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© Pehuén Editores, 2001
F
EDOR
D
OSTOIEVSKI
P
OBRES
G
ENTES
Pues que un piquito del visillo de su ventana estaba levantado y prendido en una maceta de balsamina, exactamente como yootras veces hube de indicarle. Así que me pareció como si con-templara su adorado rostro asomado un instante a la ventana y que también usted me miraba desde su gabinetito, que ustedtambién pensaba en mí. Y ¡cuánta pena me dio el no poder dis-tinguir bien su encantador semblante! !Hubo un tiempo en quetambién yo tenía buena vista, hija mía! ¡Los años no proporcio-nan ningún contento, amor mío! ¡Ahora suele ocurrirme que mebaila todo delante de los ojos! En cuanto trabajo un poquitín denoche, en cuanto escribo un ratito, ya amanezco al día siguientecon los ojos ribeteados y lacrimosos, hasta el punto de darme vergüenza que me vea nadie. Pero en espíritu veía yo muy bien,hija mía, su amable y afectuosa sonrisa, y, en mi corazón experi-mentaba sensación idéntica que en aquel tiempo, cuando la beséaquella vez, Várinka. ¿Lo recuerda usted aún? ¿Sabe usted queme parece verla en este instante amenazándome con el dedo?¿Será verdad, mala? La primera vez que vuelva a escribirme, melo ha de decir sin remisión y con detalles.Bueno, vamos a ver: ¿qué piensa usted de nuestra idea, merefiero al visillo de su ventana, Várinka? Magnífica, ¿no es verdad?Cuando yo me siente para escribir, o me acueste, o me levante,siempre podré saber así si usted me lleva todavía en el pensamientoy se acuerda de mí, y también si está usted bien y alegre. Si deja caerel visillo, querrá decir: “Buenas noches, Makar Aleksiéyevich; ¡ya eshora de irse a la cama!”. Si lo vuelve a levantar, será para decir:“¡Buenos días, Makar Aleksiéyevich! ¿Cómo pasó la noche, y quetal se encuentra de salud Makar Aleksiéyevich? ¡Yo, gracias a Dios,estoy muy bien y muy contenta!”. Ya ve usted, amiguita, qué delicada resulta la idea. ¡De este modono necesitamos escribirnos! ¿Verdad que está muy bien pensado? ¡Pueshe sido yo el inventor de esta idea tan sutil! ¿Y ahora, Varvara Aleksiéyevna, dirá usted todavía que no tengo imaginación? Tengo que decirle aún nena, que la noche última la he pasa-do en un sueño, muy bien, contra lo que me esperaba, por lo quetambién yo estoy ahora muy contento, sobre todo teniendo encuenta que, por lo general, en una habitación nueva, por la faltade costumbre, no se suele coger el sueño; por lo visto, no siem-pre pasan las cosas como habrían de pasar. Al levantarme hoy me sentía enteramente... tan, vamos, tan ligero de cuerpo y deespíritu.... tan alegre y despreocupado. ¡Es que hoy también hahecho una mañana...! Abrí la ventana, y entró por ella el sol araudales, rompieron a cantar los pájaros, impregnóse el aire dearomas de primavera, y toda la Naturaleza revivió...; bueno, tam-bién todo lo demás estaba como es debido, exactamente comodebe estar cuando es primavera. ¡Con decirle a usted que yo mepuse a soñar también un poquitín, claro que pensando sólo enusted, Várinka! La comparaba mentalmente con un angelito delcielo, creado tan perfecto para alegría de los hombres y orna-mento de la Naturaleza. Y pensaba también que nosotros, Várinka, nosotros, los hombres, que pasamos la vida entre an-gustias y sobresaltos, podíamos envidiar, por su despreocupadae inocente alegría, a los pajarillos del cielo..., y algo más tam-bién, todo por este estilo, me parece. ¡Quiero decir, que sólohacía esas comparaciones remotas! Tengo aquí, Várinka, un li-brito en el que se habla de esas cosas, y todo se describe muy alpormenor. Digo esto para que se vea que, aunque siempre dis-crepan las opiniones, ahora que es primavera, se le ocurren auno exactamente ideas iguales de placenteras y espirituales y fantásticas e idénticos ensueños de ternura. Por eso precisamen-te he escrito yo todo lo que antecede. Aunque en su mayor partelo he sacado todo del librito que le digo. En él expresa el autor elmismo deseo que yo, sólo que en verso:
¡Oh, quién fuera un ave, un ave de rapiña!
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