, y los "planes sociales" reiterados y, en el propioseno de la empresa, la competencia entre filialesautónomas, entre equipos empujados a la polivalencia y, endefinitiva, entre individuos, a través de la
individualización
de la relación salarial: fijación de objetivos individuales;entrevistas individuales de evaluación; evaluaciónpermanente; subidas individualizadas de salarios oconcesión de primas en función de la competencia y delmérito individuales; carreras individualizadas; estrategias de"responsabilización" tendientes a asegurar laautoexplotación de algunos técnicos superiores que, merosasalariados bajo fuerte dependencia jerárquica, sonconsiderados a la vez responsables de sus ventas, de susproductos, de su sucursal, de su almacén, etc., como sifueran "independientes"; exigencia de "autocontrol" queextiende la "implicación" de los asalariados, según lastécnicas de la "gestión participativa", mucho mós alló de losempleos de técnicos superiores. Técnicas todas ellas dedominación racional que, mediante la imposición de lasuperinversión en el trabajo a destajo, se concitan paradebilitar o abolir las referencias y las solidaridades colectivas(3).
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